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| Revista Electrónica Nº 18 Agosto 1997 |
¡Ricos! en el sub-suelo Luis Soto* Desde el siglo pasado, la riqueza del sub-suelo mineral venezolano ha sido conocida tanto por lo abundante y variada como por la poca contribución que ha tenido para con el desarrollo de la economía venezolana, amén de lo complicado que resulta operar bajo el vigente régimen de concesiones mineras. Pese a que Venezuela es uno de los países con mayores reservas de hierro, níquel, niobio, torio, tierras raras, zinc, oro y tantalio del mundo, y uno de los mayores consumidores de minerales industriales del Hemisferio Occidental, la riqueza de sus depósitos minerales aún continúa inexplotada. Venezuela posee, en menos de un millón de kilómetros cuadrados, las tres macro provincias que caracterizan la historia geológica del mundo: escudos precámbricos, complejos geotectónicos y cuencas sedimentarias. Nuestro país está dotado con la presencia, en mayor o menor grado, de casi todos los recursos minerales existentes sobre el planeta. Entonces, ¿por qué negarnos a asumir la vocación minera que por años el país ha dejado de lado? Acrecentando el potencial En los últimos meses se han adelantado modificaciones en el marco legal e institucional del sector minero que persiguen mejorar el entorno de la inversión minera en Venezuela y aprovechar de manera mucho más eficiente el potencial que ofrece el país. El incremento a un 85% de la proporción que una empresa puede exportar de su producción de oro, lo que ha permitido frenar el contrabando y alimentar la base de ingresos del país por la vía de los impuestos; la exoneración del impuesto al consumo suntuario acordada recientemente por el Gobierno para aquellas empresas mineras que emprendan nuevos desarrollos; la discusión en el Congreso de la República de un proyecto de reforma de la actual Ley de Minas, para fortalecer la seguridad jurídica que disfrutan los inversionistas del sector e implantar mejoras en los procesos administrativos, el cual ya fue aprobado a nivel de la Comisión de Energía y Minas del Senado; y mas recientemente el Decreto de "apertura minera" de la Sierra de Imataca, Edo. Bolívar, son algunos de los hechos significativos que acrecentan ese potencial minero. Sin embargo la polémica surgida a raíz de éste último hecho, pareciera querer mantener el status-quo ¡Sigamos siendo ricos...! El aprovechamiento de los recursos mineros del país constituye un enorme desafío para los venezolanos que debe ser afrontado con profundidad y realismo. Otros países suramericanos ya lo han venido haciendo y gracias a ello han logrado explotar, garantizando el equilibrio ecológico y preservando la biodiversidad, el potencial minero que tienen (por cierto, inferior al de Venezuela). Los distintos argumentos esgrimidos por los grupos ecologistas - que han adversado la aprobación del decreto - no deben soslayarse. Ellos constituyen un grupo de presión que tienen el mérito de velar por la salvaguarda del medio ambiente y que han contribuido a que los países desarrollados hayan diseñado estrictas normas y políticas para garantizar la explotación de los recursos naturales en condiciones óptimas y sin crear daños irreversibles a la naturaleza. Esas normas perfectamente pueden ponerse en práctica en el sector minero venezolano, al cual ingresarán, sin duda, calificadas empresas nacionales e internacionales en el marco de la apertura minera que recién se inicia. Venezuela puede convertirse - y allá apuntan todos los pronósticos - en una potencia aurífera en un plazo estimado de dos años. La explotación de la Reserva de Imataca incrementará en un bienio la producción de oro de 12 a 50 toneladas. Esto significará, según estimaciones conservadoras, ingresos al fisco por el orden de los 250 mil millones de bolívares. Sin embargo existen cifras aún mas alentadoras. Los estudios adelantados por los organismos oficiales indican que en el escudo precámbrico podría haber alrededor de cien mil toneladas métricas de oro. Ello generaría ingresos que sobrepasarían los cientos de miles de millones de dólares, monto suficiente como para aseverar que, efectivamente, Venezuela tiene que atribuirle al área la relevancia que se merece. *Director Ejecutivo de CONAPRI |
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