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Niños que laboran al margen de la ley

Nelson Hernández García*

El trabajo ha sido siempre considerado como el pilar fundamental donde se cimienta el desarrollo de los pueblos. Por ello resulta paradójico que a la hora de hablar del trabajo que realizan gran cantidad de niños, niñas y adolescentes, esta visión tan altruista se transforme totalmente y se vea como una actividad peligrosa y dañina en su proceso de crecimiento. Al hablar de trabajo infantil y juvenil emergen dos posiciones antagónicas: los detractores y los partidarios. Los argumentos de los primeros giran en torno a los perjuicios que puede provocar esta actividad en el desarrollo del infante y su influencia directa en el aumento de la deserción escolar. Los partidarios expresan que no se puede generalizar y afirmar que todo trabajo infantil entraña explotación, explotación que ellos también repudian. A su juicio no toda práctica laboral puede ser considerada perjudicial.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Protección de la Infancia(UNICEF) precisa que un trabajo realizado por un niño, niña o adolescente reviste condiciones de explotación, cuando se inicia a temprana edad y las labores realizadas son a tiempo completo; las ocupaciones producen tensiones indebidas, de carácter físico, social o psicológico; se realiza en las calles en malas condiciones; la remuneración es inadecuada; hay exceso de responsabilidad; las tareas obstaculizan el proceso educativo del niño(a); las labores socavan la dignidad y la autoestima de los niños y niñas(Ejem: la esclavitud, el trabajo servil o la explotación sexual) y cuando el trabajo perjudica el pleno desarrollo social y psicológico del infante o adolescente.

El investigador peruano Alejandro Cussiánovich, considera que en esta discusión sobre trabajo infantil, no puede confundirse la esencia del fenómeno con sus características. El que se discuta y polemice sobre el trabajo infantil es normal, si se toman las condiciones concretas en las cuales muchas veces se desenvuelve este trabajo, pero el que se quiera simplificar el problema con frases como "se debe abolir el trabajo infantil", "el niño no debe trabajar, porque sería negar su condición de niño", "es un crimen contra el país", etc., imposibilita ver la potencialidad humanizadora, el valor social y la esencia ética que tiene el trabajo infantil, a la par de impedirnos luchar contra las perversiones y abusos que se dan en su ejercicio. En otras palabras, para Cussiánovich el trabajo infantil es un derecho que se tiene que regular, para que cumpla su función formadora, pero no abolirlo.

Hablan los que saben de esto

En el estudio de opinión Voces para el Cambio realizado durante el mes de Julio, con una muestra de 500 muchachos y muchachas de todo el país, en edades comprendidas entre los 9 y 17 años, arrojó datos interesantes sobre la situación que día a día afrontan los que desde muy jóvenes tienen que trabajar. Allí, por ejemplo, el 39% afirmó haber trabajado alguna vez(7% siempre; 32% A veces) y un 61% nunca haberlo hecho en su vida. Las labores que desarrollan estos niños, niñas y adolescentes trabajadores las realizan fuera del seno del hogar(88%), principalmente en comercios(55%), la calle(28%), la escuela(4%) y el campo(3%).

Las jornadas laboradas por los infantes y adolescentes trabajadores pueden oscilar entre 1 y 5 horas(38%), medio tiempo(19%), sólo horas libres(3%), en vacaciones y fines de semana(2%), o, en el peor de los casos, les lleva a cumplir agotadoras faenas de todo un día(9%), de 6 a 11 horas(22%) y de manera indefinida(2%). Y pensar que legalmente un adulto tiene el derecho de no cumplir jornadas de trabajo que excedan las ocho horas. Para este grupo de muchachos y muchachas esto de trabajar no es cosa nueva, algunos afirmaron que lo han hecho desde siempre(17%), otros que tenían más de un año(25%), un año(19%) o meses trabajando(40%).

Un dato importante para quienes están a favor de la abolición del trabajo infantil por contribuir en la deserción escolar, es que el 85% de los muchachos y muchachas trabajadores aseguraron que eso de combinar el trabajo y los estudios era "pan comido" y no le generaba problema. Contrario a esta posición se mostró el 15% restante para quienes la cuestión no fue tan fácil y optaron por dejar los estudios. El 27% aseveró que tratándose de niños, niñas y adolescentes el binomio trabajo-estudio es incompatible. Un 56% más flexible, aceptó que sólo en ocasiones estos dos resultan como el agua y el aceite. El 18% se situó en el otro extremo de opinión, asegurando que hablar de estudios y trabajo infantil y juvenil era como hablar de Batman y Robin, El Llanero Solitario y Toro, Tom y Jerry, Luisa y Superman, en fin, una pareja compatible al 100 por ciento.

Al preguntárseles el por qué trabajaban, un 37% argumentó que era para ayudar a su familia, el 22% para la compra de prendas de vestir y otros objetos y el 21%(contrario a lo que piensan muchos adultos) expresó que sentían gusto al hacerlo. Las razones no quedaron allí: Por el dinero(19%), aprendo a hacer cosas nuevas(11%), tengo necesidad de trabajar(10%) y para ayudarme a cubrir los gastos de mi comida(8%) o mis estudios(5%).

Aunque realizan muchas veces iguales tareas que los adultos, y en algunos casos, hasta actividades más fuertes y agotadoras, el trabajo realizado por niños, niñas y adolescentes no es recompensado con la misma paga que se le da a una persona mayor de edad, tal vez por la carencia de legislaciones que acepten el trabajo infantil y juvenil como una realidad. Realidad que se tiene o no que erradicar, pero sin lugar a dudas una cruda realidad. Por ello tal vez, el 57% de los niños, niñas y jóvenes consultados, fueron tajantes al exigir que los infantes y jóvenes devenguen un sueldo como lo hacen los adultos y que este sueldo no sea menor al de estos(52%). Un significativo porcentaje(43%) apoyó el que los niños, niñas y jóvenes no reciban ningún tipo de remuneración. Otros(48%) expusieron que de hacerlo, este sueldo debería ser menor al de los trabajadores adultos.

Haciendo a un lado las discusiones bizantinas sobre si se erradica o no el trabajo infantil, los niños, niñas y jóvenes le dieron una pista a quienes les compete el tema, sobre lo que debe hacerse con los muchachos y muchachas inmersos en actividades laborales: Ayudarlos(69%) y Educarlos(44%). El cómo lograrlo es asunto que atañe a todos, principalmente a las autoridades y organismos encargados de la atención y protección de los niños(as) y adolescentes.

A juicio de los muchachos y muchachas encuestados la necesidad(74%) parece ser la principal causal del trabajo infantil. Otros propulsores de esta realidad son la viveza de algunos adultos(21%), la flojera de ciertos padres(15%), el gusto por trabajar(14%) y el deseo de mantenerse alejados de su casa(9%).

Consideran los participantes en el estudio, que la protección que brindan los organismos gubernamentales a los niños, niñas y jóvenes que tienen que trabajar es nula(41%) o esporádica(40%), lo que deja ver lo poco efectiva que resultan las políticas y campaña que emprende el Estado para evitar que las actividades laborales que cumplen muchos niños, niñas y jóvenes interfieran con su desarrollo y originen daños irreparables. Muy pocos(18%) consideraron positivos los mecanismos de protección que pone en practica el Gobierno para asegurar que este sector no sea explotado y abusado.

Trabajos en la calle(21%), como mesonera(12%), prostitución(11%), buhonería-venta ambulantes(11%), traficantes-vendedores de droga(11%), fábricas en general (10%), periodiquero(7%), recoge latas(5%), limpiabotas(5%) y obreros(3%) fueron catalogadas como actividades laborales que los niños, niñas y jóvenes nunca deben realizar. Hubo un grupo(11%) que expresó que para ellos todo tipo de trabajo encierra peligro para los niños, niñas y jóvenes.

Lo que queda realmente claro es toda esta polémica, es que, más allá de la eliminación o no del trabajo infantil, hay una realidad palpable: cientos de niños(as) y jóvenes que se encuentran trabajando y a los cuales no se pude desamparar y mantener marginados el tiempo que tarde la definición de esta discusión.

*Comunicador Social, Centros Comunitarios de Aprendizaje(Cecodap)
http: //www.auyantepui.com/cecodap/
Correo Electrónico: cecodap@telcel.net.ve
Para llamados de página:
Convención Internacional Sobre los Derechos del Niño:
http: //www.auyantepui.com/cecodap/convenci.html

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