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S e p t i e m b r e / 1 9 9 7 / N° 19

Venezuela y Colombia: Fuerzas Beligerantes y Mediación

Miguel Méndez

Hechos de los últimos tiempos han traído a colación conceptos de derecho internacional empolvados por el desuso en América. Las reiteradas acciones de las guerrillas colombianas ha hecho surgir cierta polémica, en el debate que a nivel de opinión pública se ha desarrollado tanto en Colombia como en Venezuela, sobre la posibilidad de una mediación de nuestro país en el conflicto interno colombiano y la eventualidad del reconocimiento de los movimientos guerrilleros como fuerzas beligerantes.

Esta situación genera la necesidad de evaluar, en primer lugar, las acciones que con renovado ímpetu están realizando las fuerzas insurgentes de Colombia. La suya pareciera ser una estrategia que trasciende lo militar y pasa a tener un claro contenido político. El fenómeno de las guerrillas en América Latina, considerado en general como un proceso resultante de la Guerra Fría, en Colombia tiene una génesis anterior y ha mantenido una continuación que desafía a la "globalización" y se reafirma con recientes hechos militares y políticos.

En segundo lugar se hace necesario revisar la conceptualización jurídica para tratar de interpretar de acuerdo con el derecho de las naciones cuál podría ser el significado práctico de estos eventos para Colombia y Venezuela.

Fuerzas Beligerantes:

Ian Brownlie, jurista y profesor de Derecho Internacional de la Universidad de Oxford, al describir la personalidad y el reconocimiento de Estados, califica los cuerpos beligerantes y fuerzas insurgentes dentro de un Estado como personalidades de tipo especial que pueden entrar en relaciones legales y concluir acuerdos válidos en las relaciones internacionales con Estados y con otros beligerantes e insurgentes. Sir Gerald Fiztmaurice considera a las comunidades insurgentes a las que se les reconoce el status de beligerante -autoridades de facto en control de un territorio específico- como entidades para-estatales a las que se les reconoce la posesión de una definitiva, pero limitada, forma de personalidad internacional y también les atribuye la capacidad de concluir tratados. Sin embargo, Bronwlie advierte que si bien esta definición es correcta si se trata como un principio, su aplicación a situaciones concretas requiere cautela.(1)

Según Brierly, en circunstancias normales, la existencia de una rebelión dentro de un Estado es un hecho doméstico en el que no deben intervenir otros Estados, pero en algunos casos toma una forma que justifica la acción. Define dos condiciones a ser satisfechas antes de que otro Estado tenga tal justificación para actuar. "En primer lugar, las operaciones deben haber alcanzado las dimensiones de una guerra, lo que implica que los rebeldes deben estar organizados dentro de un gobierno que controle un determinado territorio, que supervise que las leyes de guerra sean observadas por sus tropas y, en general, que actúe el resto del tiempo como un gobierno de un Estado independiente en guerra... En segundo lugar, el curso de la guerra debe ser tal que el resto de los Estados no puedan simplemente mantenerse al margen de ésta. Esto puede ocurrir aún cuando las hostilidades se mantengan confinadas en el territorio; por ejemplo, las tropas de una de las partes puede cruzar la frontera de un Estado vecino y con ello llevar a ese Estado a decidir si debe o no apresarlos, lo cual podría equivaler a reconocerlos como pertenecientes a unas fuerzas armadas en guerra."(2)

Beale estima que para evitar que el reconocimiento de beligerancia sea considerado como un acto de intervención en los asuntos internos de un Estado, el sólo éxito militar de un ejército rebelde no debería permitir el reconocimiento de beligerancia si ese ejercito es incapaz de mantener la ley y el orden en el territorio bajo su control o si no esta dispuesto a observar las ordinarias leyes de guerra.(3) Para Van Wynen y Thomas uno de los requisitos para el reconocimiento de beligerancia es que sus relaciones con el Estado que se encuentra en guerra civil estén seriamente interrumpidas o perturbadas de manera definitiva.(4)

Para otros expertos en Derecho Internacional, un Estado puede reconocer un estado de beligerancia, distinto al de insurgencia, como prevaleciente en otro cuando la lucha civil perturba en medida considerable las relaciones del Estado extranjero con el Estado perturbado por las hostilidades internas y cuando las hostilidades crecen en proporción tal para convertirse en una guerra pública desde el punto de vista legal(5).

Asimismo, Van Wynen y Thomas sostienen que el no reconocimiento de beligerancia una vez que se han cumplido los requisitos "…es una interferencia con los derechos de auto-determinación política del pueblo del Estado y por lo tanto constituye una intervención ilegal."(6).

En cuanto a los efectos del reconocimiento de beligerancia, Brierly expresa que, para el Estado que la otorga, implica que éste demande y acepte para si mismo todas las consecuencias que resulten de la existencia de una guerra regular; puede reclamar los derechos de neutralidad y acuerde los derechos de beligerante a las partes en conflicto. Para el Estado en contra del cual se realiza la rebelión el acto puede resultar ventajoso por cuanto lo exime de las responsabilidades de los actos de sus propios rebeldes contra otros Estados. Por otra parte, los efectos del reconocimiento de beligerante son provisionales: pone a ambas partes beligerantes en una posición de Estados pero sólo para los propósitos y por la duración de la guerra. De cualquier forma, el otorgar el reconocimiento de beligerante a rebeldes es un acto que normalmente resiente el Estado al cual pertenecen. Por último, señala que el reconocimiento se justifica cuando se está librando una guerra de verdad y cuando el Estado que lo realiza se ve forzado por encontrarse en una posición donde no puede evadir tomar una posición, bien sea de reconocimiento o de rechazo, en relación a la guerra."(7)

Mediación:

La mediación es una extensión del proceso de negociación que conlleva la intervención de una tercera parte aceptable por las personas o grupos en conflicto, la cual tiene un poder de decisión escaso o limitado. Esta persona o grupo de personas (actuando por cuenta propia o en representación de terceros, de organizaciones o de Estados) asisten a las partes en el logro de soluciones voluntarias y mutuamente aceptables, dejando este poder en manos de los actores del conflicto. Entonces, la mediación es un proceso voluntario en el que los participantes deben tener la disposición de aceptar la asistencia o intervención del mediador en la búsqueda de una solución como resultado de la percepción de las partes de que ellos no pueden manejar el conflicto por sí solos.(8)

Un mediador debería por consiguiente ser llamado a intervenir en un proceso de negociación cuando:

  • Las emociones de las partes son intensas e impiden una solución.
  • La comunicación entre las partes es pobre en calidad o cantidad y el diálogo no puede ser mejorado por las partes sin intervención externa.
  • Las percepciones falsas o los estereotipos impiden intercambios productivos.
  • Se repiten comportamientos negativos que colocan barreras al diálogo.
  • Existen aspectos múltiples en la controversia y las partes están en desacuerdo sobre la forma y la combinación en que deberían ser revisados.
  • Existe percepción de intereses y valores conflictivos que las partes tienen dificultades en reconciliar.
  • Las partes no tienen un procedimiento de negociación, están utilizando uno errado o no están utilizando los procedimientos con el mejor tino.
  • No existe una estructura apropiada para las negociaciones.

Podríamos afirmar que la categorización anterior presenta factores que se pueden identificar en la relación existente entre el gobierno colombiano y las guerrillas y por ende existe en principio espacio para la mediación.

Entre los elementos fundamentales de la mediación se encuentra el importante aspecto de que el mediador sea una tercera parte que no tenga una participación directa en la controversia. Otro aspecto muy importante para la mediación es la aceptación de las partes del papel del mediador en las labores de búsqueda de una solución. El papel de generador de confianza y mantenedor de credibilidad como aspectos centrales que sustenten el diálogo sobre bases de equidad y justicia son dos elementos igualmente importantes.

Otras acciones consisten en la creación de canales de comunicación directos y estables que faciliten el diálogo, explorar el problema con el objeto de ayudar a las partes a lograr soluciones satisfactorias, ampliar las posibles soluciones para facilitar la solución del conflicto, educar a los negociadores para que cuenten con mano elementos de análisis que le ayuden a evaluar mejor la situación, expandir los recursos disponibles brindando asistencia o conocimiento que permitan entender mejor la situación, el papel de agente de realismo en la generación de soluciones posibles, etc..

Por otra parte, los mediadores deben tener la capacidad de generar acciones efectivas para reactivar las conversaciones, bien sea a través del liderazgo o mediante la recomendación de procedimientos, realismo de los mediadores sobre el estado del procedimiento y el contar con objetivos de contingencia y acciones alternativas que permitan mantener en perspectiva los riesgos que se corren.

Algunos antecedentes recientes de beligerancia: La revolución sandinista.

Los más recientes casos que se podrían asemejar a la lucha de la guerrilla colombiana son los acaecidos en Centro América en la década de los 70 y 80. Haremos referencia quizás al más relevante de ellos, el de Nicaragua, que generó acciones que le otorgaron status de fuerza beligerante a los insurgentes que luchaban contra Somoza, en especial al Frente Sandista de Liberación Nacional (FSLN).

Sin entrar en el detalle de hechos de conocimiento general, la revolución sandinista logró combinar una creciente presión militar al Gobierno de Somoza con una percepción internacional de la justicia de su causa, en momentos en que los derechos humanos en el Hemisferio hacen su aparición estelar como bandera del Presidente Carter. Esta presión del gobierno norteamericano, sustentada por testimonios de grupos religiosos sobre la desaparición de campesinos, generó una campaña de opinión favorable a las fuerzas insurrectas en Nicaragua y fue acompañado de acciones de coordinación guerrillera a través de la creación de diferentes iniciativas de coordinación política como el Grupo de los 12 y el Frente Patriótico Nacional.

Este panorama fue complementado por las acciones de la OEA a través de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que constató la situación política y la violación flagrante de los derechos humanos por parte del régimen somocista. Otro elemento de importancia fue la actividad insurgente de las guerrillas nicaragüenses basadas en Costa Rica, que provocaron acciones militares de Nicaragua contra ese país y que en la práctica fue el detonante de la intervención de la OEA.

Una de las resoluciones adoptadas por la Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA convocada por los incidentes entre Costa Rica y Nicaragua utiliza un leguaje de condena indiscutible del régimen de Somoza, al cual acusa de mantener una "conducta inhumana" que es la causa fundamental de la dramática situación del pueblo nicaraguense, reconoce el Estado de "grave convulsión política, social y económica" y declara que la solución del problema le corresponde al pueblo nicaraguense y que ésta debería inspirarse en el "reemplazo inmediato y definitivo del régimen somocista, …, la instalación en el territorio de Nicaragua de un gobierno democrático cuya composición incluya los principales grupos representativos opositores al régimen de Somoza y que refleje la libre voluntad del pueblo de Nicaragua, …, la realización de libres elecciones a la brevedad posible…".(9) Esta resolución es considerada por algunos autores como extraordinaria "…al reconocer los insurgentes en contra del gobierno de un país miembro de la OEA…"(10).

Como podemos observar, las situación nicaraguense tenía las siguientes características generales:

  1. Existencia de un régimen dictatorial, acusado y comprobado de la violación flagrante de los derechos humanos.
  2. Existencia de un estado de convulsión civil generalizado, en el cual la lucha de las guerrillas se veía complementado con acciones de la sociedad civil, como invasiones de haciendas, huelgas generales y apoyo generalizado a la guerrilla. Esta situación desencadenó una represión sin límites del régimen somocista que hacia más crítica la situación.
  3. Existencia de control general de la guerrilla sobre partes del territorio. Uso de territorios extranjeros (Costa Rica) para atacar a las fuerzas militares nicaraguenses y que significaron ataques de ese país a Costa Rica.
  4. Reconocimiento internacional y bilateral de la situación. Intervención de países como Estados Unidos, Venezuela, México, Panamá, entre otros, en la crisis. Reconocimiento tácito de las fuerzas rebeldes por parte de la OEA, solicitando la salida de Somoza y el establecimiento de un gobierno democrático en "territorio nicaraguense", representativo de todas las fuerzas, previo a la realización de elecciones.
  5. Organización de las fuerzas insurgentes en coordinaciones políticas y creación de un gobierno de transición antes del triunfo revolucionario.

Reflexiones sobre el reconocimiento de beligerancia y la mediación:

Con el objeto de poder evaluar la situación de Colombia, se debería tratar de responder al menos dos interrogantes:

  1. ¿Qué condiciones reúnen las guerrillas de ese país para pretender el reconocimiento de beligerantes?.
  2. ¿Cuáles serían las bases para una acción mediadora de Venezuela en el conflicto y que riesgos se corren en caso de que se produzca esta acción?

  3. Reconocimiento de beligerancia:

En el caso del reconocimiento de beligerancia, es importante entender cuál es la percepción que existe sobre la realidad política colombiana. A continuación algunas informaciones sobre el acontecer de este país en relación al tema de la insurgencia:

  • Percepción internacional. La imagen de Colombia es indudablemente negativa. Según el Washington Post, Colombia es "un estado deteriorado donde líderes asesinos, con la tácita cooperación militar y del narcotráfico, han llevado al país a una partición de hecho". "A medida que su guerra civil se intensifica, Colombia surge como la Bosnia de Suramérica. Como en la limpieza étnica de Bosnia, los civiles son el blanco principal en esta lucha, con los paramilitares que causan un 60 por ciento de las muertes... Se estima que en 1996 ocurrieron 3000 asesinatos políticos y se espera que esta cifra aumente este año". "Todo ello ha llevado a un desplazamiento de la población sin precedentes históricos en la región al sur del Canal de Panamá". "UNICEF informó a principios de este año que un millón de colombianos -uno de cada 40 ciudadanos aproximadamente- se ha visto forzado a abandonar su hogar". "E.U. debe enfrentar una dura realidad: Las catástrofes gemelas de Colombia - el narcotráfico y la crisis en derechos humanos - están intercontectadas. Ambas son promovidas por la dinámica anarquista de la guerra 'sucia' interna... y la ausencia de políticas democráticas".
  • Percepción de las guerrillas. Las acciones de las guerrillas han sido crecientes y exitosas por lo que han generado la percepción de que se encuentran en control de una buena parte del territorio y de que están ejerciendo acciones que las podrían calificar como fuerzas beligerantes. A continuación algunos ejemplos:
  1. Han logrado acuerdos con el gobierno constitucional colombiano para establecer una zona de despeje que permitió la devolución de los soldados apresados, casi un año después, dentro de lo que se asemeja al respeto de los prisioneros consagrado en el derecho de guerra. Según informaciones de prensa (11), el presidente Ernesto Samper recibió una carta de monseñor Luis Augusto Castro, en la que le explicaba los 9 puntos del acuerdo al que había llegado con los jefes guerrilleros para la liberación de los soldados. Una de las primeras condiciones que pusieron los subversivos fue que se realizara una reunión preliminar con el delegado del gobierno y a la cual "ellos solicitan que asistan además el delegado de la Cruz Roja Internacional…".
  2. Búsqueda de apoyo y reconocimiento internacional. Uno de los puntos en los que fueron más reiterativas las FARC fue precisamente en el de la asistencia de los delegados internacionales, entre ellos los embajadores de Noruega y Suecia, dos de los países que más han cuestionado la violación de los derechos humanos en el país. Con ello obtiene la atención de la comunidad internacional y se acerca a lo que podría ser un futuro reconocimiento de fuerza beligerante.
  3. Dominio de una zona y respeto a los acuerdos. El caso de Colombia presenta un cuadro significativamente complejo. Informaciones de prensa establecen que casi un 40% del territorio se encuentra fuera del control permanente del Gobierno colombiano. En el caso del despeje, el Presidente Samper estableció un plazo de 20 días, dejando abierta la posibilidad de nuevos despejes en declaraciones posteriores, dando así vía libre a la reiterada petición de las FARC de desmilitarizar áreas de territorio con el fin de explorar salidas negociadas al conflicto armado. (Este fue el segundo despeje realizado por este gobierno, el primero ocurrió en diciembre de 1996). Con estas acciones se cumpliría el requisito de tener capacidad para concluir acuerdos y respetar su aplicación, tal como lo haría un gobierno constituido.
  4. Otras formas de dominio territorial: obstaculización de las elecciones: Varios candidatos a las alcaldías y consejos municipales de la región del Magdalena medio, especialmente los del sur de Bolívar, hicieron un llamado a la subversión para que replantearan su posición de impedir u obstaculizar las próximas elecciones. En el comunicado los candidatos expresaron su intención de "…reunirse con los diferentes grupos alzados en armas, concertar un diálogo pacífico en donde participara la comunidad para que les dé la posibilidad a todos los dirigentes de conocer las inquietudes generales al respecto.". Agregaron que de proseguir la guerrilla con este 'plan de emergencia democrática', como ellos lo llaman, se estarían creando las condiciones para que algunos municipios sean administrados durante los próximos tres años por alcaldes militares, como lo expresó el presidente Samper. Con ello demuestran la capacidad de manejar el destino de los territorios bajo control y llevan a las fuerzas civiles a entablar un diálogo con ellos.

En un excelente artículo escrito en la revista Semana, Roberto Pombo expresa que "El proceso que terminó el domingo pasado con la entrega de los soldados que estaban en poder de las FARC cierra un ciclo en la vida de ese grupo guerrillero y abre uno nuevo más promisorio para ellos…". "Este es el momento más delicado de cuantos le ha tocado vivir a mi generación en lo que tiene que ver con la guerrilla. No porque el episodio violento de Las Delicias o el secuestro de los soldados tenga una importancia extraordinaria desde el punto de vista militar sino porque las FARC se acaban de plantar ante el resto del país y ante el mundo en una actitud nueva y amenazante, que contiene cambios en la forma de su reto y transformaciones substanciales en la concepción tradicional que esa guerrilla ha tenido sobre su lucha en toda la historia.". "No cabe duda de que las FARC buscaron con este movimiento político militar avanzar en el logro del reconocimiento internacional como fuerza beligerante. Es decir, la legitimación de un conflicto de dos bandos homologados por el derecho internacional."(12):

"Para esto se buscó la confluencia de varios factores. Por un lado la del control territorial de una zona inmensa, hasta hace muy poco tiempo en disputa por medio de las armas; por el otro el intento de aparecer como un ejército regular que toma un gran número de prisioneros, les respeta la vida y los entrega al enemigo, y por último la presencia de organismos y personalidades del mundo para homologar todo lo anterior en un acto con un despliegue propagandístico descomunal."(13)

Pombo también considera que el efecto de los hechos en un posible reconocimiento de beligerancia, "…las FARC tuvieron en efecto el control sobre un área importante, pero fue el resultado de un pacto de circunstancias para facilitar la liberación de los soldados.". "Sin embargo nunca antes la guerrilla había doblegado al Estado de semejante manera. Antes habíamos vivido momentos parecidos en desarrollo de diálogos de paz que nunca funcionaron, pero jamás como resultado de una operación de guerra. Este es un antecedente que implica una circunstancia nueva, que no se puede ocultar en aras de no darle una importancia excesiva a la guerrilla.".

¿Reúnen entonces las guerrillas colombianas los requisitos necesarios para obtener el reconocimiento de fuerza beligerante?.

Los movimientos guerrilleros colombianos no cuentan con las condiciones necesarias para que se les otorgue la condición de beligerantes ya que aunque cumplen con algunas de las condiciones identificadas en el Derecho Internacional, carecen de otras fundamentales. Una cosa es tener control del territorio por ausencia física del gobierno colombiano, resultado de la falta de capacidad militar o financiera para hacerlo y otra es controlar ese territorio como resultado de la superioridad militar y de la connivencia de la población. En el caso de Colombia, el control territorial no es requisito suficiente. Por otra parte, es ahora que las FARC parecen haber iniciado un plan político que les permita obtener ganancias reales. La percepción generalizada tanto de las FARC como del ELN es que son fuerzas bandoleras, relacionadas con el narcotráfico y dedicadas al secuestro y a la extorsión.

Por otra parte, la situación de Colombia no tiene los visos dramáticos de guerra y conmoción civil que presentaron otros países, a pesar de la imagen negativa que a nivel internacional tiene como producto del narcotráfico, de la violación de los derechos humanos y de la existencia de los movimientos de guerrilla y de fuerzas paramilitares.

Es indudable que cuando se considera el reconocimiento de fuerzas beligerantes, se espera que éste venga normalmente de terceros países, los cuales sufren los inconvenientes de la situación de insurgencia. En este caso, es común argumentar que podría venir de Venezuela este reconocimiento, bien sea de manera tácita o expresa. Por otra parte, se ha mencionado que al entablar un diálogo con la guerrilla colombiana a fin de subsanar la situación de agresión cotidiana que vivimos en nuestro territorio, le daríamos el reconocimiento de beligerante.

Esta materia delicada y compleja debe ser analizada desde diferentes perspectivas. El hecho cierto es que las fuerzas guerrilleras colombianas existen y causan zozobra y daños en amplias áreas territoriales venezolanas. La respuesta militar, por muy contundente que sea, no es normalmente suficiente. La acción diplomática debe acompañar, como lo ha hecho, a la militar. La reflexión debe centrarse en lo que significaría el entablar un diálogo con una guerrilla histórica que actúa fuera de su frontera no como forma de lucha contra las autoridades constitucionales colombianas, sino como parte de un modus vivendi que le permite financiar sus operaciones y generar espacios de prensa que le otorgan actualidad. En este caso la doctrina es bastante clara, la simple existencia de una rebelión con éxitos militares no es suficiente para garantizar el status de beligerancia. Tampoco el causar daños y vulnerar los derechos de otros Estados califica a los insurgentes. Desde este punto de vista, las acciones que buscan titulares no son más que puntos de una supuesta lista de requisitos que carecen del contenido político necesario y del apoyo generalizado de la población donde se generan. Tal vez, si las FARC realmente buscaran obtener un reconocimiento internacional al supuesto estado, deberían tratar de cumplir con los requisitos de mantener la ley y el orden en el territorio bajo su control, observando las leyes de guerra y comportándose como sujeto de derecho internacional, esto es, respetando las normas del derecho internacional y exhibiendo un nivel adecuado de civilización.

Afortunadamente la prudencia parece ser la regla que gobierna con fuerza este privilegio. De hecho, en ocasiones recientes, países que se han precipitado a reconocer status de beligerancia, han debido rectificar sus posiciones. En 1981, México y Francia dieron este reconocimiento a las fuerzas insurgentes de El Salvador, lo que provocó posiciones contrapuestas de otros países, en este caso Brasil y Venezuela, quienes consideraron que no existían las condiciones necesarias, y provocaron un discreto silencio por parte de los primeros.

2. Posible Mediación de Venezuela:

Otro elemento que se ha venido comentando en los últimos tiempos es el relativo a la posible acción mediadora de Venezuela en el conflicto entre la guerrilla y el gobierno colombiano, posibilidad esta asomada por la guerrilla colombiana y tratada de manera general en el último encuentro binacional de presidentes.

Esta no es la primera ocasión en la que se plantea la posibilidad de que las partes en conflicto en Colombia se reúnan contando con Venezuela como mediador o garante. De hecho, el diálogo de paz realizado entre la Guerrilla (FARC) y el Gobierno colombiano en 1991 en Venezuela, bajos los auspicios del Presidente Carlos Andrés Pérez, son un antecedente, fallido, de este tipo de iniciativa.

El punto sería que posibilidades existe de que nuestro país pueda ejercer estas funciones de mediación manteniendo en perspectiva el interés nacional en la relación y desarrollando un proceso que a la par de exitoso permita manejar una madeja de variables que alimentan la compleja situación colombiana. De acuerdo con lo establecido por los conocedores del tema y tal como lo expresé en párrafos anteriores, en este caso existen las condiciones para la mediación.

En relación a una posible actuación de Venezuela como mediador, considero que ello sería inconveniente por cuanto uno de los requisitos fundamentales del mediador es su neutralidad y falta de participación o interés directo en el problema, y en este caso, Venezuela es parte interesada en el conflicto por derivación, en la medida en que la situación colombiana, y las conductas de cada una de las partes, afectan negativamente a nuestro país.

En caso de participar como mediadores tendríamos a nuestro país en una situación en la que debe actuar para generar el clima necesario para el diálogo, establecer las salvaguardas para una acción equilibrada y justa, generar confianza y mantener un equilibrio en las conversaciones, colaborar en la generación de soluciones, etc.. Esta acción sería realmente compleja en la medida en que las decisiones que tomen las partes tengan una incidencia negativa en Venezuela o que nuestro país considere que se están menospreciando o ignorando hechos que menoscaban nuestros intereses.

Si Venezuela es llamada a jugar un papel en la solución de este conflicto debería ser únicamente como garante u observador del proceso, posición esta que simplemente tiene que ver con el equilibrio de las conversaciones y que permitiría tener una posición de observación privilegiada que nos ayudaría a evaluar los posibles efectos de los acuerdos sobre la preocupante situación de la frontera y sobre las relaciones bilaterales.

Por último, sobre el tácito reconocimiento de condición de beligerante que se otorgaría a las guerrillas colombianas de aceptar Venezuela un papel de mediador o garante, argumentado por algunos, difícilmente este simple hecho sería suficiente. Tal como ya fue referido, este mecanismo requiere la voluntad de las partes en conflicto para su utilización. En consecuencia, sea requerida la participación de Venezuela bien por la guerrilla o por el gobierno colombiano, siempre contaría con la aquiescencia de este último. En consecuencia, no generaría ningún derecho de reconocimiento por cuanto el gobierno colombiano estaría haciendo uso de las prerrogativas con las que cuenta todo gobierno legítimo para solucionar problemas internos.

1 Burks, David. Insurgency in Latin America, Survey of the Alliance for Progress, January 1968, Washington, DC. El autor define el inicio de la insurgencia en Colombia en 1946-47, aún cuando comenzó a actuar de manera regular en 1950. La violencia que desató, en parte debido a la pérdida de principios ideológicos, se acercó más al bandolerismo, causando de 1946 a 1957 unos 200.000 muertos. Las FARC, de afiliación inicial comunista-soviética y el ELN, apoyado inicialmente por Cuba.

2 Brownlie, Ian. Principles of International Law, Clarendon Press, Oxford, 3rd Ed., 1984

3.Brierly, J.L.. The Law of Nations, Clarendon Press, Oxford, 6th Ed., 1963.

4 Beale, "The recognition of the Cuban Belligerency," 9 Harvard Law Review, 1896.

5 Van Wynen, Ibidem.

6 Van Wynen Thomas, Ann y Thomas, A.J.. The Organization of American States, Southern Methodist University Press, Dallas, 1963.

7 Van Wynen, Op.Cit.

8 Brierly, Ibidem

9 Moore, Christopher. The Mediation Process, Jossey Bass, San Francisco, 1996. Texto en cursivas añadido por el autor.

10 Organización de Estados Americanos, XVII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, 21-9-78, Washington, DC. OEA/Ser.F/II.17. Doc.40/79 rev.2. Subrayado del autor.

11 Moore, John Norton. The Secret War in Central America: Sandinista Assault on World Order, University Publications of America, Maryland, 1987.

12 Ana Carrigan y Robert Weiner, Washington Post, Lunes 18 de agosto de 1997, 'Colombia, la Bosnia de Sur América'.

13 Semana, Samper aceptó la propuesta de movilizar a la Comisión en un helicóptero

privado. Junio 16 -23 de 1997, Edición 789,

14 El Tiempo, Candidatos cuestionan a la guerrilla, Sábado 23 de agosto de 1997.

15 Semana - Roberto Pombo - Las FARC acaban de cerrar un ciclo victorioso, de la misma manera que un equipo deportivo gana un partido y pasa a la siguiente ronda, Junio 16 -23 de 1997, Edición 789

16 Pombo, Ibidem

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