Esta Semana
Revista Electrónica       Nº 18    Agosto 1997

Esta Semana

Talión

Earle Herrera

El último tanque de la clase media

La clase media carecerá de glamour pero aparentaba, al menos, tener cierta clase. Hasta eso lo perdió, ya ni siquiera se cuida de guardar las apariencias. Las bombas de gasolina fueron testigos, el pasado miércoles 30 de julio humillante, de tal renuncia y abandono. Entre cornetazos, gritos, sudores y desmayos, el otrora sector chic de la sociedad se peleaba las colas para llenar el último tanque con precio viejo (ni tanto) del combustible. Caldera sonreía.

Con mi vieja cámara al hombro, hice un recorrido tomando fotos de lo que parecía aquel cuento de Cortázar, La autopista del sur, fragmentada por toda Caracas. De un Corolla, en la estación de Chuao, brotó la cabeza de una profesora universitaria para gritarme: ``mira, muérgano, no me vayas a retratar aquí, no me rayes''. Mi heterocaída colega creía que allí en la cola de la resignación y el quietismo nadie la estaba viendo. ``Tranquila, Luisa -le dije-, llena tu tanque con furia, que Pdvsa no te ha visto''. Giusti se relamía.

En las largas colas, muchos conductores consumieron hasta medio tanque de gasolina, de modo que en esa carrera loca contra el aumento, apenas pudieron ``medio joder al gobierno'', como lo reconocieron. Los despliegues policiales y militares resultaron innecesarios. Las protestas fueron pocas en una población domesticada y engañada. Sólo por la Libertador se vio a los dirigentes del nuevo movimiento ``Patria para todos'' manifestar su desacuerdo. Petkoff se desternillaba.

Esta conducta de sufrir largas colas para evadir un aumento por unas cuantas horas y luego ``caer mansitos'' pudiera ser síntoma de alguna rara patología. Se parece al chiste del beodo que se sueña en una cantina, pide un whisky y le reclama al mesonero por traérselo sin hielo. Cuando éste va a buscárselo, el bebedor se despierta y maldice: ``hubiera sabido, me lo tomo seco''. La gente, la clase media, no quiere pues despertar. Se aferra a un precio que en unas horas desaparecerá. Con su conducta busca prolongar su sueño, su ficción, su sublime mentira. Le faltan octanos para enfrentar la realidad. No tiene aliento ni siquiera para arrecharse. La risita de Matos Azócar termina en una mueca.

La cuestión es ritual, cómica, grotesca y exasperante. Dentro de unos meses, antes de irse el buen Caldera, los venezolanos estarán otra vez en la cola, llenando el ``último tanque con precio viejo'', como quienes desgajan sin ser diciembre las doce uvas del tiempo. La Guardia y la policía patrullarán unas ciudades que están bien lejos de sublevarse, paralizadas frente a las bombas, con los ojos fijos en los surtidores y los corazones latiendo al ritmo de las mangueras. Andueza sufrirá espasmos de risa entrecortada por sus propios chistes malos, peor aún, tristes, tanto como el último modelo que a 100 por hora cruza la ciudad en busca de una estación de servicio antes de que llegue la medianoche. ``A mí tú no me jodes, Giusti'', diría el otro.

Al último tanque lo sucederá el último paro de una clase obrera a la que su central sindical vendió por nada en una mesa tripartita. Hasta esa acción estaba contemplada en el triple acuerdo Gobierno-CTV-Fedecámaras. ``Saqueadas las prestaciones -sostuvo el trípode- el Ejecutivo llama a cumplir, los empresarios se hacen los locos y la CTV convoca a un paro que no pasará de allí y la dejará bien parada frente a sus afiliados''. Todos sabían lo que iba a pasar, cada sector tenía ensayado su papel. Lo del paro de mañana baja el telón, mientras la clase media celebra por lo alto que pudo llenar su tanque.

Dicen -ya uno ni sabe- que el agua se termina cansando del cántaro. El agua, sí, la gasolina no.

P.S.: El país aplaudirá al Congreso Nacional si con una reasignación de recursos hace cumplir las decisiones del Consejo Nacional de Universidades y los compromisos del Gobierno con los educadores. Es hora de que alguien dé señales de vida frente al Ejecutivo y ejerza su competencia.



Tomado de El Nacional On-line
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