Arbol del caudero haz que yo mire lo verdadero
haz que yo sea
lo que yo miro
sin saberme
como lo breve en lo inerte
Y que mi dicho sea
el lugar que pierde la hoja
¿Cuál es ese campo de donde uno viene con la boca muda?
¿Cuál sendero
me sigue después de haber llegado?
¿Qué me eleva
en el valle
como una colina en los ojos?
¿Qué parte queda encendida
cuando me detengo
y me pierdo?
Extraño eso desde la cerca
en el bajo
por el otro mismo camino
Nosotros
apurando la bestia
la gris
con la alambrada en la boca
cuando pasó lloviendo
por el caño
extraño eso
separado
y sin más
Conozco el alma Cuando me callo
La forma del sufrimiento
en este cerro
El polvo
en la pureza
La luz remota
en el ocultamiento
Ahora sí eres tú
alma enjuta
expuesta a los declives
Este es tu ser
nuestra ausencia
Te dejas
para persistir
eres tú en ti mismo
la boca abierta
nula
Apena ese tiempo su norte continuo
Hace mal esta profundidad
su turpial al fondo
No sé si pienso o cruzo el camino
Ni si es ya el final de la llama
o lo peor de la púrpura.
Tal es este ayer espinado y curvo
grave en el pensamiento
y en la pendiente
turbado en su extremo
como un valle
después de la subida
y el espíritu.
Luis Alberto Crespo
La aridez de Carora es presencia
continua en la obra poética de
Luis Alberto Crespo. Y en su vivir
mismo. Tal tierra espinosa y dolida de
sol es su lugar de origen y la imagen (y la
escritura) de la memoria enfrentada al olvido, a la muerte, como la escuálida
fronda a al
sequedad. Cotorce libros de
poemas dan fe de esta estética y esta ética del desierto
y de lo desértico.
José Voglar
Antes de mirar el paisaje del país
por la
rendija de su cámara, el fotógrafo
valenciano José Voglar fue biólogo
marino, pero la luz de Margarita avivó su
sensibilidad para la fotografía y le dio
otro rumbo a su destino. No hay
interperie que no haya perennizado con
su mirada. También cree que la aridez
es, antes que paisaje, un sentimiento
humano.