Las telecomunicaciones y la
Venezuela del siglo XXI
No se trata esta vez de hablar del papel de
las telecomunicaciones como la causa de transformación de la sociedad.
Tal enfoque, en nuestra opinión, no es del todo correcto, al menos
por lo que se refiere a nuestro país. Pero si trataremos, sin embargo,
de considerar su papel como vehículo a través del cual se
fundamente la definición de un entorno social mejor que el que parece
avecinarse. Y este es, precisamente, el objetivo del presente ensayo. Por
un momento, dejaremos aparte cálculos, planos, unifilares, etc.,
y nos dedicaremos a hacer un poco de filosofía de las telecomunicaciones
y a reflexionar acerca de su interacción e influencia sobre la sociedad
y las posibles direcciones hacia las cuales ésta se encamine. Por
otra parte, esperamos que a lo largo del desarrollo del tema, quede claro
el por qué no es adecuado hablar de una "transformación
de la sociedad" como única consecuencia directa de la asombrosa
evolución de la electrónica y de las telecomunicaciones en
los últimos 30 años.
Imaginemos un día cualquiera del año 1967: los Beatles
están ya en la cima y el álbum "Sargent Pepper"
es el favorito de la juventud de la época. La telefonía pública
se reduce a las áreas más importantes de las ciudades principales
del país y efectuar una llamada telefónica de Caracas a Maracaibo,
por ejemplo, es una empresa muy esforzada (en muchas ocasiones, todavía
lo sigue siendo). También, debemos recordar, los estudiantes de carreras
científicas o técnicas se ufanaban de su pericia en el uso
de sus reglitas de cálculo de bambú. Treinta años después,
las computadoras personales cada vez más poderosas, las comunicaciones
inalámbricas, el Internet - o la "Red" como simplemente
se le llama -, la tecnología satelital y sus casi innumerables aplicaciones,
las aplicaciones de multimedia y la realidad virtual, forman parte de nuestra
conversación cotidiana, y la familiaridad, como siempre, termina
por anular la admiración y la sorpresa.
Por otra parte, en los países desarrollados se habla, desde hace
algún tiempo, del paso de la "sociedad industrial" a la
"sociedad del conocimiento" (Knowledge Society). Lo que se quiere
dar a entender por "conocimiento" en este caso, es algo que no
está muy claro todavía. Es indudable que el Internet - al
que designaremos de ahora en adelante como la Red - juega, y jugará
más aún, un importantísimo papel en el acceso, comunicación
y dispersión de la información a nivel público global,
pero la información así concebida no llega todavía
al rango de conocimiento, entendiéndose éste como saber. Si
no estamos equivocados, saber es conocer las diversas causas de un hecho
o fenómeno, más que sus efectos. Desde este punto de vista,
introducir el índice en un tomacorriente y recibir una descarga eléctrica,
no nos autoriza para argüir que sabemos qué es la electricidad,
aunque podamos describir algunos de sus efectos. En este sentido, como se
dijo anteriormente, la acumulación de datos empíricos o hechos,
que es lo que llamamos información, no constituye, de por sí,
conocimiento alguno desde el punto de vista del saber: una cosa es que nos
demos cuenta a través de los sentidos que nos duele el brazo, y otra,
que sepamos por qué nos duele.
El papel de la Red, sin embargo, entendido desde el punto de vista de
la comunicación y presencia conjunta de los integrantes de las comunidades,
está llevando, en los países más industrializados,
a un proceso de generación de estructuras sociales, políticas
y económicas nuevas. Por ejemplo, de la misma manera que las comunicaciones
integradas de voz, datos y video se encaminan indefectiblemente hacia lo
inalámbrico, las democracias representativas, tales como las conocemos
hoy en día, tienen una buena posibilidad de desaparecer para ser
sustituidas por la participación y anticipación de las comunidades
virtuales, que ejercerían por sí mismas la democracia participativa
de una manera directa. En efecto, alguien podría preguntarse si,
una vez eliminadas las trabas del tiempo y la distancia a través
de la Red y dadas las posibilidades de estar "todos presentes",
¿qué necesidad habría de que alguien más nos
represente si podemos representarnos nosotros mismos?
Con todo esto en mente, el debate actual se concentra no en la evolución
hacia una sociedad del conocimiento ¾
cosa que parece darse por sentada en los países más industrializados
¾ sino en el uso de la Red como un "espacio
electrónico común" por parte de las comunidades, en un
mundo en el que la acción local de las comunidades autodeterminadas
sirva como balance a las presiones generadas por la globalización.
De cualquier manera, pareciera tomarse como un hecho que la sociedad al
momento presente, es substancialmente diferente de lo que será la
sociedad del próximo siglo y pareciera no haber dudas al respecto.
Sin embargo, en países como el nuestro, que ni siquiera han logrado
establecer un esquema coherente para llevar a cabo con éxito un proceso
de industrialización, ¿qué impactos podrán tener
las transformaciones que, aparentemente, se están produciendo en
la actualidad en las llamadas democracias más industrializadas? Por
otra parte, sería también conveniente preguntarnos acerca
de la manera en que la implantación en el país de las cada
vez más sofisticadas tecnologías de comunicación, se
convierta en herramienta de diseño de una sociedad autodeterminada
y más justa, que esté en capacidad de asegurarse un lugar
en un futuro que está, por así decirlo, a la vuelta de la
esquina. Y lo más importante, si eso es realmente posible.
Para poder dar una respuesta aceptable es necesario, en primer lugar,
proceder al análisis del problema desde una perspectiva desprovista
de todo prejuicio. Trataremos de explicarnos; en el proceso de alcanzar
premisas que aspiremos a considerar como certezas razonables, es preciso
que en nuestro desenvolvimiento dialéctico nos despojemos de todos
aquellos pensamientos que puedan influenciar de una u otra forma nuestro
camino y atenernos saludablemente a la vía más objetiva posible.
Con esto se quiere decir que, si al abordar el análisis de un determinado
problema o situación, lo hacemos desde una perspectiva preestablecida,
i.e., como políticos o empresarios o comerciantes, por ejemplo, los
resultados van a tener los mismos tintes de nuestras inclinaciones u obligaciones,
por una parte, y por la otra, tales resultados u opiniones siempre traen
consigo un cierto sabor doctrinario, que por definición, está
fuera de nuestro alcance.
En segundo lugar, debemos tener en cuenta las siguientes premisas:
- Mientras que las llamadas democracias más industrializadas del
mundo han cumplido sus etapas mercantilista e industrial, para ahora migrar
a la etapa de las sociedades de conocimiento, la situación es muy
distinta en los países subdesarrollados. En el caso de Venezuela,
la "industrialización" se ha limitado a la fabricación
de productos bajo licencia o al ensamblaje con contenidos porcentuales
muy altos de CKD, usualmente mayores a un 70%, y de una calidad dudosa
en muchas ocasiones. Esta "industrialización" se ha visto
afectada de manera particular por la condición de Venezuela de país
monoproductor.
- Los desarrollos tecnológicos, que vienen exclusivamente de las
democracias antes mencionadas, son aplicados en el país casi con
características de necesidad, puesto que de lo contrario, en un
tiempo muy rápido, éste se vería aislado de la comunidad
internacional.
- Debemos tomar como un hecho la globalización de las economías
en grandes bloques interactuando entre sí y cuyas consecuencias
pueden ser más pavorosas que lo que se pueda pensar, según
la dirección que tal globalización pueda tomar sin un contrabalance
adecuado, como más adelante comentaremos.
Lo expuesto anteriormente sirve, de alguna manera, para fundamentar y
dirigir nuestro análisis. También, junto a otras experiencias
casi de naturaleza cotidiana que podemos agregar, nos pone en posibilidad
de hablar en unos términos más específicos que aquellos
de los de un escenario. Y es que en nuestro caso, no se trata solamente
de anticipar un futuro de una manera más o menos razonable, mediante
métodos igualmente razonables, sino de analizar situaciones que ya
se empiezan a asomar en algunos casos, y en otros, son ya perfectamente
visibles. Y esto es algo que debe servirnos de advertencia.
Teniendo en cuenta esta orientación, vamos a delinear dos situaciones
que, a nuestro juicio, podrían ser descriptivas de modelos de sociedad
que actualmente parecieran estar pugnando uno contra el otro, buscando lograr
imponerse alguna de ellas al final. Dichos modelos podrían, asimismo,
considerarse en sí mismos como químicamente puros, dando a
entender con eso que las posibilidades de que uno de ellos en particular
se implante es relativamente baja, aunque de ninguna manera imposible. Quizá,
la situación real contenga elementos de una y de otra, pero la esencia
que va a prevalecer dependerá en mucho del esfuerzo que estemos dispuestos
a introducir en el proceso.
En las descripciones que presentaremos a continuación, a las que
denominaremos "CUADROS", trataremos de explicar el papel que las
telecomunicaciones pueden jugar en cada caso. Generalmente, existe una tendencia
a pensar, o a asumir tácitamente, que la Red o Superautopista de
la Información, nacida como consecuencia del espectacular avance
de la electrónica, es la responsable y primera causa de la transformación
de la sociedad. Sin embargo, en realidad, podría ser al revés.
En este sentido, como veremos, el análisis demuestra que la desintegración
de la estructura de nuestro mundo presente no es consecuencia del avance
de las telecomunicaciones, sino que se debe a otros factores. Sin embargo,
las telecomunicaciones pueden servir de una manera muy valiosa a objetivos
diseñados previamente por nosotros. Es, en ese respecto, que después
de describir y analizar las situaciones propuestas en cuestión, podremos,
quizá, estar en condiciones de visualizar de qué manera y
bajo qué objetivos podrán las telecomunicaciones ser una verdadera
herramienta en el desarrollo democrático, social y económico
de las comunidades de nuestro país, y al mismo tiempo, asegurarles
su autodeterminación, cultura e identidad, frente a un mundo de tendencias
globalistas. Pero asimismo, y tal como ya se ha mencionado, es necesario
que podamos estar también en capacidad de hacernos un juicio acerca
de la posibilidad del cumplimiento de tales objetivos.
CUADRO # 1: LA SOCIEDAD CREPUSCULAR
Algunas de las características que presentaría una sociedad
de este tipo, son las siguientes:
- Las ciudades crecen de una manera hipertrófica para luego fragmentarse
en urbanizaciones o grupos de urbanizaciones cerradas y amuralladas, en
las que sus residentes armados están dispuestos a defender su espacio
vital. Estas zonas comunitarias están constituidas por aquellos
que poseen propiedades.
- El resto, que es la mayoría y que carece de propiedades, se
agrupa por sectores en enclaves perimetrales, excluidos de cualquier forma
de gobierno.
- La sobreviviencia y la seguridad es la idea imperante, que puede llegar
a convertirse en una especie de patología de tipo paranoica.
- El uso de la Red por parte de la comunidad se limita casi exclusivamente
a la defensa y la toma de medidas de seguridad y alarma.
La sociedad crepuscular es una sociedad de constantes enfrentamientos
y violencia, dividida duramente entre los que poseen propiedades y servicios
y los que carecen por completo de ellos, que son la mayoría. Lo que
generalmente se conoce como gobierno central, no tiene cabida en este tipo
de situaciones, o si la tiene, su papel no queda muy claro y su naturaleza
adquiere un carácter de provisionalidad permanente. La razón
de la ausencia o disminución dramática del gobierno se debe
simplemente a que éste deja de existir durante los enfrentamientos
y luchas sociales. Vamos a tratar de explicarnos; generalmente, se tiende
a pensar que el gobierno es una especie de forma o arquetipo invisible y
omnipresente, que existe por sí y en sí mismo; algo externo
y sobrecogedor cuya esencia es igual a su existencia y es por ello eterno
y siempre igual así mismo. Dando otro pase de tuerca, podríamos
hasta decir que es algo así como un dios, cuyos sacerdotes oficiantes
son los políticos. Se le dan nombres como "el sistema"
o "el poder", etc., y por costumbre se le ve como una especie
de concreción ininteligible y omnisciente, como una especie de categoría
inherente sin la cual no es posible acceder a la realidad. Ya sabemos que
estamos acariciando el viejísimo problema de los universales: ¿qué
es lo real, la idea de la rosa que abarca todas las rosas o la rosa que
tengo en mis manos, que veo, que toco y que huelo? El tratamiento de ese
problema va más allá del objetivo del presente ensayo. No
obstante, sí podríamos contemplar la posibilidad, en este
caso, de que el arquetipo universal que conformaría la idea de gobierno
no sea más que un esquema mental con visos de creencia, y eso nos
permitiría esgrimir una respuesta. En efecto, el gobierno, hablando
en términos generales, sería una relación de dependencia
mental entre los gobernados y los gobernantes, en la que los primeros conciben
la creencia de que deben ser representados y gobernados por los segundos,
y viceversa. Pero esta situación, que no pasa de ser un tipo de esquema
mental superimpuesto, funciona sólo bajo ciertas condiciones, y en
especial, aquellas en las que no se vea vulnerada la sobrevivencia. Por
eso, cuando se presentan condiciones en las cuales existan posibilidades
reales de muerte a gran escala, por ejemplo y para citar sólo una
de ellas, esta relación se rompe de inmediato, y junto con ella,
la idea de gobierno que las abarca a ambas.
Este es el mismo tema que se trata en la novela de Humberto Eco, El
Nombre de la Rosa, en la que se destruye la más inmensa biblioteca
del medioevo para destruir una copia del tratado perdido de Aristóteles
sobre la Comedia. El miedo, tal vez bien infundado del anciano sacerdote,
era que si ese libro llegase a las manos del vulgo ¾
los simples, como allí se los llama ¾
toda la autoridad de la Iglesia podría derrumbarse en virtud de unas
cuantas carcajadas, que dicho sea de paso, es una de las formas más
efectivas de destruir la relación mental a la que hemos aludido.
Es por ello que en una sociedad tan feamente fracturada como la que estamos
describiendo, las comunidades sobrevivientes se aíslan, y dentro
de ellas, la idea de democracia sucumbe muy rápidamente ante la aplastante
prioridad de la sobrevivencia y la seguridad. En una situación de
"sálvese quien pueda", hay muy poco espacio para la coherencia
social necesaria para una organización más compleja. Por otra
parte, la inmensa mayoría que pueblan los perímetros de las
ciudades, se autodefinen en tales enclaves, instaurando sus propias leyes
de violencia y su propia justicia y quedando completamente al margen de
todo "gobierno" (por ejemplo, los casos de ajusticiamientos populares
se vuelven procedimientos cotidianos y terminan por instituirse en formas
de justicia reactiva de características primitivas, etc.). ¿Acaso
podría existir un "estado de justicia" en esas inmensas
barriadas donde sobreviven millones de personas? En la miseria, la agresividad
se desarrolla como en su caldo óptimo de cultivo y la cantidad de
muertes violentas semanales dejan atrás, con mucho, a las de las
guerras posteriores a la etapa de la llamada "guerra fría".
En términos generales, este cuadro nos representa un mundo violento,
de robo y de muerte en las calles; un mundo de pobreza, hambre y del imperio
de las armas. Un mundo de bandas armadas nómadas, cuyas filas estarán
formadas por los antiguos "niños de la calle", que deambulan
por éstas en números impresionantemente grandes y cada vez
mayores. Las fronteras y las vías de comunicación terrestre
se convierten en territorio de nadie, donde el rey es el asalto, el asesinato
y el pillaje, y su corte, el narcotráfico, la guerrilla y la minería
ilegal. Lo que podría denominarse como "democracia" quedaría
reducida sólo a las comunidades de los pudientes, y la política,
el campo de acción para toda clase de demagogos e ideólogos
baratos. ¿Alguna semejanza con la realidad cotidiana?
En una situación de tal naturaleza, el mercado es inestable y
fragmentado y la economía es cerrada en sí misma y su desenvolvimiento
es difícil y riesgoso. Como se dijo anteriormente, las telecomunicaciones,
y en especial, la Red, en situaciones extremas, sólo cumplirían
papeles defensivos y de seguridad para aquellos que pueden tener acceso
a ella. Por otra parte, la inestabilidad característica haría
casi imposible la utilización de la Red como instrumento de autoafirmación
y representación. Más aún, debido al casi inexistente
espíritu de obligación social, ni siquiera sería considerada
como servicio, excepto para aquellos casos de emergencia inmediata. El auge
de la telefonía celular en nuestro país se debe, principalmente,
a una cuestión de seguridad; algo a través del cual poder
pedir auxilio cuando nos llegue nuestro momento particular: eso es algo
que todos sabemos. Más aún, nuestro caso no es en absoluto
el único; el 90% de los usuarios de telefonía celular de países
como USA, Inglaterra y Canadá, afirman lograr una mayor seguridad,
y en consecuencia, una mayor tranquilidad a través del uso del servicio.
Además, cualquier intento de uso de la Red para objetivos sociales
y organizativos, debe tener en cuenta que para usarla se debe disponer de
un PC adecuado, cuyo precio oscila alrededor de los 1000$ americanos, la
cultura y el conocimiento para poder manipularlo y estar en capacidad de
afrontar el costo de la llamada telefónica. Pero cuando la prioridad
es simplemente algo para comer hoy, la historia es muy diferente.
Al respecto, es necesario tener en cuenta que un cuadro cuya descripción
ahora nos ocupa, es producto de una situación de fragmentación
social violenta, en el que después de eliminarse a la clase media,
se llega a un resultado de muy pocos ricos y muchos millones de indigentes.
En un esquema como el descrito, la Red como instrumento de las comunidades
para su autodeterminación es bastante improbable. Las sociedades
crepusculares, que logren sobrevivir después de la desintegración
del mundo tal como lo conocíamos, tienen la característica
de ser no solamente estables a largo plazo, sino también de afianzarse
en sí mismas como tal. En cuanto a la desintegración de las
estructuras del mundo, ésta se ha producido no por el avance tecnológico
de la electrónica en general y de las telecomunicaciones en particular,
sino por el derrumbe de las ideas que las sustentaban. De esta manera, la
experiencia nos demuestra que las ideas, como creencias ideológicas,
sí pueden derrumbarse, y ello debe servirnos de advertencia prudente,
sobre todo al tratar aspectos relativos a la idea subyacente a las formas
de gobierno en general.
CUADRO # 2: EL SUPERMERCADO GLOBAL.
Este es el mundo dominado por las grandes corporaciones transnacionales,
en el que la ley la establece el imperio de la compraventa y de la difusión
del paraíso del supermercado virtual. De nuevo, no estamos proyectando
un escenario, sino describiendo una "realidad" emergente. En este
mundo, absolutamente todo adquiere el carácter de mercadería:
inclusive hasta la cultura y la religión. En el primer caso, la cultura
es un bien de consumo caracterizado por su esencia de experiencia artificial,
preparada y dirigida según los diferentes estratos y según
las distintas capacidades de pago. Desde una obra de arte hasta una experiencia
sexual, todo forma parte de una "realidad virtual": es un mundo
de ciber-onanistas. La religión se exhibe a través de una
especie de supermercado sacro-espiritual, donde todo lo que lleve el epíteto
de "nuevo", brilla con luz propia de neón. Se ofrece la
ilusión de una felicidad inmediata a cambio de casi nada, lo que
aumenta su atractivo; en realidad, no hay que mover ni un dedo para que
venga y se instale en medio de nosotros: depende simplemente de una determinada
posición de los planetas de nuestro sistema solar.
En los inmensos mercados globales que emergen hambrientos, es tarea fácil
para las grandes corporaciones transnacionales ejercer y organizar sus grandes
monopolios orientados a la satisfacción de la demanda. Las presiones
generadas ejercen violencia con el objeto de reducir el ámbito y
talla de los gobiernos a fin de lograr las desregulaciones necesarias que
permitan el funcionamiento libre de trabas de los distintos mercados.
Las palabras comercio, consumidor y mercado pasan, es este tipo de sociedad,
a adquirir un significado casi sagrado. Las telecomunicaciones en este caso,
se reducen al papel de transporte de bits y la información que llevan
de un lado a otro es eminentemente comercial. El poder económico
depende del éxito que se tenga en identificar y determinar los distintos
segmentos del mercado y generar las estructuras de planificación,
técnicas, operativas y de costo para accesar y mantener los consumidores
de cada uno de esos estratos sociales. Por otra parte, la relación
costo-beneficio de los sistemas de telecomunicación, que llevan a
todos los servicios y productos electrónicos, se transforma en un
aspecto vital y clave para el éxito.
Los integrantes de las comunidades son vistos a través de la óptica
del mercado de compraventa y tienen importancia sólo en su papel
de consumidores, y de la misma forma, son también vistos por los
gobiernos. Los consumidores, por su parte, se vuelven cada vez más
apáticos en cuestiones políticas a todo nivel, y en consecuencia,
el número de votantes en cada elección es cada vez menor.
Este distanciamiento, cada vez más pronunciado, termina por romper
la conexión mental entre los gobernantes y los gobernados, y estos
últimos dejan de percibir la idea ilusoria de que ellos son el sustento
y el espíritu de la democracia. La democracia pasa entonces a ser
simplemente una palabra vacía, un "flatus vocis" de los
escolásticos, cuyo uso se limita exclusivamente al anuncio de los
actos de "pan y circo", con los que los gobiernos, en el caso
de poseer recursos, tratan de captar algo de atención y poder, para
de alguna manera, seguir subsistiendo. Pero el bienestar que pueda resultar
de tales entretenimientos, se parece más a la fase extática
que algunas veces precede a los ataques maniático-depresivos, que
a cualquier otra cosa. En el caso de carecer de recursos, los gobiernos
desaparecen de la escena con rapidez, y las élites gerenciales de
las grandes corporaciones pasan a suplir sus funciones y a hacerse cargo
de los restos que queden de las instituciones gubernamentales.
Este mundo es también el mundo de la ecología. Paradójicamente,
ésta es entendida no como el cuidado y la utilización racional
de los recursos disponibles en función del hombre, sino en una dimensión
rayana con la idea de la divinidad. En realidad, los ecologistas de la aldea
global no se identifican de manera alguna con los habitantes de las distintas
regiones. La verdad es que, para ellos, es más importante la salud
de un pez, por ponerlo así, que el de toda una comunidad a quien
ese pez sirve de almuerzo.
Por otra parte, las "comunidades globales" tienden a unirse
tomando como base lo que consideran intereses mutuos, y la actividad gira
entonces, en torno a los adelantos tecnológicos y técnicos
y sus variadas aplicaciones que aparecen constantemente y su éxito
lo asegura la mayor o menor admiración y sorpresa que puedan generar
entre los consumidores globales.
En esta sociedad, que podemos saborear si movemos la cabeza de uno a
otro lado con curiosidad, la costumbre de lo local y tradicional ¾
que es lo que provee de identidad propia a las comunidades ¾
desaparece cada vez con mayor rapidez para ser sustituida por patrones costurados
según especificaciones globales de fuerte corte tecnológico.
De esa forma, se va paulatinamente produciendo un desarraigo geográfico
e histórico que termina por acabar con el concepto de identidad nacional
y regional; la población pasa a ser flotante y se traslada de un
sitio a otro según las circunstancias y la idea de obligación
social y local con la región donde se vive, termina también
por desaparecer. De igual manera, todo lo que tenga algún tinte social,
pasa a un segundo plano. Es el triunfo de Disneyland y de la "Tierra
del Mañana".
Como puede verse, las verdaderas comunidades están conformadas
por las grandes corporaciones, que se estratifican y las Juntas Directivas
ponen los lineamientos y trazan los rumbos.
La economía se basa en una competencia a muerte entre las corporaciones
por recursos que puedan escasear y la información se convierte en
materia prima de sumo valor. Las relaciones entre las corporaciones y entre
las comunidades y éstas, es siempre del tipo ganador/perdedor. Sin
embargo, el uso de naturaleza social que las comunidades puedan hacer de
la Red, es visto con tolerancia y considerado como una actividad marginal
por su carácter no comercial. Puede servir, en ese respecto, para
el mantenimiento de un diálogo de cierto sabor democrático,
que considerado como inofensivo por las corporaciones, es alentado por éstas.
Los gobiernos, por su parte, vistos en la necesidad de mantener las apariencias
de una representatividad inexistente, lo acogen de buena gana. Después
de todo, para las corporaciones, acciones como estas no son consideradas
de ninguna manera como extralimitaciones en el ejercicio del poder o abusos
del mismo. En general, para el que no vea el asunto con demasiada ingenuidad
y preste atención y un poco de reflexión a la vida ordinaria
cotidiana, podrá darse cuenta que, en un mundo de esta clase, los
gobiernos no son más que policías obedientes de las decisiones
de las Juntas Directivas y de los Centros de Dinero Mundial.
No obstante todo esto, a pesar de la apariencia de solidez de las sociedades
del supermercado global virtual, ellas podrían ser las más
volátiles de todas - mucho más, paradójicamente, que
las sociedades de tipo crepuscular. No puede dejarse a un lado el hecho
de que detrás de toda la parafernalia publicitaria, se esconde -
y se pretende dejar escondida - una situación de fricción
de clases bastante violenta, en virtud de una mayoría que, por carecer
de poder adquisitivo, y por consiguiente, no calificar como consumidor,
es totalmente dejada a un lado y execrada de la sociedad.
Por otra parte, los consumidores son llevados cada vez más a un
frenesí de compra y el resto de sus actividades se centra en la angustia
por conseguir más dinero para efectuar más consumos. Como
puede verse, en realidad, los únicos beneficiados son las mismas
corporaciones, que se enriquecen ininterrumpidamente.
Este tipo de sociedad pretende ser la contraparte de la sociedad crepuscular,
y existe cierta inclinación a considerarla como la posición
de orientación "oficialista"; es decir, hacia donde irían
las cosas de mantenerse las actuales tendencias. Sin embargo, ambos tipos
de sociedades comparten el estigma de una abrumadora mayoría de "intocables":
millones de personas subyugadas por la pobreza crítica, son excluidas
de las estructuras educativas, servicios de todo tipo y empleos calificados,
en un mundo en el que la especialización del conocimiento adquiere
cada vez más peso como vehículo de sobrevivencia en el mundo
globalizado. Este hecho determinante introduce un factor de violencia social
explosiva peligrosamente contenida, que hace, con mucho, muy difícil
el mantenimiento de un estado de equilibrio, inestable por naturaleza, por
no mencionar el caso de la tecnología comunicacional como herramienta
de progreso económico-social, de aprendizaje y de autodeterminación
cultural e histórica.
EPÍLOGO
¿Qué sociedad desearíamos tener para el nuevo siglo
que está ya a escasos 2 años y medio de distancia? Listemos
las características que tal sociedad debería poseer y que
consideramos las más importantes:
- Comunidades autodeterminadas que puedan luchar y hacerse un lugar en
el mundo; que desarrollen sus formas de cultura e identidad y estén
en capacidad de intercambiar conocimientos con las demás del mundo,
manteniendo sus propios patrones y territorialidad.
- Una sociedad donde la clave principal sea entendida como el hecho inmensamente
fructífero de que el compartir el conocimiento bajo la modalidad
del aprendizaje continuo, sea visto como la única manera de aprender
cada vez más; de la misma forma, una sociedad donde se entienda
que el compartir la riqueza, sea la única forma de crear más
riqueza.
- Una sociedad formada por comunidades que ejerzan por ellas mismas una
verdadera forma de democracia participativa, de manera que sean ellas mismas
las que, por medio de la discusión y el análisis, tomen,
implanten y supervisen las decisiones concernientes a sus localidades de
origen, reemplazando así los gobiernos locales o asignándoles
el papel que verdaderamente les corresponde.
- Comunidades donde se adopte como forma de vida la igualdad de oportunidad
en educación y aprendizaje.
- Comunidades que se fundamenten sobre la base incuestionable de la necesidad
de mantener como derecho de sus integrantes, la oportunidad de habitación,
servicios, empleos y participaciones, que sean cónsonos con la dignidad
humana.
- Comunidades que sientan como derecho propio el acceso a la tecnología
y sus beneficios.
- Comunidades en las que se entienda la individualidad como factor
clave del desarrollo, porque ello abre el camino para el aporte de un recurso
inagotable como lo son las ideas, dentro de vías auténticamente
democráticas y hasta ahora bloqueadas por las "reglas de acceso"
imperantes.
Desafortunadamente, no ha sido posible, a diferencia de los cuadros presentados
anteriormente, la percepción de situaciones parecidas emergentes.
Sin embargo, es muy posible que los puntos anteriormente listados, puedan
ocupar un lugar privilegiado por lo que respecta al consenso general.
Es indudable que las telecomunicaciones son el vehículo por medio
del cual es posible para las comunidades moverse en la dirección
adecuada y la herramienta con la cual puedan estructurarse a sí mismas.
Sin la utilización de las telecomunicaciones en general, y de la
Red en particular, no es posible aspirar al diseño de una organización
comunal de desempeño exitoso en el siglo XXI. Y esto es algo que
no debemos perder de vista.
En este tipo de sociedad, el aspecto individual de los participantes
adquiere una relevancia vital; la convicción de las personas de su
capacidad de definirse a sí mismas genera confianza y autocontrol.
La situación es diametralmente diferente a aquella en la que el ser
de los individuos es definido e implantado por las instituciones. Pensar,
reflexionar y decidir pasan entonces a ser funciones privadas de los integrantes
de las comunidades. Nadie puede asumir la responsabilidad de pensar por
otros. Si de esta manera, la reflexión y el razonamiento de las personas
que constituyen las comunidades se constituye en la razón básica
del desenvolvimiento social y político, en lugar de la imposición
y el control, es posible entonces que las ideas creativas puedan surgir
con la facilidad que tal circunstancia les permite. Ello es muy importante,
si tomamos en cuenta que en tales ambientes, los cambios se aceleran, y
éstos a su vez, traen otros consigo en un proceso aproximativo constante
hacia mejores opciones.
Las telecomunicaciones en sociedades de este tipo se basan en la transmisión
no de bits, sino de información vista como parte de un proceso interactivo
de aprendizaje y no como un servicio de comercialización. De la igual
forma, las mismas telecomunicaciones son vistas como medio de presencia
y presentación en el mundo, a través de su papel edificante
en el mantenimiento y reforzamiento de las costumbres e identidades locales.
En ese respecto, mediante la alianza de las comunidades regionales a través
de las telecomunicaciones, se logran acuerdos de contrabalance efectivo
a las tendencias globalizantes.
Por otra parte, la influencia sobre las economías locales es algo
más que evidente. En efecto, las nuevas formas socio-económicas
y participativas que se generan, conducen a metodologías productivas
más eficaces puesto que se basan en la diversificación de
la producción de componentes y su integración final en productos
acabados, consiguiéndose de esta manera, efectividades y rendimientos
mucho mayores. En las sociedades de equilibrio, como sería natural,
el hincapié está en el mantenimiento de una clase media poderosa
y en la reducción de los desequilibrios sociales; ello es posible
debido a la organización virtual y dinámica de las comunidades
a través de un espacio electrónico virtual que defina, mediante
la consideración de estrategias comunes y no de promesas demagógicas,
las acciones sociales y económicas más convenientes: la transformación
y desarrollo de las comunidades es un proceso generado internamente y no
impuesto por consideraciones de interés de grupos externos.
Una sociedad de equilibrio mantendría como factor político
vital, la igualdad de oportunidades en la participación de su proceso
constante de auto-estructuración, tanto en los aspectos sociales
como los económicos. Si cada persona de una comunidad se hace a sí
mismo responsable de su ciudadanía, es porque entiende que lo más
importante es el valor de la autonomía individual dentro de un contexto
de interacción social cooperativa. En este sentido y como se dijo
al principio, de la mayor o menor cantidad de esfuerzos que estemos dispuestos
a invertir para sembrar las bases de la sociedad de equilibrio, dependerá
no solamente nuestra capacidad para afontrar la existencia futura, sino
las condiciones necesarias para que tal existencia esté asegurada. |