¿Es realmente exitosa la política
del BCV?
La mañana del pasado viernes fui sorprendido por un cable noticioso
proveniente de la reunión del FMI celebrada en Hong Kong, publicado
en la prensa capitalina, el cual reseñaba que, tanto el director
gerente del FMI, como el presidente del Banco Mundial y el secretario general
de la Unctad, resaltaron la favorable conducción de la política
monetaria y cambiaria por parte del Banco Central de Venezuela. Debo confesar
que dos pensamientos me asaltaron. En primer lugar el concepto de complejo
cultural, desarrollado hace algún tiempo por el escritor del
New York Times, Robert Hughes, el cual "...es el asumir que
cualquier cosa que se haga..., tiene un valor incierto hasta tanto sea juzgada
por personas fuera de nuestra propia sociedad. Es el reflejo del joven con
baja autoestima, deseando que su trabajo satisfaga a su padre implacable..."
En segundo lugar, una sensación de frustración por ver que
se haya tenido que ir tan lejos a buscar un apoyo, para convencernos a los
santotomases de adentro de lo que no se nos puede convencer porque simplemente
no es posible, dado que sencillamente no es cierto.
Sería muy difícil de calificar la política monetaria
y cambiaria del Instituto Emisor como exitosa, a la luz de las distorsiones
monetarias que persisten y se acrecientan, así como tampoco lo es
la política financiera y fiscal del Ejecutivo. Bastaría con
mirar los resultados de la inflación del mes de septiembre y su proyección
anual para entender de una vez por todas, que el BCV ha fracasado, junto
con su aliado político el Gobierno Nacional, en lo que debe ser la
misión más básica y fundamental de cualquier instituto
emisor, es decir, la inalienable responsabilidad de mantener estables los
precios y en consecuencia el poder adquisitivo de los ciudadanos. Sencillamente,
nuestra autoridad monetaria no ha sido exitosa en algo tan importante por
cuanto experimenta un problema mucho más de fondo. Se trata de la
total pérdida de la independencia que debe privar en cualquier esquema
de manejo de la política monetaria, situación esta última
cuyos anales se remontan al año de 1982, cuando se decidió
la consolidación de las reservas de PDVSA en el Banco Central de
Venezuela. Sin embargo, nunca antes había llegado a hacerse tan crítica
y manifiesta la incondicionalidad del ente emisor a los vaivenes políticos
de las autoridades fiscales del país, como durante la actual administración
gubernamental.
El claro testimonio de esta dependencia y sus consecuencias lo constituyen,
entre otros: el infeliz y trágico episodio del manejo de los auxilios
financieros, cuyas ramificaciones económicas se sienten en la depauperación
cotidiana del venezolano; las pérdidas que le originan la poca efectiva,
distorsionante e insostenible escalada en la política de emisión
de TEMs, cuyo inventario total sigue creciendo continuamente hasta ubicarse
para el mes de septiembre en un 122 por ciento de la base monetaria y en
un 40,5 por ciento de la masa monetaria (M2); así como la expansión
desbocada en la masa monetaria (M2) durante el transcurso de este año,
la cual ha crecido en términos de dólares en casi 50 por ciento,
como consecuencia de la actuación del Instituto Emisor, al servicio
de una política fiscal expansiva e incontrolada, manifestada a través
de una expansión descomunal del gasto público durante buena
parte de la administración actual. A esta lista ilustrativa, cabría
ahora agregar los compromisos un tanto peculiares, asumidos por el Instituto
Emisor, en su calidad de Agente de Pagos de la emisión de Bonos Globales,
tal y como se puede leer en la sección "The Banco Central Undertaking"
del prospecto correspondiente.
A tan compleja situación, se suma por lo demás una suerte
de enroque o triangulación entre PDVSA-Fisco-BCV, que cada vez hace
más tenues y difusas las líneas que de lógica separación
e independencia deberían existir entre las tesorerías y las
finanzas de estos mega actores de nuestra economía nacional. El resultado
de ello es una especie de superconsolidación de todas las finanzas
del país, al simultáneo servicio de los intereses del Gobierno
Nacional, con consecuencias impredecibles. Este tema quedó claramente
expuesto en el artículo del economista Domingo Fontiveros, que bajo
el título, "PDVSA, Fisco y Banco Central: Separación
de poderes", publicó El Universal, el día 29/7/97.
Se nos ha vendido el crecimiento de las reservas internacionales y la
estabilidad cambiaria como uno de los grandes logros de la actual política
económica y de la actuación "exitosa" de nuestra
autoridad monetaria. Sin embargo, aparte de haber fracasado en su misión
fundamental y en lo que le da razón de ser a cualquier banco central,
léase la estabilidad de precios, este BCV nuestro, felicitado y encomiado
en Hong Kong, sólo Dios sabe con qué propósito, conoce
muy bien y mejor que nadie, que este aumento en las reservas es, fundamentalmente,
el resultado de un crecimiento en los ingresos, producto de mayores precios
y volúmenes petroleros, así como de una serie de ingresos
extraordinarios, no recurrentes, y no derivados de una mayor generación
de riqueza a nivel nacional. No por casualidad, resulta tan palpable e irónico
el contraste entre estas cifras y la depauperación sostenida en todos
los órdenes del colectivo, evidenciada en una caída brutal
del ingreso real del venezolano y el consumo alimentario, así como
también del inventario de bienes de capital ("capital stock"),
por sólo mencionar dos aspectos. Resulta entonces predecible, ya
lo señalé en mi artículo anterior, publicado en este
mismo diario, el día 27/7/97, bajo el título "El crash
de 1999", que a esta exuberancia seguirá un ajuste, tanto en
la tasa de cambio, la cual veremos ajustarse significativamente en el mediano
plazo, como en el nivel de reservas, consecuencia éste de la imperiosa
necesidad de buscar salida al nudo gordiano que representa el inventario
de TEMs, entre otros problemas, que ha acumulado este "exitoso"
Banco Central de Venezuela.
Se impone una reflexión sobre algo más sencillo: ¿por
qué nuestros gobernantes continúan con estas manifestaciones
y mensajes actuando como si los venezolanos fuésemos unos ingenuos,
a quienes se puede manipular de manera tan burda como para que, tal y como
reza el dicho sajón, sintamos que a la herida se añade
el insulto ("adding insult to injury")?
Liquidez Monetaria (M2), MMM$ (1989-1997)
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