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| Revista Electrónica Nº 18 Agosto 1997 |
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La carrera armamentista en América Latina: OK Los periódicos de América Latina en general y los de Venezuela en particular titularon con euforia la nueva política de la Casa Blanca, según la cual "se le pondrá vender armas otra vez a la América Latina". La euforia es inverosímil. Parece como si despertáramos de un sueño y nos encontráramos con una vieja realidad: la de la Guerra Fría y del armamentismo que, bajo diferentes excusas, argumentos o razones, los países en desarrollo participaron en los desmanes de la carrera armamentista, se endeudaron de manera inconcebible, mientras los problemas sociales crecían a la sombra del enfrentamiento entre las grandes potencias. Un respetable diario caraqueño tituló de esta manera: "Nueva política de la Casa Blanca favorece al país / EE.UU podría vender armas a Venezuela". Los titulares reflejan las declaraciones del sub-secretario de Estado adjunto para la América Latina, el embajador Jeffrey Davidow, quien declaró: "Si viene una petición (de armas) de Venezuela la estudiaríamos la idea de decir que sí". Reglón seguido el sub-secretario recuerda que Venezuela compró en la época del Presidente Herrera Campins 24 jets bombarderos F-16. También anunció Davidow que Estados Unidos estará también dispuesto a considerar positivamente la venta de F-16 a la república de Chile. La conclusión es evidente: Si Venezuela y Chile adquieren los costosísimos jets estratégicos, no habrá poder humano que pueda impedir que otros países hagan exactamente lo mismo y por tanto, la carrera armamentista queda establecida desde ahora. Pensamos que se trata de una decisión errónea e inoportuna de la Casa Blanca. América Latina no requiere de estas armas sofisticadas que tuvieron alguna justificación, si la tuvieron, en los tiempos de la Guerra Fría. Pero la Guerra Fría pasó y Estados Unidos proclamó por boca de Bush y del Presidente Clinton "un nuevo orden mundial" sin enemigos estratégicos. Ahora parece que el enemigo lo llevamos por dentro y que como dijo el gran Olafo, personaje de una tira cómica: "El enemigo somos nosotros mismos". Lo que inquieta es que un gobierno probadamente democrático como Chile, el Chile del Presidente Frei, sea quien tome la vanguardia del armamentismo. Da la impresión que quien habla es Pinochet, quien en vísperas de irse del Comando supremo de las Fuerzas Armadas, quiere establecer este precedente. ¿No fue Chile, acaso, el país que lanzó la iniciativa de la Cumbre de la Pobreza que se llevó a cabo en 1995 y pidió una política internacional de sensibilidad social, de cooperación y de inteligencia en la inversión del gasto público? Las presiones ejercidas por los consorcios productores de armamentos y de aviones bombarderos supersónicos sobre la Casa Blanca han tenido éxito. Ese es su negocio y la Casa Blanca difícilmente puede desechar las razones que le presentan los fabricantes que alegan, como sabemos, razones económicas, de empleo en los Estados Unidos, etc. Ese es el asunto norteamericano. Pero, queda por debatir el latinoamericano. ¿Pueden las democracias emular las dictaduras de otros tiempos y volver atrás el reloj y actuar como si la Guerra Fría no haya terminado? ¿Cómo si el muro de Berlín estuviera ahí y las armas nucleares de la Unión Soviética apuntaran a Occidente y nos amenazaran a todos, como si Cuba tuviera sus "misiles secretos" para amenazar a la América del Sur, y desde luego, también a Washington? Ni hay Guerra Fría, ni hay peligros ni amenazas estratégicas en el horizonte... Veamos lo que real y verdaderamente hay en el horizonte de la América Latina y del Caribe: Primero: pobreza creciente, desempleo creciente, y angustia de la gente, incertidumbre y desasosiego en niveles ya de peligrosidad. Segundo: el creciente predominio del narcotráfico que contra todas las promesas, protestas y salvaguardas se apodera de nuestras sociedades y cuyos ingresos, según cálculos de la Organización de las Naciones Unidas producen más dólares que la industria automotriz en el mundo. Estos son los enemigos de la paz y de la armonía sociales en la América Latina y el Caribe, y esto es lo que nos concierne. Este es el peligro, y estos son los asedios que nos esperan para recibir el siglo XXI. Mientras Estados Unidos, justamente argumentando que sin Guerra Fría no se requieren programas de cooperación como los llevaba a cabo en otras épicas y la cooperación es ya inexistente y la solidaridad se ha convertido en palabra anticuada y anacrónica, la "nueva" política es vender bombardero supersónicos. Con los F-16 se aumentará la pobreza y con la pobreza proliferará el narcotráfico, se debilitarán aún más los ya debilitados Estados de la región. Campanazos como éste que aquí queremos dar servirán de poco si como se confiesa desde Washington son países democráticos los que están a la vanguardia de estas vísperas pesimistas. Si no fuera así, podríamos abogar a fin de que la VII Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y de Gobierno que se ha de reunir en noviembre en la Isla de Margarita incluya en los puntos finales de su Agenda una ratificación de lo que antes se prometió: oposición a la carrera armamentista. Pero si gobiernos democráticos probados y comprobados como Chile toman la iniciativa de armarse, no hay modo de esperar que las democracias autoritarias tomen la iniciativa contraria. Por consiguiente, lo que cabe esperar es resignarnos a mayor y más explosiva pobreza y a mayor y más destructivo imperio del narcotráfico, la narcoguerrilla, la anarquía y el delito. |
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