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Petróleo y desarrollo

Pedro Carmona Estanga

Venezuela vive nuevamente una singular coyuntura de su historia contemporánea. El recurso natural no renovable que le ha servido de savia durante más de medio siglo, recibe un nuevo aliento a través del ambicioso programa decenal de inversiones que se adelanta en el sector, destinado a duplicar la capacidad de producción de petróleo a 6 millones de barriles/día. Algunas reflexiones medulares surgen en torno al tema:

1. La plena justificación de dicho programa, cuya inversión asciende a cerca de US$ 60 millardos, dada la conveniencia de aprovechar las altas reservas de hidrocarburos y de fortalecer la posición estratégica de Venezuela en el escenario energético mundial hacia las próximas décadas, durante las cuales continuará creciendo la demanda mundial, a la par de una declinación de las reservas petrolíferas en la mayoría de los productores, con excepción de Venezuela en el hemisferio occidental y de Arabia Saudita, Irán, Irak, Kuwait y los Emiratos Arabes en el Medio Oriente. Se presume que hacia mediados del próximo siglo, el petróleo disminuirá en su condición de principal fuente energética mundial.

2. La apertura decidida del sector petrolero a las modalidades de participación del capital privado es razonable y necesaria, pero hay que garantizar que la misma trascienda de las actividades meramente exploratorias y extractivas, al logro de un desarrollo económico nacional más diversificado y por tanto menos vulnerable, con visión de largo plazo.

3. Más allá del positivo efecto de la apertura, resulta fundamental que esta nueva oportunidad que se presenta a la nación no diluya el sentido de urgencia de los cambios estructurales requeridos para superar la actitud rentista que tanto daño ha hecho en el último cuarto de siglo y evitar su perpetuación, lo cual sería la negación de las aleccionadoras experiencias del pasado reciente. La inercia, los intereses clientelares, la voracidad fiscal y el conformismo son tales, que de no alinearnos en un proyecto nuevo de país, mantendremos la tendencia al derroche, la ineficiencia del gasto y la mala gerencia.

4. Es necesario pues asegurarse de que la nueva etapa que se abre permita de veras "sembrar el petróleo" de una manera responsable para el futuro. No hay más lugar a errores o miopías. Hemos desaprovechado períodos de increíble bonanza y el país sigue siendo estructuralmente pobre y se encuentra endeudado a niveles injustificables, lo cual debería servir de experiencia suficiente para que se adopten nuevos enfoques y rumbos, que sólo pueden surgir de la estructuración de un proyecto nacional sólido y coherente.

5. El cambio en el orden existente atraviesa por una reforma profunda del sistema fiscal que garantice una sana y moderna gestión fiscal; la reestructuración del Estado para reducir su inmanejable macrocefalia, junto al mejoramiento de la calidad de gestión de la administración pública, hoy de un nivel deplorable; la privatización, para reorientar recursos y capacidades que hoy se distraen en empresas deficitarias o innecesariamente en manos del Estado, el incremento de la proporción de recursos hacia la inversión social y en infraestructura, en lugar del elevado porcentaje de gasto improductivo prevalente.

6. Para "sembrar el petróleo" se requiere además estimular el uso de bienes y servicios nacionales competitivos por parte del sector petrolero y la industrialización de los hidrocarburos al nivel nacional. En tal sentido, el "efecto locomotora" del petróleo sobre la economía no petrolera sólo puede alcanzarse si se asegura que la alta demanda derivada del plan de inversiones en curso y la que requerirá en forma permanente la estructura productiva de seis millones de barriles diarios, se apoye en el suministro de bienes y servicios nacionales y que además se promuevan nuevas inversiones generadoras de riqueza, empleo y tecnología permanente en el país. Existe el justificado temor de que este compromiso no esté suficientemente interiorizado en las empresas que participan de la apertura petrolera y en la propia PDVSA y que por tanto la propensión a importar y las facilidades que se conceden por la vía tributaria y de arancel cero, deriven en masivas importaciones y que por tanto el efecto de desarrollo permanente y diversificado, así como la contribución a la balanza de pagos y el empleo se diluya y con ello la oportunidad única de lograr una nueva alianza petróleo-industria, de efectos benéficos para el país. En tal sentido, voces autorizadas como la de Andrés Sosa Pietri, expresidente de PDVSA y protagonista del programa de expansión petrolera, han venido alertando sobre las peligrosas tendencias hacia el facilismo importador apoyado desde el propio Estado y del riesgo de que ello distorsione y vulnere el sentido mismo del programa en marcha, el cual ha contado hasta ahora con un mayoritario apoyo nacional.

7. En cuanto a la industrialización de los hidrocarburos como vertiente adicional para estimular el desarrollo nacional y la generación de mayor riqueza, valor agregado y empleo, luce clara la necesidad de impulsar la expansión de la industria petroquímica en una forma explícita. En tal sentido, son evidentes las ventajas que posee Venezuela para dar el salto que la catapulte como el principal país petroquímico de América Latina, especialmente por su privilegiada ubicación geográfica, la alta y creciente disponibilidad de gas competitivo asociado a la producción petrolera, disponibilidad que se triplicará con el programa de inversiones comentado, y en segundo término por la posibilidad de aprovechar corrientes de refinería que actualmente son transadas como hidrocarburos primarios y que serían una fuente complementaria para el desarrollo petroquímico. Recuérdese que en la mayoría de los países industrializados o emergentes importadores de petróleo, la fuente principal de insumos del sector se origina en las refinerías, aún cuando es claro que en el caso de Venezuela el gas constituye la principal ventaja competitiva.

Por ello, se requiere conceder al plan de negocios del sector petroquímico una prioridad similar a la del sector petrolero, más si se toma en cuenta que al nivel mundial, dicho sector genera un producto bruto de más del doble que el del sector petrolero y seguirá creciendo en un futuro previsible. De allí también la necesidad de dotar a PDVSA y a su filial Pequiven de una estructura flexible para que el financiamiento del plan de negocios existente, superior a los US$ 6 millardos en los próximos diez años, se sustente en la captación de capitales privados, principalmente en el mercado de capitales y no en endeudamiento, para lo cual se encuentra en consideración en el Congreso de la República el proyecto de ley de estímulo al desarrollo petroquímico, pieza fundamental en la estrategia de expansión del sector cuya consideración merece la más alta prioridad nacional. Los anuncios de asociaciones para la instalación de plantas de olefinas, plásticos y fertilizantes a escala mundial en el complejo de José son altamente auspiciosas.

En suma, estamos ante la oportunidad de imprimir un giro crucial en la estrategia de desarrollo, apoyados en la nueva perspectiva petrolera. El dilema es o mantener la inercia de la actitud rentista tradicional, con lo cual en pocos años nos encontraremos con las manos vacías y arrepentidos de tanta incompetencia o dar el salto en la dirección comentada. El tema constituye por tanto una pieza esencial del proyecto de país por el cual tanto claman los venezolanos, como brújula para ingresar con éxito al nuevo siglo y al nuevo milenio y ofrecer mejores perspectivas a las generaciones venideras.

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