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La traducción original es de Nicanor Bolet Peraza. El lector encontrará acotaciones entre paréntesis, Realizadas por Miguel Ángel Blanco*, las pretenden contextualizar el texto a lo que sería actualmente subir a ese pico. Comencemos la Aventura. Animado desde mi llegada a este hermoso país, pude realizar al fin en los días 6, 7 y 8 de abril último, una ascención a la Silla en unión de varios amigos (La Silla de Caracas se le denomina a tramo de la cordillera de la costa comprendido entres el Pico Occidental y el Oriental, entre estas dos elevaciones se forma un valle que tiene la forma de una "silla de montar"). No le di a mi viaje otro carácter que el de placer. Llamó sin embargo mi atención el elevado Pico de Naiguatá que se levantaba atrevidamente a alguna distancia de la silla se reputaba como inaccesible este pico ya que personas aseguraban de que en las selvas que lo rodeaban se ocultaban animales cuya sola ferocidad bastaba para hacer temeraria la empresa de atravesarlas me sentí más y más deseoso de ser el primer humano que posase su planta sobre la aguda cima; y abrigado al mismo tiempo el propósito de recoger en provecho de este país a quien debo tan grata hospitalidad. Fueron mis acompañantes: el General Leopoldo Terrero; el joven artista Ramón Bolet (de quien infiero lleva el nombro el Pozo Bolet queda en los nacimientos de quebrada chacaíto); el señor Antonio Goering miembro de la Sociedad Zoológica de Londres; el señor Gustavo Adolfo Hûbel, ingeniero minero; el joven Dr. Simón Vaamonde, hombre de ciencia; y el señor Enrique Lisboa. A la 1 y 25 p.m del día 21 de abril, y en momentos en que el termómetro marcaba 85 grados Fahrenheit (10.5 centígrados, lo que representa que para aquella época la temperatura de Caracas era casi la del páramo), salimos de la capital, montados en mulas y tomamos el camino hacia el este Llegamos al bello caserío de Sabana Grande a las 2 y 55 minutos. Allí descansamos y nos dirigimos hacia un lugar de hermocísimas plantaciones llamado Los Dos Caminos.
Discutimos esa noche cual vía tomar y quedó aceptada la que sugirió el Dr. Vaamonte quien creía conveniente ascender por el estribo de la montaña opuesto a la silla. A las 4 y 40 minutos del día siguiente salimos todos en número de 15, el termómetro marcaba 5 grados (de ahora en adelante diré la temperatura en grados centígrados) Quince minutos después de comenzada la ascensión llegamos a una altura de 3.725 pies y la temperatura bajó a 3 grados. En estos momentos se olvidan los años,,.. se siente el cuerpo ávido de impresiones y de movimientos y el camino parece corto por incómodo que sea. Seguimos subiendo hasta la fila (fila se le denomina al sector de la montaña donde se tiene "precipicio "hacia ambos lados y que obliga a caminar al excursionista en 'fila', uno detrás del otro). El termómetro marcaba 2 grados y el barómetro revelaba que estábamos a una altura de 5.375 pies (1.763 metros, la temperatura actualmente a esta altura, hora y época del año es de aproximadamente de 15 grados). Las ocho de la mañana se hicieron cuando echamos pié a tierra en Cerro Duarte (este lugar actualmente se llama Estribo de Duarte, la ruta que debieron haber tomado para seguir hasta el pico es la que conduce hasta el lugar llamado Ruta 77 y que llega hasta Rancho grande) continuamos subiendo el casi perpendicular camino. Sometidos ya a la incómoda acción del sol que se levantava con fuerza detrás de la fila del Naiguatá. Las nueve justas eran cuando llegamos a una choza de carbonero donde debíamos dejar a las bestias, pues a poca distancia de allí el camino concluía El termómetro marcaba 7 grados y el barómetro 2100 metros. Por donde quiera íbamos encontrando fresas y moras silvestres de las que tomábamos para mitigar un poco la sed
A las 10 y 20 llegamos a un lugar donde termina por completo todo el camino y en donde se encuentra la última fuente (seguramente Spencer se refiere al lugar llamado actualmente Rancho Grande, donde se encuentra el último lugar para tomar agua hasta llegar al pico), nos encontrábamos a 2180 metros y la temperatura era de 12 grados. Agarrándonos penosamente de los troncos y a haciendo que los peones talasen con sus machetes el monte que no mostraba camino alguno, comenzamos a subir la horrible pendiente de aquella montaña (esta pendiente que es la que culmina en Pico Goering tiene aproximadamente 45 grados de inclinación y realmente es muy exigente). A las 12 y veinte minutos después llegamos al pié de una roca, a la que le dimos el nombre de La trinchera y cuya cumbre ganamos a la 1 y 5 minutos. La parte de la montaña donde nos encontrábamos mereció el nombre de Cerro de los Treinta y dos Diablos, aludiendo a que solo valiendo por dos diablos cada uno de los 16 expedicionarios, podíamos haber llegado hasta aquel lugar. Continuamos en seguida hacia la próxima eminencia y a las 2 y 10 minutos la coronamos. Quisimos descansar allí pero nuestro amigo Antonio Goering nos advirtió el peligro que corríamos de ser molestados por las fieras, y resolvimos continuar, dejando eternizada nuestra gratitud por tan humanitaria advertencia, con el nombre que a aquel cerro dimos de Punta de Goering (este lugar actualmente se llama Pico Goering y es un punto de referencia obligado para los excursionistas ya que representa más o menos un tercio de la subida hasta el Naiguatá).
Ocurrióseme en este apuro mandar a algunos de nuestros peones en busca de agua, lo que pude conseguir de ellos mezclando a los más calurosos elogios, las persuasivas razones de libras esterlinas. Partieron tres de ellos en dirección de la Fuente de la Vida -como convinimos en llamar a aquella que ya he mencionado, prometiéndonos estar de vuelta a la mañana del siguiente día; y con esta esperanza nos entregamos a devorar una deliciosa comida en que figuraban en primer término esos deliciosos pasteles que aquí se conocen con el nombre de hallacas. Hecha poco después la recolección de la leña y malezas que habían de alimentar las fogatas por la noche pare librarnos de los rigores del frío, y antes que todo, pare alejar las probabilidades de una visita estemporánea del rey de aquella selva, nos divinos a la entretenida ocupación de examinar nuestros dominios. Enormes mesas de rocas, colocadas en ese desorden peculiar a la naturaleza, que en caprichosas líneas despliega la variedad o la armonía, formaban ya baluartes, ya galerías, ya bastiones o recintos como nuestro campamento, ya terrados desde donde la vista podía perseguir las lejanas fajas de horizontes extensísimos.
(la siguiente jornada que le tocaría a Spencer era la de caminar por la Fila Maestra, la cual se caracteriza por subidas y bajadas en forma de lomos de camellos - se llaman contrafuertes, para cualquier excursionista es un prueba exigente) Logramos trepar la cúspide de esta eminencia, que como la anterior no permitía que se la flanquease por ningún lado, ya por lo fragoso del terreno, ya porque la cordillera no se estriba en la altura, estando sus más elevados contrafuertes como a 100 metros más abajo de la fila; y algunos, como el del lado N. O. del Naiguatá. Es mi creencia que el solo camino por donde es accesible aquel elevado pico ea el del espinazo de la cordillera, que era el que nosotros seguíamos, donde las rocas, ásperas como una lima, ofrecen apoyo suficiente en esta peligrosa ascensión. Estando aun en la cumbre oímos doce cañonazos disparados por un buque de guerra español que saludaba el puerto de la Guaira, y cuyas detonaciones llegaban distintamente hasta nosotros.
Después de mil vueltas que nos obligó a hacer lo irregular del terreno, logramos la cresta del penúltimo pico Tal como un grupo de guerreros que escalando impetuosos una torre, más que en las manos y en los pies, están sostenidos por el equilibrio, y alumbrados por la gloria, la muerte les sonríe; así nosotros, arrebatados violentamente por nuestro entusiasmo, nos dirigimos hacia la próxima aguja.
Nuestras plantas hollaban, las primeras, la aguda cima del soberbio pico, una de las más grandes alturas cercanas al océano. Eran las 11, 41 minutos y 10 segundos de la mañana del 23 de abril de 1872
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