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| Revista Electrónica Nº 18 Agosto 1997 |
La Apertura Petrolera: ilusión o un nuevo desencanto Humberto Calderón Berti Durante la semana pasada nuestro país fue, sin duda, la capital mundial del petróleo. La determinación del Estado venezolano de llevar a cabo la III Ronda de Convenios Operativos fue un importante acontecimiento en nuestro desarrollo petrolero y sus resultados iniciales superaron con creces las expectativas que se habían creado. Es justo reconocer el esfuerzo que el Ministerio de Energía y Minas, fundamentalmente en las personas de los Ingenieros Erwin Arrieta y Evanám Romero, Ministro y Vice Ministro del Despacho, respectivamente, y sus equipos de apoyo que hicieron en la definición de la política que permitió la participación de grupos venezolanos en los cinco campos reservados para ellos en asociación con empresas extranjeras. De igual forma merece un reconocimiento el Directorio de PDVSA, encabezado por el Ingeniero Luis Giusti y en dónde jugó un papel muy destacado el Ingeniero Juan Szabo, por la forma transparente e impecable como organizaron las respectivas subastas que merecieron el elogio de todos aquellos que tuvimos la oportunidad de presenciar algunas de ellas. Esta III Ronda fue mucho más objetiva, razón por la cual quizás despertó mucho más interés y entusiasmo de los inversionistas. Las dos Rondas anteriores se realizaron en 1991 y 1993. La primera se realizó durante la administración del ex-Presidente Pérez, razón por la cual luce extraño que ahora critique lo que él mismo hizo durante su administración. Con el debido respeto que tanto él, como el Presidente Caldera, merecen las posturas por ambos mantenidas son similares. Las políticas y decisiones son buenas y favorecen el interés nacional si las establecen y las toman ellos. Si es otro son malas y dañinas. No es comprensible que el ex-Presidente Pérez afirme que el proceso de apertura es contraproducente, y que en ésta Tercera Ronda se está entregando el lomito de los yacimientos venezolanos. Tanto los que se otorgaron durante su gestión, como los de ahora, son campos muy maduros, algunos de ellos inactivos o con producción muy pequeña. Las razones por las cuales obedecen la puesta en subasta su operación, en este caso, son las mismas que privaron durante su gestión. Petróleos de Venezuela tiene oportunidades de inversión mucho más rentables. No tiene sentido canalizar recursos hacia ese tipo de campos. Pero la posición del Presidente Caldera tampoco es la misma a la que sostuvo durante la campaña electoral, cuando interrogado sobre la apertura petrolera respondió: "por Dios, con la Faja es suficiente". Ambas posiciones responden a una manera de actuar que tanto daño le han hecho a la política y a los políticos. Es un estilo que no puede seguirse utilizando en el país. Si uno creé en algo no hay razón para criticarlo si otro lo lleva adelante. Son los políticos tradicionales quienes así actúan. El país busca un camino cuyo rumbo sea señalado por políticos diferentes. Sólo así el país saldrá adelante. También han criticado el proceso otras personas, muy respetables algunas, pero que hacen afirmaciones sin ninguna fundamentación técnica. Les asiste todo el derecho a hacerlo pero no es conveniente a los intereses del país, y menos aún participar en un debate cuando se tiene un total desconocimiento sobre la materia. No hay duda que desde el punto de vista financiero el proceso fue muy exitoso. Recibir ofertas, que deben convertirse en algo tangible para comienzos de agosto, por un monto de 2.171 millones de dólares (2.171 millardos) es algo auspicioso. Sin embargo, a pesar que la cifra es muy importante, no debemos crearnos falsas ilusiones. No debemos olvidar que en el año 1996 los ingresos petroleros excedieron los 3.5 millardos de dólares al estimado inicial de ingreso presupuestario. Pero a la gente no le llegó de manera tangible ese ingreso extraordinario. Buena parte de él fue a engrosar el gasto corriente. No hay razón que con éste nuevo ingreso no suceda lo mismo, y la familia venezolana siga empobreciéndose alarmantemente. En los últimos 20 años al país han ingresado más de 250 millardos de dólares. En ese lapso el país se ha convertido en "una fabrica de pobres" como ha sido dicho. ¿Cuál es la razón por la cuál esa gigantesca cantidad de dinero no ha convertido a Venezuela en un país rico en el mejor sentido de la palabra?. Es decir, en un país con una sólida y bien conformada clase media, que es en esencia la riqueza verdadera, y que la gente haya cubierto sus necesidades de alimentación, salud, vivienda, educación, esparcimiento y que al pasar a la edad de retiro puedan disfrutar de una vejez digna. La respuesta es simple. El Estado se ha convertido en un gigantesco monstruo que es capaz de devorarse todo lo que encuentre. Lo anterior es realmente lo preocupante de la Apertura Petrolera en todas sus expresiones actuales, tales como: Convenios Operativos, Ganancias Compartidas en las zonas de riesgo exploratorio, y Asociaciones Estratégicas en la Faja Petrolífera del Orinoco. No tenemos duda que el sector petrolero está en capacidad de cumplir con las metas que, razonablemente, se fijan. El problema no radica allí. Petróleos de Venezuela, con sus propios recursos tecnológicos y su capacidad financiera, si no se comete el dislate de exprimir exageradamente la ubre por razones fiscales, así como a través de los esquemas anteriormente descritos, se ha fijado la meta de producir alrededor de 6 millones de barriles diarios para dentro de 10 años. Si no ocurre un colapso de precios, el cual en estos momentos no se visualiza, al país habrán de ingresar ingentes recursos provenientes de las exportaciones petroleras. ¿Serán estos recursos suficientes para sacarnos de la crisis?. La respuesta es definitivamente que no, salvo que el país tome un rumbo distinto al que ha transitado en los últimos años de disparates crecientes. Todos los recursos del país, no sólo los petroleros, sino los mineros y de cualquier otra naturaleza, serán insuficientes a menos que se revierta la tendencia de acentuar los errores. La gente se ha hecho una ilusión con la Apertura Petrolera. Profesionalmente mi mundo ha sido el del petróleo. Durante años he hablado de los millones de barriles de reservas que tiene el país. También de los millones de producción actual y futura. De los ingresos que hemos obtenido, y de los que se generarán en el futuro. Pero hoy en día siento vergüenza y pena al hacerlo cuando pienso en los millones de venezolanos que no tienen que comer. Ni un techo digno. Ni acceso a la educación, que es el único instrumento para la superación del ser humano. Ni garantía de vida por la inseguridad. Ni tampoco disponen de buenos servicios de salud. Ni de una pensión de vejez digna. En fin de una vida decorosa. ¿De qué sirven entonces los millones de dólares que van a ingresar?. ¿Para qué los sigamos disfrutando las elites del país, llámense políticas, económicas, sindicales, gremiales, o de cualquier tipo?. ¿O será posible que tantos recursos realmente le lleguen a los más desasistidos?. Esto último solo será posible si el país cambia radicalmente. Si es conducido de una manera diferente. Si por fin las cosas se hacen de una manera distinta a como se han hecho durante tantos años. Si por fin el liderazgo nacional, cosa que veo muy difícil, aunque no imposible, se empeña en adelantar los cambios que tardan en darse, entre otras razones porque los ingresos petroleros dan pie para que siempre se corra la arruga. Si los cambios no se producen tendremos en el país cada día más pobres y entonces la Apertura Petrolera será una ilusión pasajera y se convertirá en un nuevo desencanto. |
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