Petróleo y desarrollo
Venezuela vive nuevamente una singular coyuntura de su historia contemporánea.
El recurso natural no renovable que le ha servido de savia durante más
de medio siglo, recibe un nuevo aliento a través del ambicioso programa
decenal de inversiones que se adelanta en el sector, destinado a duplicar
la capacidad de producción de petróleo a 6 millones de barriles/día.
Algunas reflexiones medulares surgen en torno al tema:
1. La plena justificación de dicho programa, cuya inversión
asciende a cerca de US$ 60 millardos, dada la conveniencia de aprovechar
las altas reservas de hidrocarburos y de fortalecer la posición estratégica
de Venezuela en el escenario energético mundial hacia las próximas
décadas, durante las cuales continuará creciendo la demanda
mundial, a la par de una declinación de las reservas petrolíferas
en la mayoría de los productores, con excepción de Venezuela
en el hemisferio occidental y de Arabia Saudita, Irán, Irak, Kuwait
y los Emiratos Arabes en el Medio Oriente. Se presume que hacia mediados
del próximo siglo, el petróleo disminuirá en su condición
de principal fuente energética mundial.
2. La apertura decidida del sector petrolero a las modalidades de participación
del capital privado es razonable y necesaria, pero hay que garantizar que
la misma trascienda de las actividades meramente exploratorias y extractivas,
al logro de un desarrollo económico nacional más diversificado
y por tanto menos vulnerable, con visión de largo plazo.
3. Más allá del positivo efecto de la apertura, resulta
fundamental que esta nueva oportunidad que se presenta a la nación
no diluya el sentido de urgencia de los cambios estructurales requeridos
para superar la actitud rentista que tanto daño ha hecho en el último
cuarto de siglo y evitar su perpetuación, lo cual sería la
negación de las aleccionadoras experiencias del pasado reciente.
La inercia, los intereses clientelares, la voracidad fiscal y el conformismo
son tales, que de no alinearnos en un proyecto nuevo de país, mantendremos
la tendencia al derroche, la ineficiencia del gasto y la mala gerencia.
4. Es necesario pues asegurarse de que la nueva etapa que se abre permita
de veras "sembrar el petróleo" de una manera responsable
para el futuro. No hay más lugar a errores o miopías. Hemos
desaprovechado períodos de increíble bonanza y el país
sigue siendo estructuralmente pobre y se encuentra endeudado a niveles injustificables,
lo cual debería servir de experiencia suficiente para que se adopten
nuevos enfoques y rumbos, que sólo pueden surgir de la estructuración
de un proyecto nacional sólido y coherente.
5. El cambio en el orden existente atraviesa por una reforma profunda
del sistema fiscal que garantice una sana y moderna gestión fiscal;
la reestructuración del Estado para reducir su inmanejable macrocefalia,
junto al mejoramiento de la calidad de gestión de la administración
pública, hoy de un nivel deplorable; la privatización, para
reorientar recursos y capacidades que hoy se distraen en empresas deficitarias
o innecesariamente en manos del Estado, el incremento de la proporción
de recursos hacia la inversión social y en infraestructura, en lugar
del elevado porcentaje de gasto improductivo prevalente.
6. Para "sembrar el petróleo" se requiere además
estimular el uso de bienes y servicios nacionales competitivos por parte
del sector petrolero y la industrialización de los hidrocarburos
al nivel nacional. En tal sentido, el "efecto locomotora" del
petróleo sobre la economía no petrolera sólo puede
alcanzarse si se asegura que la alta demanda derivada del plan de inversiones
en curso y la que requerirá en forma permanente la estructura productiva
de seis millones de barriles diarios, se apoye en el suministro de bienes
y servicios nacionales y que además se promuevan nuevas inversiones
generadoras de riqueza, empleo y tecnología permanente en el país.
Existe el justificado temor de que este compromiso no esté suficientemente
interiorizado en las empresas que participan de la apertura petrolera y
en la propia PDVSA y que por tanto la propensión a importar y las
facilidades que se conceden por la vía tributaria y de arancel cero,
deriven en masivas importaciones y que por tanto el efecto de desarrollo
permanente y diversificado, así como la contribución a la
balanza de pagos y el empleo se diluya y con ello la oportunidad única
de lograr una nueva alianza petróleo-industria, de efectos benéficos
para el país. En tal sentido, voces autorizadas como la de Andrés
Sosa Pietri, expresidente de PDVSA y protagonista del programa de expansión
petrolera, han venido alertando sobre las peligrosas tendencias hacia el
facilismo importador apoyado desde el propio Estado y del riesgo de que
ello distorsione y vulnere el sentido mismo del programa en marcha, el cual
ha contado hasta ahora con un mayoritario apoyo nacional.
7. En cuanto a la industrialización de los hidrocarburos como
vertiente adicional para estimular el desarrollo nacional y la generación
de mayor riqueza, valor agregado y empleo, luce clara la necesidad de impulsar
la expansión de la industria petroquímica en una forma explícita.
En tal sentido, son evidentes las ventajas que posee Venezuela para dar
el salto que la catapulte como el principal país petroquímico
de América Latina, especialmente por su privilegiada ubicación
geográfica, la alta y creciente disponibilidad de gas competitivo
asociado a la producción petrolera, disponibilidad que se triplicará
con el programa de inversiones comentado, y en segundo término por
la posibilidad de aprovechar corrientes de refinería que actualmente
son transadas como hidrocarburos primarios y que serían una fuente
complementaria para el desarrollo petroquímico. Recuérdese
que en la mayoría de los países industrializados o emergentes
importadores de petróleo, la fuente principal de insumos del sector
se origina en las refinerías, aún cuando es claro que en el
caso de Venezuela el gas constituye la principal ventaja competitiva.
Por ello, se requiere conceder al plan de negocios del sector petroquímico
una prioridad similar a la del sector petrolero, más si se toma en
cuenta que al nivel mundial, dicho sector genera un producto bruto de más
del doble que el del sector petrolero y seguirá creciendo en un futuro
previsible. De allí también la necesidad de dotar a PDVSA
y a su filial Pequiven de una estructura flexible para que el financiamiento
del plan de negocios existente, superior a los US$ 6 millardos en los próximos
diez años, se sustente en la captación de capitales privados,
principalmente en el mercado de capitales y no en endeudamiento, para lo
cual se encuentra en consideración en el Congreso de la República
el proyecto de ley de estímulo al desarrollo petroquímico,
pieza fundamental en la estrategia de expansión del sector cuya consideración
merece la más alta prioridad nacional. Los anuncios de asociaciones
para la instalación de plantas de olefinas, plásticos y fertilizantes
a escala mundial en el complejo de José son altamente auspiciosas.
En suma, estamos ante la oportunidad de imprimir un giro crucial en la
estrategia de desarrollo, apoyados en la nueva perspectiva petrolera. El
dilema es o mantener la inercia de la actitud rentista tradicional, con
lo cual en pocos años nos encontraremos con las manos vacías
y arrepentidos de tanta incompetencia o dar el salto en la dirección
comentada. El tema constituye por tanto una pieza esencial del proyecto
de país por el cual tanto claman los venezolanos, como brújula
para ingresar con éxito al nuevo siglo y al nuevo milenio y ofrecer
mejores perspectivas a las generaciones venideras.
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