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Silvia Hernández de Lazari
Todas estas consideraciones consiguen expresión muy particular en el diseño de la casa Mágica , obra que realizó Pietri por encargo de su sobrino Andrés Sosa Pietri. Además, la resolución del problema de la iluminación íntimamente ligado al de la transparencia, no es en este caso la mera resolución de una dificultad sino más bien la celebración de una fiesta, el derroche de luz y color.
La admiración de Pietri por la arquitectura islámica y el deseo de su cliente de tener una casa con patio se conjugaron en la concepción del espacio principal. Este constituye una versión singular del patio tradicional debido fundamentalmente a sus dimensiones y al velo con el cual se lo cubre. Explica Andrés Sosa Pietri. Yo deseaba una casa con un patio central, como el de las casas andaluzas, las árabes o las coloniales. El captó de inmediato mi preocupación. Yo le formulaba las necesidades básicas: el tenía rienda suelta libertad total para proponer sus ideas.
La casa está concebida de manera de espacio urbano interior con una gran plaza y calles que desembocan en ella.. La plaza está techada pro una plataforma perforada cuya horadación se cubre con una gran cúpula transparente de vidrio de inesperado colorido. El espacio central está demarcado por cuatro grandes pilastras habitadas que contienen en su interior los espacios más íntimos y los servicios de la casa. La idea de crear un espacio urbano interior de considerable altura tratándose de una vivienda y de congregar los ambientes de una casa en las grandes pilastras de las esquinas le confiere a esta casa una escala y una imagen poco usuales en edificaciones de vivienda. Esta imagen se logra además gracias a la decisión de no expresar al división en pisos de la vivienda sino de darle continuidad a las fachadas, las cuales se tratan como planos continuos desde el suelo hasta el nivel del gran techo. Al logro de este efecto contribuye el hecho de que las paredes sólo se perforan con aberturas pequeñas, nuevamente con formas de ojos, para ventilar o iluminar los ambientes de servicio. Yo quería techos muy altos, de seis metros, para poder tener dos niveles en las estancias dela casa; de esta manera podría hacer ejercicio en el nivel superior de mi habitación, y los muchachos podrían tener la cama arriba y un estar abajo donde pudieran recibir a sus amistades, o para tener una biblioteca amplia y poder leer y trabajar en la casa.
Las vidrieras fijas y las puertas de vidrio se observa una gran complejidad, producto de la coexistencia de geometría diferentes: una ortogonal de vidrios multicolores y otra formada por segmentos de circunferencia y elementos rectos, también de colores distintos, que se perciben a manera de grandes ojos de la edificación que observan desde arriba. Las grandes rejas batientes se superponen a otras puertas de vidrio y producen tamices de luz que recuerdan las tramas de la arquitectura islámica para contrarrestar la claridad extrema . La apariencia de fragilidad que se observa en este caso, debido al escaso espesor de los elementos, se debe principalmente a al elección del hierro como material de construcción. Las rejas se encuentran emparentadas también con los patrones ornamentales y con la tradición local de construcción de estos elementos de seguridad así como por el gusto por la ligereza y la experiencia previa del arquitecto, especialmente en las quintas Margarita y Girahara. Las puertas con vidrios, hacia el exterior mantienen una estructura principal de 30 y 60 grados con esfuerzos complementarios que no llegan a ser perpendiculares sino que se relacionan con la reja con la cual casi hacen contacto. Estas características de perpendicularidad no alcanzada y contacto inacabado hacen pensar en una perturbadora actitud manierista. A diferencia de las puertas de vidrio, las rejas comprenden una estructura ortogonal con cilindros metálicos intercalados, a la que se incorpora otra construidas con cabillas dobladas según un patrón de semicírculos que se entrelazan a manera de cordones y que forman una especie de cadena que atraviesa la armadura ortogonal.
El otro tamiz que se opone a la luminosidad tropical está en el techo y lo constituye la gran cúpula de vidrio que protege el patio y que surge a manera de magnífico géiser en ese espacio. Esta cúpula techa una terraza interior con un vacío central, desde la que puede observarse a distancia, a través de los vidrios transparentes de la cúpula, la silueta majestuosa dela montaña El Avila. El otro filtro de luz es el techo de vidrio que cubre el garaje de la casa. Esta estructura metálica en voladizo en la mayor parte de su trayecto, soportada desde su parte superior por el muro perimetral sinuoso, del cual se encuentra separada, apenas se apoya en la fachada de la casa en el momento de permitir el acceso techado a la misma. Otra sugerencia del sobrino condujo a esta solución, ya anticipada en una de las tres casas proyectadas para la urbanización Los Corales en el Litoral Central: Yo le pedí a mi tío una "puerta cochera", algo equivalente a lo que había en la casa de mis abuelos, donde vivió Alejandro de niño. Se trataba de un espacio cubierto, contiguo a la casa, de modo que uno pudiera bajarse del carro sin mojarse cuando lloviera. Llama la atención el hecho de que en la respuesta a este problema, Pietri adoptó una geometría diferente de todas las demás utilizadas en la casa: se trata de una estructura plegada con un dibujo lineal a 30 y 60 grados en los elementos metálicos que soportan las láminas de vidrio de diferentes colores que protegen del sol y la lluvia. Si bien Alejandro Pietri planteó un orden geométrico preciso en algunos elementos de la casa -en las vidrieras fijas, en las puertas, rejas, barandas del gran vacío central y en la cubierta del garaje, así como en la superficie principal de la gran cúpula-, contrariamente en otros elementos estableció un orden totalmente libre: en el centro deprimido de la cúpula y en las barandas del jardín. Justamente debajo de la cúpula y surgiendo de la esbelta columna hueca que le sirve de apoyo, se encuentra otro elemento igualmente sorprendente: la inmensa escalera metálica en espiral. El binomio de la cúpula y la escalera constituye una unidad escultórica sorprende, a la vez que incorpora el movimiento a la percepción de la vivienda. La escalera ofrece la posibilidad de contemplar la casa durante su recorrido, a la vez que la cúpula va mostrando durante todo el día el paso del tiempo y la mutabilidad de los espacios por efectos de luz y sombra; durante la noche, en cambio, esta cúpula cristalina es fuente de luz y color hacia el exterior. La escalera es grácil, transparente y de gran riqueza cromática: sus peldaños en voladizo, cada uno de un color diferente, hacen pensar en una nueva especie vegetal exótica que conduce a la mágica cúpula de colores. esta nueva especie creada por Alejandro Pietri presenta sus frondas a manera de grandes hojas de diferentes formas y tamaños, con insólitas nervaduras tridimensionales en su envés, que nacen del esbelto tronco metálico en trayectoria espiral ascendente.
Esta pieza central de la plaza constituida por la cúpula y la escalera es un cuerpo complejo: elemento de circulación vertical, fuente de luz y color, vinculación con el cosmo, pozo de recolección de la lluvia, acceso al jardín superior y presencia encantada en lugar. Si bien puede decirse que el espíritu de la resolución de este cuerpo mágico en el espacio central preexista en la mente del arquitecto Pietri, su materialización es más bien producto del proceso de diseño, en el cual cliente y arquitecto trabajaron de manera integrada. Cuando mi tío planteó el jardín en el techo, la rampa que baja al sótano continuaba hasta arriba, Le sugerí acceder al jardín superior con una rampa, como en el Guggenheim; luego pedí: "Hazme una escalera de caracol bonita, de esas que tú sabes hacer, y una rampa para bajar al sótano". Yo le pedía cosas y él se inflamaba, se dejaba llevar por la imaginación y proponía a su vez nuevas respuestas.
Al hecho de asumir una actitud abierta en el proceso de diseño, que incorpora desde rigurosas y múltiples geometrías hasta actitudes más libres, Alejandro Pietri sumó las posibilidades de enriquecimiento de una obra gracias al azar: consideraba cualquier sugerencia de los artesanos que participan en la construcción de la obra, principalmente en lo relativo a los detalles: dejaba siempre un margen para que la imaginación y el genio singular del artesano se manifestara, a fin de que su conocimiento del oficio incorporara a la obra un sentido diferente del gusto y de la estética. A este respecto, y en relación a los detalles de la casa Mágica, resultaron fundamentales los aportes del constructor. Iraquí Odriazola, pues esta casa terminó de construirse después de la muerte del arquitecto. Esta actitud contrasta sensiblemente con la tendencia generalizada de los arquitectos de construir sus proyectos sólo de la manera prevista, considerando molesta cualquier alteración En esta casa el azar y la iniciativa del artesano se manifiestan en algunos aspectos que la caracterizan: en primer lugar, Pietri disidió el remate del muro sinuoso que bordea la parcela con material de desecho: los cilindros de concreto de las pruebas de carga de la casa. En segundo lugar, Pietri utilizó como ornamento de ese muro las cabillas de amarre del encofrado, las cuales los artesanos doblaron a mano caprichosamente y pintaron de colores a su gusto. Finalmente, Pietri dejó a los artesanos la selección de los colores de los vidrios -algunos de ellos inventados por la superposición de diferentes colores-, su disposición de la cúpula, los cilindros huecos de la baranda de la rampa que baja al sótano y los vitrales de la puerta del garaje. |