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Uno más uno

Luis Ugalde, s.j.

Toda persona bien informada nos dirá que Venezuela necesita dedicar por lo menos 2% del Producto Interno Bruto (PIB) a la inversión en educación preescolar y básica. Ahora, menos del 1% va a este nivel de educación. Sin duplicar los recursos no podemos poner bases sólidas al edificio educativo. Al mismo tiempo todos parecen coincidir en que doblar el presupuesto nada resuelve si se administra como ahora; si las tuberías siguen rotas el agua aunque se envíe más, se seguirá perdiendo. Es impostergable la decisión de duplicar la inversión en ese nivel de educación, pero con mecanismos que obliguen a mejorar radicalmente la gestión y el rendimiento escolar.

Podemos pensar en unas 10 o 12 mil escuelas venezolanas con un promedio de 300 o 400 niños. ¿Cómo convertirlas en otros tantos centros de iniciativa, con sujetos que visualizan sus necesidades en términos de resultados escolares, elaboran su proyecto dentro de una orientación nacional común, se proponen metas de producción y logros educativos concretos, identifican sus recursos humanos, jerarquizan sus necesidades de aulas, biblioteca, material didáctico, horas de trabajo y de estudio? Sujetos o actores sociales que además identifican en la propia escuela, y en ellos mismos también los obstáculos y las prácticas negativas que la hacen de mala calidad y se disponen a cuidar como algo vital los libros y materiales que puedan conseguir.

Estamos hablando de 10.000 pequeñas empresas educativas, convertidas en sujetos de iniciativa, de reflexión y de ejecución eficiente. Que discuten y encuentran modos de elevar el pago de maestros, la participación de los padres, la dotación física de la escuela y su cuidadoso mantenimiento. Los diversos entes públicos y privados se entienden con ellos y los potencian en su capacidad de producir buena educación.

La necesaria revolución educativa pasa por tener miles de centros que se proponen tener éxito en su producción escolar. Esto no puede ser asunto de sólo el Ministerio de Educación o de la veintena de gobernaciones ni de sólo centenares de alcaldías; el éxito de cada una de estas instancias consiste en contribuir eficazmente para que las escuelas de su responsabilidad se conviertan en sujetos de iniciativa educativa, mejor pagados, dotados y con rendimientos superiores; pero si quienes están en la escuela no tienen propósitos firmes, nada se puede hacer.

Por todo esto creemos que una buena parte del salto presupuestario (hasta llegar en un par de años a 2% del PIB _

otros dirán que a 3%_ tiene que ser con la fórmula que llamamos de uno más uno en esas miles de escuelas: por cada uno que tú pones yo aporto otro. Un presupuesto que se duplica porque va precedido y acompañado por una iniciativa, un esfuerzo y un mantenimiento, superiores de parte de la propia escuela. Sin duda tendrá que haber mayores recursos para construcción, pago del personal educativo y dotación escolar, pero la manera de aplicación de un buen porcentaje de ellos será premiar a las escuelas que menos clases pierden, a las que llegan a 200 días de clase, a los profesores que más horas dedican, a las escuelas cuyos padres mejor organizan el mantenimiento, a las iniciativas de jornada completa, a las secciones y aulas que mejoran significativamente su rendimiento, a las escuelas mejor pintadas y a las que plantan más árboles...El enfoque deberá ser de estimular para que hagan premiar al que hace y capacitar al que no puede hacer.

Lo que queremos decir es que buena parte del aumento de asignación de presupuesto a cada unidad debe ir condicionado a las mejoras que aporten los responsables directos de ésta (el director, maestros, padres, niños, comunidad...) y a la capacidad que demuestren para hacer buen uso de lo que recibieron. Por supuesto, de entrada encontraremos una mayoría de escuelas que no están en esta tónica y que se necesita una inversión y apoyo externo para lograrlo. De lo contrario, las que son buenas se llevarían todo y las demás quedarían en peor situación. El principio tiene que ser contribuir con uno a quien pone uno e identificar a los que no ponen nada adicional para reforzar su capacidad de hacerlo. Con sólo esto empezaríamos a identificar cuáles son las verdaderas razones y soluciones para mejorar la escuela, sin caer en la ingenuidad de pensar que más plata significa más y mejor educación. Esto sólo será verdad si parte del presupuesto se utiliza condicionado a la contrapartida y su asignación está relacionada como premio a mejoras visibles y medibles.

Me acuerdo que hacia el año 1991 acudí al Banco de Venezuela a escuchar la entusiasta propuesta del entonces ministro de Cordiplan con el anuncio de una danza de millardos nuevos para el megaproyecto social. A muchos nos entró la duda, que alguien lo expresó públicamente, sobre la probable inutilidad y pérdida de este nuevo endeudamiento si se administraba en la forma tradicional: aparecerían contratistas, expertos en cursos a maestros y demás vendedores ambulantes de servicios, hasta que se agotara ese nuevo préstamo sin lograr mejoras significativas. Así fue. Se puede hacer un plan millonario para dotar de libros y mapas a las escuelas; a los 2 años nada quedará porque se los habrán llevado o destruido. Sólo si se hace en espíritu de uno más uno; es decir si al año esta escuela tiene bien cuidados y usados los libros que recibió, se le entregará el doble y las otras tendrán que imitar a ésta para conseguir lo mismo.

Dentro de esta gran marcha nacional al rescate de los cimientos de nuestra educación, las empresas deben asumir un papel importante apadrinando una, dos o diez escuelas, pero siempre con el principio de uno más uno: establecer premios y ayudas a los pasos concretos para mejorar la escuela, a los estudiantes con mejores resultados, a los maestros que hacen un esfuerzo adicional, a los centros que desarrollan planes de jornada completa... Premios en dotación, en cursos de reforzamiento. En esto tenemos muchas experiencias. La UCAB conoce esa colaboración externa dirigida y condicionada, porque la ha recibido y porque la ha dado. Exige en primer lugar una nueva actitud en el colaborador para estimular el crecimiento del otro con el apoyo y aporte oportunos para que la iniciativa sea posible y para que el logro sea reconocido y estimulado.

Cuanto la escuela sea más necesitada el aporte externo deberá ser mayor, pero no con espíritu de limosna que da porque el otro no tiene, sino da para que lo tenga y exigiendo contrapartida de iniciativa y responsabilidad, aunque carezca de recursos materiales. Lo contrario es perpetuar la pobreza y la dependencia.

Empezar inmediatamente no es ninguna precipitación. Pensemos que el niño que ahora comienza el preescolar y la básica, llegará a la mayoría de edad después del 2010. Todos dicen que la formación de capital humano es la mejor inversión. Así lo predicarán todos los candidatos. Sólo que las palabras ya no cuentan. Tiene que haber coherencia entre proclamas y presupuestos. Entre exigencias y aportes propios para cambiar la edacación. Si en los próximos 10 años se van a invertir 65 mil millones de dólares para duplicar la producción petrolera venezolana, sería insensato desde todo punto de vista no destinar siquiera 1% de eso a la base educativa de la población, sin la cual no puede haber ni proyecto ni realidad de nación.


El Universal digital, 14 de octubre de 1997


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