El cuarto visitante
Jesús Sanoja Hernández
* La primera visita, en aquel diciembre de la Operación
Macuare, o Loto, que ya ni recuerdo el nombre verdadero, tuvo como propósito
legitimar la Alianza para el Progreso (Alpro), delineada en Punta del Este,
en agosto de aquel 1961. La ruptura de relaciones con Cuba comenzaba a ser
moda, y Venezuela lo había hecho el 11 de noviembre. La izquierda
pasaba por una etapa de efervescencia, con el PCV y el MIR preparándose
para la lucha armada, URD en la oposición constitucional, pero abierta,
y ARS a punto de reventar. La ciudad fue tomada. Kennedy y Betancourt encarnaban
la democracia occidental, con muy poca tradición -diría yo-
en la parte sur del Río Bravo.
* En caricatura de revista famosa, Carter de pie y con
esmaltada dentadura saliéndose en risa franca, le daba la mano a
Carlos Andrés, parado sobre un barril de petróleo. Eran días
-no idus- de marzo, con Venezuela ahíta de petrodólares, directamente
provistos por la exportación e indirectamente enviados desde los
centros financieros, para acumular así cuantiosa deuda que al siguiente
año la Gran Venezuela legaría a la administración de
Herrera, ducha en aumentar en vez de disminuirla. Dos demócratas,
en la tradición de la Buena Vecindad rooseveltiana, habían
caído, pues, desde la Casa Blanca, en un país que fue llamado
Jauja petrolero en la época en que Preston McGoodwin coqueteaba con
el general Gómez.
* La izquierda no era la de antes y, además, estaba
la dividida en sectas irreconciliables. ­Imagínense! Nada menos
que cuatro candidatos cuyos decimales debieron hacer reflexionar hasta a
un muerto: Rangel (5,19%), Prieto (1,12%), Martín (0,98%) y Mujica
(0,56%). Y la izquierda, además, no veía ya hacia Cuba con
tanta admiración, a pesar de que Venezuela había restablecido
relaciones con el gobierno de Fidel Castro, rompiendo con una profecía
de Betancourt durante su encuentro con Kennedy. Y es que no sólo
los astrólogos se equivocan.
* En diciembre de 1990 el turno le tocó a un republicano,
Bush, quien le dio continuidad al de otro republicano, electo en 1980 y
reelecto en 1984, mal actor cinematográfico según don Pedro
Beroes, rival de la Thatcher en sus prácticas económicas,
tradicionalista en el desprecio del Partido Republicano hacia América
Latina. Nuevamente Pérez fue el ``interlocutor válido'' de
un presidente norteamericano, aunque cuando quedase inválido a raíz
del accidente del 4F. En 1990 la izquierda, así negase tal titularidad,
prefiriendo la de causa radical, era LCR. Y un bienio después se
le sumaría, optando por el término guzmancista, castrista,
gomecista y lopecista, de ``bolivariano'', el movimiento del comandante
Chávez.
* El toque del presidente Bush fue eminentemente petrolero,
dada la Guerra del Golfo y conocida la afición de la familia Bush
por los pozos de oro negro. El de Carter, enmarcado en la etapa del ``boom
petrolero'' venezolano, estuvo signado por los Tratados de Panamá
y por el empeño democratizador que, por cierto, tardó bastante
en Argentina y Chile. Carter, al dejar la Casa Blanca, fundó el Centro
que lleva su nombre y se dedicó a algo así como a inspector
general de elecciones libres en América Latina.
* No tuvo dificultades Bush con Pérez, ya que éste,
con equipo juvenil que conocía más los mecanismos de la economía
de Estados Unidos que los de su propio país, había adelantado
el plan de ajuste. Pero ``los muchachos del Iesa'', así mentados
por los comentaristas de oficio, no pudieron clavar bandera en el territorio
conquistado. Tuvieron que esperar, con saliva amarga en el paladar, que
Matos Azócar patentara, en el segundo trimestre de 1996, la Agenda
Venezuela.
* En el cuarto viaje Colón descubrió a Venezuela,
pero en el cuarto viaje a nuestro país de un mandatario norteamericano,
él continúa siendo terra incognita para los gobiernos de Estados
Unidos, así en alguna oportunidad haya sido ``el paraíso de
los inversionistas'' (de allá), en definición del senador
Sparkman (6 de junio de 1955), o las inversiones privadas alcanzaran la
mitad del total en América Latina (Willian Coles, presidente de VenAmcham,
1955) y las norteamericanas lograran ganancias equivalentes al 50,5% de
las obtenidas en Latinoamérica (Departamento de Comercio de Estados
Unidos, agosto 1955).
* El censo de problemas entre el país del norte
y Venezuela es, en parte, compartido por el resto de nuestros países,
y abarca como posibilidad para la entrada del nuevo siglo, el Alca, existiendo
ya Mercosur y la Comunidad Andina y, más arriba, el Nafta; el proteccionismo
norteño, que a Venezuela ha afectado en áreas como el acero,
el atún y la orimulsión; el petróleo, en este tramo
en plena apertura y con el privilegio de ser Venezuela primer abastecedor
(y, además, seguro) de Estados Unidos; el narcotráfico, siendo
y no siendo lo que son Colombia o México, y con peligros de injerencias
y ``patrullajes'', y el no firmado tratado de protección de inversiones.
Demasiado para una fugaz visita. Demasiado.
El Nacional on-line 17 de octubre
de 1997
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