Mike's Complaint (II)
La mañana en el City Ranch (apelativo con que habíamos
decidido bautizar a nuestra morada vacacional) era todo un evento digno
de contar. A falta de aire acondicionado habíamos comprado unos ventiladores
usados en la tienda de unos turcos muy sospechosos. Durante la noche descubrimos
que eran extractores de aire conectados al revés. Pero al mal tiempo
buena cara y por lo tanto nuestra primera mañana en el "city
ranch" comenzó con una gran pelea por el uso del baño.
La verdad es que una sola sala para seis individuos quedaba como corta,
pero eso era lo que teníamos y por lo tanto debimos aprender a ser
breves. Sin embargo, nuestro amigo Mike hizo caso omiso de los gritos de
los demás y se mandó una sesión de 45 minutos al cabo
de la cual todos lo queríamos matar. Luego de calmados lo ánimos
nos fuimos a desayunar en la famosísima panadería 4 de Mayo.
Por supuesto que al gringo no le gustaron ni los cachitos, ni los pastelitos
ni las palmeras ni un carajo, por lo que desayunó con una coca cola
y un paquete grande de oreos.
Como a las 10 de la mañana salimos comidos de Puerto Cruz. En
el carro de Babi íbamos Philippe, Babi, las dos italianas, el gringo
y yo. Cuando nos prestábamos a dar la consabida vuelta en "u"
por la bomba de gasolina que divide el camino para La Asunción, sentimos
un impacto contra el carro y nos dimos cuenta que una camioneta pick up
destartalada nos había chocado por detrás. Philippe se bajó
y con su conocida gracia social procedió a gritarle improperios a
los ocupantes de la camioneta. De repente me di cuenta que se bajaron 3
margariteños rascados con muy malas intenciones. Inmediatamente salí
del carro y me paré junto a Phil para ver qué pasaba. Inmediatamente
la coñaza comenzó. En esa época Phil y yo estábamos
bastante duros y procedimos a golpear y patear a los tres márgaros
agresores. 3 contra 2 es siempre un problema por lo que le gritábamos
a Mike que se empatara en la pelea. El muy marico no quería salir
del carro y las italianas lo empujaban e insultaban para que nos ayudara.
Como a los 5 minutos la policía hizo su presencia con la llegada
del Sargento Salazar (no el espía) quien a punta de pistola paró
la trifulca y abrió averiguaciones "in situ" . Solo con
la presencia de la policía se atrevió Mike a bajarse del carro
todo pellizcado por nuestras indignadas amigas. Como siempre habló
Simón Bolívar y en 5 minutos continuamos hacia Puerto Cruz.
Una vez en la playa nos instalamos comodamente y empezamos a beber ron
Don Simón a 4 Bs. la botella. Para las cuatro de la tarde nadie recordaba
los incidentes de la mañana y hasta el mismo Mike parecía
otra persona. - Perdonarme, perdonarme - lloriqueaba con la pea y nosotros
de lo más felices procedimos a abrir un nuevo capitulo en la historia
del viaje. Sin embargo, poco duraría nuestra nueva actitud cuando
nos dimos cuenta de la insolación que cargaba Mike. Nuestro día
de playa terminó temprano y en la medicatura de Pedro González
donde le trataron quemaduras de segundo grado. - "Hijo er diablo gringo,
por qué no te pusisteis protector" - preguntó socorrero
mientras aplicaba sus cremas terapéuticas. - Es que no gustarme poco,
yo ser hombre macho y no usar Coopertone nunca - . - Bueno, por macho y
por pendejo vas a sufrir, así que tómate 2 de estas cada 3
horas y te quedas lejos del sol por una semana. ¿Entendido? - . -
Claro Dr. lo que Ud.. decir OK conmigo-. Cuando se nos bajó la pea
esa noche nos dimos cuenta que el Sr. Mike estaba fuera del juego por un
tiempo con las pepas del Dr., por lo que procedimos a irnos de rumba hasta
las 4 a.m..
El día siguiente comenzó con otro peo. Esta vez no por
Mike sino por mi primo Fernando que decidió dárselas de Miss
y pasar más de una hora en el baño. Dentro de la arrechera
le cortamos el agua, cosa que no le importó ya que lo que más
le tardó fue peinarse las cejas durante 15 interminables minutos.
La verdad es que hubiéramos sacarlo a palos pero la puerta del baño
era de acero reforzado. El segundo día pasó sin contratiempos
con Mike en cama y un palo de agua gigante que nos obligó a ir de
compras con las chamas dado que la playa era un imposible. Ya muy mejoradito
para su tercer día Mike decidió acompañarnos a Playa
El Agua prometiendo mantenerse en la sombra. Todo siguió muy bien
hasta que en la noche decidimos irnos en cambote para la discoteca que daba
la hora en la isla, El Village. La verdad que este sitio evoca hermosísimos
recuerdos de bellas épocas pasadas, especialmente las tenidas con
su esotérico disk jockey el nunca bien ponderado Cuchi Free. Cuenta
la leyenda que su mamá lo llamó así por que cuando
era chiquito parecía un "cuchi-cuchi" y debe ser verdad
porque no se parece en nada a Pablo Mármol. Total que llegamos al
Village esa noche y el sitio era pura candela. Tanto así que para
las tres de la mañana estaba jamoneándome con una negra de
Coro y su amiga una gordita de Barcelona trataba inútilmente de meterle
mano a mi amigo Mike. Después de un rato decidimos irnos al apartamento
de las muchachas, no sin antes la consabida conversación estratégica
con Mike. - Mira - le dije - tú como que no quieres nada con esa
mujer, así que ¿por qué mejor no te vas en taxi para
el "citi ranch" y nos vemos mañana, yo me ocupo de este
asunto?. - No , yo no querer ir solo a Pampatar a esta hora, yo acompañarte
y hacer lo que ser necesario - . - Muy bien- contesté, - esa es la
actitud-. Procedimos a incursionar en la peor parte de Porlamar, en realidad
la peor parte de cualquier sitio que yo haya visto, hasta que llegamos a
un taller mecánico. Subiendo la escalera las muchachas me explicaron
que se estaban quedando en el apartamento de un primo en el segundo piso
del taller y que era un sitio discreto pero muy chévere.
Cuando entramos a la pocilga esa, hasta yo sentí resquemor. Era
un solo ambiente con cuatro colchones rotos en el piso y lleno de papeles
periódico sucios y viejos. Todo alumbrado románticamente por
un solo bombillo amarillo pegado de un cable desgastado. El gringo se quería
morir y la gordita se lo quería comer así que comenzó
la persecución. Yo por mi parte me tragué el asco "and
did what I had to do". pero eso sí, lo más rápidamente
posible. Cuando me fui como a la hora, me encontré a Mike escondido
en la parte de atrás de mi carro así como rezando. Luego todo
el viaje de regreso al "citi ranch" fue un gran reclamo. No aguanto
más, exploté . - Tú sabes como es la vaina, que te
me vas para grigolandia ya!, ni yo ni nadie te aguanta en Margarita, así
que te invito a que recojas tus cosas y te devuelvas a casa de tu mamita
a comer compota Gerber-. Dicho como hecho, el ahora ex amigo arregló
todas sus cosas y arrechísimo lo dejamos en el aeropuerto como a
las 10 de la mañana del día siguiente. Todos aliviados celebramos
con una nueva pea juvenil.
El regreso de Mike se perfilaba muy organizado, A las 11 a.m. llegaría
a Maiquetía y tomaría un taxi hasta mi casa. Luego se quedaría
leyendo hasta dormirse y muy temprano mi mamá se ofreció a
llevarlo al aeropuerto para tomar su vuelo de regreso a New York con posterior
conexión a Philadelphia. Efectivamente, luego de dejar a Mike a las
6.30 a.m, con todo chequeado, mi mamá volvió a su rutina hogareña.
A las 10 de la mañana tocaron el timbre de la casa y ella pensó
que eran los tipos del gas con la bombona fresca. Pero, hasta a mi elegante
mamá no pudo sino escapársele un sonoro - Coño - cuando
se encontró con el joven Mike de regreso en nuestro portal. - ¿Qué
te pasó? - le preguntaron. A lo que apesadumbrado respondió
- yo tener mucha hambre y encontrar un Burger King, tanta hambre tener que
comer 3 whopper con queso y no darme cuenta que vuelo irse. No saber que
hacer, favor ayudarme - . Internamente mi mamá se tuvo que tragar
todos los regaños que me echó por mi trato con Mike, ya que
ahora le había tocado a ella experimentar el placer de su compañía.
Todo el día pasaron tratando de encontrar un puesto de avión,
pero Uds. saben lo difíciles que son los puestos en agosto. Lo mejor
que le ofrecieron fue un regreso a través de Aruba a una semana de
distancia. Ante la perspectiva de quedarse con el joven por ese período,
procedieron a llamar a su papá Mike Sr. quien es un gringo muy pesado.
El Sr. Mike, rápidamente resolvió con su pana el Presidente
de Pan Am y a algún bolsa habrán bajado porque esa misma tarde
el querubín tenía su cupo asegurado en el avión del
día siguiente.
Para terminar con el cuento, esa última noche se lo tuvieron que
llevar a un matrimonio finísimo usando un traje mío que le
quedaba como cuatro tallas grande. En el matrimonio se portó malísimo.
Se rascó y le echó los perros a una vieja feísima cuyo
marido le ofreció unos tiros. El día siguiente, mi papá
en persona llevó al niño hasta su asiento en el avión
y lo despidió cariñosamente ligando que esta fuera su última
visita a Caracas. Ahora, cada vez que conozco a alguien muy fastidioso,
le digo - Mira vale, no seas un Mike Complaint!.
Les anuncio que tengo una nueva dirección de Email: agotero@usa.net |