Gol de Samper
La visita del general
Barry McCaffrey a Colombia, y su reunión con Ernesto Samper, es el
mayor éxito del gobierno desde la captura de los Rodríguez
Orejuela.
A pesar del
comunicado del Departamento de Estado expedido la semana pasada precisando
que la visita de Barry McCaffrey al país no representa un cambio
de política de Estados Unidos con Colombia, resultó inevitable
que todo el mundo lo interpretara así. Empezando por los mismos funcionarios
de los departamentos de Estado y de Justicia, que en varios pronunciamientos
a la prensa expresaron su malestar con la visita, especialmente con la reunión
de McCaffrey y Samper. Al hacer pública su insatisfacción
con el viaje a Colombia del zar antidrogas, de alguna manera estaban reconociendo
el valor político que su paso por el país tiene para el gobierno
colombiano. Su visita se constituye así en un éxito sin precedentes
de la canciller María Emma Mejía, a quien el general McCaffrey
respeta y admira; a la labor del embajador en Washington, Juan Carlos Esguerra,
y al general Rosso José Serrano, junto a quien todos los funcionarios
antidrogas del mundo quieren tomarse una foto.
Pero más allá de la
presencia misma de McCaffrey en Colombia, esta visita permite una interpretación
particular. A diferencia de la llegada de Thomas Constantine, director de
la DEA hace varias semanas, el paso de McCaffrey por el país no solamente
tiene un propósito técnico sino un ángulo político.
No solo porque el hecho mismo de que el general se va a reunir con el presidente
Samper, sino porque McCaffrey realmente no ejerce funciones directas de
cooperación o interdicción en materia antinarcóticos.
De hecho su papel, incluso dentro de Estados Unidos, es más el de
ser un símbolo de la lucha contra las drogas que un agente actuante.
Ni el presupuesto que maneja, ni el staff que lo acompaña en su oficina
de la Casa Blanca realizan una labor significativa en cuanto a la definición
de políticas o cooperación antidrogas fuera del país.
Tanto es así que ninguno de sus dos predecesores en el cargo son
hoy en día conocidos por sus resultados. Tan solo Bill Benett logró
algún nivel de influencia a partir del uso muy bien calculado de
sus contactos en prensa. Aunque el cargo de McCaffrey es de nivel ministerial,
por el tema que maneja, sus contactos son más con organismos como
la DEA, la Aduana y la Oficina Antinarcóticos del Departamento de
Estado que la Casa Blanca. Por esto no tiene un especial acceso al oído
del presidente. En cambio lo que sí tiene es un buen número
de medallas y el estatus de héroe de guerra, lo que lo convierte
en el comandante perfecto para liderar, así sea solo en términos
de opinión pública, una guerra que el presidente Clinton no
maneja directamente. Es algo parecido al zar antisecuestro en Colombia,
que aunque es una figura importante, su labor se ve limitada en muchas ocasiones
a darle la cara a los medios de comunicación. Su significancia es
política y no técnica u operativa.
Precisamente por eso el hecho de
que la Cancillería colombiana haya logrado concretar la visita de
McCaffrey, que se venía estudiando desde febrero pasado, es un gran
éxito para la administración Samper. Lo es aún más
si se considera que se logró a pesar de la oposición de la
Unidad Internacional de Narcóticos del Departamento de Estado, oficina
hasta hace poco liderada por Robert Gelbard y hoy en cabeza de Jane Becker.
Sin embargo, aunque por el rango ministerial de McCaffrey las nueve agencias
que manejan el tema de Colombia no pudieron oponerse a su decisión
de venir al país, esto no quiere decir que no sigan siendo hacia
el futuro las que llevan la batuta en materia de política internacional
de Estados Unidos. La visita de McCaffrey no podrá modificar ese
hecho, aunque sí da la apariencia de que se está presentando
un cambio significativo en la relación bilateral.
¿Por que viene McCaffrey?
La pregunta que muchos se hacen es
¿por qué un funcionario de alto nivel del gobierno norteamericano
toma la decisión de enfrentarse a la voluntad de sus aliados naturales
dentro del gobierno estadounidense para visitar a Colombia? La respuesta
parece ser que McCaffrey necesita con urgencia mostrar resultados en Washington,
especialmente ante la mayoría republicana en el Congreso, que lo
ha criticado duramente desde el episodio del general mexicano Jesús
Gutiérrez Rebollo (ver recuadro). En un principio el zar antidrogas
concentró sus actividades en lograr la disminución del consumo
de drogas en Estados Unidos, pero esa estrategia parece no estar dando resultados.
Todos los índices parecen mostrar que éste va en aumento.
Lo que McCaffrey necesita con urgencia es abrirse un espacio de figuración
a nivel de los países productores, de tal manera que su labor sea
un apoyo a la intensificación de las fumigaciones y a la interdicción
de narcóticos en las naciones donde se libra la guerra. Especialmente
consiguiendo más recursos para la lucha antinarcóticos. Así
podrá proyectar la imagen de ser un peso pesado en la batalla contra
la producción, ya que el consumo es mucho más difícil
de controlar. McCaffrey ya había visitado Perú y México,
y le faltaban Bolivia y Colombia. Según altas fuentes de Washington,
"no le sentaría mal una foto con Serrano en la mitad de un campo
de amapola".
Pero más allá del kilometraje
político que le pueda representar al gobierno este hit en materia
de política internacional, lo que sí parece ser claro es que
en Washington ya empiezan a oírse voces que se apartan de la línea
dura cuando se trata de analizar el tema de Colombia. No obstante, todo
parece indicar que el cambio de tono definitivo dependerá en gran
parte de lo que pase con la extradición.
Revista Semana de Colombia,
13 de Octubre de 1997.
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