Esta Semana
Revista Electrónica       Nº 17     Julio 1997

Esta Semana

La lección china y el poder militar

Manuel Díaz Ugueto

La comunidad internacional ha estado muy pendiente de China en estos últimos años, especialmente a raíz del colapso del socialismo marxista eurosoviético. El traspaso de la soberanía de Hong Kong del 1o de julio, parece enfocar nuevamente las luminarias sobre esta 'República del Pueblo', cuyo régimen comunista se ha venido empeñando en abrirla a la inversión extranjera como una vía para impulsar el desarrollo en el largo plazo. China ha conseguido colocarse en el duodécimo puesto del intercambio comercial del mundo y de segunda en importancia entre las naciones a las que están concurriendo los inversionistas internacionales.

Los capitales foráneos son los que reconocidamente han impulsado en aproximadamente 40% el crecimiento de las exportaciones chinas en los años que corren de esta década. De las 500 empresas más grandes en el ranking de la revista Fortune quedan pocas sin algún vínculo con China comunista.

Este impulso del comercio es el que el Gobierno de Beijing quiere aprovechar para llegar a desarrollar al mismo tiempo el mercado potencial interno de 1.200 millones de habitantes y para que el bienestar pueda llegar a toda esta población. Los líderes chinos contemporáneos están dando demostraciones evidentes de que el crecimiento económico debe ser el motor que sostenga a su país como potencia mundial. Uno de los primeros en reconocerlo es el ministro de la Defensa, el viejo general Chi Haoitan, si nos atenemos al reciente informe preparado por el Pentágono para su distribución en el Congreso de los Estados Unidos, y que es un documento público en Washington y en las revistas especializadas.

Al parecer el plan de modernización de las fuerzas militares chinas, cuya mano ejecutora es el ministro Haoitan, está concebido sobre la base de una economía más moderna y eficiente, de la cual dependerá el desarrollo de tres componentes principales: fuerzas pequeñas de alta tecnología para su empleo 'en contingencias regionales'; fuerzas de mayor tamaño, pero de baja y de mediana tecnología, para garantizar la seguridad interior y servir de refuerzo en la defensa del territorio continental chino; y niveles relativamente modestos de fuerzas nucleares estratégicas, para mantener un poder disuasivo viable frente a otras potencias nucleares.

Los líderes chinos no creen más en el desarrollo de un gran poderío militar que permita a su país competir por un dominio mundial. La lección aprendida del colapso soviético es que tal desarrollo es innecesario y va en detrimento del crecimiento económico sostenido. Los militares chinos entienden esta realidad y no están pensando en términos de una guerra con Rusia o en invadir el territorio de sus vecinos y comprenden que los sueños imperiales quedaron atrás.

La conclusión es que, en materia militar, lo que aparentemente procura China es desarrollar una posición defensiva de sus Fuerzas Armadas y la capacidad de combatir en caso necesario una guerra de corta duración pero de alta intensidad, buscada con el empleo de armamento de la más compleja tecnología posible, capaz de enfrentarse a cualquier amenaza en su área de influencia geoestratégica, que es la región del Asia Oriental.

Empero, la otra conclusión -y es la que debe preocupar de verdad al resto de las naciones es que la posición ofensiva no la va a tener China en un poderío militar ultramarino, sino que la va a buscar en el crecimiento de la producción destinada a la exportación y como consecuencia hacerse presente en la globalización. Esta sí que es una operación ofensiva que ya comenzó hace algunos años y que está dirigida a conquistar los mercados internacionales y por supuesto los militares chinos concurren en su planificación con la idea.

La lección de Cho Haoitn y su estado mayor, debe ser tomada en cuenta por los países de América Latina como el nuestro. Si se desea sostener la modernización militar ésta no puede ser ajena al modelo de crecimiento económico, cuya prioridad es impulsar la capacidad del país para producir y exportar bienes manufacturados y servicios altamente tecnificados que permitan ganar un segmento importante de oportunidades de negocio en el comercio mundial. Es una lección china que deberían asimilar nuestros planificadores civiles y militares y hacerla compatible con el desarrollo socioeconómico de Venezuela y la integración que buscan hoy nuestros pueblos para superar el atraso y la pobreza.


El Universal, jueves 10 de julio, 1997
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