Yo, Claudio
Claudio Fermin tomó esta semana una
decisión verdaderamente temeraria al renunciar de manera irrevocable
a la dirección nacional de Acción Democrática como
miembro nato que llaman, es decir, vitalicio o permanente. Lo hizo, además,
con palabras inadecuadas, como quien privilegia una frustración o
se deja llevar por el encono.
No vamos a crucificar a Fermín por esta decisión.
Es suya y sólo él puede labrarse su destino. Pero en el análisis
que nos corresponde diremos que fue un grave, serio, irreparable error político.
La primera razón es elemental: Acción Democrática carece
de líderes carismáticos y Claudio Fermín es un líder
carismático y sólo le debe su éxito al carisma, sin
que esto implique negarle las otras condiciones de inteligencia, cultura,
etc.
Para tomar su decisión apresurada, quizás
Fermín midió las dificultades que se le están presentando
para ser el abanderado de AD en 1998. Esas dificultades son ciertas, como
es cierto también que el destino de un líder de un partido
como AD no depende exclusivamente de la candidatura y, si como él
dice, en el partido no hay otros líderes capaces de ser ese abanderado
del 98, Fermín tenía todas las de ganar: el tiempo podía
darle la razón. A la vuelta de la esquina del 98, ¿quién
podía negarle el liderazgo de Acción Democrática? Fermín
sabía (y lo decía) que el tiempo de Luis Alfaro Ucero estaba
fatalmente medido, fuera o no candidato presidencial. ¿Entonces,
hacia dónde va y qué busca Claudio Fermín? Tendrá
que acampar bajo la tolda del ex-Presidente Pérez, como un "hijo
pródigo" cualquiera? ¿Y qué pasa si el ex-Presidente
tiene ya una carta marcada, como parece ser el caso?
¿Quién o qué condujo a Fermín
a una decisión tan temeraria, ¿la vanidad, la exasperación,
la impaciencia, la pobreza mental de sus asesores? Ninguna razón
es válida para un paso de esa naturaleza. Claudio parece haber perdido
la oportunidad de su vida política en el juego de barajas, siempre
incierto y aleatorio, de una candidatura presidencial. Claudio ¿claudica? |