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S e p t i e m b r e / 1 9 9 7 / N° 19

Cunde el proteccionismo

Carlos Ball*

MIAMI (AIPE).- Según la sabiduría convencional, los socialistas e intervencionistas aman al prójimo, promueven la solidaridad y defienden la causa de los pobres, mientras que los liberales (o neoliberales) somos avaros, egoístas y materialistas. Pero no todo lo que brilla es oro y aunque hay estatistas bien intencionados, las leyes que promulgan invariablemente provocan consecuencias no previstas que terminan empobreciendo y perjudicando a las masas que dicen defender.

Hoy recibí una amable carta de un lector que dice estar de acuerdo conmigo en el espíritu de lo que escribo —respecto al daño que el proteccionismo estadounidense ocasiona a naciones pobres de América Latina, dificultándoles la exportación de sus productos textiles— pero al mismo tiempo no acepta que el trabajador textil americano tenga que competir con los bajos sueldos pagados en el Caribe y América Central.

La palabra "protección" indica algo positivo y les doy crédito a los estatistas por su gran habilidad en manipular la semántica. Mi lector considera lógico que el gobierno de Estados Unidos prefiera "proteger" los empleos de la inmensa textilera Fruit of the Loom, la cual casi por si sola logró que no se extendieran a Centroamérica y el Caribe las ventajas del tratado con México.

El problema es que la prosperidad económica es alcanzable sólo a través del eficiente uso de recursos económicos: capital, mano de obra, recursos naturales, etc. La escasez ha sido siempre el signo de la humanidad. Siempre nos gustaría tener algo que no tenemos y siempre tenemos que elegir entre diferentes opciones. Los precios libres hacen que hagamos elecciones inteligentes y que se logre la mejor utilización de los recursos económicos del mundo entero, algo imposible si hay aranceles, cuotas, controles de precios o ministros de planificación, como la triste historia de la Unión Soviética nos lo demostró.

En los países pobres, la productividad de la mano de obra es baja porque se utilizan menos herramientas y maquinaria (capital), porque la educación y entrenamiento de los trabajadores es deficiente y porque la intervención de los gobiernos aumenta considerablemente tanto los riesgos como los costos de transacción.

Mis costos de transacción en Estados Unidos son extraordinariamente bajos porque casi todo lo que compro para mi trabajo lo puedo hacer en el Internet o con una llamada telefónica, dando el número de mi tarjeta de crédito. Todo eso es producto del libre mercado, no de burócratas, quienes ven algo como el Internet con desconfianza porque no lo pueden regular.

En mis país, Venezuela, los inmensos costos de transacción están representados por robos en las aduanas y sobornos a funcionarios públicos, indispensables para simplemente operar un negocio lícito. Mientras más numerosas y complicadas son las leyes y regulaciones, más alto el costo o mayor el crecimiento de la economía informal.

A comienzos de la Revolución Industrial, Inglaterra fue un país eminentemente textilero, pero a medida que se hacía más sofisticada su economía, se desplazó la mano de obra hacia industrias más intensivas en capital, es decir, donde la productividad era mayor.

En Estados Unidos pasó lo mismo. Si la gente aquí se puede vestir más barato con ropa hecha en China y Guatemala, ello aumenta el nivel de vida de los americanos. La protección a Fruit of the Loom significa un sobreprecio que pagan todos, lo cual es especialmente absurdo cuando el desempleo está por debajo del 5%, indicativo de que todo el mundo que busca trabajo lo encuentra.

La flexibilidad de las leyes laborales americanas, a lo contrario de la inflexibilidad en países donde emplear a alguien equivale a casarse con él, como es el caso en Europa y la Argentina, es una de las principales causas del crecimiento económico porque ha facilitado que empresas abandonen operaciones obsoletas e inviertan donde crece la demanda. Eso termina favoreciendo a los trabajadores porque sus salarios dependen más de su productividad que de bondadosas leyes laborales y de logros sindicales.

El trabajador americano que mejor sueldo tendrá es aquel que labora en la industria más competitiva y con la tecnología más moderna (computación, telecomunicaciones, robótica, etc.) y el que menos ganará es aquel empeñado en seguir trabajando en industrias en decadencia que subsisten por la protección gubernamental.

Si los países ricos decidieran producirlo todo internamente, para así no tener que competir con mano de obra barata, no sólo destruirían su nivel de vida sino que le cerrarían las puertas al desarrollo del resto del mundo. Cuando Estados Unidos comenzó a competir con Inglaterra y Alemania el siglo pasado, su costo de mano de obra era inferior y si entonces los ingleses y alemanes hubieran exigido un campo de juego "nivelado", probablemente éste seguiría siendo un país subdesarrollado porque no hubieran fluido los inmensos capitales que construyeron los ferrocarriles y mucha de la infraestructura creada antes de la Primera Guerra.

Las textileras de Nueva Inglaterra se desplazaron al sur de Estados Unidos por la mano de obra barata y se están trasladando a ultramar por la misma razón. Eso no lo para nadie.

El libre mercado es la no injerencia del poder político en las transacciones que llevamos a cabo todos los días en la compra de alimentos, ropa, transporte, vivienda, etc. Esto es algo mucho más importante que la libertad de elegir a un presidente cada cuatro, cinco o seis años. El libre mercado al promover incentivos virtuosos hace que la prosperidad personal dependa directamente del aporte individual a la sociedad y al optimizar la utilización de los recursos económicos enriquece a la gente, lo cual a su vez fomenta la caridad y la protección tanto de los más débiles como del medio ambiente.

El que piensa lógicamente, no tiene complejos ni aspira a privilegios que sólo el gobierno puede conceder, estudia un poco de historia y de economía, termina indefectiblemente siendo liberal. Claro que el grueso de la "clase educada" latinoamericana recibió su instrucción en universidades estatales, eminentemente marxistas y eso es una carga que nos llevará más de una generación diluir. ©


* Periodista venezolano, director de la agencia de prensa AIPE. Ball.AIPE@worldnet.att.net

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