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S e p t i e m b r e / 1 9 9 7 / N° 19

Las telecomunicaciones y la Venezuela del siglo XXI

Luis E. Zambrano

No se trata esta vez de hablar del papel de las telecomunicaciones como la causa de transformación de la sociedad. Tal enfoque, en nuestra opinión, no es del todo correcto, al menos por lo que se refiere a nuestro país. Pero si trataremos, sin embargo, de considerar su papel como vehículo a través del cual se fundamente la definición de un entorno social mejor que el que parece avecinarse. Y este es, precisamente, el objetivo del presente ensayo. Por un momento, dejaremos aparte cálculos, planos, unifilares, etc., y nos dedicaremos a hacer un poco de filosofía de las telecomunicaciones y a reflexionar acerca de su interacción e influencia sobre la sociedad y las posibles direcciones hacia las cuales ésta se encamine. Por otra parte, esperamos que a lo largo del desarrollo del tema, quede claro el por qué no es adecuado hablar de una "transformación de la sociedad" como única consecuencia directa de la asombrosa evolución de la electrónica y de las telecomunicaciones en los últimos 30 años.

Imaginemos un día cualquiera del año 1967: los Beatles están ya en la cima y el álbum "Sargent Pepper" es el favorito de la juventud de la época. La telefonía pública se reduce a las áreas más importantes de las ciudades principales del país y efectuar una llamada telefónica de Caracas a Maracaibo, por ejemplo, es una empresa muy esforzada (en muchas ocasiones, todavía lo sigue siendo). También, debemos recordar, los estudiantes de carreras científicas o técnicas se ufanaban de su pericia en el uso de sus reglitas de cálculo de bambú. Treinta años después, las computadoras personales cada vez más poderosas, las comunicaciones inalámbricas, el Internet - o la "Red" como simplemente se le llama -, la tecnología satelital y sus casi innumerables aplicaciones, las aplicaciones de multimedia y la realidad virtual, forman parte de nuestra conversación cotidiana, y la familiaridad, como siempre, termina por anular la admiración y la sorpresa.

Por otra parte, en los países desarrollados se habla, desde hace algún tiempo, del paso de la "sociedad industrial" a la "sociedad del conocimiento" (Knowledge Society). Lo que se quiere dar a entender por "conocimiento" en este caso, es algo que no está muy claro todavía. Es indudable que el Internet - al que designaremos de ahora en adelante como la Red - juega, y jugará más aún, un importantísimo papel en el acceso, comunicación y dispersión de la información a nivel público global, pero la información así concebida no llega todavía al rango de conocimiento, entendiéndose éste como saber. Si no estamos equivocados, saber es conocer las diversas causas de un hecho o fenómeno, más que sus efectos. Desde este punto de vista, introducir el índice en un tomacorriente y recibir una descarga eléctrica, no nos autoriza para argüir que sabemos qué es la electricidad, aunque podamos describir algunos de sus efectos. En este sentido, como se dijo anteriormente, la acumulación de datos empíricos o hechos, que es lo que llamamos información, no constituye, de por sí, conocimiento alguno desde el punto de vista del saber: una cosa es que nos demos cuenta a través de los sentidos que nos duele el brazo, y otra, que sepamos por qué nos duele.

El papel de la Red, sin embargo, entendido desde el punto de vista de la comunicación y presencia conjunta de los integrantes de las comunidades, está llevando, en los países más industrializados, a un proceso de generación de estructuras sociales, políticas y económicas nuevas. Por ejemplo, de la misma manera que las comunicaciones integradas de voz, datos y video se encaminan indefectiblemente hacia lo inalámbrico, las democracias representativas, tales como las conocemos hoy en día, tienen una buena posibilidad de desaparecer para ser sustituidas por la participación y anticipación de las comunidades virtuales, que ejercerían por sí mismas la democracia participativa de una manera directa. En efecto, alguien podría preguntarse si, una vez eliminadas las trabas del tiempo y la distancia a través de la Red y dadas las posibilidades de estar "todos presentes", ¿qué necesidad habría de que alguien más nos represente si podemos representarnos nosotros mismos?

Con todo esto en mente, el debate actual se concentra no en la evolución hacia una sociedad del conocimiento ¾ cosa que parece darse por sentada en los países más industrializados ¾ sino en el uso de la Red como un "espacio electrónico común" por parte de las comunidades, en un mundo en el que la acción local de las comunidades autodeterminadas sirva como balance a las presiones generadas por la globalización. De cualquier manera, pareciera tomarse como un hecho que la sociedad al momento presente, es substancialmente diferente de lo que será la sociedad del próximo siglo y pareciera no haber dudas al respecto.

Sin embargo, en países como el nuestro, que ni siquiera han logrado establecer un esquema coherente para llevar a cabo con éxito un proceso de industrialización, ¿qué impactos podrán tener las transformaciones que, aparentemente, se están produciendo en la actualidad en las llamadas democracias más industrializadas? Por otra parte, sería también conveniente preguntarnos acerca de la manera en que la implantación en el país de las cada vez más sofisticadas tecnologías de comunicación, se convierta en herramienta de diseño de una sociedad autodeterminada y más justa, que esté en capacidad de asegurarse un lugar en un futuro que está, por así decirlo, a la vuelta de la esquina. Y lo más importante, si eso es realmente posible.

Para poder dar una respuesta aceptable es necesario, en primer lugar, proceder al análisis del problema desde una perspectiva desprovista de todo prejuicio. Trataremos de explicarnos; en el proceso de alcanzar premisas que aspiremos a considerar como certezas razonables, es preciso que en nuestro desenvolvimiento dialéctico nos despojemos de todos aquellos pensamientos que puedan influenciar de una u otra forma nuestro camino y atenernos saludablemente a la vía más objetiva posible. Con esto se quiere decir que, si al abordar el análisis de un determinado problema o situación, lo hacemos desde una perspectiva preestablecida, i.e., como políticos o empresarios o comerciantes, por ejemplo, los resultados van a tener los mismos tintes de nuestras inclinaciones u obligaciones, por una parte, y por la otra, tales resultados u opiniones siempre traen consigo un cierto sabor doctrinario, que por definición, está fuera de nuestro alcance.

En segundo lugar, debemos tener en cuenta las siguientes premisas:

    1. Mientras que las llamadas democracias más industrializadas del mundo han cumplido sus etapas mercantilista e industrial, para ahora migrar a la etapa de las sociedades de conocimiento, la situación es muy distinta en los países subdesarrollados. En el caso de Venezuela, la "industrialización" se ha limitado a la fabricación de productos bajo licencia o al ensamblaje con contenidos porcentuales muy altos de CKD, usualmente mayores a un 70%, y de una calidad dudosa en muchas ocasiones. Esta "industrialización" se ha visto afectada de manera particular por la condición de Venezuela de país monoproductor.
    2. Los desarrollos tecnológicos, que vienen exclusivamente de las democracias antes mencionadas, son aplicados en el país casi con características de necesidad, puesto que de lo contrario, en un tiempo muy rápido, éste se vería aislado de la comunidad internacional.
    3. Debemos tomar como un hecho la globalización de las economías en grandes bloques interactuando entre sí y cuyas consecuencias pueden ser más pavorosas que lo que se pueda pensar, según la dirección que tal globalización pueda tomar sin un contrabalance adecuado, como más adelante comentaremos.

Lo expuesto anteriormente sirve, de alguna manera, para fundamentar y dirigir nuestro análisis. También, junto a otras experiencias casi de naturaleza cotidiana que podemos agregar, nos pone en posibilidad de hablar en unos términos más específicos que aquellos de los de un escenario. Y es que en nuestro caso, no se trata solamente de anticipar un futuro de una manera más o menos razonable, mediante métodos igualmente razonables, sino de analizar situaciones que ya se empiezan a asomar en algunos casos, y en otros, son ya perfectamente visibles. Y esto es algo que debe servirnos de advertencia.

Teniendo en cuenta esta orientación, vamos a delinear dos situaciones que, a nuestro juicio, podrían ser descriptivas de modelos de sociedad que actualmente parecieran estar pugnando uno contra el otro, buscando lograr imponerse alguna de ellas al final. Dichos modelos podrían, asimismo, considerarse en sí mismos como químicamente puros, dando a entender con eso que las posibilidades de que uno de ellos en particular se implante es relativamente baja, aunque de ninguna manera imposible. Quizá, la situación real contenga elementos de una y de otra, pero la esencia que va a prevalecer dependerá en mucho del esfuerzo que estemos dispuestos a introducir en el proceso.

En las descripciones que presentaremos a continuación, a las que denominaremos "CUADROS", trataremos de explicar el papel que las telecomunicaciones pueden jugar en cada caso. Generalmente, existe una tendencia a pensar, o a asumir tácitamente, que la Red o Superautopista de la Información, nacida como consecuencia del espectacular avance de la electrónica, es la responsable y primera causa de la transformación de la sociedad. Sin embargo, en realidad, podría ser al revés. En este sentido, como veremos, el análisis demuestra que la desintegración de la estructura de nuestro mundo presente no es consecuencia del avance de las telecomunicaciones, sino que se debe a otros factores. Sin embargo, las telecomunicaciones pueden servir de una manera muy valiosa a objetivos diseñados previamente por nosotros. Es, en ese respecto, que después de describir y analizar las situaciones propuestas en cuestión, podremos, quizá, estar en condiciones de visualizar de qué manera y bajo qué objetivos podrán las telecomunicaciones ser una verdadera herramienta en el desarrollo democrático, social y económico de las comunidades de nuestro país, y al mismo tiempo, asegurarles su autodeterminación, cultura e identidad, frente a un mundo de tendencias globalistas. Pero asimismo, y tal como ya se ha mencionado, es necesario que podamos estar también en capacidad de hacernos un juicio acerca de la posibilidad del cumplimiento de tales objetivos.

CUADRO # 1: LA SOCIEDAD CREPUSCULAR

Algunas de las características que presentaría una sociedad de este tipo, son las siguientes:

    • Las ciudades crecen de una manera hipertrófica para luego fragmentarse en urbanizaciones o grupos de urbanizaciones cerradas y amuralladas, en las que sus residentes armados están dispuestos a defender su espacio vital. Estas zonas comunitarias están constituidas por aquellos que poseen propiedades.
    • El resto, que es la mayoría y que carece de propiedades, se agrupa por sectores en enclaves perimetrales, excluidos de cualquier forma de gobierno.
    • La sobreviviencia y la seguridad es la idea imperante, que puede llegar a convertirse en una especie de patología de tipo paranoica.
    • El uso de la Red por parte de la comunidad se limita casi exclusivamente a la defensa y la toma de medidas de seguridad y alarma.

La sociedad crepuscular es una sociedad de constantes enfrentamientos y violencia, dividida duramente entre los que poseen propiedades y servicios y los que carecen por completo de ellos, que son la mayoría. Lo que generalmente se conoce como gobierno central, no tiene cabida en este tipo de situaciones, o si la tiene, su papel no queda muy claro y su naturaleza adquiere un carácter de provisionalidad permanente. La razón de la ausencia o disminución dramática del gobierno se debe simplemente a que éste deja de existir durante los enfrentamientos y luchas sociales. Vamos a tratar de explicarnos; generalmente, se tiende a pensar que el gobierno es una especie de forma o arquetipo invisible y omnipresente, que existe por sí y en sí mismo; algo externo y sobrecogedor cuya esencia es igual a su existencia y es por ello eterno y siempre igual así mismo. Dando otro pase de tuerca, podríamos hasta decir que es algo así como un dios, cuyos sacerdotes oficiantes son los políticos. Se le dan nombres como "el sistema" o "el poder", etc., y por costumbre se le ve como una especie de concreción ininteligible y omnisciente, como una especie de categoría inherente sin la cual no es posible acceder a la realidad. Ya sabemos que estamos acariciando el viejísimo problema de los universales: ¿qué es lo real, la idea de la rosa que abarca todas las rosas o la rosa que tengo en mis manos, que veo, que toco y que huelo? El tratamiento de ese problema va más allá del objetivo del presente ensayo. No obstante, sí podríamos contemplar la posibilidad, en este caso, de que el arquetipo universal que conformaría la idea de gobierno no sea más que un esquema mental con visos de creencia, y eso nos permitiría esgrimir una respuesta. En efecto, el gobierno, hablando en términos generales, sería una relación de dependencia mental entre los gobernados y los gobernantes, en la que los primeros conciben la creencia de que deben ser representados y gobernados por los segundos, y viceversa. Pero esta situación, que no pasa de ser un tipo de esquema mental superimpuesto, funciona sólo bajo ciertas condiciones, y en especial, aquellas en las que no se vea vulnerada la sobrevivencia. Por eso, cuando se presentan condiciones en las cuales existan posibilidades reales de muerte a gran escala, por ejemplo y para citar sólo una de ellas, esta relación se rompe de inmediato, y junto con ella, la idea de gobierno que las abarca a ambas.

Este es el mismo tema que se trata en la novela de Humberto Eco, El Nombre de la Rosa, en la que se destruye la más inmensa biblioteca del medioevo para destruir una copia del tratado perdido de Aristóteles sobre la Comedia. El miedo, tal vez bien infundado del anciano sacerdote, era que si ese libro llegase a las manos del vulgo ¾ los simples, como allí se los llama ¾ toda la autoridad de la Iglesia podría derrumbarse en virtud de unas cuantas carcajadas, que dicho sea de paso, es una de las formas más efectivas de destruir la relación mental a la que hemos aludido.

Es por ello que en una sociedad tan feamente fracturada como la que estamos describiendo, las comunidades sobrevivientes se aíslan, y dentro de ellas, la idea de democracia sucumbe muy rápidamente ante la aplastante prioridad de la sobrevivencia y la seguridad. En una situación de "sálvese quien pueda", hay muy poco espacio para la coherencia social necesaria para una organización más compleja. Por otra parte, la inmensa mayoría que pueblan los perímetros de las ciudades, se autodefinen en tales enclaves, instaurando sus propias leyes de violencia y su propia justicia y quedando completamente al margen de todo "gobierno" (por ejemplo, los casos de ajusticiamientos populares se vuelven procedimientos cotidianos y terminan por instituirse en formas de justicia reactiva de características primitivas, etc.). ¿Acaso podría existir un "estado de justicia" en esas inmensas barriadas donde sobreviven millones de personas? En la miseria, la agresividad se desarrolla como en su caldo óptimo de cultivo y la cantidad de muertes violentas semanales dejan atrás, con mucho, a las de las guerras posteriores a la etapa de la llamada "guerra fría".

En términos generales, este cuadro nos representa un mundo violento, de robo y de muerte en las calles; un mundo de pobreza, hambre y del imperio de las armas. Un mundo de bandas armadas nómadas, cuyas filas estarán formadas por los antiguos "niños de la calle", que deambulan por éstas en números impresionantemente grandes y cada vez mayores. Las fronteras y las vías de comunicación terrestre se convierten en territorio de nadie, donde el rey es el asalto, el asesinato y el pillaje, y su corte, el narcotráfico, la guerrilla y la minería ilegal. Lo que podría denominarse como "democracia" quedaría reducida sólo a las comunidades de los pudientes, y la política, el campo de acción para toda clase de demagogos e ideólogos baratos. ¿Alguna semejanza con la realidad cotidiana?

En una situación de tal naturaleza, el mercado es inestable y fragmentado y la economía es cerrada en sí misma y su desenvolvimiento es difícil y riesgoso. Como se dijo anteriormente, las telecomunicaciones, y en especial, la Red, en situaciones extremas, sólo cumplirían papeles defensivos y de seguridad para aquellos que pueden tener acceso a ella. Por otra parte, la inestabilidad característica haría casi imposible la utilización de la Red como instrumento de autoafirmación y representación. Más aún, debido al casi inexistente espíritu de obligación social, ni siquiera sería considerada como servicio, excepto para aquellos casos de emergencia inmediata. El auge de la telefonía celular en nuestro país se debe, principalmente, a una cuestión de seguridad; algo a través del cual poder pedir auxilio cuando nos llegue nuestro momento particular: eso es algo que todos sabemos. Más aún, nuestro caso no es en absoluto el único; el 90% de los usuarios de telefonía celular de países como USA, Inglaterra y Canadá, afirman lograr una mayor seguridad, y en consecuencia, una mayor tranquilidad a través del uso del servicio.

Además, cualquier intento de uso de la Red para objetivos sociales y organizativos, debe tener en cuenta que para usarla se debe disponer de un PC adecuado, cuyo precio oscila alrededor de los 1000$ americanos, la cultura y el conocimiento para poder manipularlo y estar en capacidad de afrontar el costo de la llamada telefónica. Pero cuando la prioridad es simplemente algo para comer hoy, la historia es muy diferente.

Al respecto, es necesario tener en cuenta que un cuadro cuya descripción ahora nos ocupa, es producto de una situación de fragmentación social violenta, en el que después de eliminarse a la clase media, se llega a un resultado de muy pocos ricos y muchos millones de indigentes.

En un esquema como el descrito, la Red como instrumento de las comunidades para su autodeterminación es bastante improbable. Las sociedades crepusculares, que logren sobrevivir después de la desintegración del mundo tal como lo conocíamos, tienen la característica de ser no solamente estables a largo plazo, sino también de afianzarse en sí mismas como tal. En cuanto a la desintegración de las estructuras del mundo, ésta se ha producido no por el avance tecnológico de la electrónica en general y de las telecomunicaciones en particular, sino por el derrumbe de las ideas que las sustentaban. De esta manera, la experiencia nos demuestra que las ideas, como creencias ideológicas, sí pueden derrumbarse, y ello debe servirnos de advertencia prudente, sobre todo al tratar aspectos relativos a la idea subyacente a las formas de gobierno en general.

CUADRO # 2: EL SUPERMERCADO GLOBAL.

Este es el mundo dominado por las grandes corporaciones transnacionales, en el que la ley la establece el imperio de la compraventa y de la difusión del paraíso del supermercado virtual. De nuevo, no estamos proyectando un escenario, sino describiendo una "realidad" emergente. En este mundo, absolutamente todo adquiere el carácter de mercadería: inclusive hasta la cultura y la religión. En el primer caso, la cultura es un bien de consumo caracterizado por su esencia de experiencia artificial, preparada y dirigida según los diferentes estratos y según las distintas capacidades de pago. Desde una obra de arte hasta una experiencia sexual, todo forma parte de una "realidad virtual": es un mundo de ciber-onanistas. La religión se exhibe a través de una especie de supermercado sacro-espiritual, donde todo lo que lleve el epíteto de "nuevo", brilla con luz propia de neón. Se ofrece la ilusión de una felicidad inmediata a cambio de casi nada, lo que aumenta su atractivo; en realidad, no hay que mover ni un dedo para que venga y se instale en medio de nosotros: depende simplemente de una determinada posición de los planetas de nuestro sistema solar.

En los inmensos mercados globales que emergen hambrientos, es tarea fácil para las grandes corporaciones transnacionales ejercer y organizar sus grandes monopolios orientados a la satisfacción de la demanda. Las presiones generadas ejercen violencia con el objeto de reducir el ámbito y talla de los gobiernos a fin de lograr las desregulaciones necesarias que permitan el funcionamiento libre de trabas de los distintos mercados.

Las palabras comercio, consumidor y mercado pasan, es este tipo de sociedad, a adquirir un significado casi sagrado. Las telecomunicaciones en este caso, se reducen al papel de transporte de bits y la información que llevan de un lado a otro es eminentemente comercial. El poder económico depende del éxito que se tenga en identificar y determinar los distintos segmentos del mercado y generar las estructuras de planificación, técnicas, operativas y de costo para accesar y mantener los consumidores de cada uno de esos estratos sociales. Por otra parte, la relación costo-beneficio de los sistemas de telecomunicación, que llevan a todos los servicios y productos electrónicos, se transforma en un aspecto vital y clave para el éxito.

Los integrantes de las comunidades son vistos a través de la óptica del mercado de compraventa y tienen importancia sólo en su papel de consumidores, y de la misma forma, son también vistos por los gobiernos. Los consumidores, por su parte, se vuelven cada vez más apáticos en cuestiones políticas a todo nivel, y en consecuencia, el número de votantes en cada elección es cada vez menor. Este distanciamiento, cada vez más pronunciado, termina por romper la conexión mental entre los gobernantes y los gobernados, y estos últimos dejan de percibir la idea ilusoria de que ellos son el sustento y el espíritu de la democracia. La democracia pasa entonces a ser simplemente una palabra vacía, un "flatus vocis" de los escolásticos, cuyo uso se limita exclusivamente al anuncio de los actos de "pan y circo", con los que los gobiernos, en el caso de poseer recursos, tratan de captar algo de atención y poder, para de alguna manera, seguir subsistiendo. Pero el bienestar que pueda resultar de tales entretenimientos, se parece más a la fase extática que algunas veces precede a los ataques maniático-depresivos, que a cualquier otra cosa. En el caso de carecer de recursos, los gobiernos desaparecen de la escena con rapidez, y las élites gerenciales de las grandes corporaciones pasan a suplir sus funciones y a hacerse cargo de los restos que queden de las instituciones gubernamentales.

Este mundo es también el mundo de la ecología. Paradójicamente, ésta es entendida no como el cuidado y la utilización racional de los recursos disponibles en función del hombre, sino en una dimensión rayana con la idea de la divinidad. En realidad, los ecologistas de la aldea global no se identifican de manera alguna con los habitantes de las distintas regiones. La verdad es que, para ellos, es más importante la salud de un pez, por ponerlo así, que el de toda una comunidad a quien ese pez sirve de almuerzo.

Por otra parte, las "comunidades globales" tienden a unirse tomando como base lo que consideran intereses mutuos, y la actividad gira entonces, en torno a los adelantos tecnológicos y técnicos y sus variadas aplicaciones que aparecen constantemente y su éxito lo asegura la mayor o menor admiración y sorpresa que puedan generar entre los consumidores globales.

En esta sociedad, que podemos saborear si movemos la cabeza de uno a otro lado con curiosidad, la costumbre de lo local y tradicional ¾ que es lo que provee de identidad propia a las comunidades ¾ desaparece cada vez con mayor rapidez para ser sustituida por patrones costurados según especificaciones globales de fuerte corte tecnológico. De esa forma, se va paulatinamente produciendo un desarraigo geográfico e histórico que termina por acabar con el concepto de identidad nacional y regional; la población pasa a ser flotante y se traslada de un sitio a otro según las circunstancias y la idea de obligación social y local con la región donde se vive, termina también por desaparecer. De igual manera, todo lo que tenga algún tinte social, pasa a un segundo plano. Es el triunfo de Disneyland y de la "Tierra del Mañana".

Como puede verse, las verdaderas comunidades están conformadas por las grandes corporaciones, que se estratifican y las Juntas Directivas ponen los lineamientos y trazan los rumbos.

La economía se basa en una competencia a muerte entre las corporaciones por recursos que puedan escasear y la información se convierte en materia prima de sumo valor. Las relaciones entre las corporaciones y entre las comunidades y éstas, es siempre del tipo ganador/perdedor. Sin embargo, el uso de naturaleza social que las comunidades puedan hacer de la Red, es visto con tolerancia y considerado como una actividad marginal por su carácter no comercial. Puede servir, en ese respecto, para el mantenimiento de un diálogo de cierto sabor democrático, que considerado como inofensivo por las corporaciones, es alentado por éstas. Los gobiernos, por su parte, vistos en la necesidad de mantener las apariencias de una representatividad inexistente, lo acogen de buena gana. Después de todo, para las corporaciones, acciones como estas no son consideradas de ninguna manera como extralimitaciones en el ejercicio del poder o abusos del mismo. En general, para el que no vea el asunto con demasiada ingenuidad y preste atención y un poco de reflexión a la vida ordinaria cotidiana, podrá darse cuenta que, en un mundo de esta clase, los gobiernos no son más que policías obedientes de las decisiones de las Juntas Directivas y de los Centros de Dinero Mundial.

No obstante todo esto, a pesar de la apariencia de solidez de las sociedades del supermercado global virtual, ellas podrían ser las más volátiles de todas - mucho más, paradójicamente, que las sociedades de tipo crepuscular. No puede dejarse a un lado el hecho de que detrás de toda la parafernalia publicitaria, se esconde - y se pretende dejar escondida - una situación de fricción de clases bastante violenta, en virtud de una mayoría que, por carecer de poder adquisitivo, y por consiguiente, no calificar como consumidor, es totalmente dejada a un lado y execrada de la sociedad.

Por otra parte, los consumidores son llevados cada vez más a un frenesí de compra y el resto de sus actividades se centra en la angustia por conseguir más dinero para efectuar más consumos. Como puede verse, en realidad, los únicos beneficiados son las mismas corporaciones, que se enriquecen ininterrumpidamente.

Este tipo de sociedad pretende ser la contraparte de la sociedad crepuscular, y existe cierta inclinación a considerarla como la posición de orientación "oficialista"; es decir, hacia donde irían las cosas de mantenerse las actuales tendencias. Sin embargo, ambos tipos de sociedades comparten el estigma de una abrumadora mayoría de "intocables": millones de personas subyugadas por la pobreza crítica, son excluidas de las estructuras educativas, servicios de todo tipo y empleos calificados, en un mundo en el que la especialización del conocimiento adquiere cada vez más peso como vehículo de sobrevivencia en el mundo globalizado. Este hecho determinante introduce un factor de violencia social explosiva peligrosamente contenida, que hace, con mucho, muy difícil el mantenimiento de un estado de equilibrio, inestable por naturaleza, por no mencionar el caso de la tecnología comunicacional como herramienta de progreso económico-social, de aprendizaje y de autodeterminación cultural e histórica.

EPÍLOGO

¿Qué sociedad desearíamos tener para el nuevo siglo que está ya a escasos 2 años y medio de distancia? Listemos las características que tal sociedad debería poseer y que consideramos las más importantes:

    1. Comunidades autodeterminadas que puedan luchar y hacerse un lugar en el mundo; que desarrollen sus formas de cultura e identidad y estén en capacidad de intercambiar conocimientos con las demás del mundo, manteniendo sus propios patrones y territorialidad.
    2. Una sociedad donde la clave principal sea entendida como el hecho inmensamente fructífero de que el compartir el conocimiento bajo la modalidad del aprendizaje continuo, sea visto como la única manera de aprender cada vez más; de la misma forma, una sociedad donde se entienda que el compartir la riqueza, sea la única forma de crear más riqueza.
    3. Una sociedad formada por comunidades que ejerzan por ellas mismas una verdadera forma de democracia participativa, de manera que sean ellas mismas las que, por medio de la discusión y el análisis, tomen, implanten y supervisen las decisiones concernientes a sus localidades de origen, reemplazando así los gobiernos locales o asignándoles el papel que verdaderamente les corresponde.
    4. Comunidades donde se adopte como forma de vida la igualdad de oportunidad en educación y aprendizaje.
    5. Comunidades que se fundamenten sobre la base incuestionable de la necesidad de mantener como derecho de sus integrantes, la oportunidad de habitación, servicios, empleos y participaciones, que sean cónsonos con la dignidad humana.
    6. Comunidades que sientan como derecho propio el acceso a la tecnología y sus beneficios.
    7. Comunidades en las que se entienda la individualidad como factor clave del desarrollo, porque ello abre el camino para el aporte de un recurso inagotable como lo son las ideas, dentro de vías auténticamente democráticas y hasta ahora bloqueadas por las "reglas de acceso" imperantes.

Desafortunadamente, no ha sido posible, a diferencia de los cuadros presentados anteriormente, la percepción de situaciones parecidas emergentes. Sin embargo, es muy posible que los puntos anteriormente listados, puedan ocupar un lugar privilegiado por lo que respecta al consenso general.

Es indudable que las telecomunicaciones son el vehículo por medio del cual es posible para las comunidades moverse en la dirección adecuada y la herramienta con la cual puedan estructurarse a sí mismas. Sin la utilización de las telecomunicaciones en general, y de la Red en particular, no es posible aspirar al diseño de una organización comunal de desempeño exitoso en el siglo XXI. Y esto es algo que no debemos perder de vista.

En este tipo de sociedad, el aspecto individual de los participantes adquiere una relevancia vital; la convicción de las personas de su capacidad de definirse a sí mismas genera confianza y autocontrol. La situación es diametralmente diferente a aquella en la que el ser de los individuos es definido e implantado por las instituciones. Pensar, reflexionar y decidir pasan entonces a ser funciones privadas de los integrantes de las comunidades. Nadie puede asumir la responsabilidad de pensar por otros. Si de esta manera, la reflexión y el razonamiento de las personas que constituyen las comunidades se constituye en la razón básica del desenvolvimiento social y político, en lugar de la imposición y el control, es posible entonces que las ideas creativas puedan surgir con la facilidad que tal circunstancia les permite. Ello es muy importante, si tomamos en cuenta que en tales ambientes, los cambios se aceleran, y éstos a su vez, traen otros consigo en un proceso aproximativo constante hacia mejores opciones.

Las telecomunicaciones en sociedades de este tipo se basan en la transmisión no de bits, sino de información vista como parte de un proceso interactivo de aprendizaje y no como un servicio de comercialización. De la igual forma, las mismas telecomunicaciones son vistas como medio de presencia y presentación en el mundo, a través de su papel edificante en el mantenimiento y reforzamiento de las costumbres e identidades locales. En ese respecto, mediante la alianza de las comunidades regionales a través de las telecomunicaciones, se logran acuerdos de contrabalance efectivo a las tendencias globalizantes.

Por otra parte, la influencia sobre las economías locales es algo más que evidente. En efecto, las nuevas formas socio-económicas y participativas que se generan, conducen a metodologías productivas más eficaces puesto que se basan en la diversificación de la producción de componentes y su integración final en productos acabados, consiguiéndose de esta manera, efectividades y rendimientos mucho mayores. En las sociedades de equilibrio, como sería natural, el hincapié está en el mantenimiento de una clase media poderosa y en la reducción de los desequilibrios sociales; ello es posible debido a la organización virtual y dinámica de las comunidades a través de un espacio electrónico virtual que defina, mediante la consideración de estrategias comunes y no de promesas demagógicas, las acciones sociales y económicas más convenientes: la transformación y desarrollo de las comunidades es un proceso generado internamente y no impuesto por consideraciones de interés de grupos externos.

Una sociedad de equilibrio mantendría como factor político vital, la igualdad de oportunidades en la participación de su proceso constante de auto-estructuración, tanto en los aspectos sociales como los económicos. Si cada persona de una comunidad se hace a sí mismo responsable de su ciudadanía, es porque entiende que lo más importante es el valor de la autonomía individual dentro de un contexto de interacción social cooperativa. En este sentido y como se dijo al principio, de la mayor o menor cantidad de esfuerzos que estemos dispuestos a invertir para sembrar las bases de la sociedad de equilibrio, dependerá no solamente nuestra capacidad para afontrar la existencia futura, sino las condiciones necesarias para que tal existencia esté asegurada.

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