Esta Semana
Revista Electrónica       Nº 18     Agosto 1997

Esta Semana

La sardina del Tío Sam

Marta Colomina

Las potencias mundiales _y particularmente EEUU_ han construido un hábil discurso público difundido eficazmente por su TV vía satélite y sus agencias internacionales de noticias en el que no pocas veces bajo la máscara de la defensa de los derechos humanos y la preservación del medio ambiente, realizan los más pingües negocios a costa de los países más débiles. Son muchos los ejemplos que pueden ser aireados para demostrar que, de acuerdo a la muy interesada visión del Tío Sam, la salsa que es buena para el pavo no es buena para la pava. Relatábamos el pasado domingo que el mismo día en que la Casa Blanca agregó trece nuevos nombres a la lista negra de organizaciones 'peligrosas' (entre ellas China y Rusia) para las cuales está prohibida la venta de supercomputadoras con el argumento de que podrían ser usadas para construir poderosas armas nucleares ( El Universal 2-7-7 ) el presidente Clinton anunció que quisiera hacer de Internet una 'zona mundial de libre comercio' para cuyo fin gestiona activamente en la Organización Mundial del Comercio (OMC) 'un acuerdo internacional que elimine los derechos de aduana sobre los equipos relacionados con Internet y garantice que los productos y servicios electrónicos, así como los programas informáticos que se compran y cargan a través de la red no sean sometidos a tarifas aduaneras'. Discurso tan libertario no logra ocultar el hecho de que EEUU es el paraíso de las telecomunicaciones y que la ruptura de las barreras aduanales se constituye en 'su' gran negocio del milenio. Esa concepción del mundo como un gran mercado sin impuestos, ni restricciones locales _catecismo de la globalización_ opera no como un camino de doble vía sino de vía única. Cuando de sus intereses se trata, EEUU aplica trabas, incumple los acuerdos de la OMC o inventa excusas ambientales para retrasar su aplicación. Los casos del atún venezolano (larguísima batalla) y del salmón chileno son suficientemente ostensibles ('Empresarios chilenos rechazan restricciones de EEUU' es un titular del pasado viernes 8 de agosto de El Universal ).

Venezuela y Brasil son en este momento ejemplos de cómo el Tío Sam hala la brasa para su sardina en el caso de la gasolina reformulada y no tiene empacho alguno en incumplir un mandato de la mismísima OMC a pesar de que EEUU es el país que con más frecuencia acude el Organo de Solución de Diferencias (OSD) de ese organismo multilateral para formular reclamos. Como se recordará en mayo del año pasado la OMC decidió en favor de Venezuela en la demanda que hicieran nuestro país y Brasil por el trato discriminatorio que EEUU, amparado en falsas consideraciones ambientales, estaba aplicando a las gasolinas importadas. Venezuela estaba siendo afectada en sus gasolinas reformuladas que exportaba al mercado de EEUU, para cuya producción, por cierto, había hecho cuantiosas inversiones que garantizan los más altos estándares ambientales. Debe recordarse que mientras aquí aún consumimos gasolina con plomo, la que se exporta llena las exigencias ambientalistas internacionales.

Sin embargo, a pesar de que Venezuela ganó su reclamo en la OMC, EEUU logró el máximo plazo previsto para acatar esa decisión (15 meses), lapso que vence dentro de diez días, es decir, el 20 de este mes de agosto. Desde el inicio de ese largo plazo funcionarios del gobierno venezolano y de Pdvsa participaron en las reuniones convocadas por EEUU. En mayo de este año _a sólo tres meses y medio de vencerse la tregua dada por la OMC_ el gobierno de EEUU publicó el anteproyecto de enmiendas en el Federal Register y dio plazo hasta el 19 del mes siguiente para recibir comentarios escritos de las partes interesadas. Como bien declara el representante de Venezuela en OMC, Werner Corrales, el simple hecho de que en apenas dos meses (del 19 de junio al 19 de agosto) deba reformularse la reglamentación sobre las gasolinas e implementar los nuevos procedimientos ya es suficiente razón para preocuparse, pero más preocupante aún es el contenido de ese anteproyecto porque en él se reitera el mismo trato discriminatorio anterior, rechazado por la OMC: no sólo los trámites que pretenden aplicarse a nuestras gasolinas son mucho más complejos y exigentes que aquellos que se aplican a la gasolina producida internamente por EEUU, sino que otras previsiones de ese anteproyecto equivaldrían a exigir a Venezuela una renuncia a sus derechos de inmunidad soberana: Se exigen fianzas a los exportadores de gasolinas para garantizar supuestamente el pago de eventuales multas ambientales, lo cual es violatorio de los artículos II y III del GATT y se incluye también la pretensión de que se renuncie a la inmunidad de soberanía, lo que tendría 'implicaciones negativas de gran alcance en términos de los derechos de Brasil y Venezuela bajo las leyes internacionales', tal como expresa el representante brasileño.

Las preocupaciones venezolanas han sido planteadas a EEUU en numerosas oportunidades durante el lapso concedido por la OMC y en ese sentido hay que reconocer las gestiones del ministro de Industria y Comercio, Freddy Rojas Parra, y del embajador Werner Corrales, que han sido intensas. Hasta el momento de redactar este artículo, viernes 8, aún no se conoce si se han incorporado las sugerencias y protestas de Venezuela y Brasil a la nueva reglamentación. De vencer las restricciones norteamericanas ¡Ojalá no! _

significará una gran pérdida de credibilidad de la OMC y de todo el sistema multilateral de comercio. Demostrará, además, que tienen razón quienes afirman que los organismos multilaterales sirven a los países poderosos en contra de los intereses de los más débiles. Una vez más business is business, aunque el negocio se enmascare con prédicas ecológicas y libertarias.



Tomado de El Universal digital

Anuncio
Bitácora Analítica Bancaria Venezuela en Números Analítica Bancaria