Periodistas y trabajadores de los medios
ante la VI Cumbre Iberoamericana
Señores Presidentes, Jefes de Estado y de Gobierno
de América Latina, España y Portugal.
En las reuniones anteriores de este importante nivel, nuestras
organizaciones de periodistas, trabajadores de la prensa escrita, radiofónica
y televisiva, se han dirigido a Vuestras Excelencias, a fin de requerir
tan distinguida atención a nuestro punto de vista sobre la situación
de las comunicaciones, animados de contribuir, mediante el ejercicio de
nuestra profesión, a la corrección de los fenómenos
que perturban una comunicación adecuada entre nuestros países
y favorecer el acercamientos de nuestros pueblos con los valores comunes
del mundo iberoamericano. Hoy queremos nuevamente plantear ante ustedes
criterios que no han perdido su valor y que, por el contrario, se han visto
reforzados por situaciones y hechos ocurridos entre la V y VI Cumbre.
En primer lugar hemos de lamentar que el tema de la comunicación
y la información no aparece en los Acuerdos y Documentos de Trabajo
de las Cumbres Iberoamericanas, como reflejo de una importante preocupación,
tan manifiesta y expresiva en otras cuestiones, ni con el énfasis
que su importancia y necesidad están requiriendo. Sin embargo, es
evidente que la comunicación resulta fundamental como instrumento
y contenido de la integración iberoamericana.
En general, y en todas partes del mundo actual, la comunicación
y la información son básicas para la unidad de la sociedad
democrática y plural; de las naciones y en este caso del continente
latinoamericano, y por razones de la historia, el idioma y la cultura compartidos
con las naciones que fueron matrices de la nueva cultura, España
y Portugal, en el Encuentro de dos Mundos. La presencia de todas esas naciones,
ante una misma mesa y un abarcable debate de los problemas actuales, eleva
la alta significación a las Cumbres Iberoamericanas.
En esta ocasión también se constata que desde
los centros tecnológicos y financieros, las grandes corporaciones
siguen controlando la mayor parte de las redes informativas y difunden contenidos
muchas veces contradictorios con los mismos acuerdos de las Cumbres y de
las identidades en muchos aspectos comunes de nuestros países. La
tan demandada pluralidad informativa de la modernidad se vuelca hacia ciertas
singularidades que nos diferencian, enfrentan y penetran.
La sociedad de la información que caracteriza a
las de nuestra época merced a la revolución tecnológica,
no se ha generalizado mediante la participación de todos los sectores
y la recepción de un contenido de unidad e impulsor de la paz y el
desarrollo. Factores de este fenómeno negativos son el control y
la concentración de los medios, que desde los centros de la tecnología
y las finanzas, asociados o formando parte de un mismo círculo, mediatizan,
absorben o desplazan incluso a empresas y editores de tradición nacional.
A su vez, los medios de comunicación, bajo la mediatización
de valores y dependencias de los encarecidos servicios informativos, bajo
la dinámica de los mercados globalizados y la práctica de
un funesto neoliberalismo, que implica abandonar el papel rector del Estado,
disputan en influencia a las fuerzas políticas organizadas y plurales
de la sociedad, a la escuela y a la familia. Afectan así, y trazan
desde los intereses materiales del mercado, las razones éticas de
la convivencia, fomentando una moral de utilitarismo y la dependencia del
exterior.
Si esto ocurre en otros campos de la sociedad, de manera
sensible resalta en el de la comunicación e información. Mediante
la electrónica principalmente, los grandes sectores de la población
latinoamericana -donde existen 40 millones de indígenas, con una
cultura autóctona y/o mestiza que ha resistido por más de
500 años- son golpeados por contenidos que no propician su propio
desarrollo ni su inserción diferenciada en una cultura nacional pluriétnica.
La trastocan y desquician además con elementos de una cultura ajena
al tronco común iberoamericano. Reconocemos y apoyamos los estímulos
de la UNESCO, para el desarrollo de la prensa regional, rural y comunal,
vehículo de conocimiento y comunicación con las zonas más
apartadas y marginadas del continente, como expresión también
de las culturas indígenas, reflejo y difusión de sus aspiraciones,
y contra las injusticias y dominación que en ellas se cometen. Consideramos
un avance en este propósito el Seminario convocado por la UNESCO
y celebrado en esta misma ciudad de Santiago en mayo de 1994, con nuestra
activa participación. En estos foros se evidencia que la pobreza
que sufren 200 millones de latinoamericanos conspira contra una comunicación
adecuada, acentuando las desigualdades entre el Norte poderoso y el Sur
expoliado y empobrecido.
Lejos estamos de pretender o procurar con la comunicación
informativa, el aislamiento o la confrontación, ignorando la necesidad
del intercambio, enriquecedor del conocimiento y la convivencia de la universalidad
humana. Para ello es fundamental la existencia y el acceso a las comunicaciones,
orientadas a esa finalidad y no sustentada, como mayoritariamente ocurre,
en el salvajismo de la globalización económica que tiende
a arrasar las identidades y a fomentar las desigualdades.
Igualmente se dificultan la adecuada comunicación
y la convivencia por medio de injustos -y contra todo derecho ilegales-
bloqueos económicos, como el que Estados Unidos sostiene contra Cuba,
miembro de la comunidad iberoamericana, agravado con leyes de pretendida
extraterritorialidad, como la recién emitida Helms-Burton. Esta ley,
como bien se sabe y levanta generalizada protesta, afecta a todos los países,
y especialmente las condiciones de vida de la población cubana. En
esto resulta también una falacia el proclamado libre comercio, al
amparo neoliberal de la globalización económica, para alcanzar
el bienestar y el desarrollo económico.
Las enunciadas realidades gravitan de manera especial sobre
el mismo frente de trabajo del periodismo y los comunicadores sociales,
y por eso las afecta de manera tan directa. El fenómeno del desempleo
en las ramas de la economía y los servicios, sea manifiesta de manera
sensible en el campo de los periodistas y en general de los trabajadores
de los medios. La reducción de puestos de trabajo a causa de la concentración
monopólica, la aplicación irracional de las nuevas tecnologías
y la desaparición de medios nacionales, son consecuencia de dicha
dura realidad. En muchos otros casos, la reducción de los salarios
y la generalizada carestía del costo de la vida, obligan al pluriempleo
o actividades complementarias que se disparan de la formación del
periodismo empírico y universitario. Miles de egresados de las escuelas
de comunicación social y ciencias de la comunicación, salen
con título pero no encuentran trabajo o se dedican a ocupaciones
muy diferentes y hasta antagónicas. Esta situación se hace
más dramática con el asesinato y agresiones de diversa índole
de centenares de periodistas, en cuya estadística América
Latina ocupa un triste primer lugar en el mundo.
Como dijimos en el documento entregado a la V Cumbre Iberoamericana,
en Bariloche, "expresamos nuestro más enérgico rechazo
al modelo de sociedad imperante y requerimos de los Jefes de Estado y de
Gobierno de Iberoamérica, una inteligencia común para actuar
con políticas efectivas, contra la hegemonía informativa y
en procura de un desarrollo armónico de las tecnologías con
finalidad social; a la par que se impone actuar, sin más dilaciones,
contra la desocupación, antesala del hambre y de la degradación
humana".
Reiteramos asimismo ante Vuestras Excelencias, los puntos
que les hemos señalado en las sucesivas Cumbres.
1. La presentación ante las Naciones Unidas de la
propuesta de convocatoria a una Conferencia Mundial de las Comunicaciones,
que abarque a gobiernos, organizaciones no gubernamentales, profesionales
y empresariales.
2. La necesidad de que en todos los países se promuevan
legislaciones que garanticen, conforme a la ética y la responsabilidad
social del mismo, y en todos sus niveles, el más amplio ejercicio
del periodismo; una investigación rigurosa de los numerosos atentados
y agresiones de que son objeto los periodistas y medios de Iberoamérica,
con aplicación de sanciones efectivas a los responsables.
3. Recabamos de los altos mandatarios de España
y Portugal, su intervención en los foros de la Unión Europea
para sensibilizar a este organismo supranacional ante la realidad latinoamericana,
con recursos que contribuyan al armónico desarrollo de la función
social de la comunicación.
4. La institucionalización, con antelación
a las Cumbres Iberoamericanas, de encuentros de periodistas, con el fin
de trasladar oportunamente a los organizadores de las mismas, las realidades
e inquietudes observadas en el campo de la comunicación.
Santiago de Chile, 7 de noviembre de 1996
FEDERACION LATINOAMERICANA DE PERIODISTAS (FELAP)
CENTRO REGIONAL DE LA ORGANIZACION INTERNACIONAL DE PERIODISTAS (OIP) PARA
AMERICA LATINA Y EL CARIBE
COMISION INVESTIGADORA DE ATENTADOS A PERIODISTAS (CIAP)
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