Lo Chévere de la Visita
Al presidente Bill Clinton le tomó cinco años
realizar esta primera visita oficial a Sudamérica, que culmina hoy
en Buenos Aires, y ha debido dejarle en apenas cinco días un cúmulo
de información y vivencias que un político tan avispado como
el ex-gobernador que saltó de uno de los estados más pobres
de la Unión al liderazgo mundial, no dejará caer en saco roto.
En lo que a nosotros respecta, su fugaz paso por Caracas
sirvió para refrendar algunos acuerdos bilaterales en materia forestal,
penal y aduanera, reforzar la cooperación en el combate al narcotráfico
y, sobre todo, confirmar la relación energética, vital para
ambos países.
Las declaraciones de altos funcionarios de su Administración,
previas al arribo a Venezuela, y del propio presidente estadounidense bastarían
para exhibir como un éxito las pocas horas vividas en esta capital.
Porque reflejanb el mensaje que durante muchos años intentaron pasar
a Washington nuestros gobiernos sobre la importancia de la industria petrolera
nacional como elemento estratégico en un mundo de permanentes tensiones.
Que Federico Peña, el Secretario de Energía,
o Thomas McLarty, el Consejero especial para asuntos latinoamericanos, hayan
aceptado finalmente que la relación es fundamental en ambos sentidos
y no sólo para Venezuela como centro suplidor (en especial por el
ingente volumen de inversiones en los Estados Unidos y la participación
creciente de las compañías transnacionales en el programa
de apertura petrolera que auspicia PDVSA) debe considerarse, más
que un ritual saludo a la bandera, como el punto de arranque de un diálogo
maduro, más allá de lo estrictamente petrolero y energético.
Porque como bien afirmaba el Secretario Peña, el énfasis de
la gira ha sido comercial y del crecimiento del Continente depende de manera
relativa la expansión de su mercado laboral, ya que cada índice
porcentual de la economía latinoamericana significa cinco millardos
de dólares en términos de bienes y servicios exportados y
cien mil empleos adicionales. Sin mencionar el alivio en términos
sociales que países en condiciones más bonancibles implican
como freno al éxodo masivo que se agolpa en la frontera sur de los
Estados Unidos.
En Brasilia, al responder a los periodistas, fué
más explícito aún el presidente Clinton al declarar
la disposición de competir con la Unión Europea por los mercados
regionales en auge y buscar con el MERCOSUR la complementaridad suficiente
que permita la consolidación del bloque gigantesco que Washington
contempla como pieza clave de su hegemonía en el siglo por venir.
En la capital brasilera ha debido constatar las dificultades
que enfrentará dicho proyecto y los márgenes de la influencia
que, por tratarse de la única superpotencia del planeta, algunos
siguen imaginando,ingenuamente, ilimitada. Porque la diplomacia de Itamaraty
efectuó consultas previas con sus colegas argentinos para presentar
un discurso homogéneo y rechazó con quisquillosidad -justificada,
desde luego- un informe elaborado por Washington con opiniones negativas,
según ella, a la imagen del país. La gira del presidente Clinton
nos deja, en lo inmediato, tres áreas de acción muy claras
y ligadas intimamente.
En primer lugar, por supuesto, la instrumentación
de los documentos suscritos en Miraflores en la tarde del domingo y, unido
a ésto, proceder a los correctivos necesarios a los convenios que
quedaron en cartera -aún màs importantes porque se vinculan
a la protección y promoción de inversiones, derechos intelectuales
y doble tributación- donde el cuadro interno nos coloca en situación
comprometida en negociaciones de alta sensibilidad. En tal sentido y no
sólo con vistas a eventuales acuerdos con los Estados Unidos sino
porque la adscripción a la Organización Mundial de Comercio
y el panorama global así lo demandan, es urgente avanzar en la actualización
del marco legal y el saneamiento administrativo y gerencial.
Y, tercer y quizás más importante ya que
comprende lo anterior, adoptar una linea bien precisa en el proceso de integración
a escala continental. Que avizore con la visión más amplia
e imaginativa y a largo plazo (y, claro está, con el interés
nacional como única guía) la posición de Venezuela
en el choque de trenes del MERCOSUR liderizado por Brasil y el Area de Libre
Comercio para las Américas propuesto por el presidente Clinton en
Miami, hace tres años. Es allí donde reside el quid de esta
semana que ha permitido constatar las muchas bazas de que dispone el Continente
para dialogar en un plano de mayor equidad con la superpotencia y el respaldo
que el presidente Clinton podría obtener a cambio en las batallas
domésticas, cuya evocación envenenó su paso por Caracas,
Brasilia y Buenos Aires, y le aguardan imperturbables este weekend al regresar
a la Casa Blanca. e-mail:
avofint@cantv.net Caracas, octubre
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