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| Revista Electrónica Nº 18 Agosto 1997 |
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Dame tu cédula Roberto Hernández Montoya La principal finalidad del gobierno es pedir la cédula. De allí esa impaciencia por imponernos una tarjeta computarizada en que aparezcan registradas hasta nuestras intenciones. Los pueblos han satisfecho la identidad de modos diversos. Cuando los jóvenes griegos iban a la guerra, partían una piedra con su padre. Años después, al regreso, cambiadas las fisonomías de padre e hijo por las intemperies de la guerra, se unían los dos trozos; si concordaban quedaba verificada la identidad de uno y otro. Cuando Ulises volvió a Itaca viente años después, fue identificado por la cicatriz que le había causado un jabalí, porque lo reconoció su perro y porque pudo armar su arco, que ninguno de los vividores pretendientes de su esposa Penélope había podido ensamblar. Ocurrió una emagnórisis, como llamaban entonces a esos encuentros telenovelescos. En tiempos agrestes el padre marcaba a su hijo con un cuchillo para asegurar el ulterior reconocimiento. Esa cicatriz era una gnoorismata. La cédula es la persona. Y para el gobierno es incluso mejor, porque no piensa y suele contener sus propios gnoorismata: Te detienen ``para averiguaciones'' y te engrapan no sé qué papel en la cédula. Más tarde, cuando el policía soba y resoba tu cédula, está buscando ese gnoorismata. El recurso de la piedra era de bien baja tecnología, pero ingenioso y más seguro que los medios cibernéticos que tanto hacker, o pirata de la computación, puede violar. No hay tallista, por Miguel Angel que sea, capaz de reproducir un trozo de piedra fracturado al azar. Dada la impasse actual de la sociedad venezolana, sugiero que estudiemos las gnoorismata como alternativa a la cédula: Partir, piedras, marcar niños a cuchillo, usar tatuajes. Un modo donoso que insinúa Rodrigo Hernández es tatuarnos en la frente un código de barras, de modo que cualquier policía pueda dipararnos un scanner y así conocer hasta nuestra opinión sobre el aumento de la gasolina. Además se satisface el deleite policial de dispararle a la gente aún sin averiguar después, aunque de manera inocua. A menos que prospere la demanda que adelante un grupo de ciudadanos contra la nueva cédula a fin de omitir, del chip que la piensan poner, toda información no pertinente a la ley. Ya hay provisiones constitucionales similares en el Brasil, el Paraguay, y el Perú, para no hablar de los Estados Unidos, donde no hay ni cédula. Lo llaman habeas data: Evitar que te pongan un Big Brother en el bolsillo y que cualquier funcionario te averigüe hasta el lugar donde guardas las medias por zurcir. El gobierno es como el Gato Jinks: Cuando alguien lo despierta, el felino siempre grita: ``­Yo no fui! ­Yo no fui!'' Porque sabe que él si fue, aunque no cuál le están cobrando. Arranca de una a defenderse, y de los modos más atroces, porque no hay nada que fastidie más al gobierno que una ciudadanía alerta. Bastó que alguien hiciera una preguntita sobre el costo de la nueva cédula, para que los funcionarios lo llamasen ``perro de la computación'', con lo que dan pie a los que llamen ``perros de la cedulación''. Esas reacciones desmesuradas hacen pensar las peores cosas del Gato Jinks. Tomado de El Nacional On-line |
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