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Mike's Complaint (II)

Andrés Germán Otero L.

La mañana en el City Ranch (apelativo con que habíamos decidido bautizar a nuestra morada vacacional) era todo un evento digno de contar. A falta de aire acondicionado habíamos comprado unos ventiladores usados en la tienda de unos turcos muy sospechosos. Durante la noche descubrimos que eran extractores de aire conectados al revés. Pero al mal tiempo buena cara y por lo tanto nuestra primera mañana en el "city ranch" comenzó con una gran pelea por el uso del baño. La verdad es que una sola sala para seis individuos quedaba como corta, pero eso era lo que teníamos y por lo tanto debimos aprender a ser breves. Sin embargo, nuestro amigo Mike hizo caso omiso de los gritos de los demás y se mandó una sesión de 45 minutos al cabo de la cual todos lo queríamos matar. Luego de calmados lo ánimos nos fuimos a desayunar en la famosísima panadería 4 de Mayo. Por supuesto que al gringo no le gustaron ni los cachitos, ni los pastelitos ni las palmeras ni un carajo, por lo que desayunó con una coca cola y un paquete grande de oreos.

Como a las 10 de la mañana salimos comidos de Puerto Cruz. En el carro de Babi íbamos Philippe, Babi, las dos italianas, el gringo y yo. Cuando nos prestábamos a dar la consabida vuelta en "u" por la bomba de gasolina que divide el camino para La Asunción, sentimos un impacto contra el carro y nos dimos cuenta que una camioneta pick up destartalada nos había chocado por detrás. Philippe se bajó y con su conocida gracia social procedió a gritarle improperios a los ocupantes de la camioneta. De repente me di cuenta que se bajaron 3 margariteños rascados con muy malas intenciones. Inmediatamente salí del carro y me paré junto a Phil para ver qué pasaba. Inmediatamente la coñaza comenzó. En esa época Phil y yo estábamos bastante duros y procedimos a golpear y patear a los tres márgaros agresores. 3 contra 2 es siempre un problema por lo que le gritábamos a Mike que se empatara en la pelea. El muy marico no quería salir del carro y las italianas lo empujaban e insultaban para que nos ayudara. Como a los 5 minutos la policía hizo su presencia con la llegada del Sargento Salazar (no el espía) quien a punta de pistola paró la trifulca y abrió averiguaciones "in situ" . Solo con la presencia de la policía se atrevió Mike a bajarse del carro todo pellizcado por nuestras indignadas amigas. Como siempre habló Simón Bolívar y en 5 minutos continuamos hacia Puerto Cruz.

Una vez en la playa nos instalamos comodamente y empezamos a beber ron Don Simón a 4 Bs. la botella. Para las cuatro de la tarde nadie recordaba los incidentes de la mañana y hasta el mismo Mike parecía otra persona. - Perdonarme, perdonarme - lloriqueaba con la pea y nosotros de lo más felices procedimos a abrir un nuevo capitulo en la historia del viaje. Sin embargo, poco duraría nuestra nueva actitud cuando nos dimos cuenta de la insolación que cargaba Mike. Nuestro día de playa terminó temprano y en la medicatura de Pedro González donde le trataron quemaduras de segundo grado. - "Hijo er diablo gringo, por qué no te pusisteis protector" - preguntó socorrero mientras aplicaba sus cremas terapéuticas. - Es que no gustarme poco, yo ser hombre macho y no usar Coopertone nunca - . - Bueno, por macho y por pendejo vas a sufrir, así que tómate 2 de estas cada 3 horas y te quedas lejos del sol por una semana. ¿Entendido? - . - Claro Dr. lo que Ud.. decir OK conmigo-. Cuando se nos bajó la pea esa noche nos dimos cuenta que el Sr. Mike estaba fuera del juego por un tiempo con las pepas del Dr., por lo que procedimos a irnos de rumba hasta las 4 a.m..

El día siguiente comenzó con otro peo. Esta vez no por Mike sino por mi primo Fernando que decidió dárselas de Miss y pasar más de una hora en el baño. Dentro de la arrechera le cortamos el agua, cosa que no le importó ya que lo que más le tardó fue peinarse las cejas durante 15 interminables minutos. La verdad es que hubiéramos sacarlo a palos pero la puerta del baño era de acero reforzado. El segundo día pasó sin contratiempos con Mike en cama y un palo de agua gigante que nos obligó a ir de compras con las chamas dado que la playa era un imposible. Ya muy mejoradito para su tercer día Mike decidió acompañarnos a Playa El Agua prometiendo mantenerse en la sombra. Todo siguió muy bien hasta que en la noche decidimos irnos en cambote para la discoteca que daba la hora en la isla, El Village. La verdad que este sitio evoca hermosísimos recuerdos de bellas épocas pasadas, especialmente las tenidas con su esotérico disk jockey el nunca bien ponderado Cuchi Free. Cuenta la leyenda que su mamá lo llamó así por que cuando era chiquito parecía un "cuchi-cuchi" y debe ser verdad porque no se parece en nada a Pablo Mármol. Total que llegamos al Village esa noche y el sitio era pura candela. Tanto así que para las tres de la mañana estaba jamoneándome con una negra de Coro y su amiga una gordita de Barcelona trataba inútilmente de meterle mano a mi amigo Mike. Después de un rato decidimos irnos al apartamento de las muchachas, no sin antes la consabida conversación estratégica con Mike. - Mira - le dije - tú como que no quieres nada con esa mujer, así que ¿por qué mejor no te vas en taxi para el "citi ranch" y nos vemos mañana, yo me ocupo de este asunto?. - No , yo no querer ir solo a Pampatar a esta hora, yo acompañarte y hacer lo que ser necesario - . - Muy bien- contesté, - esa es la actitud-. Procedimos a incursionar en la peor parte de Porlamar, en realidad la peor parte de cualquier sitio que yo haya visto, hasta que llegamos a un taller mecánico. Subiendo la escalera las muchachas me explicaron que se estaban quedando en el apartamento de un primo en el segundo piso del taller y que era un sitio discreto pero muy chévere.

Cuando entramos a la pocilga esa, hasta yo sentí resquemor. Era un solo ambiente con cuatro colchones rotos en el piso y lleno de papeles periódico sucios y viejos. Todo alumbrado románticamente por un solo bombillo amarillo pegado de un cable desgastado. El gringo se quería morir y la gordita se lo quería comer así que comenzó la persecución. Yo por mi parte me tragué el asco "and did what I had to do". pero eso sí, lo más rápidamente posible. Cuando me fui como a la hora, me encontré a Mike escondido en la parte de atrás de mi carro así como rezando. Luego todo el viaje de regreso al "citi ranch" fue un gran reclamo. No aguanto más, exploté . - Tú sabes como es la vaina, que te me vas para grigolandia ya!, ni yo ni nadie te aguanta en Margarita, así que te invito a que recojas tus cosas y te devuelvas a casa de tu mamita a comer compota Gerber-. Dicho como hecho, el ahora ex amigo arregló todas sus cosas y arrechísimo lo dejamos en el aeropuerto como a las 10 de la mañana del día siguiente. Todos aliviados celebramos con una nueva pea juvenil.

El regreso de Mike se perfilaba muy organizado, A las 11 a.m. llegaría a Maiquetía y tomaría un taxi hasta mi casa. Luego se quedaría leyendo hasta dormirse y muy temprano mi mamá se ofreció a llevarlo al aeropuerto para tomar su vuelo de regreso a New York con posterior conexión a Philadelphia. Efectivamente, luego de dejar a Mike a las 6.30 a.m, con todo chequeado, mi mamá volvió a su rutina hogareña. A las 10 de la mañana tocaron el timbre de la casa y ella pensó que eran los tipos del gas con la bombona fresca. Pero, hasta a mi elegante mamá no pudo sino escapársele un sonoro - Coño - cuando se encontró con el joven Mike de regreso en nuestro portal. - ¿Qué te pasó? - le preguntaron. A lo que apesadumbrado respondió - yo tener mucha hambre y encontrar un Burger King, tanta hambre tener que comer 3 whopper con queso y no darme cuenta que vuelo irse. No saber que hacer, favor ayudarme - . Internamente mi mamá se tuvo que tragar todos los regaños que me echó por mi trato con Mike, ya que ahora le había tocado a ella experimentar el placer de su compañía. Todo el día pasaron tratando de encontrar un puesto de avión, pero Uds. saben lo difíciles que son los puestos en agosto. Lo mejor que le ofrecieron fue un regreso a través de Aruba a una semana de distancia. Ante la perspectiva de quedarse con el joven por ese período, procedieron a llamar a su papá Mike Sr. quien es un gringo muy pesado. El Sr. Mike, rápidamente resolvió con su pana el Presidente de Pan Am y a algún bolsa habrán bajado porque esa misma tarde el querubín tenía su cupo asegurado en el avión del día siguiente.

Para terminar con el cuento, esa última noche se lo tuvieron que llevar a un matrimonio finísimo usando un traje mío que le quedaba como cuatro tallas grande. En el matrimonio se portó malísimo. Se rascó y le echó los perros a una vieja feísima cuyo marido le ofreció unos tiros. El día siguiente, mi papá en persona llevó al niño hasta su asiento en el avión y lo despidió cariñosamente ligando que esta fuera su última visita a Caracas. Ahora, cada vez que conozco a alguien muy fastidioso, le digo - Mira vale, no seas un Mike Complaint!.

Les anuncio que tengo una nueva dirección de Email: agotero@usa.net

 

 

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