Esta Semana
Revista Electrónica       Nº 18    Agosto 1997

Esta Semana

Fronteras Vivas

Beatriz de Majo

López y Lauría: alerta compartido

Es conocido en Colombia que cada vez que el ex mandatario Alfonso López Michelsen se pronuncia sobre un hecho relevante de la vida nacional, su mensaje es escuchado atentamente por un país que guarda inmenso respeto por los decires de esta primerísima figura de la política. Hombre avieso pero singularmente equilibrado en sus expresiones públicas a raíz de su salida del poder causó ésta vez poco menos que conmoción cuando en el discurso que debía pronunciar con motivo de los 70 años de la Federación de Cafeteros abandonó totalmente la partitura para adentrarse en un severo enjuiciamiento de la situación social que se vive dentro del país.

Vestido con el ropaje de sus muchas canas y con el efecto que el país le profesa, se adentró el Presidente López en una catilinaria acerbamente crítica de la erosión del tejido social que los gobiernos liberales han producido en la patria colombiana. Las cifras que puso sobre la mesa son para avergonzar a un país que exhibe el crecimiento más sostenido del continente y de otros continentes en las pasadas cuatro décadas. Se refirió con inmensa amargura al desmedro distributivo de un país percibido interna y externamente como próspero y estable y deploró la inconmensurable distancia que hoy por hoy se percibe entre el ingreso del rico y el pobre, la que a partir de 1991, y durante los años del renacer económico liberal, no ha parado de profundizarse en su dolorosa brecha.

Asi pues, la emprendió el Presidente López en contra del modelo económico responsable a su juicio de tales desaciertos, el esquema neoliberal, abrazado irresponsable por los últimos gobernantes y el que provocó un acelerado tránsito hacia una desigualdad escandalosa, después de que el país hubo alcanzado en las décadas de los 70 y 80 avances significativos en sus objetivos redistributivos.

Su discurso estuvo repleto de cantidades de cifras que dimensionaban y daban dramático sentido numérico a los desvelos de López. Pero lo que resulta al final significativo para nosotros, observadores externos -aparte de la natural envidia que provoca la disponibilidad de mediciones que orienten los avances, cosa que en esa tierra es un propósito inalcanzable es el llamado de alerta a la tendencia perniciosa del deterioro social, dentro de un país embriagado por su propia ilusión de estabilidad económica estructural y más borracho aún hoy con su conversión en un país minero, conla correspondiente bonanza que a ello viene adosado. Como si esa misma partitura fuera compartida por fuerza del azar a través de la distancia, de nuestro lado y con una coincidencia cronológica pasmosa, otro adalid de la política, el Ex-Presidente del Congreso, Carmelo Lauría efectuada, con su particular estilo irreverente y sin ambages, un público llamado a la cordura frente a la fiesta eufórica que todos tenemos montada con el renacimiento de nuestra vocación petrolera. Son otras las cifras que manejaba Lauría al elevar su grito de alerta frente al espejismo de la colosal reactivación económica a la que todos estamos apostando con un entusiasmo pueril. Las suyas eran las de las insinceridades presupuestarias, las de los desequilibrios fiscales, las de la inflación perniciosa a pesar de nuestras reservas internacionales mil millonarias, las del gasto público desbocado frente a un ingreso petrolero incierto. Todo lo que al final termina teniendo aún sin poderlo dimensionar al igual que en Colombia con sus flagrantes indicadores sociales- el mismo doloroso colorario: el tránsito ineluctable hacia la pobreza de un país rico.

Con su verbo directo, Carmelo Lauría también, advirtió la formación acelerada dentro de nuestro medio de tres Venezuelas: una, la colosalemtne boyante de los renacientes negocios petroleros privados, la segunda, la del estamento que se ubicará en torno aquél a alimentarse de su onda expansiva y a cobijarse en el seno de su efecto multiplicador, y la última, la del país periférico, cada vez más ajeno a la prosperidad y cada vez más misérrimo.

López deplora el liberalismo y Lauria deplora al petróleo. Ambos lo que hacen es apelar a la capacidad de anticipación y al sentido de urgencia que los gobernantes y la sociedad civil deben tener frente a un deterioro social pronunciado que terminara englutiendo todo asomo de prosperidad. Nosotros sin poder medir y ellos con sus estadísticas actualizadas, estamos ambos frente al reto de hacer percolar la abundancia, el crecimiento y la estabilidad que efectivamente se está y se va estar generando en nuestros territorios, a todos los estractos de la colectividad.

En algo tiene razón el mandatario colombiano y es en el hecho de que los esquemas de desarrollo liberales copiados de otras sociedades sin tomar en cuenta las particularidades de las nuestras, no generan espontáneamente bondades en la distribución de ingreso y hacen tambalearse peligrosamente al tejido social por una apertura que se implanta primero hacia adentro, ocasionando pérdidas de competitividad y desempleo.

En algo también hay que conceder razón a Lauría y es en la aseveración de que los indicadores sociales se deterioran como consecuencia de políticas equivocadas, aplicadas por un estado ineficiente, y que el ingreso se concentra perversamente por falta de estrategias redistributivas o por acción, omisión, complicidad o debilidad de quienes nos gobiernan.

En donde igualmente comparten criterios los dos acertadamente, es en efectuar un público señalamiento de alerta a la sociedad civil, responsable en primera instancia de reclamar este ordenamiento y de ponerse en movimiento para efectuar su dosis de aporte. La ocasión pre-electoral es la propicia. Por feliz coincidencia, en las dos rivieras el Arauca.



Tomado de El Nacional On-line
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