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| Revista Electrónica Nº 18 Agosto 1997 |
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El paro Carlo B. Roque Esto del paro cívico no es más que otra demostración del bajísimo nivel de nuestra dirección política. La cúpula de la Confederación de Trabajadores de Venezuela, CTV, se dio cuenta que negoció mal con el Gobierno y Fedecámaras en el archifamoso acuerdo Tripartito. La modificación del régimen de prestaciones era ineludible. Implicaba necesariamente una pérdida inmediata para los trabajadores a cambio de mejoras futuras y el establecimiento de un sistema de seguridad social eficiente, moderno, que sepultara la siniestra historia del seguro social. Ahora sienten la presión de las bases sindicales. No hay manera de explicarle a los trabajadores por qué no se negoció dando y dando. Por qué hubo que ceder en las prestaciones sin tener armada la estructura de la seguridad social. Y allí no hay explicación posible. La única es acusar a los empresarios de no incrementar los salarios sobre la base de un supuesto compromiso de Fedecámaras. Compromiso que, dicho sea de paso, no aparece en los documentos de la Tripartita. Es pura demagogia de la dirigencia cetevista que al día siguiente de suscribir el acuerdo en Miraflores, se fueron en cardumen a pasar un mes frente al lago ginebrino en el sarao anual de la Organización del Trabajo, con la consabida estadía en el Corte Inglés de Madrid, único lugar donde logran entender algo en Europa. Pero allí no para el asunto, ahora se montó la gata o mejor dicho el negro en la batea. El Gobierno culpable de una política económica que expulsa trabajadores, que condena a la miseria a la mayoría de los venezolanos, ahora trata de ponerse al frente del paro. El ministro Matos Azócar dice -en suprema genialidad que lo caracteriza- que el paro es ``legítimo''. Por supuesto que es legítimo. Pero la legitimidad no la concede de la generosidad proletaria de un ministro, amanuense del Fondo Monetario Internacional e incorregible mayamero. La Constitución Nacional establece el derecho de los ciudadanos a manifestar. Además, legítimo o no, el paro se iba a realizar porque los trabajadores intuyen que fueron negociados sus derechos en una sospechosa mesa de conversaciones. Pero desde otra óptica, con abstracción de la Tripartita,
el paro lo que viene es a legitimar aquí -aquí sí en
estricto sentido- la realidad del país. Aquí están
parados millones de trabajadores porque no hay empleo. Aquí están
paradas millares de fábricas porque el consumo se vino al suelo.
Aquí están parados los ancianos pensionados por el Seguro
Social porque desde hace meses no le pagan sus míseras pensiones.
Aquí están parados los hospitales porque los insumos desaparecen
y el Gobierno incumple sus compromisos con los gremios médicos y
paramédicos. Aquí están parados los liceos y las escuelas
por falta de equipos y la manganzonería gremial. Aquí están
parados miles de expedientes en los tribunales esperando que se haga justicia.
Aquí están paradas las denuncias sobre corrupción en
el Tribunal de Salvaguarda. Aquí está parado el Gobierno empantanado
en sus incoherencias y sus mentiras. Aquí la mayoría de los
venezolanos y la vida del país estamos parados. Hoy simplemente celebramos
una fiesta patronal. Tomado de El Nacional On-line |
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