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| Revista Electrónica Nº 18 Agosto 1997 |
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La Juventud del Fujishock Gustavo Mohme Llona Ayer en la primera página de nuestro diario nos preguntábamos ¿qué pasa con la juventud? Es, evidentemente, un tema recurrente entre sicólogos y especialistas que ven con marcada preocupación el comportamiento de los adolescentes peruanos, en su gran mayoría hijos de la violencia, el hambre, las carencias afectivas y sumergidos en un submundo donde proliferan la droga, el alcohol y ejemplos tan malos que no sólo provienen de las series extranjeras que transmite la televisión, sino de nuestra propia vida política que a diario ofrece espectáculos de intolerancia, falta de ética, incumplimientos de palabra y la mentira y el golpe bajo como arma contra los potenciales enemigos. Esta semana la muerte de cuatro jovencitos y la gravedad de otra de las asistentes a un concierto en el que se dieron la mano la irresponsabilidad de los organizadores, el desparpajo y la inconciencia de dos noveles cantantes salseros y una masa compacta de jóvenes que pugnaban por acercarse a sus ídolos sin tomar en cuenta de que para lograrlo estaban asfixiando, pisoteando y poniendo en grave riesgo la vida de miles y miles de fanáticos ha puesto el tema en el tapete, colocando a los jóvenes en el centro del debate político, que durante los últimos 7 años ni siquiera los tomó en cuenta. El desinterés gubernamental por la juventud es proverbial. Máxime la reorganización de la universidad y uno que otro intento de reformular las currículas escolares y construir colegios que son más bien elefantes blancos en medio de la hambruna y pauperización crecientes, poco se ha hecho por la juventud, patrimonio fundamental de un país que construye a diario y con el esfuerzo de todos un futuro mejor. El artífice del desastre económico que ahora la gran mayoría del pueblo peruano padece ha sido el gobierno fujimorista. Estamos cosechando los primeros, y no por ello menos dramáticos, frutos del modelo neoliberal. Familias desunidas, niños que crecen en estado de total abandono es una de las características de la actual clase media. Padre y madre tienen forzosamente tres o cuatro trabajos para completar el ingreso familiar indispensable con el que sobreviven precariamente. En los sectores de menores ingresos, la situación no es distinta aunque adopta ribetes más dramáticos, ya que normalmente se trata de madres abandonadas, progenies numerosas y la necesidad de trabajar en cualquier cosa para ganar unos pocos soles. ¿Qué juventud es la que estamos criando? Abandonados por sus padres y bombardeados por campañas publicitarias que les venden falsos ídolos, nuestros adolescentes son testigos de otro fenómeno de nuestro tiempo: impunidad, triunfo permanente de lo malo sobre lo bueno, lo justo, lo correcto. Se derriban instituciones, se lanzan sombras sobre la honra de las personas para satisfacer subalternos apetitos, la ley del más fuerte se impone, el imperio de la mentira se consolida. Al mismo tiempo, frases como solidaridad, compañerismo, resultan huecas porque carecen de significado en un mundo donde el triunfo es lo único que vale, sin importar el precio o el método. Queda ahora el lamentar las muertes de los muchachos y corregir con presteza el mal. No es posible que sigamos recortando los horizontes de los hombres y mujeres del mañana. ¿Qué debemos ofrecerles? Una formación profesional o técnica que luego no los frustre, lanzándolos a la calle del desempleo y la desesperanza. Debemos construir las bases de un Perú democrático donde triunfen la justicia y la razón y en el que el hombre y su bienestar sea la razón de ser de los gobiernos. Ese es el país que debemos legar a nuestros hijos, y es por ese país por el que trabajamos y soñamos. La República del Perú, lunes 11 de Agosto de 1997 |
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