Esta Semana
Revista Electrónica       Nº 18    Agosto 1997

Esta Semana

Irene: un espejismo

Juan Angel Mogollón

Pintorescas ocurrencias, que ya son historia en otras latitudes, suelen presentarse en Chacao como ingeniosas innovaciones. No obstante, quizá nada substancial aporten a la comunidad, que es en definitiva la que paga.

Tales ``novedades'' duran poco. Su objetivo verdadero parece no ser otro que impactar. Más que la utilidad pública, interesa el show, el reiterado pantalleo, la reseña en los medios audiovisuales. Tal vez por ello lo que al principio despertaba curiosidad, ahora tiende a ser un tanto aburrido. Con razón se piensa que no es valiéndose de frívolos procedimientos como el país va a salir de su crisis general, ni ha de enfrentar con éxito los grandes retos planteados por la muy compleja realidad contemporánea.

Están errados quienes se imaginan que gobernar una nación es tan sencillo como administrar un minúsuclo y opulento municipio. Ni siquiera es razonable pensar que quien manda en Chacao puede hacerlo con igual idoneidad o suerte en parroquias como La Vega, El Valle o el 23 de Enero, porque son situaciones en nada equiparables. Nada tienen ciertamente en común, desde el punto de vista socioeconómico, con un municipio rico, cuyos recursos permiten a cualquiera que esté al frente de él, con un mínimo de buena voluntad, hacer lo que no sería factible en otras entidades donde sólo carencias y limitaciones lucen como atributos habituales. Además, la excesiva publicidad desplegada en Chacao permite proyectar una imagen irreal de eficiencia que acaso no se corresponda con la verdad.

Debemos distinguir entre lo que es real y la apariencia, pues ésta frecuentemente nos engaña. Resulta, en efecto, exagerado que se pretenda pasar de un simbólico reinado de belleza a la presidencia de un país. Es decir, del mundo de la ficción, las bambalinas y pasarelas al de las graves realidades de la política. Es como si de la noche a la mañana fuera posible convertir a Venezuela en una suerte de insólita y desproporcionada Disneylandia. Un error de esta naturaleza podría acarrearle a la nación las más funestas consecuencias. Los proyectos políticos teñidos de un inconsiderado mesianismo terminan siempre en irreparables catástrofes. Y por mucha desconfianza y hasta desdén que despierten los hombres de partido, el voto de protesta resultará peor.

El que aspire gobernar en estos tiempos de crisis no puede salirse por la tangente. Debe responder con claridad a las preguntas que se le formulen respecto a la problemática del país. Debe, necesariamente, asumir una actitud seria, hacer planteamientos concretos, sin evasivas ni silencios penosos, que lejos de sugerir una loable prudencia, parecieran ocultar una ignorancia tácita. El electorado tiene el derecho de saber por quién va a votar, cuál es el equipo humano que respalda al candidato y cuáles sus capacidades. No es detrás del espejismo de una belleza de concurso como vamos a salir del atolladero. Venezuela no puede correr el riesgo de ``suicidarse en primavera'', atándose al carro del efectismo y la improvisación. Los que de un modo tan festinado aúpan esta candidatura deberían meditar en este hecho, pues no es de poca monta lo que en ello está en juego.



Tomado de El Nacional On-line
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