Esta Semana
Revista Electrónica       Nº 18     Agosto 1997

Esta Semana

Muerte en las carreteras

En los últimos diez días 83 peruanos han perdido la vida y más de un centenar han sufrido heridas graves o leves en una serie de accidentes que han protagonizado vehículos colectivos de transporte en diferentes carreteras del país. No creemos que la referencia a una "racha trágica" del transporte interprovincial de pasajeros baste como explicación a cuanto ocurre, tal como quisieran hacernos creer algunas autoridades, que incluso están desanimando a potenciales viajeros.

La referencia al mal estado de las carreteras era de rigor hasta hace unos años, cuando como resultado de la crisis económica el estado de abandono de la red vial del país había llegado a límites inimaginables y las partidas para mantenimiento de carreteras habían desaparecido, tragadas por el proceso de hiperinflación.

Pero ese panorama no es el de hoy, luego de un lustro de paciente rehabilitación de las carreteras nacionales -ya se ha concluido con la Panamericana, la Carretera Central y otras vías- trabajo que en algunos casos ha sido de casi reconstrucción, dado el deterioro en que se encontraba la carpeta asfáltica.

Entonces, no puede atribuirse cuanto sucede al estado de las carreteras y al mal tiempo. La Dirección de Transporte Terrestre del ministerio de Transportes y Comunicaciones y las autoridades del ministerio de Trabajo harían bien en emprender una investigación y dar con las verdaderas causas de estos accidentes, pues lo accidentado de nuestro territorio no basta para justificar que las carreteras se transformen en trampas mortales

Una de las pistas a seguir es, sin duda, la situación del parque de transporte y otra la de los choferes de estos vehículos colectivos, cuya capacitación profesional deberá ser investigada, lo mismo que la duración de sus horarios de trabajo. Pues viene ocurriendo en diversas ramas de actividad que la flexibilización de las normas laborales está dando paso a casos de sobreexplotación por exceso de trabajo en horas extra.

Atención, no afirmamos aquí que todos los choferes de transporte colectivo sean sometidos a este maltrato, pero estamos en un rubro en el que en el pasado de descubrió abuso de anfetaminas y escaso tiempo de descanso, ambas causas combinadas inciden en los accidentes fatales, pues alteran el buen desempeño de los pilotos.

De todos modos, tampoco la fatiga de los choferes explicaría esta frecuencia de accidentes, y por lo menos en uno de los casos se ha descubierto negligencia punible al haber la empresa implicada cambiado inconsultamente la ruta, siguiendo un trayecto no autorizado ni comunicado al ministerio de Transportes, lo que demuestra la necesidad de profundizar investigaciones.

Aquí habría que recordar que hace pocos años, cuando nuestras carreteras se vieron invadidas por bandas de asaltantes que desvalijaban a los viajeros -una lacra no del todo erradicada, aunque sí disminuida-, el ministerio del Interior reaccionó adecuadamente instruyendo a la PNP a fin de que agentes de la dirección de Control de Carreteras se mezclaran con los pasajeros en las rutas más amenazadas, de modo a dar seguridad a los vehículos y detener a los asaltantes.

Algo similar podría pensarse para las carreteras que con más frecuencia son teatro de accidentes. Un informe sobre el tema podría tenerse antes de mucho, y las autoridades ser conscientes de las principales medidas correctivas que deben tomar para prevenir accidentes.

Lo que no puede tolerarse es la pasividad ante cuanto ocurre, que coloca a nuestras carreteras entre las más inseguras del mundo y desanima el turismo externo y sobre todo interno, justo en un momento en que se le trata de impulsar nuevamente. No hay que olvidar que en no escasa proporción y por razones de economía, ese turismo se moviliza por tierra.

La Dirección de Transporte Terrestre y el ministerio del Industria y Turismo podrían, por otra parte, asociarse y emitir boletines indicando el estado en que se encuentran las vías troncales y secundarias del país, anotando también la mejor época para viajar por las mismas y sus condiciones de seguridad.

Lo anterior en algún caso podría contribuir a desanimar a los viajeros. Pero siempre será preferible trabajar en un nivel de prevención a tener que lamentar atroces accidentes como los que motivan este texto, que han llevado el luto y la desgracia a casi un centenar de familias peruanas, a las que ofrecemos nuestra solidaridad.


La República del Perú, lunes 11 de Agosto de 1997

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