![]() |
| Revista Electrónica Nº 18 Agosto 1997 |
Little Venice Global Company Fernando Báez Duarte El 21 de julio pasado la revista TIME publicó un texto publicitario de 8 páginas a todo color, titulado "Abriendo la puerta a los inversionistas extranjeros La apertura petrolera venezolana". No hace falta ser muy zahorí o mal pensado para dictaminar con certeza cuál es el objetivo de los autores del texto (que no son necesariamente sus redactores, sino quienes lo autorizaron): no es la apertura petrolera, ni las estaciones de gasolina, ni la venta de Pequiven. Sin ningún desenfado, el ingeniero Luis Giusti nos anuncia que el verdadero banquete es que la privatización de PDVSA es inevitable. Su atrevimiento, para usar una expresión muy suave, nos sugiere algunas preguntas elementales. ¿Quién autorizó al ingeniero Giusti a anunciar oficialmente al mundo esa nueva política? Hasta donde sabemos, ni el Presidente de la República, ni el Ministro de Energía y Minas, ni el Congreso de la República, han informado que piensan adoptar tan trascendental decisión. Tan sólo algunos dirigentes políticos aislados se han mostrado, a título individual, partidarios de esa postura, en la que tienen como compañeros de ruta a un grupo de empresarios y comentaristas que aspiran a ver privatizadas calles y autopistas, puertos y aeropuertos, plazas y parques, ríos, montañas y playas, en fin, todo lo que existe sobre y bajo este territorio que llamamos Venezuela y que ellos posiblemente ambicionan rebautizar, por ejemplo, como "Little Venice Global Co.", para estar a tono con los tiempos. ¿Es que el ingeniero Giusti y sus colegas de directiva se creen dueños de nuestra industria petrolera? ¿Pueden ellos por su cuenta decidir venderla, sin consultar nuestra opinión? Yo no puedo darles un cheque en blanco. Desde muy niño me enseñaron que no debía darle un cheque en blanco a nadie. Mucho menos a quien tiene el atrevimiento de anunciar, sin nuestro previo consentimiento, que se propone vender nuestras pertenencias en subasta pública. Denme una, sólo una, razón válida para vender PDVSA. ¿Es que esa empresa da pérdidas? El texto publicado en TIME nos informa que en 1996 PDVSA tuvo ganancias récord de $ 3 mil millones, después de pagar impuestos al Fisco. ¿Acaso PDVSA está mal administrada? Evidentemente siempre será posible administrarla mejor y, ciertamente, con más pulcritud. Aún así, recordemos que el mejor negocio del mundo es una empresa petrolera bien administrada, y el segundo mejor negocio del mundo es una empresa petrolera mal administrada. ¿Estarían dispuestos el ingeniero Giusti y sus colegas de directiva a admitir públicamente que por su deficiente administración tenemos que vender PDVSA? ¿Se pretende vender PDVSA para pagar la deuda externa? Sin necesidad de venderla, bien podría destinarse al pago de la deuda todo ingreso que resulte de aumentar el actual nivel de exportaciones de crudo y productos. O, mejor aún, ¿por qué no invertir todo ese ingreso adicional exclusivamente en educación, con lo cual en 20 años podríamos tener un pueblo capaz de construir un país próspero, justo y respetable? ¿O quizás piensan vender, o peor, regalar, una acción de PDVSA a cada venezolano? Esta alternativa, sugerida por algunas personas, es tan descabellada que no vale la pena comentarla. ¿O la van a vender por partes, 10 % ahora, otro 10 o 15 % en dos años, y así sucesivamente? Es decir, primero nos amputarían un brazo, en dos años el otro brazo, más tarde una pierna y así sucesivamente. ¿A quién se la piensan vender? ¿Quién puede reunir en Venezuela $ 50 mil millones?, haciendo la salvedad de que una empresa que tuvo resultados como los de 1996, vale mucho más, sobre todo si dentro de diez años va a producir el doble de lo que produce hoy. ¿Quién es tan bueno, o tan pendejo, que cuando tiene un buen negocio llama al vecino para cederle una parte o la totalidad de su negocio? ¿Nos falta capital? No es cierto, a juzgar por los resultados financieros de PDVSA. Y si faltase, todos los bancos del mundo estarían encantados de prestarle dinero. No hay pagador más seguro que una empresa dueña de reservas suficientes como para producir 5 o 6 millones de barriles diarios durante los próximos 150 años, para ser conservador. ¿Nos falta tecnología? La tecnología se compra como cualquier otra mercancía y, además, a propósito de la apertura, PDVSA ha declarado que el Intevep tendrá a su cargo la tecnología de los nuevos proyectos. ¿Mercados? Los compradores siempre seguirán comprando, cada vez más, y poco o nada les importa quién es el dueño o el vendedor del crudo o del producto, con tal de que se los vendan oportunamente, en forma confiable y a precios razonables. El mayor descaro del texto que comentamos es el párrafo que indica que los inversionistas extranjeros también podrán participar en el fondo mutual que próximamente va a crear PDVSA. El hecho en sí no es motivo de preocupación. Lo que indigna es la terminación del párrafo: "una puerta trasera en la ruta hacia la privatización". En lenguaje vernáculo la puerta trasera no es la que se usa para recibir a gente honorable. Es la que se usa cuando el dueño de casa no desea que lo sorprendan escapándose o haciendo algo indebido. Es la que se usa para que el perro entre y salga de la casa. O la que usa "la muchacha de servicio" para introducir subrepticiamente a su enamorado. La frase final del texto no tiene desperdicio: "La faena del futuro consiste en convencer a un público nacionalista para que acepte lo que es casi inevitable: en el futuro PDVSA será privatizada". Sabemos que los directivos de PDVSA manejan recursos suficientes como para "convencer" a mucha gente que, a su vez, pueden manipular la opinión pública. Ellos parecen estar conscientes de que los venezolanos son un "público nacionalista". No hablan de un "pueblo" nacionalista, de un pueblo protagonista de su destino, sino de un "público", es decir, de un espectador al que hay que dorarle la píldora porque a ese espectador le gusta el nacionalismo ¡qué excentricidad! A los que nos oponemos a la venta de PDVSA, a los que hablamos de nacionalismo de soberanía y de dignidad, creen que nos desacreditan tildándonos de dinosaurios, anticuados e inadaptados a la "globalización", expresión bastarda con la que se pretende disfrazar de modernidad la entrega descarada y servil de lo nuestro. Por mi parte, prefiero que me endilguen todos esos epítetos y no que me llamen vendepatria. ¿Quiénes son, en realidad, los dinosaurios, los que quieren volver al pasado? Hasta 1976, hace apenas 21 años, nuestra industria petrolera estaba en manos extranjeras, en manos de las empresas concesionarias, que no siempre pagaban lo que nos debían en impuestos, que contribuyeron a poner y quitar gobiernos, que nos ocultaban algunas de sus transacciones, que a veces nos declaraban precios de venta falsos, que agotaban irracionalmente algunos de nuestros yacimientos y que ellas, sólo ellas, en Nueva York, en Houston y en Londres, tomaban las decisiones que afectaban toda nuestra vida como país. Por eso se hizo la nacionalización. Los verdaderos dinosaurios son los que quieren retroceder al pasado. No hablan de volver a la época de las concesiones petroleras. No quieren simplemente volver a 1973 o a 1958. Ni siquiera a la época de Medina o de López Contreras o a la del General Gómez. Lo que quieren no es otorgar concesiones, sino vender nuestra industria. A donde quieren volver es a la época colonial, cuando la corona española era dueña de suelo y subsuelo de este territorio. La única diferencia es que ahora la corona no será española sino anglosajona. Y nosotros pasaremos de ser dueños a simples espectadores, nos convertiremos en un "público" nacionalista. ¿Aceptarán esto los trabajadores y los sindicatos? ¿Se quedarán calladas las Fuerzas Armadas? ¿Están todos los empresarios venezolanos de acuerdo con esa venta?¿Dirán algo Acción Democrática, Copei, el Mas, La Causa R y otros partidos? |
![]() | |||
![]() |
![]() |
![]() |
|
![]() | |||