![]() |
| Revista Electrónica Nº 18 Agosto 1997 |
|
En Busca de un México Nuevo Martha Chapa El Presidente Zedillo, seguramente azuzado por Guillermo Ortiz y por los "duros" del gabinete económico adelantó -al parecer indebidamente-, un tema que puso fin a la luna de miel que había iniciado con la oposición al recibir airoso sus triunfos, desmantelando el aparato de guerra del gobierno y tendiendo la mano incluso a Cárdenas, a quien cedió lo impensable, ya que contar con las fuerzas armadas de la capital de la República es contar con un factor de presión ante el propio Ejecutivo. El tema en cuestión fue fijar de manera tajante su postura frente a la política económica, que en este caso representa el neoliberalismo iniciado por De la Madrid y perfeccionado por Salinas. Con esa postura irreductible cometió quizás un error estratégico, ya que la alianza de la oposición no era un hecho y se ha precipitado, al grado que el PAN, en su reunión de San Juan del Río, decidió dar un paso histórico abandonando su tradicional postura de derecha en la política nacional; además, le hizo guiños al PRD, dándole por su lado, para empezar, en el asunto del estado 32. Los panistas fueron incluso más a fondo y dijeron que no coinciden con la política económica del gobierno. Ambos partidos se ocuparon de recordarle al Ejecutivo que la política económica la fija el Congreso y en especial la Cámara de Diputados. La política, como el fútbol, apuesta fundamentalmente a los errores del contrario, cuidando, claro, de no cometer los propios. A la fecha, el PRI no se ha cansado de cometer yerros (por el PRI nos referimos a ese malhadado partido al que dañan quienes han militado en él, como es el caso de Guillermo Ortiz, pues ha asumido responsabilidades que no le toca pagar, como aquella ocasión en que, al endilgarnos 15% de IVA, dijo con inusitada soberbia: "Que nos castiguen con votos"). Yo preguntaría: ¿a quiénes? Que yo sepa, él jamás ha pisado las baldosas del PRI; nunca portó una pancarta y sólo apareció en el presídium en el cierre de campaña de Alfredo del Mazo, seguramente para quitarle votos. La próxima Legislatura requiere tacto de violinista, porque su influencia en la historia futura del país será decisiva, y porque ahí se va a debatir la democracia que queremos, tema quizá más importante que la política económica. Pero la oposición va a empezar por este asunto, y el Presidente fijó su posición -por cierto irreductible- antes de tiempo, obligando a los contrarios a establecer la suya y dándoles incluso tiempo para prepararse. Da la impresión de que el primer afectado será el propio señor Ortiz, quien no podrá evitar que la Legislatura se abra con la discusión del IVA, asunto que sin duda significará un sonado triunfo para la oposición. Y como enseguida vendrá el problema del presupuesto y la cuenta pública, algo tendrán que negociar. ¡Imaginen ustedes que los diputados rechacen el balance del año anterior del Presidente Zedillo! Se sabía que estas discusiones estaban ya sobre el tapete; entonces, ¿para qué precipitarlas? Por otro lado, Arturo Núñez, el coordinador de la fracción priísta, ya está batallando para lograr que las comisiones básicas -fundamentalmente las de Hacienda y Programación- queden en manos de su partido. ¿Qué tendrá que ceder para ello? No tendremos que vivir mucho para saberlo. Sin embargo, ¿qué necesidad había de adelantar la contienda? Nadie lo sabe. Ahora vayamos al fondo de este asunto. ¿Por qué Cuauhtémoc se posiciona? ¿Por qué el PAN rompe su esquema tradicional y cambia su estrategia? Porque realmente llegó la hora del gran debate nacional: ¿cuál es nuestro proyecto como nación? Hace algunos años, un gremio, el de los economistas, comenzó a cuestionar públicamente al gobierno, al nacionalismo revolucionario. ¿Cómo olvidar a los viejos directores del Banco de México, por ejemplo, Rodrigo Gómez, al economista formador Horacio Flores de la Peña, al conciliador Jorge de la Vega! Todos ellos plantearon que el problema de nuestro desarrollo era económico, no político, y convencieron a José López Portillo, quien inició el gran viraje. Así comenzó la brutal confusión que vivimos: un país que manejó magistralmente la política, la abandonó para manejar la economía. En esa coyuntura nos tomaron por asalto los Chicago boys, formados en universidades estadunidenses, ignorantes absolutos de nuestra realidad social y entrenados para defender los intereses del imperio. Fueron el producto de la teoría Robins, quien en 1926 sostuvo que, para conquistar México de manera incruenta, sólo hacía falta abrir las universidades yanquis a los jóvenes mexicanos, estrategia que se consolidó en el sexenio de Salinas, el único Presidente en los últimos cincuenta años que llegó con un proyecto totalizador. La ambición lo perdió, pero nos dejó el neoliberalismo. Hay quienes confunden el liberalismo político con el económico,
cuando en realidad ambas doctrinas son incluso contradictorias. El liberalismo
económico, propulsor de la globalización, defiende el capitalismo
salvaje, y es una doctrina imperial y esclavista creada por los países
dominantes. El tripartidismo que se consolidó el 6 de julio anticipa
una gran batalla por nuestro futuro en los próximos meses: ¿la
política o la economía como rectoras? La primera, de izquierda,
centro o derecha; la segunda, neoliberalismo o nacionalismo estabilizador.
No todo tiempo pasado fue mejor; en nuestro caso parece que sí. Veremos. El Excelsior, Jueves 07 de Agosto de 1997 |
![]() | |||
![]() |
![]() |
![]() |
|
![]() | |||