Barra de Navegación

0 <usted está en analítica mensual entre en artes y placeres

 

 

 

 

 

 

¿quiénes somos?----sponsors----e-mail----volver al tope

S e p t i e m b r e / 1 9 9 7 / N° 19

31 de Julio de 1997
Palabras en el xxx aniversario de Conicit

Arturo Sosa A.

Ciegos que ven y videntes que no ven

Por qué nos hemos quedado ciegos. No lo sé, quizá un día lleguemos a saber la razón, Quieres que te diga lo que estoy pensando, Dime, creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, Ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven.

Este es el diálogo final del Ensayo sobre la ceguera de José Saramago (1996). Los interlocutores son un oftalmólogo y su esposa. El médico fue de los primeros en quedarse ciegos en una epidemia de "ceguera blanca" que afectó súbitamente a la ciudad entera, mientras que la esposa fue la única que no se contagio de la terrible ceguera blanca, aunque tuvo que hacerse pasar por ciega para poder permanecer al lado de su esposo y luego usar su vista para que todos pudieran sobrevivir. El médico quedó ciego por contagio del "primer ciego" de la epidemia, cuando éste fue a buscar ayuda para su mal. De tal manera que su ciencia quedó inutilizada, pero su persona quedó identificada vitalmente con la situación de la ciudad de tal manera que pudo, al final de la experiencia, no sólo recobrar la vista y volver a ser útil como científico, sino caer en la cuenta que no basta tener ojos, ni saber sobre ellos para ver, pues, aún viendo se puede estar ciego.

En el IV Evangelio se cuenta la historia de un ciego de nacimiento que es curado por Jesús con una mezcla de saliva, barro y fe, rompiendo los moldes del conocimiento de sus contemporáneos, plenamente convencidos de la imposibilidad de que un ciego de nacimiento pudiera ver. Estos se negaron a reconocer que ese que ahora veía era el mismo que había nacido ciego. Su papá y su mamá confirmaron que era su hijo y que había nacido ciego, sin comprometerse a decir cómo era que ahora veía. Como consecuencia, el ciego vidente fue expulsado de la Sinagoga, de la ciudad, por reconocer la acción de Jesús de devolverle la vista.

Ser ciego de nacimiento era entendido como castigo por los pecados de sus antecesores. En ese contexto, la ceguera de unos justificaba y expiaba la mala vista de otros, especialmente la de los dirigentes del pueblo. Al salir de la ciudad, y creer en la posibilidad de otro punto de vista, el ciego de nacimiento recobra la vida, además de la vista. La curación del ciego de nacimiento era una invitación a reconocer las limitaciones de la ciencia, abrirse a otras perspectivas de conocimiento de la realidad y, sobre todo, a la posibilidad de su transformación hacia algo mejor. Una invitación a convertir el conocimiento en luz para el camino y no en instrumento de resignación frente a una realidad más compleja y con mayores posibilidades de lo que somos capaces de aprehender desde nuestro conocimiento de ella.

El capítulo Noveno termina con estas palabras de Jesús. Yo he venido a abrir un proceso contra el orden establecido, así los que no ven, verán, y los que ven quedarán ciegos. Se enteraron de esto algunos dirigentes, los que habían estado con él y le preguntaron: ¿Es que también nosotros somos ciegos?. Les contesto Jesús: si fuesen ciegos, no tendrían pecado, pero como ustedes dicen que ven, su pecado persiste.

La parábola de la ceguera viene a cuento en la actual situación de la investigación, la ciencia y la educación en Venezuela. La epidemia de ceguera que se ha apoderado de nuestra ciudad se caracteriza por varios rasgos complementarios:

  • nuestra incapacidad actual de ver con buenos ojos nuestro pasado reciente,
  • la incertidumbre angustiada frente al futuro inmediato,
  • la cortedad de vista que impide ver horizontes de mediano y largo plazo,
  • la resistencia a dar pasos de un proceso sobre el que, decimos, hay poca luz.

Cómo puede el conocimiento, es decir, quienes de diversas maneras nos dedicamos a él, curarnos esta epidemia para que recuperar nuestra vida contribuyendo a que todos lo hagan.

Ver con buenos ojos el pasado reciente

Nos enceguece esa extendida sensación de fracaso en relación a lo que ha sido el enorme esfuerzo de la primera modernización de Venezuela, desde los comienzos del siglo XX, cuando, al fin, se logran las condiciones largamente buscadas desde los días de la Emancipación, para consolidar un Estado centralizado, capaz de convertirse en el eje de las políticas globales del país y administrar los recursos comunes. A esas condiciones sociopolíticas se va a sumar la aparición de la renta petrolera que permite los recursos financieros para empujar la modernización sin excesivos conflictos de clase.

De los muchos resultados obtenidos en varias décadas de esfuerzo, nos empeñamos en recordar solo los defectos. Ver con buenos ojos ese pasado es crucial para que sintamos que el futuro no se apoya en el vacío, sino que tiene piso y piso firme. Quiero mencionar solamente algunos rasgos del proceso que han supuesto pasos cualitativos de nuestra historia y cuya memoria debemos recuperar para sentirnos animados a avanzar hacia el futuro.

  • La superación del liderazgo caudillista, especialmente de su expresión en el autoritarismo personalista dominante del Estado centralizado a comienzos del siglo XX venezolano.
  • El avance en la capacidad de resolver nuestros problemas y conflictos sociales por el diálogo y la negociación más que por el uso de la fuerza.
  • El surgimiento del liderazgo de élites institucionales en sustitución de las élites personalistas.
  • La extensión de la educación a todos los sectores de la sociedad venezolana.
  • La participación de todos los sectores sociales en el proceso modernizador. En efecto, en este siglo hemos sido testigos de una auténtica movilización social que logró por primera vez en Venezuela que los cambios se popularizaran. Una población en marcha, que se puso a la altura de los tiempos

Es cierto que la cultura rentista-populista ya no es funcional al proceso social que vivimos, por eso, tiende a pervertirse, a mostrar sus desviaciones como su esencia. Si no somos capaces de hacer memoria histórica, ver con buenos ojos el pasado reciente, corremos el riesgo, como ya sucede en muchas mentes y ambientes, de volver la cara hacia atrás en busca de soluciones autoritarias, vistas de nuevo como "mal necesario".

Por eso, es necesario atrevernos a abrir los ojos y ver la realidad como es. Tomar conciencia y decirnos la verdad sin tapujos ni engaños, al mismo tiempo que nos proponemos una alternativa posible, no una quimera, especie de "positivo" del "negativo" que hoy somos.

Ver con buenos ojos el pasado es la manera de poder ver con serenidad hacia adelante, de superar la angustia frente al futuro. Recuperar la memoria de lo que hemos sido capaces de hacer como pueblo, anima a que pongamos todas nuestras capacidades personales en función de crear ese futuro cuyo proyecto, podremos, entonces compartir

Alzar la mirada hacia el horizonte

Reconociendo, entonces, que nuestro punto de partida es superar lo actual, vivido como experiencia positiva, superada la ceguera, podemos alzar la mirada hacia adelante y atrevernos a soñar despiertos, es decir, a imaginar ese horizonte que con la vista apenas vislumbramos.

Una de las dimensiones irrenunciable del quehacer científico, del conocimiento sistemático, es ampliar la comprensión de la realidad mediante su comprensión a través de nuevas hipótesis y nuevos puntos de vista. El futuro como realidad humana depende de las acciones que como personas y sociedades emprendamos, no es una realidad predeterminada que buscamos descubrir o conocer, sino tenemos la posibilidad y la responsabilidad de hacer de nuestros sueños de vida la realidad histórica.

Una dimensión de la investigación, haciendo honor a las raíces lingüísticas de la palabra, es precisamente inventar ese futuro, en el sentido de diseñarlo de manera tal que pueda ser compartido por muchos, sobretodo por quienes se sientan con ganas de realizarlo como proyecto.

En esa tarea investigativa tienen cabida, y son necesarias, todas las disciplinas científicas. De ninguna se puede prescindir si queremos aprovechar lo que hemos acumulado como humanidad para crecer como tal.

El camino tiene luz propia

Para avanzar de donde estamos hacia el horizonte soñado y diseñado, además de profundizar en el conocimiento de la actualidad y sus raíces, es necesario ir proponiendo pasos de mediano y corto plazo junto con vencer las resistencias a darlos.

Una condición indispensable es tomar conciencia de que entramos en un proceso complejo y prolongado. La sensación de fracaso e incertidumbre dificultan que nos sintamos parte de un proceso. De allí la importancia de mirar con buenos ojos el pasado y alzar la mirada hacia el horizonte. Al sentirnos parte de un proceso, capaces de crear lo nuevo, lo que hoy nos parece imposible, nos animamos a dar los pasos para lograrlo.

Algunos pasos que podemos iniciar de inmediato son:

    1. Superar la concepción de que el desarrollo económico y social es algo que fluye naturalmente, por inercia, desvinculado del esfuerzo sostenido y consciente de la sociedad para alcanzarlo.
    2. Formular el proyecto de sociedad que guíe ese nueva conciencia. O sea, diseñar la puesta en práctica de nuestros sueños.
    3. Establecer, cultural y prácticamente, una relación entre trabajo, productividad y nivel de vida. La cultura rentista-populista que aún tenemos, asocia la posibilidad del consumo a la abundancia y distribución de la renta más que a la productividad del trabajo de los integrantes de la sociedad y las formas solidarias de distribución de la riqueza producida. Aquí se plantea un auténtico cambio estructural.
    4. Vincular la consecución del ideal de justicia social a la puesta en común de lo que cada uno es y tiene. De esta manera será posible atender tanto a las necesidades de los que no están en capacidad de producir (niños, jóvenes, incapacitados, ancianos), como a los méritos de quienes son más productivos en su aporte a la sociedad.
    5. Pasar del paternalismo del Estado sobre una sociedad "adolescente" a una sociedad civil adulta, capaz de alcanzar decisiones por la vía del diálogo y la negociación democrática.
    6. Constituirnos como sociedad pluralista capaz de reconocer intereses variados reconocidos como legítimos y capaz de manejar los conflictos por la negociación más que por la fuerza.
    7. Superar el liderazgo mesiánico propio del populismo para alcanzar formas de participación política en las que los ciudadanos organizados sean la referencia principal de las decisiones públicas.
    8. Pasar de un Estado con muchos recursos provenientes de la relación rentista con la riqueza petrolera, a un Estado eficiente en el uso de recursos, también abundantes, provenientes del trabajo productivo de sus ciudadanos que son redistribuidos través de servicios de calidad para toda la población.

De esta manera damos pasos hacia la ansiada "segunda modernización" de Venezuela, apoyados en la productividad como criterio para todas las actividades, la industrialización que permita producir bienes abundantes en equilibrio con la naturaleza y la distribución de la riqueza producida con criterios de solidaridad, de manera de alcanzar la Justicia Social.

Iluminar este camino es la misión de la ciencia, también de la educación en todos los niveles. La ciencia humilde, la que reconoce sus limitaciones. La que parte de la conciencia de no verlo todo y de esta manera se pone en condiciones de ver más y mejor.

Con esa ciencia estamos, Ustedes y yo como personas, el CONICIT como institución, al lado de muchas otras personas e instituciones empeñadas en aportar luz a este camino de todos, curándonos de cualquier tipo de ceguera.

Inicio-------Volver al tope