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Un proceso electoral peligroso

Alberto Quirós Corradi

Las elecciones a celebrarse en diciembre de 1998 empiezan a verse color de hormiga. Veamos algunos de sus detonantes más importantes.

-Un organismo central supremo electoral despartidizado con organismos regionales descentralizados.

El problema de no partidizar al Consejo Supremo Electoral es -a no dudarlo- un reto difícil. En Venezuela son muy pocos los dispuestos a participar formalmente en estos procesos que sean políticamente puros. Los que no tienen una vinculación especial con algún partido, tendrán -por lo menos- aversión hacia algunos de ellos. La partidización del CSE no se produce porque participen en la institución personas simpatizantes o enemigos de algún partido político. ‚No! La partidización se produce cuando los miembros del CSE toman decisiones en función de los intereses de alguna agrupación política así no estén insertos en ellas, por encima de los intereses colectivos y las normativas legales que han jurado hacer cumplir. Hay hombres de partido en cuya objetividad tendría yo más confianza que en la de muchos independientes. En otras palabras, la no afiliación a un partido político no es la condición que puede certificar buena conducta ciudadana en el ejercicio de un cargo en el CSE. Lo importante pasa a ser entonces los valores éticos de los aspirantes y los mecanismos y criterios de selección y no la afiliación partidista. ``Queremos Elegir'' propone que el Congreso elija a los miembros del CSE por votación universal y secreta, y que cualquier persona natural o jurídica pueda presentar su candidatura a integrar ese organismo a un jurado calificador, designado por méritos por el Congreso Nacional, si esto fuese posible, o por sorteo, de no aplicarse el criterio anterior.

Esta proposición abre a todos los ciudadanos calificados la posibilidad de postularse. Los organismos electorales regionales se seleccionarán en forma similar y autónoma por los estados. Tendrán independencia operativa y se regirán por las normas de carácter nacional que dicte el CSE.

-Pureza en los escrutinios

La alegría y la irresponsabilidad con la cual los ciudadanos y los partidos políticos reaccionan ante los innumerables fraudes que se producen en el proceso electoral constituyen una vergüenza nacional. ``Acta mata votos'', ``Se requiere el apoyo de una maquinaria partidista para que no nos hagan trampa'', son expresiones que deberían ruborizar al más ``duro'' de nuestros ciudadanos. No sólo nadie se pone rosado, sino que las expresiones se usan con la mayor naturalidad en el hogar y en la mesa como un complemento distraído del ``pásame el pan''. Se habla de ``automatizar'' los escrutinios. Eso va a ayudar (si se hace), pero no es suficiente. El problema es de actitud y ética ciudadana. En repetidas ocasiones, en foros públicos, ante los partidos políticos y en numerosos artículos de prensa y programas de televisión le he pedido a la dirigencia nacional y regional de los partidos que hagan pública su decisión de no tolerar fraudes electorales. Que se conviertan en los agentes formales de la pureza electoral. Que instruyan públicamente a sus militantes a que no alteren los resultados en las mesas electorales y que defiendan todos los votos consignados sean de quien sean. No ha habido respuesta. Uno de los pocos políticos que ha demostrado interés en modificar la Ley del Sufragio para servir mejor a los intereses ciudadanos ha sido el senador Juan José Caldera. Quizás él podría hacer el primer llamado a los militares, simpatizantes y aliados políticos de Convergencia para que actúen como defensores de la transparencia del proceso electoral. También deberían colaborar en el esfuerzo Irene Sáez y Enrique Salas Romer, a fin de que los independientes empezaran a diferenciarse en algo importante de los ``demás''. Sin embargo, eso tampoco será suficiente. Hasta que cada ciudadano no sienta la necesidad de cuidar su voto y se haga presente, mediante una nutrida representación en cada mesa electoral e impida con su vigilante presencia que se cometan fraudes, los partidos políticos con maquinaria establecida seguirán haciendo trampa, amparados en la indiferencia ciudadana y -peor aun- en la certeza de que para muchos la trampa sigue siendo un mecanismo lícito mediante el cual unos pocos ``vivos'' le cambien los resultados a muchos ``pendejos''... y los ``pendejos'' les celebran la gracia.

-Financiamiento de las campañas electorales

Ante la posibilidad de que el dinero del narcotráfico juegue un rol importante en el financiamiento de la próxima campaña electoral es imprescindible, para defender a todos los ciudadanos de la ``narcotización'' de nuestros procesos políticos, que se incluyan en la nueva Ley del Sufragio disposiciones muy específicas sobre la obligación de los partidos políticos y agrupaciones electorales de llevar una contabilidad transparente sobre el origen y la disposición de sus recursos financieros. Estas cuentas deberán publicarse en diarios de circulación nacional y regionales, ser auditados por empresas privadas especializadas y por la Contraloría General de la República, organismo que debería colaborar con el Congreso Nacional en el establecimiento de una normativa legal adecuada. Hasta ahora, ciertas contribuciones ``sospechosas'' a las campañas electorales no tenían otra connotación que la de ``comprar'' favores. Ahora el peligro es otro. Lo que está en juego es la venta de un país al más peligroso flagelo que hoy nos amenaza con consolidar su presencia en nuestra sociedad.

-Sistemas electorales

Todas las elecciones para seleccionar funcionarios regionales deben ser totalmente uninominales: gobernadores de estados, alcaldes, concejales, diputados a las asambleas legislativas y miembros de juntas parroquiales, con representación de las minorías en cuerpos colegiados, si fuese posible. Para la elección de representantes a cuerpos deliberantes nacionales (Congreso de la República) mi posición es diferente. Creo que los diputados y los senadores al Congreso deben seleccionarse en cada estado dentro de la modalidad de listas abiertas y representación de las minorías. En los gobiernos regionales es imprescindible que los representantes sean escogidos dentro de circuitos electorales que obedezcan a una limitada organización geográfica-política (municipios y parroquias, por ejemplo). Eso asegura la vinculación directa entre elector y elegido en las comunidades. La representación al Congreso Nacional es otra cosa y -en este caso- el ámbito político-geográfico debe ser el Estado. Debe haber diputados por el estado Zulia, pero no creo en diputados por Machiques al Congreso Nacional. La vinculación entre electores y elegidos es más colectiva y un diputado por el Zulia debe representar a todos los habitantes de ese estado, sin distingos parroquiales. Esto se logra mediante el sistema de listas abiertas para la consideración de todos los electores del estado. Quienes saquen la mayor votación serán electos. Igual proceso deberá seguirse para los senadores. En el fondo esta es otra forma de la uninominalidad, ya que la selección de los parlamentarios será por nombre y apellido.

-Formalización del voto nulo/ninguno

En un país donde la abstención electoral es un problema serio, no creo que se le debería dar al ciudadano una excusa para no participar activamente en los procesos de cambio que afectan su vida diaria. Ir a las urnas y votar ``nulo/ninguno'' es la salida fácil para aquellos que quisieran apaciguar su conciencia haciendo acto de presencia en las urnas electorales -una vez cada tres años- sin tomar posición.

-Separación de las elecciones nacionales y regionales

Con todo lo que me preocupa celebrar dos elecciones en el corto período de tres o seis meses, lo cual sería la consecuencia de separar las elecciones regionales de las nacionales en diciembre de 1998, prefiero esta incomodidad al trauma y al peligro que significará administrar todas las elecciones en diciembre de 1998. No se ha modificado la Ley del Sufragio. No se han comprado las ``máquinas'' para ``automatizar'' las elecciones y los escrutinios. No se ha introducido un moderno sistema de cedulación. No se ha ``limpiado'' el Registro Electoral. Nadie ha recomendado acciones técnicas ni propuesto actitudes éticas para evitar el fraude electoral. Con lo anterior como telón de fondo, yo pronosticaría que, de celebrarse elecciones regionales y nacionales en un solo acto en diciembre de 1998, el resultado sería desastroso, con una altísima probabilidad de que se cuestionen muchos resultados y con el peligro de que se llegue a una anarquía institucional que podría hasta derribar lo que nos queda del sistema democrático. Agréguesele a lo anterior la muy real posibilidad -como se ha dicho- de que se ``lave'' mucho dinero de la droga en las próximas elecciones, sobre todo porque nadie parece dispuesto a establecer controles rígidos sobre el origen y disposición de los fondos dedicados a las campañas electorales.

Al ir por donde va, acompañada -además- por la indiferencia ciudadana, nuestra sociedad, nuestra vocación de ``autosuicidio''.

Con error gramatical y todo.

P.D.: Apoyo también la eliminación de los suplentes (si falta el principal que lo reemplace quien haya sacado más votos de los que no fueron electos) y la eliminación de los colores en las tarjetas electorales (los colores son una invitación costosa a votar por los candidatos de los partidos, la negación de la uninominalidad).



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