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La loca crisis italiana

Carlos Nadal

Y aquí no ha pasado nada? El día 10 Italia entró en crisis de gobierno en el peor momento. Al levantarse en su escaño el jefe del grupo parlamentario comunista para anunciar que su partido no votaba a favor del presupuesto del Gobierno, se rompió todo. El jefe del Gobierno, Romano Prodi, se cubrió expresivamente el rostro con las manos. No necesitaba explicarse.

Era el fin. Del Gobierno, de la coalición de centroizquierda, de un largo esfuerzo para poner en regla las cuentas de Italia y, así, colocarla en el pelotón de cabeza para el euro, de la estabilidad política conseguida con un bipolarismo prendido con alfileres. Incluso del trabajo de una comisión bicameral para estabilizar el país mediante reformas institucionales que habrían de ser el fundamento de la tan venteada segunda república que todavía no ha nacido.
Aquel "votamos contra" del diputado de Refundación Comunista Diliberto provocó una sucesión de rápidas conmociones en cadena. En la mayoría, naturalmente. En la oposición, que parecía cogida por sorpresa, falta de reflejos. En la misma Refundación Comunista (RC), que se vio, de pronto, enfrentada a una avalancha de recriminaciones que no había previsto. El mundo obrero, los sindicatos, sus ex correligionarios, todos convergían en un aluvión de acusaciones.

La apuesta por el "tanto peor, tanto mejor" colocaba a Refundación Comunista en el gueto político de un maximalismo obsoleto. Salían a la superficie viejos vicios del paleocomunismo estalinista, como el de encarnizarse contra la socialdemocracia, aunque fuera en beneficio de la derecha.

En este clima enrarecido y hostil la coalición gubernamental de El Olivo, Prodi, el PDS, su líder D'Alema como Ciampi y Dini adquirían una relevante dimensión política. Habían encaminado adecuadamente al país en la dirección apropiada y, de pronto, absurdamente, los comunistas les negaban el voto para consolidarla. Caer como víctimas de un chantaje comunista engrandecía al Gobierno. Por esto, tanto Prodi como D'Alema reclamaron ir inmediatamente a elecciones anticipadas. La manera de aprovechar la amplitud del reconocimiento del país.

Italia estaba pendiente de la decisión del presidente de la República, Scalfaro, cuando la solución salió de quienes habían producido el gran sobresalto: los mismos Bertinotti y Cossutta de RC que ocasionaron la crisis se decían súbitamente dispuestos a reconsiderar su posición negativa. Aceptaban las correcciones sociales que Prodi ya les había ofrecido en el discurso del Parlamento. Y añadían en el cesto las 35 horas laborales.

Así El Olivo podía seguir adelante con el apoyo de los comunistas. Del no se pasó, de un día para otro, al sí. "La crisis más breve y loca del mundo", dijo Prodi. Y ahora, todos a una proclaman que no ha habido vencedores ni vencidos. ¿Pero todo queda como antes?

La oposición del Polo, especialmente Berlusconi, pretende sacar provecho de la alarma pasada. Denuncia que la izquierda es más izquierda y que los comunistas tienen al Gobierno Prodi cogido por el rabo. Pero el Polo no sale bien librado de la experiencia. Berlusconi se precipitó a anunciar que no era candidato a la jefatura del Gobierno. Confirmaba así las incertidumbres de cohesión y liderazgo que afectan a la coalición de centroderecha desde hace tiempo.

Aparentemente, Refundación Comunista es la fuerza que sale peor de lo que ella misma ha provocado. La finta de romper el respaldo al Gobierno para, acto seguido, dar marcha atrás es una muestra de irresponsabilidad. El Olivo tiene ahora más cogidos a los comunistas en el respaldo al Gobierno. Porque resultaría grotesco otro plante como el del día 10. Especialmente cuando hay por medio un compromiso formal de mantener el apoyo al Gobierno durante 1998. La misma Refundación Comunista ha vivido horas de tensión interna, ha mostrado estrías, quebraduras.

Todo esto no quita para que Bertinotti y Cossutta puedan aducir que el golpe de efecto del día 10 les ha valido obtener adquisiciones sociales, por ejemplo, respecto a las pensiones y la jornada de 35 horas para el 2001. Y, lo que es muy importante para ellos, la garantía de que el Gobierno no repetirá privilegiar a los sindicatos en el diálogo social, dejando de lado a RC.
La afirmación de Prodi de que "hemos pagado el menor precio" es una verdad a medias. El precio tal vez se haga más alto cuando haya que pasar a la aplicación de las concesiones hechas a RC. De momento, ya las organizaciones sindicales ponen reparos y la patronal levanta la voz.

El Gobierno Prodi había contemplado lo de las 35 horas, pero sin atarse las manos con la promesa de una ley y con fecha fija. Y ahora se encuentra atrapado entre la patronal y los sindicatos. Aunque el plazo es largo y Prodi da la impresión de que está dispuesto a sortear el compromiso, buscando el entendimiento con las fuerzas productivas. Hay un paralelismo entre Francia e Italia. Seguramente con posiciones más cerradas y mayor acritud en el caso francés. Con un margen más amplio en el italiano.

Con todo, qué duda cabe de que las 35 horas colocan al poscomunista y ahora socialdemócrata PDS italiano entre opciones de la izquierda tan distantes como el laborismo británico de Blair y el socialismo francés de Jospin, que gobierna con el Partido Comunista. El mismo D'Alema ha hablado de las 35 horas como "un gran tema de la izquierda europea". El líder del PDS nada teme tanto como verse condicionado por sus antiguos camaradas irreductibles. Y el ministro Dini aclara: "No vamos a la izquierda", al tiempo que especifica que no participaría en un gobierno en que entrasen los comunistas.

De la naturaleza y amplitud de la inclinación hacia la izquierda depende, pues, que en El Olivo se pueda mantener el equilibrio entre el centrismo y una izquierda que ha de contar con los votos comunistas.

Y las concesiones hechas a RC serían de mayor gravedad si fuera cierto que ha habido otras referentes a una ley electoral favorable a la formación comunista. Sobre lo cual se llega a sospechar que podría ser la verdadera causa del viraje de Refundación Comunista.
La "loca crisis" se ha resuelto. Pero nadie sale del todo indemne de ella. Y, en realidad, que no haya habido vencedores ni vencidos no asegura un cómodo futuro para todos, sobre todo cuando está por resolver la reforma constitucional.


La Vanguardia de Barcelona, 19 de Octubre de 1997.


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