Cunde el proteccionismo
MIAMI (AIPE).- Según la sabiduría convencional,
los socialistas e intervencionistas aman al prójimo, promueven la
solidaridad y defienden la causa de los pobres, mientras que los liberales
(o neoliberales) somos avaros, egoístas y materialistas. Pero no
todo lo que brilla es oro y aunque hay estatistas bien intencionados, las
leyes que promulgan invariablemente provocan consecuencias no previstas
que terminan empobreciendo y perjudicando a las masas que dicen defender.
Hoy recibí una amable carta de un lector que dice estar de acuerdo
conmigo en el espíritu de lo que escribo respecto al daño
que el proteccionismo estadounidense ocasiona a naciones pobres de América
Latina, dificultándoles la exportación de sus productos textiles
pero al mismo tiempo no acepta que el trabajador textil americano tenga
que competir con los bajos sueldos pagados en el Caribe y América
Central.
La palabra "protección" indica algo positivo y les doy
crédito a los estatistas por su gran habilidad en manipular la semántica.
Mi lector considera lógico que el gobierno de Estados Unidos prefiera
"proteger" los empleos de la inmensa textilera Fruit of the Loom,
la cual casi por si sola logró que no se extendieran a Centroamérica
y el Caribe las ventajas del tratado con México.
El problema es que la prosperidad económica es alcanzable sólo
a través del eficiente uso de recursos económicos: capital,
mano de obra, recursos naturales, etc. La escasez ha sido siempre el signo
de la humanidad. Siempre nos gustaría tener algo que no tenemos y
siempre tenemos que elegir entre diferentes opciones. Los precios libres
hacen que hagamos elecciones inteligentes y que se logre la mejor utilización
de los recursos económicos del mundo entero, algo imposible si hay
aranceles, cuotas, controles de precios o ministros de planificación,
como la triste historia de la Unión Soviética nos lo demostró.
En los países pobres, la productividad de la mano de obra es baja
porque se utilizan menos herramientas y maquinaria (capital), porque la
educación y entrenamiento de los trabajadores es deficiente y porque
la intervención de los gobiernos aumenta considerablemente tanto
los riesgos como los costos de transacción.
Mis costos de transacción en Estados Unidos son extraordinariamente
bajos porque casi todo lo que compro para mi trabajo lo puedo hacer en el
Internet o con una llamada telefónica, dando el número de
mi tarjeta de crédito. Todo eso es producto del libre mercado, no
de burócratas, quienes ven algo como el Internet con desconfianza
porque no lo pueden regular.
En mis país, Venezuela, los inmensos costos de transacción
están representados por robos en las aduanas y sobornos a funcionarios
públicos, indispensables para simplemente operar un negocio lícito.
Mientras más numerosas y complicadas son las leyes y regulaciones,
más alto el costo o mayor el crecimiento de la economía informal.
A comienzos de la Revolución Industrial, Inglaterra fue un país
eminentemente textilero, pero a medida que se hacía más sofisticada
su economía, se desplazó la mano de obra hacia industrias
más intensivas en capital, es decir, donde la productividad era mayor.
En Estados Unidos pasó lo mismo. Si la gente aquí se puede
vestir más barato con ropa hecha en China y Guatemala, ello aumenta
el nivel de vida de los americanos. La protección a Fruit of the
Loom significa un sobreprecio que pagan todos, lo cual es especialmente
absurdo cuando el desempleo está por debajo del 5%, indicativo de
que todo el mundo que busca trabajo lo encuentra.
La flexibilidad de las leyes laborales americanas, a lo contrario de
la inflexibilidad en países donde emplear a alguien equivale a casarse
con él, como es el caso en Europa y la Argentina, es una de las principales
causas del crecimiento económico porque ha facilitado que empresas
abandonen operaciones obsoletas e inviertan donde crece la demanda. Eso
termina favoreciendo a los trabajadores porque sus salarios dependen más
de su productividad que de bondadosas leyes laborales y de logros sindicales.
El trabajador americano que mejor sueldo tendrá es aquel que labora
en la industria más competitiva y con la tecnología más
moderna (computación, telecomunicaciones, robótica, etc.)
y el que menos ganará es aquel empeñado en seguir trabajando
en industrias en decadencia que subsisten por la protección gubernamental.
Si los países ricos decidieran producirlo todo internamente, para
así no tener que competir con mano de obra barata, no sólo
destruirían su nivel de vida sino que le cerrarían las puertas
al desarrollo del resto del mundo. Cuando Estados Unidos comenzó
a competir con Inglaterra y Alemania el siglo pasado, su costo de mano de
obra era inferior y si entonces los ingleses y alemanes hubieran exigido
un campo de juego "nivelado", probablemente éste seguiría
siendo un país subdesarrollado porque no hubieran fluido los inmensos
capitales que construyeron los ferrocarriles y mucha de la infraestructura
creada antes de la Primera Guerra.
Las textileras de Nueva Inglaterra se desplazaron al sur de Estados Unidos
por la mano de obra barata y se están trasladando a ultramar por
la misma razón. Eso no lo para nadie.
El libre mercado es la no injerencia del poder político en las
transacciones que llevamos a cabo todos los días en la compra de
alimentos, ropa, transporte, vivienda, etc. Esto es algo mucho más
importante que la libertad de elegir a un presidente cada cuatro, cinco
o seis años. El libre mercado al promover incentivos virtuosos hace
que la prosperidad personal dependa directamente del aporte individual a
la sociedad y al optimizar la utilización de los recursos económicos
enriquece a la gente, lo cual a su vez fomenta la caridad y la protección
tanto de los más débiles como del medio ambiente.
El que piensa lógicamente, no tiene complejos ni aspira a privilegios
que sólo el gobierno puede conceder, estudia un poco de historia
y de economía, termina indefectiblemente siendo liberal. Claro que
el grueso de la "clase educada" latinoamericana recibió
su instrucción en universidades estatales, eminentemente marxistas
y eso es una carga que nos llevará más de una generación
diluir. ©
* Periodista venezolano, director de la agencia
de prensa AIPE. Ball.AIPE@worldnet.att.net |