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Cine Stanley Kubrick

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Stanley Kubrick
El hombre laberinto

Desde su invención, El cine sigue redescubriendo sus orígenes. Generaciones de cineastas han regresado a las fuentes, abiertamente o de manera subterránea, para encontrar un estilo, una apariencia de inocencia o una segunda virginidad. La obra de Kubrick, a la deriva en la galaxi a- cine, gravita alrededor de dos soles fundadores que son Lumiére y Mélès. Por un lado, la pasiòn por el realismo, por el movimiento objetivo, el nacimiento de una matemática de las formas a plena luz. Por el otro, la presión devoradora de las metamorfósis, el fantasma de la ubicuidad, la emergencia de una alquimia de la evidencia y del escamotaje.Kubrick no ha dejado de conjugar dos utopías, filmando la realidad como un sueño o una pesadilla ( Los tablones del juego iluminadas por la luz de las velas en Barry Lyndon), y la irrupción del sueño o del delirio en lo real como manifiestación objetiva ( Los fantasmas del hotel Overlook en el Resplandor).

El cine de Kubrikc Se encuentra en el cruce de caminos, en el punto de encuentro de lo mecánico y de lo vivo, del mito y de la abstracción, del éxtasis mágico y de la simulación. A la vez Excéntrico ( frente a los standards y a los estudios holywoodenses) y en pleno centro ( a la búsqueda de nudos gordianos donde se unen la dualidad y la ambigüedad humanas, Kubrick ha sustituido la habilidad de las Majors ( apuntando sistemáticamente al espectador medio) acechando los centros de gravedad del mundo moderno. Centros donde convergen el máximo de las fuerzas, sean estas las de la masacre generalizada, de la locura o de una perversa reforma de la humanidad.

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Cineasta de la catástrofe, de la convulsión, del disfuncionamiento y de la locura programadora, Kubrick ha sabido conservar , para no descentrarse, el contacto de las formas convencionales ( él no practica un cine de géneros, sino sobre géneros) , primitivas (los de mito o de la fábula: construcción simétrica de la naranja mecánica) o precinematográficas (los de la novela: Barry Lyndon, los de la pantomima satírica: Dr. Strangelove...) La obra de kubrick es un lento regreso al futuro que interroga al cine en el corazón de sus posibilidades y de sus límites.

Sería falso decir que la sicología en el cine llegó con el sonoro. Lo que aparece entonces es el relieve de los motivos y de las coartadas, la ceremonia de las confuciones, la utopía de la inteligibilidad de la palabra. En el caso de Kubrick, hay explícitamente una voluntad de volver a un cine preverbal, para ir en busca de nuestra animalidad. Los antihéroes Kubrickianos son rebasados por fuerzas mudas (El resplandor) . Asistimos a través de sus filmes a una continua regresión de la palabra, a la implacable desprogramación del verbo( regreso a la infancia del ordenador en 2001, vocabulario soez del oficial Hartman en Full Metal Jacket, Monólogos incoherentes de Quilty en Lolita, código tribal de Alex en la Naranja Mecánica, gritos de simios o hálitos anonadados del cosmonauta Bowman en 2001). En 1968, en una entrevista a Playboy, Kubrick se rehusaba a explicar 2001: He intentado crear una experiencia visual que vaya más allá de las referencias verbales habituales y que penetre directamente el subconsciente con su contenido emocinal y filosófico.

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Para Kubrick, el lenguaje, así como los decorados, son las fachadas de una civilización engañosa que ha aprendido a escamotear todos los trozos de salvajismo, relegándolos a la trastienda del juego social. La sicología, a principios de siglo, va a ezforzarse en buscar y armonizar todo lo no dicho, arriesgándose a confundir perversión y disonancia. El cine sicológico holiwoodense se va a convertir en una especie de divánde pobre, funcionando por transferencia, proyección-identificación, volviéndose lugar de armonización pero también de condicionamiento. Se mata a la bestia que hay en el hombre, se neutraliza el mal, se aprende a amar a su vecino ( lubitch) , se vuelve a la infancia para envejecer mejor (Hawks) ; lo que se juega en estas ficciones bajo control no es nuestra humanidad, sino su regresión, su simulacro: un estandard de humanidad.

Para Kubrick la catarsis no puede ser únicamente sicológica, la deflagración de su puesta en escena se vuelve una inversión del proceso sicoanalítico: no a partir de la neurosis del individuo para integrarlo a la sociedad concreta , sino para desintegrar a la vez la locura y el organismo que ha hecho posible (cuerpo, grupo social ,nación o el planeta entero como en Dr. Strangelove...) De allí la ambigüedad de Kubrick que sirve de la locura para dinamitar los programas que buscan controlarla, canalizarla. En la naranja mecánica señala nuestra dualidad: Nuetro subconciente encuentra un alivio en Alex, así como el encuentra un alivio en sus sueños. Se sufre al ver a Alex amordazado y castigado por las autoridades mientras que una parte de nuestro consciente reconoce que es necesario que así sea.

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La obra de Kubrick es una exploración de la locura: los cálculos fríos del general de los Senderos de la gloria, que mide sus posibilidades de avance por el número de soldados perdidos en la batalla; las obsesiones paranoicas del general Jack Kipper en Dr. Strangelove..., la claustrofobia demoníaca en El resplandor, la furia mortal de Baleine, en Full Metal Jacket, o la demencia racional en el ordenador 2001 que desconecta el equipaje que entorpece el buen desarrollo de su misión. No se trata de ver exteriormente la locura, sino de representarla. Así, el ordenador 2001, verdadero observador de la nave Discovery, decide eliminar a los cosmonautas luego de haber leído en sus labios que proyectan desconectarlo. Es también el caso de la mirada de Jack por encima de la maqueta del laberinto para pasar por el encadenamiento al lugar real donde su mujer y su hijo pasean (Overlook, el nombre del hotel de El resplandor significa mira desde lo alto, pero también alcanzar una salida).Ver es un juego perverso que no puede conducir sino a la muerte (en Full Metal Jacket la cámara hace zoom y enfoca, en perfecta sincronía con el francotirador emboscado, a la víctima descubierta en la verdadera zona muerta de la mirada enemiga) o a la implosión esquizofrénica (cada secuencia de La naranja mecánica es motivada y organizada alrededor de su propio poder de detonación: ralenti, acelerado, distorsiones...)

La locura en el espacio intermedio (real-irreal) que ofrece un filme, no es más que un juego, que no concierne sino a las imágenes y a los actores. El desdoblamiento del cine es una fisión teatralizada. La verdadera locura aparece cuando este espacio transicional del juego se degrada ,de este lado de la pantalla, en un proceso de eliminación de los posibles. La locura, como la guerra, funciona por inversión mortífera del juego creador, del poder de desdoblamiento. En El resplandor, el niño se inventa un doble (Tony) para protegerse, para componer con sus visiones (según las propias palabras de Kubrick), mientras que Jack genera dobles, que prefiguran el poder de descomposición de la muerte.

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A la hora de despertar al mundo, te sentirás un hermano del Minotauro, que esta encerrado en el laberinto, buscando durante toda su vida la salida, sin encontrarla, y que la rabia y la desesperación han vuelto feroz. O bien te identificaras con los jóvenes que es una ley incomprensible envia a la muerte en el laberinto. ¿Quien sabe si estas víctimas encuentran alguna vez a su verdugo, el Minotauro? El dédalo, en tanto camino tortuoso...El Minotauro está muerto, puede ser... ¿Habrá existido? Tú penetras en el laberinto, y a la primera persona que encuentras en el ángulo del corredor, la tomas por tu asesino, te le lanzas encima, ella te arroja al suelo. También teme. Aunque el Minotauro no exista, la matanza tiene lugar como presagio. Entonces tomas la medida de su existencia y de su recorrido, y con palabras, o con dibujos, reconstruyes tu prisión. Te has convertido en Dédalo, en el arquitecto del laberinto. Entonces reemprendes la marcha, quizás con un coraje renovado. Avanzas como Teseo, ya no como una víctima enloquecida, sino con toda lucidez.

Es Friedrich Dürrenmat quien, sin referirse directamente, mejor ha definido la visión kubrickiana del mundo. El hombre no reacciona frente a un todo constituido, sino en un espacio que ha co-creado en permanencia , un territorio vivo cuyos secretos y coherencia arquitectónica son ligados directamente a los suyos. De allí esta dualidad original que desgarra al cineasta : ver, es (co) operar (con) en el mundo.

Dificil releer las reflexiones de Dürrenmat sin pensar en la matanza final de Full Metal Jacket (esta primera persona que encuentras en el recodo del un pasillo se parece extraordinariamente a la joven vietnamita emboscada tras el muro), difícil no imaginar a Jack como el Minotauro en El resplandor,o a Wendy y Danny como jóvenes inocentes perdidos en la inmecidad del laberinto. Difícil, en fin, no reconocer un dédalo en Kubrick mismo, arquitecto de los delirios del hombre moderno, en busca de su unidad perdida.

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Hay mil y una figuras laberínticas en los filmes de Kubrik. La suficiente ostentosa de El resplandor, que reproduce simbólicamente el encabestramiento de los cuartos y pasillos del hotel Overlook. En principio, es un laberinto físico (el ruido del triciclo de Danny sobre el suelo está allí para subrayar la solidez del encierro).

Pero todo esto sería un poco vanal, sino hubiera porolongacines de la figura de el encierro en toda la trama fílmica. Asi, desde los niveles más abstractos, repercuten, como un cáncer, los motivos laberínticos. Red de trayectorias complices se encabalgan o se anula en The Killing; (Barry Lyndon); red de acciones-reacciones que definen el lugar visible-invisible de la guerra (Full Metal Jacket). El laberinto no esta trazado solamente en los espacios , sino también en el valor de la representación. El mundo entero se convierte así en galería, en sucesión de encuadres pintados, de sainetes efectistas, que están tanto en la pantalla como en la progresión de los personajes. No estamos lejos de las trayectorias marcadas o en espirales de los héroes wellesianos, que pierden poco a poco la unidad (Citizen Kane) o en el sentido de la representación al cual son, a su pesar, arrastrados (La dama Shangai).

Se puede ir más lejos. La estructura laberíntica (su código genético) esta ya en nosotros: es la de nuestro espíritu cerebral. Una vez reconocido que toda acción fuera de la ley tiene forzosamente una dimensión imaginaria, flotante, transicional, es más fácil admitir que, como en el juego de ajedrez, se juega al principio con uno mismo, contra la propia energía programadora.

Dice Alain Gheerbrant Jean Chevalier: el laberinto debe permitir, a la vez el acceso al centro en una especie de viaje iniciático, e impedírselo a los menos calificados. Se trata entonces de una serie de pruebas iniciáticas discriminatorias, previas al encaminamiento hacia el centro oculto. Si el mundo laberinto descrito por Kubrick actua como un filtro discriminatorio, pareciera estar desprovisto del centro es que el centro esta en todas y ninguna parte, no es localizable. Si los militares han extendido su radio de acción (Dr Strangelove...), si el hombre al ir a la luna ha abierto sus fronteras orbitales (2001), el poder de la muerte esta presente en el curso de la exploración. Falto de comunicación, de conveniencias, por no decir de amor, esta infinidad de centros que define el ser humano se transforma rápidamente en cúmulos celulares cancerosos o esquizofrénicos, en carne consagrada a la disgregación. En el cine de Kubrick es la luz, el don de la clarividencia (que el cocinero del Overlook llama el resplandor), que sólo puede atravesar la opacidad del laberinto, venciendo la locura del Minotauro. Esa luz dividida, atomizada, moribunda no puede dar nacimiento más que en universos aparentes, vehículos de nuestra inquietante extrañeza.

Los momentos de dicha o de éxtasis que nos ahorra Kubrick están siempre acompañados de un baño de luz: luz aureolada que va a inundar el decorado de una boda (Barry Lyndon), luz difusa para el feto astral de 2001...Sólo el ser-de-luz puede escapar del cuerpo y así huir del laberinto de la carne y de las viseras. Lo que separan nuestras pasiones oscuras (esos residuos de un mundo entrópico y canibal) de nuestro superpoderío virtual no es de hecho más que un tiempo, un nivel, un plano, un poderío menor de exposición de a la luz. He aquí por que la única salida posible en el laberinto es encontrar un camino a través de la lucidez.