¿De quién son los niples?
Luisa Amelia Maracara
La colocación de niples o cajas sonoras provoca
poco asombro entre los caraqueños, quienes parecen haberse acostumbrado
a la 'incomodidad' que causan las llamadas anónimas que los anuncian,
a los desalojos del metro, edificios y al cierre de calles y avenidas y
al mismo hecho de encontrarse cara a cara con un artefacto de éstos.
A no ser por algunas expresiones de enojo típicas
de los venezolanos (poco elegantes de publicar) por causas de retraso en
el transporte público o por el cierre de alguna calle, el ciudadano
común parece no darle relevancia a este tipo de protesta.
Pero lo que no deja de causar asombro son las declaraciones
y posiciones de los personeros públicos encargados de velar por la
seguridad de la ciudadanía.
Desde los que restan importancia al peligro que este tipo
de artefactos representa para la población en general, hasta pasar
por los que de forma incomprensible casi hacen un llamado para que sean
colocados en lugares menos transitados que el metro. A lo mejor alguno propondrá
que se utilice el Avila (por supuesto en los lugares menos visitados) para
tales fines.
A estas alturas _después de más de 15 niples
localizados solamente en Caracas_ a simple vista parece no haber verdaderos
culpables o por lo menos sospechosos.
En la calle las versiones acerca de los autores son múltiples:
hay quienes creen que los niples y cajas sonoras las coloca el mismo Gobierno,
otros piensan que es terrorismo económico, otros simplemente consideran
que es el hampa común y no falta quienes creen que es obra de la
subversión, ya sea nacional o extranjera, especialmente colombiana.
En todo caso, cada una de las versiones que se corre a
nivel popular (y no tan popular) tienen un asidero lógico, por lo
que seguramente también forman parte de las hipótesis que
manejan los cuerpos policiales.
Pero más alla de las hipótesis policiales
o populares acerca del autor o autores hay otro punto en todo este asunto
que también llama la atención.
En todo acto de subversión (o por lo menos en la
mayoría de los casos de los que uno ha escuchado o leído)
siempre hay un mensaje que acompaña a las bombas, niples o afines.
¿Acaso será que los venezolanos somos tan
atípicos u originales que los que protestan no quieren que nos enteremos
cuál es la razón? O peor aún, será que ni ellos
mismos lo saben o es un secreto muy bien guardado.
Yo no sé si a los demás, pero a mí
me gustaría saber ¿por qué subvierten el orden?
Además ya no es solamente Caracas, pues las ciudades
del interior han tenido sus correspondientes niples, así que el asunto
toma importancia nacional.
Lo que sí está bien claro es que un porcentaje
bastante alto de los entrevistados por la televisión y los que uno
mismo puede consultar no están de acuerdo con este tipo de protesta.
¿Las razones? Se revierte contra quienes no tienen ni arte ni parte
en lo que está sucediendo.
Pareciera que lo único que podemos esperar de todo
esto, es que no se agigante y que solamente se quede en el juego (bastante
serio y peligroso) que ha sido hasta ahora.
Por suerte o por planificación, no lo sabemos, no
ha habido víctimas que lamentar, pero no sabemos por cuánto
tiempo la situación se mantendrá como hasta ahora. Recemos
porque esto no pase de un tira y encoge, y muchísimas falsas alarmas
y que la policía, o cualquier organismo de seguridad pública,
pueda localizar a los culpables y así evitar tragedias de mayores
consecuencias que un susto o la rotura de una puerta.
Ojalá que este caso no se convierta en un cangrejo
sin responsables y que no suceda como con muchas cosas en Venezuela que
son puestas en el saco del olvido eterno.
El Universal digital, 16 de
octubre de 1997
lmaracara@eud.com
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