La loca crisis italiana
Y aquí no ha pasado nada? El día 10 Italia
entró en crisis de gobierno en el peor momento. Al levantarse en
su escaño el jefe del grupo parlamentario comunista para anunciar
que su partido no votaba a favor del presupuesto del Gobierno, se rompió
todo. El jefe del Gobierno, Romano Prodi, se cubrió expresivamente
el rostro con las manos. No necesitaba explicarse.
Era el fin. Del Gobierno, de la coalición de centroizquierda,
de un largo esfuerzo para poner en regla las cuentas de Italia y, así,
colocarla en el pelotón de cabeza para el euro, de la estabilidad
política conseguida con un bipolarismo prendido con alfileres. Incluso
del trabajo de una comisión bicameral para estabilizar el país
mediante reformas institucionales que habrían de ser el fundamento
de la tan venteada segunda república que todavía no ha nacido.
Aquel "votamos contra" del diputado de Refundación Comunista
Diliberto provocó una sucesión de rápidas conmociones
en cadena. En la mayoría, naturalmente. En la oposición, que
parecía cogida por sorpresa, falta de reflejos. En la misma Refundación
Comunista (RC), que se vio, de pronto, enfrentada a una avalancha de recriminaciones
que no había previsto. El mundo obrero, los sindicatos, sus ex correligionarios,
todos convergían en un aluvión de acusaciones.
La apuesta por el "tanto peor, tanto mejor" colocaba
a Refundación Comunista en el gueto político de un maximalismo
obsoleto. Salían a la superficie viejos vicios del paleocomunismo
estalinista, como el de encarnizarse contra la socialdemocracia, aunque
fuera en beneficio de la derecha.
En este clima enrarecido y hostil la coalición gubernamental
de El Olivo, Prodi, el PDS, su líder D'Alema como Ciampi y Dini adquirían
una relevante dimensión política. Habían encaminado
adecuadamente al país en la dirección apropiada y, de pronto,
absurdamente, los comunistas les negaban el voto para consolidarla. Caer
como víctimas de un chantaje comunista engrandecía al Gobierno.
Por esto, tanto Prodi como D'Alema reclamaron ir inmediatamente a elecciones
anticipadas. La manera de aprovechar la amplitud del reconocimiento del
país.
Italia estaba pendiente de la decisión del presidente
de la República, Scalfaro, cuando la solución salió
de quienes habían producido el gran sobresalto: los mismos Bertinotti
y Cossutta de RC que ocasionaron la crisis se decían súbitamente
dispuestos a reconsiderar su posición negativa. Aceptaban las correcciones
sociales que Prodi ya les había ofrecido en el discurso del Parlamento.
Y añadían en el cesto las 35 horas laborales.
Así El Olivo podía seguir adelante con el
apoyo de los comunistas. Del no se pasó, de un día para otro,
al sí. "La crisis más breve y loca del mundo", dijo
Prodi. Y ahora, todos a una proclaman que no ha habido vencedores ni vencidos.
¿Pero todo queda como antes?
La oposición del Polo, especialmente Berlusconi,
pretende sacar provecho de la alarma pasada. Denuncia que la izquierda es
más izquierda y que los comunistas tienen al Gobierno Prodi cogido
por el rabo. Pero el Polo no sale bien librado de la experiencia. Berlusconi
se precipitó a anunciar que no era candidato a la jefatura del Gobierno.
Confirmaba así las incertidumbres de cohesión y liderazgo
que afectan a la coalición de centroderecha desde hace tiempo.
Aparentemente, Refundación Comunista es la fuerza
que sale peor de lo que ella misma ha provocado. La finta de romper el respaldo
al Gobierno para, acto seguido, dar marcha atrás es una muestra de
irresponsabilidad. El Olivo tiene ahora más cogidos a los comunistas
en el respaldo al Gobierno. Porque resultaría grotesco otro plante
como el del día 10. Especialmente cuando hay por medio un compromiso
formal de mantener el apoyo al Gobierno durante 1998. La misma Refundación
Comunista ha vivido horas de tensión interna, ha mostrado estrías,
quebraduras.
Todo esto no quita para que Bertinotti y Cossutta puedan
aducir que el golpe de efecto del día 10 les ha valido obtener adquisiciones
sociales, por ejemplo, respecto a las pensiones y la jornada de 35 horas
para el 2001. Y, lo que es muy importante para ellos, la garantía
de que el Gobierno no repetirá privilegiar a los sindicatos en el
diálogo social, dejando de lado a RC.
La afirmación de Prodi de que "hemos pagado el menor precio"
es una verdad a medias. El precio tal vez se haga más alto cuando
haya que pasar a la aplicación de las concesiones hechas a RC. De
momento, ya las organizaciones sindicales ponen reparos y la patronal levanta
la voz.
El Gobierno Prodi había contemplado lo de las 35
horas, pero sin atarse las manos con la promesa de una ley y con fecha fija.
Y ahora se encuentra atrapado entre la patronal y los sindicatos. Aunque
el plazo es largo y Prodi da la impresión de que está dispuesto
a sortear el compromiso, buscando el entendimiento con las fuerzas productivas.
Hay un paralelismo entre Francia e Italia. Seguramente con posiciones más
cerradas y mayor acritud en el caso francés. Con un margen más
amplio en el italiano.
Con todo, qué duda cabe de que las 35 horas colocan
al poscomunista y ahora socialdemócrata PDS italiano entre opciones
de la izquierda tan distantes como el laborismo británico de Blair
y el socialismo francés de Jospin, que gobierna con el Partido Comunista.
El mismo D'Alema ha hablado de las 35 horas como "un gran tema de la
izquierda europea". El líder del PDS nada teme tanto como verse
condicionado por sus antiguos camaradas irreductibles. Y el ministro Dini
aclara: "No vamos a la izquierda", al tiempo que especifica que
no participaría en un gobierno en que entrasen los comunistas.
De la naturaleza y amplitud de la inclinación hacia
la izquierda depende, pues, que en El Olivo se pueda mantener el equilibrio
entre el centrismo y una izquierda que ha de contar con los votos comunistas.
Y las concesiones hechas a RC serían de mayor gravedad
si fuera cierto que ha habido otras referentes a una ley electoral favorable
a la formación comunista. Sobre lo cual se llega a sospechar que
podría ser la verdadera causa del viraje de Refundación Comunista.
La "loca crisis" se ha resuelto. Pero nadie sale del todo indemne
de ella. Y, en realidad, que no haya habido vencedores ni vencidos no asegura
un cómodo futuro para todos, sobre todo cuando está por resolver
la reforma constitucional.
La Vanguardia de Barcelona,
19 de Octubre de 1997.
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