¿Rematado
Galán?
El libro de
Santiago Medina terminó siendo noticia, pero no por donde todo el
mundo esperaba: por la plata del cartel de Cali. Acabó llamando más
la atención una revelación desconocida: la afirmación
de que Luis Carlos Galán no fue asesinado en la tarima en Soacha
sino simplemente herido. En la pagina 47 del libro Medina señala,
como quien no quiere la cosa, que "de acuerdo con otras versiones
que conocí en La Modelo y que complementan la de Popeye, Galán
fue rematado dentro del vehículo con un disparo de revólver
en el estómago".
Toda la prensa le dio despliegue
a la noticia y ésta llegó a adquirir cierta credibilidad.
Medina ponía de presente tres elementos sospechosos. En primer lugar,
que un mes antes del asesinato de Galán su jefe de escolta había
sido relevado de su cargo sin explicación justificada. En segundo
lugar, que a Patricio Samper, uno de los hombres más cercanos a Galán,
no le fue permitido acompañar al candidato herido en el carro en
el momento del drama.
Y por último, según
Medina, existe una coincidencia que despierta suspicacias. El reemplazo
del jefe de escolta de Galán fue el sargento retirado Jacobo Torregroza
Melo. Medina asegura que después del magnicidio el jefe de escoltas
desapareció hasta acabar trabajando en la seguridad de Pablo Escobar
en La Catedral.
A primera vista las tres coincidencias
dan para una novela de suspenso. Sin embargo, examinadas de cerca, tienen
muchos vacíos. Existen múltiples elementos que demuestran
en forma contundente lo contrario de lo que afirma en su libro el ex tesorero
de Ernesto Samper.
En primer lugar, cuando fue cambiada
la escolta de Galán no fue el único candidato presidencial
que fue objeto de este tratamiento. El nuevo jefe de escoltas, Torregroza,
no era muy popular dentro del DAS y el relevo llegó a ser mal recibido
dentro de un sector de la entidad. Sin embargo, con frecuencia estos nombramientos
obedecen más a factores de rosca que de conspiración. El jefe
del DAS en ese momento era el general Miguel Alfredo Maza Márquez,
quien puede ser acusado de todo menos de haber sido un aliado de Pablo Escobar
y Gonzalo Rodríguez Gacha. Escobar le puso a Maza la bomba del DAS,
donde murieron cerca de 70 personas, y otra bomba en la carrera séptima,
donde murieron más de 10. Esos antecedentes no permiten ni siquiera
especular sobre una complicidad de Maza en el atentado a Galán.
En lo que se refiere al forcejeo
que tuvo Patricio Samper con los escoltas por no dejarlo entrar al carro,
en el mundo de la seguridad esa es la medida que se debe tomar en esas circunstancias.
Con un candidato herido no hay tiempo para establecer quién es amigo
o enemigo. Además Galán no era el único herido que
estaba en el vehículo. El escolta Santiago Cuervo, que iba con Galán
en el automóvil, murió tres días después. El
escolta Pedro Nel Angulo tenía un disparo en la rodilla y sobrevivió.
Con un chofer y tres heridos no hay cupo para nadie más.
En cuanto a la afirmación
que hace Medina de que Torregroza había terminado trabajando en La
Catedral, esto simplemente no ocurrió. Se trata de un error factual
de Medina. Sin embargo Torregroza dejaba mucho que desear y efectivamente
desapareció desde esas épocas. A la familia Galán no
le gustó desde un inicio y menos cuando comenzó a reemplazar
escoltas de confianza del candidato. No obstante la propia familia del líder
asesinado reconoce que los cambios que se llevaron a cabo fueron indirectamente
iniciados por el propio Galán. Este los veía demasiado confiados,
como sucede con cualquier escolta cuando entran en una etapa de rutina.
Galán les tenía afecto y confianza, pero consciente de los
riesgos que pesaban sobre su vida sugirió que los reentrenaran para
que se pusieran las pilas. Por cuenta de esta sugerencia fue que llegó
Torregroza, quien resultó no ser particularmente calificado para
esa misión.
Independientemente de los tres puntos
anteriores, lo que define el asunto en forma categórica son otros
aspectos. En primer lugar, Rafael Rincón, el hombre que conducía
el vehículo en el cual llevaban herido a Galán, era un empleado
de su familia de tiempo atrás y no del DAS. Había sido conductor
de su cuñado, Alberto Villamizar, a quien había salvado heroicamente
de un atentado que le había montado Pablo Escobar años antes.
Al estar por fuera de toda sospecha
el chofer, se requeriría que alguien hubiera rematado a Galán
en la parte posterior del vehículo sin que el conductor se hubiera
dado cuenta. Rincón, interrogado por SEMANA, afirmó: "Yo
llevo años oyendo estos cuentos y todavía no entiendo cómo
se los cree la gente". En el carro, además de su jefe, iban
dos escoltas heridos. Recuerda que Galán se quejaba del dolor inicialmente
y súbitamente se silenció. En ese momento el escolta Santiago
Cuervo, quien también estaba herido, comenzó a gritar histéricamente
"se murió el doctor Galán. No tiene pulso".
Cuervo fue el que murió tres días después como consecuencia
de las heridas que recibió en la tarima protegiendo al candidato.
Ni Rincón ni el escolta que sobrevivió la herida en la rodilla
le han otorgado la menor veracidad a la teoría del remate en el carro.
Santiago Medina también anota
en su libro que a Galán le cambiaron el chaleco antibalas por uno
más corto horas antes del atentado. Todos los expertos consultados
por SEMANA señalaron que no hay chalecos antibalas largos o cortos.
Igualmente, que ninguno cubre del ombligo para abajo y que es perfectamente
lógico que disminuya el nivel de protección en los segundos
en los que el candidato levanta los brazos.
El dato más contundente, sin
embargo, es el de balística. Si Galán hubiera sido rematado
en el automóvil tendría que haber una bala de un origen diferente
a las disparadas por la ametralladora mini Atlanta durante la manifestación.
Ni la autopsia ni el informe de balística han indicado la menor evidencia
de una bala diferente.
Al igual de lo que le sucedió
en la indagatoria, Medina incurre en errores que debilitan el grueso de
su historia. El libro tiene muchas inexactitudes, pero sin duda alguna la
más grande de todas es la del balazo en el automóvil.
Revista
Semana de Colombia, 13 de Octubre de 1997.
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