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| Revista Electrónica Nº 18 Agosto 1997 |
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Colombia: ¿una visión deformada? Cuando en Venezuela se habla de Colombia se suele decir que es la causa de muchos de nuestros males. Incluso una persona tan lúcida como el Dr. Arturo Uslar Pietri ha llegado a sostener que la gran diferencia que hay entre Colombia y Venezuela reside en que mientras en nuestro país la mayoría de sus problemas tienen su origen en la hermana república, lo contrario jamás ocurre ni ha ocurrido. Esta manera tan esquemática de analizar una realidad compleja, y en la que vemos nuestros problemas como consecuencia de actos de terceros, es tal vez una de las características más perniciosas de una tendencia del venezolano de eludir su propia responsabilidad y olvidarse de su irresponsabilidad. Si la actitud emocional con la cual enfrentamos los venezolanos nuestra relación de vecindad con Colombia está plagada de hechos que permiten confirmar nuestras peores sospechas, tales como: la difícil y traumática historia de la delimitación y demarcación de nuestras fronteras marítimas y terrestres; la descontrolada oleada de indocumentados que viven y trabajan en Venezuela; la presencia aterradora de la violencia guerrillera en la frontera; el tráfico creciente de estupefacientes a través de nuestro territorio; y el uso, a veces, irracional, de los recursos hídricos compartidos, podrían darles a estos hechos la razón si se perciben como un conjunto. En verdad los hechos no pueden negarse, existen y son graves. Sin embargo hay muchos otros de los cuales no se habla y que constituyen la matriz de esperanza que ha permitido convertir la relación binacional como un eje, muy dinámico, en el progreso económico de amabas naciones. Por un lado es un hecho cierto el cruce de inversiones privadas de los empresarios de las dos naciones. Esto ha permitido rescatar empresas que estaban quebradas y constituir nuevos proyectos que tienen por norte un mercado más amplio. También hay contribuciones importantes del empresariado colombiano en proyectos de la sociedad civil venezolana y en particular en las campañas de prevención al consumo de drogas que los venezolanos no lo han sabido, tal vez, por una errada política del inversionista colombiano a pasar lo mas desapercibido posible en Venezuela. Ver en las relaciones con el vecino lo negativo no sólo no resuelve las causas de lo que pueda desagradarnos, sino que además nos impide adoptar medidas proactivas que faciliten, por un lado la convivencia y por el otro mejoren el entorno en el que, querámoslo o no, seguiremos coexistiendo. |
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