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| Revista Electrónica Nº 17 Julio 1997 |
Soliloquio Virtual Fernando Núñez Noda |
50 millones de periodistas. Veamos. Lo virtual se contrapone a lo real. Pero la realidad todavía se debate. Es fácil decir: "esa silla es real". Lo difícil es establecer, más allá de toda duda razonable, qué la hacer real. ¿Está afuera o en mi mente? ¿En ambos? Se entiende el debate, entonces. El caso es que, si la vida real es una ilusión, lo virtual tiende a ser sólido como una roca. Nuestra incredulidad se activa ante las cosas reales. Nos decimos: "No es lo que parece. Cuidado con el engaño". Pero, en la más provincial y cándida ingenuidad, creemos que lo virtual, lo tecnológico, es verdad per se, por el mero hecho de existir. ¡Y después se burlan de quienes creen que algo es verdad si se publica en prensa! La World Wide Web es la nueva prensa, la hiperprensa, pero igual así los bytes aguantan todo y podemos encontrar en el hiperespacio las más altas cumbres de la trivialidad humana e incluso del analfabetismo funcional. No se puede negar que la WWW ha tomado a los comunicadores sociales por sorpresa. Ahora basta un login y una clave para "ser" periodista. O, al menos, para intentarlo. ¿Tiene electrones el papel multigrafiado? Volviendo al principio. Lo llamado real no se respeta. Se sabe demasiado subjetivo, propio del yo, luego es virtual. Lo llamado virtual, por su parte y para usar una antigua palabra hegeliana, se cosifica, porque ése es su logro: producir objetos. Un cursor, un botón, una palabra en negritas... no en vano la programación que hace posible las interfaces gráficas (Windows, Macintosh) se llama "orientada al objeto". Pero caemos no por filosofía, sino por ingenuidad. Si alguien se tomó la molestia de "montar" esa información allí -decimos- ante millones de espectadores, es indudable que se aseguró de verificar todos y cada uno de los aspectos, bla, bla, bla. Internet tiene un extraño parecido con un texto sagrado: una ilusión de magia, de profunda sabiduría. Detrás está el mismo cerebro que guía el peor pasquín de la ciudad, de la misma forma que el más brillante talento a lo mejor tiene como tribuna sólo hojas extra-oficio en multígrafo. ¿Cómo te quedó el ojo, escultor? A propósito del párrafo anterior, yo no veo porqué los bytes en la pantalla son menos reales que las moléculas de tinta sobre el papel y viceversa. Recuerdo una anécdota de Plotino, un filósofo neoplatónico medieval. Un escultor ofreció hacerle una estatua y nuestro héroe salió con esta perla: "Si somos representaciones temporales de un arquetipo perfecto ¿para qué hacer la imagen de una imagen?" Una pregunta: Si Internet y la tecnología de información son virtuales, ¿no lo es El Universal? ¿Qué se puede decir de la radio? ¿O de rumor? Filósofos: debatan. Ése es su trabajo. El nuestro, por otro lado, se hace no menos complicado. Trabajamos con la imagen de una imagen de una... Y no sólo eso, sino que hay la creencia errónea que la imagen lo es todo. De modo que un periodista actual debería decirle a Plotino: "Si eres fotogénico olvídate del arquetipo y de Platón, vas a estar en la portada del Philosophical Newsweek". En el principio creó dios la animación computarizada. A finales del año pasado el autor de este artículo le pidió a sus alumnos, de segundo año de Comunicación Social, que escribieran en forma escueta cuáles eran sus intereses profesionales. Qué les gustaba o llamaba la atención... Un poco más de la mitad expresó que le gustaba la producción audiovisual y, grosso modo, 75% manifestó interés por el área audiovisual. En el cuarto restante quedaron la prensa escrita, la publicidad, el mercadeo, las relaciones institucionales, etcétera. Ahora bien, lo que llamó mi atención no fue precisamente esta desmedida tendencia a lo icono-sonoro, sino la forma misma en la que se expresaron estos anhelos. Pondré tres ejemplos:
¿Qué tienen en común estos intereses? Muy sencillo: que no se necesita ser comunicador social para ejercerlos. Un productor, por ejemplo, puede incluso no ser profesional, sólo requiere algo de organización, logística, sentido común, conexiones y lo que en Venezuela llamamos "pilas". No conozco productores de cuñas que tengan injerencia en el guión. No dicen: "Este anuncio no responde a las necesidades del cliente" o "El lenguaje es muy complejo para el público meta". Si lo hicieran, quizá no tendríamos una publicidad tan poco creativa en Venezuela. Ellos toman ese libreto y buscan la forma más económica y rápida de hacerlo. Punto. Igualmente alguien que haga animación computarizada. Él sigue un libreto, alguien tiene que pautarlo. Se supone que el comunicador social, porque su ventaja competitiva es justamente ser capaz de decirle al productor o al animador qué hacer. Quise decirle a mis alumnos: "Si ustedes consideran que la producción audiovisual es una realización profesional, no necesitan la carrera", excepto por el rectángulo de pergamino con sellos, firmas y letras góticas. Pero es un rodeo muy pomposo, en todo caso. Es como estudiar ingeniería mecánica para poder reparar uno mismo el carro. Pero lejos del detalle moralizante, ese ejército de productores en ciernes me hizo reflexionar lo siguiente: hay demasiado énfasis en la forma, en el empaque, mientras se soslaya (por no decir se desprecia) la verdadera esencia de la comunicación social: el contenido. Al principio sólo estaba el Verbo, nos recuerda la mitología cristiana. Ese "verbo", como el Tao, no tiene forma, es una pieza de conocimiento. Sin caer en el misticismo, lo que derivo es que todavía estamos presos en la sentencia de McLuhan: el medio es el mensaje. "No importa qué digo, si absurdo o falso; lo importante es decirlo en forma correcta y, si un se puede, impresionante", dice el insensato. Se cree falazmente que manejar el medio es, en sí, un acto creativo sin insumos, la consumación misma del fenómeno comunicacional. Pues les anuncio, por cierto, que la WWW está demoliendo este paradigma macluheano. En el hipermedio ciberspacial el contenido es lo importante, dado que todos los medios tradicionales confluyen en una misma interfaz (no son eventos separados) y que, eventualmente, gracias a la amistosidad del software actual, cualquier cociente intelectual de 70 podrá manejar la forma de manera correcta e incluso impresionante. Ese es un primer punto, entonces: soslayo del contenido, es decir, de los más importante. Ya entiendo porqué tantos estudiantes se quejan: "¿Por qué tengo que ver historia medieval? ¿Qué me interesa El Correo del Orinoco? ¿Cuál es el sentido de estudiar a Peter Druker?" Pues les diré, para cerrar este capítulo: a un comunicador social le interesa más la historia medieval que el manejo de una consola de animación computarizada. Quien tenga ojos que vea. Quítate del medio, medio. Otro detalle importante, derivado de la consulta anterior, tiene que ver con los medios y los fines. No "medios" en el sentido de mass media, sino en la vieja acepción maquiavélica de pasos intermedios para llegar a un objetivo final. Noto que se toman medios como fines. Si yo produzco un contenido, que a su vez obedece a la intencionalidad de un emisor y se adapta a las peculiaridades de una audiencia, entonces la producción audiovisual o la animación computarizada son medios para un fin superior. Son instrumentaciones, pero el comunicador social no necesita saber manejar las consolas o las metodologías de producción, más bien debe pautarlas, decir qué se hace. Cuando un estudiante vislumbra como fin, un proceso o instrumento que es meramente un medio, se queda tan corto al graduarse, que pierde trabajo fácilmente ante individuos que no son comunicadores, pero que manejan mejor las metodologías o los instrumentos, porque no han perdido tiempo estudiando la Edad Media, ni el Correo del Orinoco, ni a Druker. Al final. Otra vez la fábula, la moralización. Debe ser un defecto de carácter. Aunque, pensándolo bien, todo se perdona en un soliloquio ¿verdad? Pero ¿virtual?, dirá usted, apenas se trató la cuestión y no se llegó a ninguna conclusión sobre lo tal virtual. Bueno, yo contestaría, el adjetivo viene porque el soliloquio salió de la mente, y el pensamiento es la quintaesencia de lo virtual ¿no? E-mail: fnunez@ucab.edu.ve |
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