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S e p t i e m b r e / 1 9 9 7 / N° 19

"Grand Prix Cultural"

Felipe Márquez

Definitivamente Venezuela es una tierra llena de gracia, al menos en lo personal me causó una gracia algo desosegada el leer en un diario capitalino, como se promocionaba con bombos y platillos una fantasía demagógica del Conac. Se trataba de la filantrópica idea de beneficiar a 170 creadores previamente honrados con meritorios premios nacionales, en diversas áreas de la expresión creadora: las artes plásticas, la poesía, la música, el cine, el teatro y la danza. Traté de asimilar mercantilmente la situación dando lugar a un ejercicio de contabilidad. Cada uno de los 170 beneficiados recibirá de por vida Bs. 300.000, que multiplicados por los 12 meses del año se amplifican hasta Bs. 3.600.000 per cápita. Obteniendo el conjunto de ciento setenta personalidades la cantidad de Bs. 612.000.000 anuales, sin contar que tal cifra crece anualmente. Salvando de antemano la responsabilidad a los premiados, pues ninguno de éstos tuvo necesidad de manifestar frente a las puertas del palacio de Miraflores con el objetivo de lograr un aumento salarial.

La plena irresponsabilidad de tal guachafita corresponde a los gerentes y directivos del Consejo Nacional de la Cultura, quienes, pienso que tratron de imitar un gesto parecido al previamente realizado en México, donde fue otorgada la suma de 5.000 dólares a escritores e intelectuales de la talla de Carlos Fuentes, Octavio Paz, incluyendo al premio Nóbel y millonario en imaginación, Gabriel García Márquez..Tengo entendido que éstos inmediatamente donaron tal dinero a una institución necesitada. En el caso vernáculo luce tragicómico que el maestro Jesús Soto, Carlos Cruz Diez, Sofía Imber o Jacobo Borges, personalidades harto reconocidas, quienes ya trascienden cualquier pensión vitalicia, se vean obligados a cobrar mensualmente un cheque oficial de Bs. 300.000. Una especie de limosna cultural, cuando ellos más bien patrocinan y gestionan museos, portadores incluso de sus propios nombres. La lista de premiados resulta larga e incluye a reconocidos artistas como Alirio Palacios, Luisa Richter, Miguel von Dangel. Resulta muy delicado dictaminar quién necesita verdaderamente ese apoyo y quién no. Uno de los afortunados ironizó el mismo día de la fiesta ceremonial comentando: "El problema es que con la inflación galopante esta plata puede convertirse en sal y agua". Acaso habrá que establecer una cláusula antinflacionaria para mantener el promedio de 600 dólares mensuales, hasta que Caronte los incite a navegar en su laguna. Como dato curioso, revelador del despelote y capacidad de improvisación, mientras redactaba las presentes líneas me enteré que un cuñado, Premio Nacional de Arquitectura se presentó a cobrar su cheque y recibió como respuesta que la arquitectura no iba, que eso no le competía al Conac o algo parecido. Actualmente se está discutiendo el asunto para no dejar fuera de la lista a valiosos pioneros como Fruto Vivas, Jesús Tenreiro o hasta mi propio cuñado. ¿Será que la arquitectura no tiene la talla del ballet? Broma aparte, constantemente escucho quejas provenientes de diversos sectores culturales, desde la provincia, de pequeñas agrupaciones teatrales, de instituciones docentes. Paradójicamente el mismo Conac se queja de su bajo presupuesto, cuando debe enfrentar las furibundas peticiones del "sector" cine, o de cualquier otra área cultural. Acaso no parece más lógico otorgar directamente esa plata al Museo Jesús Soto de Ciudad Bolívar para mantener los jardines o imprimir con mejor papel algún catálogo pertinente, en contraposición a la ridícula idea de que los propios artistas consagrados vayan a cobrar una pensión como si fueran viejitos indigentes.

Lo mismo han podido hacer con el espléndido Maccsi, en el caso de Sofía Imber, o con Jacobo Borges quien dedica gran parte de su tiempo y peculio al museo antes llamado "Del Oeste", hoy "Museo Jacobo Borges". No pudiendo evitar los señalamientos indelicados, dudo mucho que el cineasta Alfredo Anzola aún joven y con mucha obra por hacer, necesite del aporte antes citado .Del mismo modo pienso que Margot Benacerraf no necesita esa plata. Ni por asomo quiero desmerecer los premios nacionales. Más bien deseo resaltar el hecho de que una premiación no necesariamente debe pulirse o repotenciarce luego de otorgada, sobre todo en el caso muy específico de los premios nacionales, que son otorgados por la trayectoria del creador en cuestión y no intentando exaltar una obra específica. Resulta bastante nociva la actitud paternalista y proteccionisa del Estado hacia lo que difusamente éste entiende como cultura. El padre premia o castiga al hijo guiándose por medio de normas sociales o morales relativamente definidas. Pero nuestro "Pater Culturae" de todos los días parece algo miope y caprichoso, impredecible. Lo difícil es asumir cómo personalidades arraigadas dentro de nuestra intelectualidad, especíicamente el Dr. Oscar Sambrano Urdaneta, se deje enredar en la maraña burocrática nacional, generando situaciones bizarras como la de los pensionados culturales vitalicios. Ninguno de los benefciados se ha pronunciado públicamente, quizás por lo bochornoso de la situación, o a lo mejor porque realmente necesitan ese dinero para pagar el condominio del edificio, la electricidad, o las medicinas propias de la edad. Sin hacer melodrama, aún recuerdo con cierta tristeza la austeridad con la que vivía la gran poetisa Ida Gramcko, en los apartados predios del Paraíso, escribiendo ocasionalmente para revistas de poca monta, alentada por la docencia y un parco reconocimento de su obra en vida. Algo similar ocurrió con el poeta Carlos Augusto León. Una querida amiga, Hanni Ossott, inmensa poetisa, actualmente sí requiere el dinero otorgado por el Conac. En ciertos casos muy específicos la ayuda luce correcta, aunque no el procedimiento. Acaso Juan Liscano, Román Chalbaud o Zapata necesitarán una pensión del Conac, no lo sé, aunque ciertamente la merecen.. Es un asunto demasiado complejo y delicado. Hijo putativo de la improvisación y de la inmediatez que a menudo caracterizan a proyectos criollos. Se ha podido pensar mejor el asunto, definir la intención y establecer parámetros más específicos, para no caer en una situación difusa, que en cierto modo me obliga escribir dentro de la misma tónica.

OTROS PREMIOS

Curiosamente las premiaciones se ha convertido en una epidemia nacional. Hoy proliferan salones, bienales y concursos literarios a granel. Un terreno aparentemente fértil, generoso y estimulante para los más jóvenes o maduros, pero que por desgracia suele generar deformaciones y malentendidos durante el acto creador. Cuando se observan los resultados expuestos a menudo en galerías y museos, o publicados bajo la forma de libros o en revistas literarias, uno puede desconsolarse. Sin caer en romanticismos fátuos, pienso firmemente que el artista, el escritor, el bailarín, el compositor, cada creador necesita realizar su trabajo en función a necesidades muy íntimas. Luego surgen los límites, las exigencias, las concesiones indispensables, pero un pacto fáustico no favorece en nada a un talento joven, de 20 o 22 años, sobre todo cuando la mayoría de los salones de arte y publicaciones están patrocinadas por empresas como Pirelli, Dimple, Bigott o por el propio Estado a través de Pdvsa, por ejemplo. Se tiende a la homogeneización de los resultados artísticos, se cae en el lugar común incluso conscientemente. La mente sectaria de algunos críticos institucionalizados o curadores e ¿Intelectuales? mercenarios, quienes establecen desde su feudo las reglas del juego del mundo del arte, para poder participar y ocasionalmente ganar.

Los "Nuevos" se desesperan y comienzan a funcionar a partir de códigos prestados, con tal de ser aceptados y reconocidos. Simplemente para promover su trabajo y vivir con dignidad. Desafortunadamente, a merced del caduco posmodernismo y de modas culturales, surgen salones perfilados bajo exigencias temáticas, de pronto la ecología, al día siguiente el beisból y pasado mañana: Sucre, Miranda o el descubrimiento de Cubagua. Cualquier disparate inocuo en apariencia, pero beneficioso para los verdadros interesados. En la actualidad el joven egresado de alguna escuela de arte busca desesperadamente (y con razón) algún estímulo, cualquier rasgo de identidad, una crítica a la obra que le permita reconocerse tras ella. También se hace urgente algún premio o mención que lo destaque y le entreabra las puertas del mercado del arte, para bien o para mal, da lo mismo. Un artista de los noventa que mire hacia el nuevo milenio debe conseguir muchas computadoras, cuarenta monitores para proyectar un video de preferencia borroso, sugerente y ambiguo. Apropiarse a dentelladas del espacio por medio de alambres, mecates, piedras, o lo que sea. En caso contrario hay que asumir el minimalismo como bandera, colocar una caraota dentro de un gran círculo formado con cenizas de cadáveres chinos. Conviene hiperconceptualizar, con tal de gustar y así existir. Luzco resentido tras el presente texto, quizás lo estoy aunque prefiero la palabra aburrido. También he ganado un par de premios. El primero por azar y el segundo porque las demás obras eran muy malas, en realidad no disfruté tal reconocimiento, no aprendí nada salvo un necio afán de protagonismo que aún disfruto.

El premio suele confundir, desviar, pulir el ego, deprimir, decepcionar, etc. Cuando no se ha desarrollado un mínimo nivel de autocrítica.uno se aferra al primer halago. Así desciende el nivel de exigencia, crece el conformismo y se pierde "autenticidad" para no hablar de "originalidad". Escasean los críticos, incluso las opiniones. Se vaga por galerías, museos y páginas, con una leve tendencia al embotamiento de la capacidad de asombro.

Gracias a Dios el Conac nos sorprende y luce muy original cuando inventa la curiosa pensión vitalicia para 170 personalidades afianzadas en el mundo cultural venezolano.

P.D. 1. Ayer realicé una apuesta a ver quien era el primero de los pensionados que se manifestaba filantrópico, o al menos polémico.

P.D. 2. Por allí me preguntaron qué haría si estuviera en el caso de los premiados, sinceramente no lo sé

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