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El nervio que tocó Simón

Rafael Rangel Aldao

Hay un 'nervio' colectivo por ahí, que si alguien acierta en tocarlo podría lograr el apoyo de todo el país, y liderar un movimiento social que nos permita salir adelante y superar las múltiples y simultáneas crisis que ahora vivimos. Ese nervio lo vi activarse en el Teresa Carreño en un reciente concierto de Simón Díaz ante una sala plena de gente de distintos estratos sociales.

A través de todo el concierto la gente aplaudía, se emocionaba, cantaba, gritaba, pedía más canciones, y se compenetraba de tal forma con el cantante y sus invitados, que parecía más bien que todo el espectáculo hubiera sido preparado de antemano como una producción cinematográfica en la que todos los actores y 'extras' estaban de acuerdo, y por supuesto, dirigidos por Simón. El dominio del público y la escena fue tal que al final del concierto, el cantautor de la música y las costumbres del llano, hizo que todo el mundo entonara con un suave murmullo su 'himno nacional' bajo la dirección del maestro susurrando la música de 'Caballo Viejo', sentado ¡en el suelo!

Esta impresionante demostración de calidad artística y afecto colectivo la interpreté como una señal de respuesta espontánea de un público harto de ser considerado como ciudadano de segunda, y habitante de un país que ha sido visto como moral y económicamente minusválido durante muchos, demasiados, años. Cuando veía a la gente aplaudir frente a Simón, pensaba en lo que podría ocurrir si existiera una contraparte política al espectáculo que ahora presenciaba. Es decir, que en un futuro cercano se presentara alguien, hombre o mujer, con una personalidad y trayectoria política similar a la artística de Simón en talento, honestidad, autenticidad, frescura, cariño, perseverancia y buen humor. Un personaje político con un mensaje social y económico para Venezuela equivalente a las canciones de Simón que todo el mundo que estuvo allí susurró, cantó y hasta gritó de alegría pura.

La gente de nuestro país, definitivamente, quiere algo mejor, distinto a lo superficial y vano en que nos han sumido los líderes tradicionales de esa Venezuela que debe irse para dar lugar a un país emergente que ellos mismos tratan de ocultar e ignorar. Tiene que haber algunos 'simones' por allí, que despierten ese nervio social en la conducción de una nueva nación, más democrática, más responsable, más abierta al mundo, menos estatista y libre de prejuicios económicos y sociales que la atan al subdesarrollo. Debería haber ese alguien que nos diga que ser venezolano no es malo, sino todo lo contrario, que lo de aquí puede ser muy bueno y plancentero como la música de Simón. Que no es necesario disfrazarse de personajes foráneos para mostrar lo que es bueno, tal como lo hizo Simón con sus artistas invitados, hombres y mujeres criollísimos, venidos del mismo llano, con alpargatas gastadas y ropas propias de gente humilde, pero de indudable talento y calidad artística. Tiene que haber gente, también, que demuestre que es posible lograr la admiración del mundo por la manera como podríamos hacer las cosas aquí, como lo ha logrado Simón con la tonada llanera y la difusión que esta música tiene ahora en la cinematografía y discografía internacional. Almodóvar y Chico Buarque, de Holanda, proyectan al mundo el talento artístico de Simón y la música de Venezuela. El nervio seguirá allí, esperando no a un mesías, sino a una mentalidad distinta encarnada por nuevos líderes con un mensaje distinto a la crítica mezquina con que golpean al venezolano. Personas convencidas que es posible la transformación del país en uno mejor, con el apoyo de los partidos o sin éstos, con la política o antipolítica, pero definitivamente con firme decisión de modernizar el pensamiento y acentuar el cariño por Venezuela. A lo mejor, el mismo Simón conoce a estos líderes del futuro.


El Universal digital, 16 de octubre de 1997


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