Esta Semana
Revista Electrónica       Nº 17     Julio 1997

Esta Semana

Che

Alvaro Rodríguez Bes

El Imperio Romano duró decenas de siglos y, según afirma Gibbon, se acabó por la corrupción de los funcionarios, la lascivia de las romanas y la flojera la molicie es como más fino, de los romanos, algo que, según afirman los franceses, no se extinguió con el imperio.

Sumer, Atenas, Esparta, el imperio persa, el egipcio, la mesopotamia, el de los sarracenos, la reconquista, la Edad Media, el oscurantismo, hasta la conquista de Am

rica, consumieron siglos y se les puede resumir en unos pocos tomos, a menos que uno sea ingl

s y entonces narrar la batalla de El Alamein puede ocupar toda una vida, diez o doce tomos y llegar al detalle de describir la ubicación y las divisas de cada uno de los batallones, labor inútil pero erudita, que es algo que los ingleses aprecian mucho.

Antes las cosas duraban más y las mujeres llevaban de dote el vestido de novia de alguna bisabuela y los cuchillos de gala de una condesa que se los regaló a una pariente dos siglos antes y en el baúl que se trasladaba con gran pompa de la casa de la novia a la del novio el mismo día de la boda, podían encontrarse prendas de varias generaciones y retratos a la acuarela de desconocidos y desconocidas que habían hecho su aporte de DNA para que la novia tuviese caderas ampulosas o pelo rizado, lo que se ponderaba mucho en aquel tiempo de ballenas, corsets, permanentes rizados permanentes se llamaba a aquellos rizados temporales y otros artificios con que se sorprendía al novio que, si pertenecía a la clases nobles, probablemente ni siquiera habría visto a la novia antes de casarse con ella, aunque por lo que cuenta Quevedo, las cosas como que no eran tan reservadas como se proclamaba en esa

poca.

Pero llegó el siglo XX aunque en verdad las cosas empezaron a acelerarse a finales del XIX y hoy es un v

rtigo tal, que uno no puede ni siquiera recordar los acontecimientos más relevantes.

Yo creo que el progreso ha debido detenerse en la era industrial, pero ya con lo de las tarjetas perforadas del 'Jacquerd', los automatismos, las armas de retrocarga y todas esas peripecias t

cnicas, las cosas se salieron de su curso se salieron de madre es más exacto, pero difícilmente se asocie esa palabra con su real significado, salirse las aguas del cauce de un río y hoy ya lo que sucede es incontrolable y las cosas cambian día a día y sólo las disciplinas muy anquilosadas, como la paleografía o el tejido de cadeneta, conservan una cierta vigencia en el tiempo.

Cuente y verá que en estos cien o ciento diez últimos años pasó de todo y mantener la ilación es virtualmente imposible, porque se empieza por la tecnología, pero en el año catorce empezó una guerra mundial y en el diecisiete fue la revolución rusa y en el treinta y seis la guerra española y en el cuarenta la II Guerra Mundial y luego la extinción de los imperios coloniales y la guerra de Corea y la caída de Dien Bienphu y de Saigón en menos de veinticinco años y el invento de la aviación hasta llevar al hombre a la Luna y poner una especie de carrito de golf en Marte y la transición china de la esclavitud al comunismo y a este comunismo de mercado y las guerras de liberación y el nacimiento de un imperio industrial y la electrónica, que empezó con la telegrafía sin hilos y ya va por Deep Blue, que le gana a Kasparov sumi

ndolo en la exasperación, y tanto más ha habido que es imposible, en definitiva, hacer aunque sea una somera enumeración, sin ocupar unos cuantos tomos y eso sin meterse con la medicina o las ciencias de la conducta, que allí el cambio es brutal y, al parecer, favorable.

Y así como han progresado todas las ramas del conocimiento, lo han hecho tambi

n las formas en que los hechos históricos son considerados y a eso viene esta reláfica enumeratoria: No hace muchos años unos treinta a lo sumo el Che Guevara había llegado a ser incómodo para el gobierno cubano; sostenía el Che, que Cuba debía industrializarse y diversificar su economía y para eso andaba haciendo negocios con quien se le pusiera a tiro y comprando fábricas y proyectos 'llave en mano' de quien quisiera vend

rselos. Fidel confiaba en los rusos eso era lo que se decía entonces, aunque ya había pasado lo de la retirada de las armas atómicas que hizo llorar al Barbazas y consideraba que lo de su amigo de la revolución era un desafío a sus amigos de sombrero de astrakán, por lo que lo mandó a revolucionar por Africa y cuando las cosas por allí salieron mal, le dio unos fusiles viejos y unas cartas de recomendación de peor calidad que los fusiles y lo mandó a revolucionar a Bolivia. Las notas del Che relatan una aventura sin destino, unos comunistas nacionalistas y unas caminatas interminables y agotadoras, en las que sus fuerzas iban mermando día a día. Al final lo pescaron y como era previsible, lo dieron de baja, que era exactamente lo mismo que l habría hecho con los que se lo hicieron a l.

El Che fue un h

roe para toda una generación al extremo que eran pocos y muy pocas quienes no tenían un retrato del Che con un puro enorme y un uniforme azul y el tamaño era lo que cambiaba y había quien lo tenía en tamaño mural y quien lo cargaba como una estampita, al lado del Nazareno y de San Onofre, Patrón de los Imposibles.

Pues resulta que quien fue a interrumpir la siempre precaria paz de Bolivia y era considerado como un enemigo hasta por sus propios camaradas, es ahora nuevamente y por obra de la aceleración del 'tiempo' con que se hacen las cosas actualmente, un h

roe, pero no para los que antes andaban con su retrato a cuestas sino para los que lo capturaron, lo sentenciaron muy sumariamente y lo fusilaron de manera aún más sumaria y sobre todo cruel, pues fue con una ráfaga disparada no por un verdugo sino por un asesino, que todo hay que decirlo.

Y ahora se busca y recupera su esqueleto y patólogos cubanos cooperan con militares bolivianos y tanto en el lugar en que lo mataron como en el lugar desde donde salió con una cruz de ceniza en la frente, como los Buendía, hay voces que enaltecen su actividad y reclaman su cadáver, para rendirle unos honores que le habrían sido muy útiles si estuviese vivo, pero que ahora le son más bien prescindibles.

Y yo creo que todos estos desaguisados deben ser obra de la globalización, porque es muy extraño que en Bolivia, donde nadie quería saber del Che, ahora quieran hacerle un mausoleo, aunque presumo que la proposición es más turística que altruista y en Cuba quieren sus despojos para lo mismo y tal vez quieran repetir, a la caribeña, la tumba de Napoleón o los muros del Kremlin con sus muertos ilustres. Verdaderamente, son cosas de fin de mundo.


El Universal, lunes 14 de julio, 1997
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