"Grand Prix Cultural"
Definitivamente Venezuela es una tierra llena de gracia, al menos en
lo personal me causó una gracia algo desosegada el leer en un diario
capitalino, como se promocionaba con bombos y platillos una fantasía
demagógica del Conac. Se trataba de la filantrópica idea de
beneficiar a 170 creadores previamente honrados con meritorios premios nacionales,
en diversas áreas de la expresión creadora: las artes plásticas,
la poesía, la música, el cine, el teatro y la danza. Traté
de asimilar mercantilmente la situación dando lugar a un ejercicio
de contabilidad. Cada uno de los 170 beneficiados recibirá de por
vida Bs. 300.000, que multiplicados por los 12 meses del año se amplifican
hasta Bs. 3.600.000 per cápita. Obteniendo el conjunto de ciento
setenta personalidades la cantidad de Bs. 612.000.000 anuales, sin contar
que tal cifra crece anualmente. Salvando de antemano la responsabilidad
a los premiados, pues ninguno de éstos tuvo necesidad de manifestar
frente a las puertas del palacio de Miraflores con el objetivo de lograr
un aumento salarial.
La plena irresponsabilidad de tal guachafita corresponde a los gerentes
y directivos del Consejo Nacional de la Cultura, quienes, pienso que tratron
de imitar un gesto parecido al previamente realizado en México, donde
fue otorgada la suma de 5.000 dólares a escritores e intelectuales
de la talla de Carlos Fuentes, Octavio Paz, incluyendo al premio Nóbel
y millonario en imaginación, Gabriel García Márquez..Tengo
entendido que éstos inmediatamente donaron tal dinero a una institución
necesitada. En el caso vernáculo luce tragicómico que el maestro
Jesús Soto, Carlos Cruz Diez, Sofía Imber o Jacobo Borges,
personalidades harto reconocidas, quienes ya trascienden cualquier pensión
vitalicia, se vean obligados a cobrar mensualmente un cheque oficial de
Bs. 300.000. Una especie de limosna cultural, cuando ellos más bien
patrocinan y gestionan museos, portadores incluso de sus propios nombres.
La lista de premiados resulta larga e incluye a reconocidos artistas como
Alirio Palacios, Luisa Richter, Miguel von Dangel. Resulta muy delicado
dictaminar quién necesita verdaderamente ese apoyo y quién
no. Uno de los afortunados ironizó el mismo día de la fiesta
ceremonial comentando: "El problema es que con la inflación
galopante esta plata puede convertirse en sal y agua". Acaso habrá
que establecer una cláusula antinflacionaria para mantener el promedio
de 600 dólares mensuales, hasta que Caronte los incite a navegar
en su laguna. Como dato curioso, revelador del despelote y capacidad de
improvisación, mientras redactaba las presentes líneas me
enteré que un cuñado, Premio Nacional de Arquitectura se presentó
a cobrar su cheque y recibió como respuesta que la arquitectura no
iba, que eso no le competía al Conac o algo parecido. Actualmente
se está discutiendo el asunto para no dejar fuera de la lista a valiosos
pioneros como Fruto Vivas, Jesús Tenreiro o hasta mi propio cuñado.
¿Será que la arquitectura no tiene la talla del ballet? Broma
aparte, constantemente escucho quejas provenientes de diversos sectores
culturales, desde la provincia, de pequeñas agrupaciones teatrales,
de instituciones docentes. Paradójicamente el mismo Conac se queja
de su bajo presupuesto, cuando debe enfrentar las furibundas peticiones
del "sector" cine, o de cualquier otra área cultural. Acaso
no parece más lógico otorgar directamente esa plata al Museo
Jesús Soto de Ciudad Bolívar para mantener los jardines o
imprimir con mejor papel algún catálogo pertinente, en contraposición
a la ridícula idea de que los propios artistas consagrados vayan
a cobrar una pensión como si fueran viejitos indigentes.
Lo mismo han podido hacer con el espléndido Maccsi, en el caso
de Sofía Imber, o con Jacobo Borges quien dedica gran parte de su
tiempo y peculio al museo antes llamado "Del Oeste", hoy "Museo
Jacobo Borges". No pudiendo evitar los señalamientos indelicados,
dudo mucho que el cineasta Alfredo Anzola aún joven y con mucha obra
por hacer, necesite del aporte antes citado .Del mismo modo pienso que Margot
Benacerraf no necesita esa plata. Ni por asomo quiero desmerecer los premios
nacionales. Más bien deseo resaltar el hecho de que una premiación
no necesariamente debe pulirse o repotenciarce luego de otorgada, sobre
todo en el caso muy específico de los premios nacionales, que son
otorgados por la trayectoria del creador en cuestión y no intentando
exaltar una obra específica. Resulta bastante nociva la actitud paternalista
y proteccionisa del Estado hacia lo que difusamente éste entiende
como cultura. El padre premia o castiga al hijo guiándose por medio
de normas sociales o morales relativamente definidas. Pero nuestro "Pater
Culturae" de todos los días parece algo miope y caprichoso,
impredecible. Lo difícil es asumir cómo personalidades arraigadas
dentro de nuestra intelectualidad, especíicamente el Dr. Oscar Sambrano
Urdaneta, se deje enredar en la maraña burocrática nacional,
generando situaciones bizarras como la de los pensionados culturales vitalicios.
Ninguno de los benefciados se ha pronunciado públicamente, quizás
por lo bochornoso de la situación, o a lo mejor porque realmente
necesitan ese dinero para pagar el condominio del edificio, la electricidad,
o las medicinas propias de la edad. Sin hacer melodrama, aún recuerdo
con cierta tristeza la austeridad con la que vivía la gran poetisa
Ida Gramcko, en los apartados predios del Paraíso, escribiendo ocasionalmente
para revistas de poca monta, alentada por la docencia y un parco reconocimento
de su obra en vida. Algo similar ocurrió con el poeta Carlos Augusto
León. Una querida amiga, Hanni Ossott, inmensa poetisa, actualmente
sí requiere el dinero otorgado por el Conac. En ciertos casos muy
específicos la ayuda luce correcta, aunque no el procedimiento. Acaso
Juan Liscano, Román Chalbaud o Zapata necesitarán una pensión
del Conac, no lo sé, aunque ciertamente la merecen.. Es un asunto
demasiado complejo y delicado. Hijo putativo de la improvisación
y de la inmediatez que a menudo caracterizan a proyectos criollos. Se ha
podido pensar mejor el asunto, definir la intención y establecer
parámetros más específicos, para no caer en una situación
difusa, que en cierto modo me obliga escribir dentro de la misma tónica.
OTROS PREMIOS
Curiosamente las premiaciones se ha convertido en una epidemia nacional.
Hoy proliferan salones, bienales y concursos literarios a granel. Un terreno
aparentemente fértil, generoso y estimulante para los más
jóvenes o maduros, pero que por desgracia suele generar deformaciones
y malentendidos durante el acto creador. Cuando se observan los resultados
expuestos a menudo en galerías y museos, o publicados bajo la forma
de libros o en revistas literarias, uno puede desconsolarse. Sin caer en
romanticismos fátuos, pienso firmemente que el artista, el escritor,
el bailarín, el compositor, cada creador necesita realizar su trabajo
en función a necesidades muy íntimas. Luego surgen los límites,
las exigencias, las concesiones indispensables, pero un pacto fáustico
no favorece en nada a un talento joven, de 20 o 22 años, sobre todo
cuando la mayoría de los salones de arte y publicaciones están
patrocinadas por empresas como Pirelli, Dimple, Bigott o por el propio Estado
a través de Pdvsa, por ejemplo. Se tiende a la homogeneización
de los resultados artísticos, se cae en el lugar común incluso
conscientemente. La mente sectaria de algunos críticos institucionalizados
o curadores e ¿Intelectuales? mercenarios, quienes establecen desde
su feudo las reglas del juego del mundo del arte, para poder participar
y ocasionalmente ganar.
Los "Nuevos" se desesperan y comienzan a funcionar a partir
de códigos prestados, con tal de ser aceptados y reconocidos. Simplemente
para promover su trabajo y vivir con dignidad. Desafortunadamente, a merced
del caduco posmodernismo y de modas culturales, surgen salones perfilados
bajo exigencias temáticas, de pronto la ecología, al día
siguiente el beisból y pasado mañana: Sucre, Miranda o el
descubrimiento de Cubagua. Cualquier disparate inocuo en apariencia, pero
beneficioso para los verdadros interesados. En la actualidad el joven egresado
de alguna escuela de arte busca desesperadamente (y con razón) algún
estímulo, cualquier rasgo de identidad, una crítica a la obra
que le permita reconocerse tras ella. También se hace urgente algún
premio o mención que lo destaque y le entreabra las puertas del mercado
del arte, para bien o para mal, da lo mismo. Un artista de los noventa que
mire hacia el nuevo milenio debe conseguir muchas computadoras, cuarenta
monitores para proyectar un video de preferencia borroso, sugerente y ambiguo.
Apropiarse a dentelladas del espacio por medio de alambres, mecates, piedras,
o lo que sea. En caso contrario hay que asumir el minimalismo como bandera,
colocar una caraota dentro de un gran círculo formado con cenizas
de cadáveres chinos. Conviene hiperconceptualizar, con tal de gustar
y así existir. Luzco resentido tras el presente texto, quizás
lo estoy aunque prefiero la palabra aburrido. También he ganado un
par de premios. El primero por azar y el segundo porque las demás
obras eran muy malas, en realidad no disfruté tal reconocimiento,
no aprendí nada salvo un necio afán de protagonismo que aún
disfruto.
El premio suele confundir, desviar, pulir el ego, deprimir, decepcionar,
etc. Cuando no se ha desarrollado un mínimo nivel de autocrítica.uno
se aferra al primer halago. Así desciende el nivel de exigencia,
crece el conformismo y se pierde "autenticidad" para no hablar
de "originalidad". Escasean los críticos, incluso las opiniones.
Se vaga por galerías, museos y páginas, con una leve tendencia
al embotamiento de la capacidad de asombro.
Gracias a Dios el Conac nos sorprende y luce muy original cuando inventa
la curiosa pensión vitalicia para 170 personalidades afianzadas en
el mundo cultural venezolano.
P.D. 1. Ayer realicé una apuesta a ver quien era el primero de
los pensionados que se manifestaba filantrópico, o al menos polémico.
P.D. 2. Por allí me preguntaron qué haría si estuviera
en el caso de los premiados, sinceramente no lo sé |