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| Revista Electrónica Nº 18 Agosto 1997 |
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¿Campaña electoral o suicidio electoral? Alfredo Coronil Hartmann Pese a haberse convertido en un lugar común, es necesario al análisis que deseo plantear al insistir un poco sobre el hecho del desprestigio lamentable en el cual han caído numerosas instituciones fundamentales de la República. Desde el sistema democrático mismo hasta su instrumento esencial de funcionalidad, los partidos políticos, así como la actitud, de tan ingenua preocupante, de echar todo el peso de la culpa de los males de Venezuela a una especie zoológica diferenciada y 'precisa': los políticos. Esta última clasificación trajo a mi memoria el agudo comentario de un taxista neoyorquino, de origen hebreo, quien hace ya varios años y refiriéndose a la actitud contrita _y a mi juicio sincera_ del canciller alemán Willy Brandt ante los horrores del Holocausto, me dijo aproximadamente esto: '... No, si los alemanes no sabían nada de lo que ocurría, los nazis llegaron un día en un platillo volador y se apoderaron del país, nadie conoce su origen o procedencia'. Una actitud semejante a la caricatura amargo-jocosa del chofer de taxi es la que han asumido los venezolanos frente al desconocido y extraño virus de 'los políticos'. Nadie acepta responsabilidad alguna en la entronización de estos extraterrestres, si es el hombre de la calle 'nunca votó por ellos'; si se trata de un importante empresario o un tycoon de los medios de comunicación jamás apoyó ni hizo negocios pingües con ningún gobierno; la clase media _principal elector_ asume la virginal y tartufa posición del marido cornudo quien es el último en enterarse. En fin, al parecer olvidamos que la mejor vacuna contra pasados errores es tener conciencia de ellos, de lo contrario inevitablemente estaremos en peligro de repetirlos. Ante esta crisis integral de Venezuela, que con creces supera y arropa sus manifestaciones individualizadas, sean éstas económicas, sociales, de estructura del Estado, en definitiva culturales todas, los cimientos de la nación y por ende del sistema están peligrosamente vulnerados y exigen, si es que queremos salvar lo salvable, la vieja receta del general López Contreras: calma y cordura. La fórmula de aquel 'quinquenio socarrón' _como lo denominara Betancourt_ no debe ni puede traducirse en complacencia con el desastre actual ni mucho menos en inmovilismo, se trata de una dura lucha y los cambios necesarios son profundos, de allí que sea indispensable que los ciudadanos sepamos la visión y el proyecto nacional de cada aspirante y cada partido; no puede el pueblo venezolano en esta hora dramática de su devenir histórico otorgar nunca más 'cheques en blanco' por muy carismático que sea el pretendido mesías de turno. Tampoco debemos permitir la burla y el engaño, además de la befa, que supone una campaña sucia y calumniosa; es más, debemos sancionar electoralmente a aquel o aquellos candidatos o partidos que menospreciando la inteligencia del pueblo venezolano pretendan convertir el proceso electoral de 1998 en un estercolero. Supimos demostrar al mundo en 1993 nuestra madurez institucional y civismo al pasar por situaciones difíciles aun para las más antiguas democracias, como el enjuiciamiento y la desinvestidura del presidente constitucional en funciones y su sustitución por un presidente designado por el Congreso, todo ello dentro del marco constitucional y sin que ocurrieran en el país hechos lamentables. Con igual ponderación y mesura debemos exigir la más estricta corrección en quienes aspiren a nuestra confianza: un carnaval de insultos, infundios y denuncias alegres no haría sino mirar aún más y muy peligrosamente el angosto filo de credibilidad que aún mantienen las instituciones. En este campo hemos visto con alarma no sólo la reedición
del escándalo de los supuestos sobornos de la empresa francesa Elf-Aquitaine
a los partidos AD y Copei, en el que señalaban como intermediarios
o beneficiarios reales de esos fondos al ex presidente Pérez, saludablemente
expulsado de AD, y al doctor Eduardo Fernández, para la fecha secretario
general de Copei. Cuando dicho asunto fue 'revelado' Fernández se
hizo parte en el juicio y procedió a exigir la clarificación
de su supuesta participación; por su parte el secretario general
de AD, Luis Alfaro Ucero, dirigió a la Fiscalía General de
la República una comunicación exigiendo el esclarecimiento
del asunto. Hasta allí nada maquiavélico o sospechoso existía
y la actitud de Fernández y de Alfaro era inobjetable y la que cabía
esperar de ellos. Sin embargo y sorprendentemente a comienzos de la pasada
semana la revista Exceso, el diario El Nacional y el Press Club , presidido
por mi viejo amigo de infancia Miguel Henrique Otero, a su vez director
y copropietario de El Nacional, invitaron al periodista Karl Laske a Venezuela
y el visitante reiteró _haciendo especial énfasis en E. Fernández_
las acusaciones ya conocidas. Tales aseveraciones me dejaron desconcertado,
ya que tengo en mi poder fotocopia del importantísimo diario parisino
Le Figaro que en su suplemento de economía del sábado-domingo
3 y 4 de mayo contiene la información, bajo el subtítulo:
Justice: Affaire Elf: un démenti du parquet (Justicia: el asunto
Elf: un desmentido del tribunal), que dice textualmente: 'Hecho rarísimo
en Francia, el Tribunal de París ha desmentido todo financiamiento
de partidos políticos extranjeros dentro del caso del expediente
de la Elf. El procurador de la República anunció en París
que '...los Tomado de El Universal digital |
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