Inicio------Analítica Semanal------Analítica Mensual



barra de navegacion








Volver al Tope--------Inicio

Bienvenidos a artes y Placeres Museo Virtual - Beatriz Sánchez


En los trabajos recientes se asiste a una depuración de la expresión, a una etapa de cambio cualitativo en la búsqueda de una síntesis global. Si bien en su obra anterior, Beatriz Sánchez sintió la necesidad de aferrarse a sus propios mitos, en medio de una flora exultante, repleta de feminidad, hoy nos presenta el reverso de esa visión, simbólica de manera escueta y desnuda, orientada hacia la abstracción casi intangible de las formas, persistiendo algunos elementos de transición.

Todo despojamiento requiere de cierto ascetismo parecido a la negación del gesto repetido. Es como asistir al nacimiento de otro vocabulario que testimonie vacíos, espacios cripticos interiorizados. Piel, gestualidad de la metería, color vigoroso. Tiempo aprisionado en la tela, ser histórico, y mito abstracto en su mudez. Beatriz Sánchez, en estas obras, descifra lo indescifrable en esa tierra incógnita. Misterio de acción que aflora en el subconsciente con la fuerza de los trazos que se transmuta en piel, temblor sueños sepultados. Pie, puerta de los sentidos, abierta a los fuegos sombríos que apenas dejan huellas leves en su arte.

Carlos Contramaestre

 

El bosque prometido

Juan Calzadilla

Es cierto que el panorama de la pintura reciente en nuestro país es complejo y exuberante, como un bosque. Pero sin nos adentramos a este, descubrimos a poco dos especies principales de creadores: Los que buscan afanosamente más allá de sí, y por tanto se arriesgan a romper cada cierto tiempo los hilos que su identidad arrastra, y los que, cual árboles, prefieren crecer hacia arriba antes que desplazarse inútilmente de su sitio.

imagen 9, 10 y 11

Como esta última metáfora, ensayo aquí comprender la obra de Beatriz Sánchez. En ella no encontrará el espectador las novedades que proporcionan los códigos vanguardistas, sino por el contrario una experiencia cimentada en lo que ella misma ha hecho y en sus referencias inmediatas a una tradición iconográfica en la cual su trabajo se inserta y que cuenta en nuestro con artistas prestigiosos como Jacobo Borges , Alirio Palacios, Jaimes Sánchez, Manuel Espinosa, Edgar Sánchez, entre otros. Un parentesco muy sutil enlaza a todos estos plásticos y proyecta de modo involuntario su influencia sobre el círculo de unos pocos y selectos valores nuevos entre los cuales podría mencionarse a Beatriz Sánchez. El empleo del arabesco renacentista, el lenguaje sincopado, su afán de síntesis y abstracción, la mezcla de recursos formales propios del dibujo con el gusto del color expansivo, tan pronto tenso como extendido en grandes espacios polisémicos, predican una comunidad de estilo perfectamente arraigada en nuestro suelo americano y a la que resulta difícil renunciar. El nutrido curriculum que avala la obra actual de Beatriz Sánchez, muestra que ella ha cumplido una larga experiencia pero también que, como tenía que ser, ha seguido un camino propio y secreto.

imagen 7 y 8

Ella a entender con su obra que no se puede llegar a tener estilo tomando a otro como modelo o maestro. La pintura no sólo es una decisión privada, sino también una aventura personal que hace del aprendizaje materia de competencia y de superación, pero lo que encuentra, aquello que se busca y a lo que fatalmente se llega, no está fuera de la persona misma. Por eso, todo aprendizaje ( salvo a lo concierne a la adquisición de técnicas) es de naturaleza autodidáctica y , si se quiere, instintiva.

imagen 1 y 2

La obra de Beatriz Sánchez comprueba lo que acabamos de decir. Por una parte, ella a estudiado seriamente (no de forma académica) en Caracas y en el extranjero con artistas de sólida formación, y ha adquirido a lo largo de su trayectoria, por la práctica misma, mientras pintaba, dibujada o grabada, las destrezas necesarias que hoy exhibe con propiedad y pone en juego en cada uno de sus cuadros. Por otra, ella ha necesitado plantearse la búsqueda de estilo como el encadenamiento lógico de una serie de etapas que van generando, simultáneamente, un cuerpo de ideas críticas y un resultado que mejora con cada nueva serie.

imagen 6

En principio, para demostrar lo anterior, recordamos la época en que ella hizo pintura informal, de acusadas texturas, a la sombra de sus primeros tanteos, al comenzar la década del 60. José Balza, nuestro fino prosista, ha citado con generosidad de la serie de cuadros basados en escenas del tráfico urbano de Caracas, período esencialmente expresionista de Beatriz Sánchez. De una otra etapa perdura en el lenguaje de ella la especificidad del signo y del espacio pictórico, en tanto procuran una libre lectura del cuadro. Después fue la explosión del espacio, del corte con la introspección obsesiva, para sumir la luz, el movimiento, el área mítica de lo real interpretado como manifestación efusiva del color: "El Carnaval de Venezuela", exposición ofrecida en 1983 por la Galería G. En "Erase un Bosque", la última serie, presentada ahora, encontramos una síntesis enriquecida por las insinuaciones de una temática que se inserta en la más pura tradición de la pintura latinoamericana. Básicamente en el origen de la expresión de esta artista está el dibujo. Su concepto del espacio contiene un alto componente gráfico, revelado también a través del color. El signo o trazo, generalmente rápido y espontáneo, cuando no gestual, define la estructura figurativa sobre la que descansa toda la composición, como el cuerpo sobre el sistema nervioso. El dibujo alude a formas vegetales metamorfoseadas en ámbito misterioso de celosía o enramada: hojas, follajes, frutos, perfiles, rostros en fuga, en cuya obtención Beatriz Sánchez combina el uso de tramas y aerosol con el fundido de texturas, las transparencias y el dibujo directo con carbón, grafito o lápices de colores. Los puntos figurativos son los centros nerviosos que condensan la mayor carga de sugestión, en torno a los cuales el color expandido se proyecta de modo concéntrico, formando bandas, espirales -ya erizadas crines de espuma nocturna- o fondos planos que se amplifican hacia el exterior, como los hilos del laberinto. Pero la composición no está cerrada en torno a su organismo autónomo, sino que se presenta como un espacio continuo recortado por el marco, tal como un paisaje desde una ventana invisible por donde se entrevieran las siluetas de un sueño, el palpito furtivo del misterio, el roce de la evocación con la realidad.

imagen 3, 4 y 5

Beatriz Sánchez se debate entre el signo y el color y por momentos logra la gran síntesis buscada; entre virtuosismo creativo de su feminidad y las exigencias de una elocuación por instantes dramática y, finalmente, elegante; entre la figuración sugerida por medios mágicos y la gestualidad orgánica de la abstracción; entre el hervidero de brotes, que es cada uno de sus cuadros, y la selva dominada. Amaestrando sus sueños, poniéndoles frenos o quizás más bien liberándolos, dejándolos correr fatigantes por la superficie de la tela, tratando de poner orden en su imaginación romántica, al procurar para esta la forma que más concierne a la realidad, Beatriz Sánchez ilustra con su pintura misma la parte más profunda de su ser: es decir, el contenido y el continente de sus sueños, y aporta más allá de estos signos revelados la manifestación de un hecho plástico cumplido pero también , lo que es más importante, promisor.

 

Inicio | Analítica Semanal | Analitica Mensual
Habitat | Literatura | Galería | Forum Coquinum | Entretenimiento
Excelentes | Música | Visiones | Artes Visuales