31 de Julio de 1997
Palabras en el xxx aniversario de Conicit
Ciegos que ven y videntes que no ven
Por qué nos hemos quedado ciegos. No lo sé, quizá
un día lleguemos a saber la razón, Quieres que te diga lo
que estoy pensando, Dime, creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos
ciegos, Ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven.
Este es el diálogo final del Ensayo sobre la ceguera de
José Saramago (1996). Los interlocutores son un oftalmólogo
y su esposa. El médico fue de los primeros en quedarse ciegos en
una epidemia de "ceguera blanca" que afectó súbitamente
a la ciudad entera, mientras que la esposa fue la única que no se
contagio de la terrible ceguera blanca, aunque tuvo que hacerse pasar por
ciega para poder permanecer al lado de su esposo y luego usar su vista para
que todos pudieran sobrevivir. El médico quedó ciego por contagio
del "primer ciego" de la epidemia, cuando éste fue a buscar
ayuda para su mal. De tal manera que su ciencia quedó inutilizada,
pero su persona quedó identificada vitalmente con la situación
de la ciudad de tal manera que pudo, al final de la experiencia, no sólo
recobrar la vista y volver a ser útil como científico, sino
caer en la cuenta que no basta tener ojos, ni saber sobre ellos para ver,
pues, aún viendo se puede estar ciego.
En el IV Evangelio se cuenta la historia de un ciego de nacimiento que
es curado por Jesús con una mezcla de saliva, barro y fe, rompiendo
los moldes del conocimiento de sus contemporáneos, plenamente convencidos
de la imposibilidad de que un ciego de nacimiento pudiera ver. Estos se
negaron a reconocer que ese que ahora veía era el mismo que había
nacido ciego. Su papá y su mamá confirmaron que era su hijo
y que había nacido ciego, sin comprometerse a decir cómo era
que ahora veía. Como consecuencia, el ciego vidente fue expulsado
de la Sinagoga, de la ciudad, por reconocer la acción de Jesús
de devolverle la vista.
Ser ciego de nacimiento era entendido como castigo por los pecados de
sus antecesores. En ese contexto, la ceguera de unos justificaba y expiaba
la mala vista de otros, especialmente la de los dirigentes del pueblo. Al
salir de la ciudad, y creer en la posibilidad de otro punto de vista, el
ciego de nacimiento recobra la vida, además de la vista. La curación
del ciego de nacimiento era una invitación a reconocer las limitaciones
de la ciencia, abrirse a otras perspectivas de conocimiento de la realidad
y, sobre todo, a la posibilidad de su transformación hacia algo mejor.
Una invitación a convertir el conocimiento en luz para el camino
y no en instrumento de resignación frente a una realidad más
compleja y con mayores posibilidades de lo que somos capaces de aprehender
desde nuestro conocimiento de ella.
El capítulo Noveno termina con estas palabras de Jesús.
Yo he venido a abrir un proceso contra el orden establecido, así
los que no ven, verán, y los que ven quedarán ciegos. Se enteraron
de esto algunos dirigentes, los que habían estado con él y
le preguntaron: ¿Es que también nosotros somos ciegos?. Les
contesto Jesús: si fuesen ciegos, no tendrían pecado, pero
como ustedes dicen que ven, su pecado persiste.
La parábola de la ceguera viene a cuento en la actual situación
de la investigación, la ciencia y la educación en Venezuela.
La epidemia de ceguera que se ha apoderado de nuestra ciudad se caracteriza
por varios rasgos complementarios:
- nuestra incapacidad actual de ver con buenos ojos nuestro pasado reciente,
- la incertidumbre angustiada frente al futuro inmediato,
- la cortedad de vista que impide ver horizontes de mediano y largo plazo,
- la resistencia a dar pasos de un proceso sobre el que, decimos, hay
poca luz.
Cómo puede el conocimiento, es decir, quienes de diversas maneras
nos dedicamos a él, curarnos esta epidemia para que recuperar nuestra
vida contribuyendo a que todos lo hagan.
Ver con buenos ojos el pasado reciente
Nos enceguece esa extendida sensación de fracaso en relación
a lo que ha sido el enorme esfuerzo de la primera modernización de
Venezuela, desde los comienzos del siglo XX, cuando, al fin, se logran las
condiciones largamente buscadas desde los días de la Emancipación,
para consolidar un Estado centralizado, capaz de convertirse en el eje de
las políticas globales del país y administrar los recursos
comunes. A esas condiciones sociopolíticas se va a sumar la aparición
de la renta petrolera que permite los recursos financieros para empujar
la modernización sin excesivos conflictos de clase.
De los muchos resultados obtenidos en varias décadas de esfuerzo,
nos empeñamos en recordar solo los defectos. Ver con buenos ojos
ese pasado es crucial para que sintamos que el futuro no se apoya en el
vacío, sino que tiene piso y piso firme. Quiero mencionar solamente
algunos rasgos del proceso que han supuesto pasos cualitativos de nuestra
historia y cuya memoria debemos recuperar para sentirnos animados a avanzar
hacia el futuro.
- La superación del liderazgo caudillista, especialmente de su
expresión en el autoritarismo personalista dominante del Estado
centralizado a comienzos del siglo XX venezolano.
- El avance en la capacidad de resolver nuestros problemas y conflictos
sociales por el diálogo y la negociación más que por
el uso de la fuerza.
- El surgimiento del liderazgo de élites institucionales en sustitución
de las élites personalistas.
- La extensión de la educación a todos los sectores de
la sociedad venezolana.
- La participación de todos los sectores sociales en el proceso
modernizador. En efecto, en este siglo hemos sido testigos de una auténtica
movilización social que logró por primera vez en Venezuela
que los cambios se popularizaran. Una población en marcha, que se
puso a la altura de los tiempos
Es cierto que la cultura rentista-populista ya no es funcional al proceso
social que vivimos, por eso, tiende a pervertirse, a mostrar sus desviaciones
como su esencia. Si no somos capaces de hacer memoria histórica,
ver con buenos ojos el pasado reciente, corremos el riesgo, como ya sucede
en muchas mentes y ambientes, de volver la cara hacia atrás en busca
de soluciones autoritarias, vistas de nuevo como "mal necesario".
Por eso, es necesario atrevernos a abrir los ojos y ver la realidad como
es. Tomar conciencia y decirnos la verdad sin tapujos ni engaños,
al mismo tiempo que nos proponemos una alternativa posible, no una quimera,
especie de "positivo" del "negativo" que hoy somos.
Ver con buenos ojos el pasado es la manera de poder ver con serenidad
hacia adelante, de superar la angustia frente al futuro. Recuperar la memoria
de lo que hemos sido capaces de hacer como pueblo, anima a que pongamos
todas nuestras capacidades personales en función de crear ese futuro
cuyo proyecto, podremos, entonces compartir
Alzar la mirada hacia el horizonte
Reconociendo, entonces, que nuestro punto de partida es superar lo actual,
vivido como experiencia positiva, superada la ceguera, podemos alzar la
mirada hacia adelante y atrevernos a soñar despiertos, es decir,
a imaginar ese horizonte que con la vista apenas vislumbramos.
Una de las dimensiones irrenunciable del quehacer científico,
del conocimiento sistemático, es ampliar la comprensión de
la realidad mediante su comprensión a través de nuevas hipótesis
y nuevos puntos de vista. El futuro como realidad humana depende de las
acciones que como personas y sociedades emprendamos, no es una realidad
predeterminada que buscamos descubrir o conocer, sino tenemos la posibilidad
y la responsabilidad de hacer de nuestros sueños de vida la realidad
histórica.
Una dimensión de la investigación, haciendo honor a las
raíces lingüísticas de la palabra, es precisamente inventar
ese futuro, en el sentido de diseñarlo de manera tal que pueda ser
compartido por muchos, sobretodo por quienes se sientan con ganas de realizarlo
como proyecto.
En esa tarea investigativa tienen cabida, y son necesarias, todas las
disciplinas científicas. De ninguna se puede prescindir si queremos
aprovechar lo que hemos acumulado como humanidad para crecer como tal.
El camino tiene luz propia
Para avanzar de donde estamos hacia el horizonte soñado y diseñado,
además de profundizar en el conocimiento de la actualidad y sus raíces,
es necesario ir proponiendo pasos de mediano y corto plazo junto con vencer
las resistencias a darlos.
Una condición indispensable es tomar conciencia de que entramos
en un proceso complejo y prolongado. La sensación de fracaso
e incertidumbre dificultan que nos sintamos parte de un proceso. De allí
la importancia de mirar con buenos ojos el pasado y alzar la mirada hacia
el horizonte. Al sentirnos parte de un proceso, capaces de crear lo nuevo,
lo que hoy nos parece imposible, nos animamos a dar los pasos para lograrlo.
Algunos pasos que podemos iniciar de inmediato son:
- Superar la concepción de que el desarrollo económico
y social es algo que fluye naturalmente, por inercia, desvinculado del
esfuerzo sostenido y consciente de la sociedad para alcanzarlo.
- Formular el proyecto de sociedad que guíe ese nueva conciencia.
O sea, diseñar la puesta en práctica de nuestros sueños.
- Establecer, cultural y prácticamente, una relación entre
trabajo, productividad y nivel de vida. La cultura rentista-populista que
aún tenemos, asocia la posibilidad del consumo a la abundancia y
distribución de la renta más que a la productividad del trabajo
de los integrantes de la sociedad y las formas solidarias de distribución
de la riqueza producida. Aquí se plantea un auténtico cambio
estructural.
- Vincular la consecución del ideal de justicia social a la puesta
en común de lo que cada uno es y tiene. De esta manera será
posible atender tanto a las necesidades de los que no están en capacidad
de producir (niños, jóvenes, incapacitados, ancianos), como
a los méritos de quienes son más productivos en su aporte
a la sociedad.
- Pasar del paternalismo del Estado sobre una sociedad "adolescente"
a una sociedad civil adulta, capaz de alcanzar decisiones por la vía
del diálogo y la negociación democrática.
- Constituirnos como sociedad pluralista capaz de reconocer intereses
variados reconocidos como legítimos y capaz de manejar los conflictos
por la negociación más que por la fuerza.
- Superar el liderazgo mesiánico propio del populismo para alcanzar
formas de participación política en las que los ciudadanos
organizados sean la referencia principal de las decisiones públicas.
- Pasar de un Estado con muchos recursos provenientes de la relación
rentista con la riqueza petrolera, a un Estado eficiente en el uso de recursos,
también abundantes, provenientes del trabajo productivo de sus ciudadanos
que son redistribuidos través de servicios de calidad para toda
la población.
De esta manera damos pasos hacia la ansiada "segunda modernización"
de Venezuela, apoyados en la productividad como criterio para todas las
actividades, la industrialización que permita producir bienes abundantes
en equilibrio con la naturaleza y la distribución de la riqueza producida
con criterios de solidaridad, de manera de alcanzar la Justicia Social.
Iluminar este camino es la misión de la ciencia, también
de la educación en todos los niveles. La ciencia humilde, la que
reconoce sus limitaciones. La que parte de la conciencia de no verlo todo
y de esta manera se pone en condiciones de ver más y mejor.
Con esa ciencia estamos, Ustedes y yo como personas, el CONICIT como
institución, al lado de muchas otras personas e instituciones empeñadas
en aportar luz a este camino de todos, curándonos de cualquier tipo
de ceguera. |