La fórmula Arria
El miércoles 15 de octubre pasado ocurrió
algo inusitado en las Naciones Unidas. El Consejo de Seguridad, aplicando
la así llamada Fórmula Arria, invitó a una reunión
informal al ex embajador venezolano Diego Arria, quien como presidente de
ese Consejo la inventó por allá en marzo de 1992. Veamos de
qué se trata.
Hace un buen rato algunos países vienen buscando
la democratización de los organismos internacionales y, con ella,
la transparencia y la eficiencia. La participación de la sociedad
civil en sus deliberaciones, en sus decisiones y en la implementación
de sus programas es ahora una dimensión esencial de la vida internacional.
El Banco Mundial, por ejemplo, es pionero en la promoción de formas
de participación popular en sus programas. Y, paulatinamente, los
organismos multilaterales se han ido abriendo a la incorporación
de actores políticos diferentes de los Estados. Todo ello para ser
consecuentes con la idea de que ya los gobiernos no son los únicos
protagonistas de la política internacional. Esto quedó reconocido
hace algunos días cuando se otorgó el Premio Nobel a una ciudadana
americana que, haciendo una utilización imaginativa del Internet,
creó en pocos años una preocupación mundial frente
al problema de las minas quiebrapatas.
La Fórmula Arria consiste, precisamente, en abrir
a la participación de actores significativos el club más exclusivo
y poderoso del mundo: el Consejo de Seguridad. En virtud de esta iniciativa
este Consejo ha invitado a personalidades como Nelson Mandela, cuando todavía
no era Presidente de Suráfrica; y otras como Arafat, o como el presidente
de la Cruz Roja Internacional o como el Secretario General de Amnistía
Internacional. Ellos han sido escuchados en reuniones privadas, con traducción
simultánea, en el salón donde se realizan las sesiones informales
del Consejo. Allí se hace un intercambio franco de opiniones y de
informaciones.
¿Y por qué fue invitado el promotor de la
Fórmula? Pues el Consejo quería conocer su opinión
sobre la conveniencia o no de institucionalizar el mecanismo. Hasta donde
alcanza mi conocimiento, se llegó a la conclusión de preservarla
tal como ha venido funcionando, o sea: que se siga manejando con criterio
abierto, en forma discrecional, con mesura y seriedad y sin establecer categorías
para extender las invitaciones.
Como se ve, estamos haciendo referencia a un mecanismo
sencillo que ha permitido una apertura en una institución considerada
excluyente y que, hasta ahora, después de cinco años, ha podido
ser útil, a tal punto que la asistencia a estas reuniones ha sido
unánime, precisamente, dicen, por la relevancia de las personalidades
invitadas con respecto a la agenda del Consejo. Así, los miembros
del Consejo comparten informaciones y opiniones que, difícilmente,
podrían ignorar a la hora de las decisiones. Quienes han utilizado
la Fórmula Arria piensan que es un mecanismo vivo que refresca los
procedimientos convencionales y que permite un ejercicio de influencia recíproca
al más alto nivel, entre el Consejo y los invitados.
¿Y cuál fue la opinión del ex embajador
Arria? En concordancia con lo ocurrido y recordando que lo mejor es enemigo
de lo bueno, dijo: si no hay que arreglarla no la dañe.
Está bien que la Fórmula continúe
operando sin institucionalizarla. No es un sustituto de la reforma del Consejo,
pero es un buen desarrollo que será imitado por entidades similares.
Es, también, una salida eficaz a la urgencia de incorporar al proceso
multilateral de decisiones a los nuevos protagonistas de la vida internacional
tan ligada, ahora más que nunca, a la vida interna de los países.
No basta con los cambios espectaculares que están
ocurriendo en el mundo. Es indispensable, también, que cambiemos
nuestra manera de actuar. La Fórmula Arria es un ejemplo. En buena
hora.
* *El Embajador Fernando Cepeda es el Representante actual
de Colombia ante la OEA. Anteriormente fue Ministro de Gobierno y Ministro
de Comunicaciones de Colombia.Ex Decano de la Facultad de Derecho de la
Universidad de Los Andes.Ex Embajador ante la ONU y el Reino Unido, es colaborador
permanente de la pagina editorial de El Tiempo de Bogotá
El Tiempo de Bogotá, Lunes 20 de octubre
de 1997 |