Reflexiones para una política exterior
con contenido social
Hechos de los últimos tiempos han traído a colación
conceptos de derecho internacional empolvados por el desuso en América.
Las reiteradas acciones de las guerrillas colombianas ha hecho surgir cierta
polémica, en el debate que a nivel de opinión pública
se ha desarrollado tanto en Colombia como en Venezuela, sobre la posibilidad
de una mediación de nuestro país en el conflicto interno colombiano
y la eventualidad del reconocimiento de los movimientos guerrilleros como
fuerzas beligerantes.
Esta situación genera la necesidad de evaluar, en primer lugar,
las acciones que con renovado ímpetu están realizando las
fuerzas insurgentes de Colombia. La suya pareciera ser una estrategia que
trasciende lo militar y pasa a tener un claro contenido político.
El fenómeno de las guerrillas en América Latina, considerado
en general como un proceso resultante de la Guerra Fría, en Colombia
tiene una génesis anterior y ha mantenido una continuación
que desafía a la "globalización" y se reafirma con
recientes hechos militares y políticos.
En segundo lugar se hace necesario revisar la conceptualización
jurídica para tratar de interpretar de acuerdo con el derecho de
las naciones cuál podría ser el significado práctico
de estos eventos para Colombia y Venezuela.
Fuerzas Beligerantes:
Ian Brownlie, jurista y profesor de Derecho Internacional de la Universidad
de Oxford, al describir la personalidad y el reconocimiento de Estados,
califica los cuerpos beligerantes y fuerzas insurgentes dentro de un Estado
como personalidades de tipo especial que pueden entrar en relaciones legales
y concluir acuerdos válidos en las relaciones internacionales con
Estados y con otros beligerantes e insurgentes. Sir Gerald Fiztmaurice considera
a las comunidades insurgentes a las que se les reconoce el status de beligerante
-autoridades de facto en control de un territorio específico- como
entidades para-estatales a las que se les reconoce la posesión de
una definitiva, pero limitada, forma de personalidad internacional y también
les atribuye la capacidad de concluir tratados. Sin embargo, Bronwlie advierte
que si bien esta definición es correcta si se trata como un principio,
su aplicación a situaciones concretas requiere cautela. (1)
Según Brierly, en circunstancias normales, la existencia de una
rebelión dentro de un Estado es un hecho doméstico en el que
no deben intervenir otros Estados, pero en algunos casos toma una forma
que justifica la acción. Define dos condiciones a ser satisfechas
antes de que otro Estado tenga tal justificación para actuar. "En
primer lugar, las operaciones deben haber alcanzado las dimensiones de una
guerra, lo que implica que los rebeldes deben estar organizados dentro de
un gobierno que controle un determinado territorio, que supervise que las
leyes de guerra sean observadas por sus tropas y, en general, que actúe
el resto del tiempo como un gobierno de un Estado independiente en guerra...
En segundo lugar, el curso de la guerra debe ser tal que el resto de los
Estados no puedan simplemente mantenerse al margen de ésta. Esto
puede ocurrir aún cuando las hostilidades se mantengan confinadas
en el territorio; por ejemplo, las tropas de una de las partes puede cruzar
la frontera de un Estado vecino y con ello llevar a ese Estado a decidir
si debe o no apresarlos, lo cual podría equivaler a reconocerlos
como pertenecientes a unas fuerzas armadas en guerra."(2)
Beale estima que para evitar que el reconocimiento de beligerancia sea
considerado como un acto de intervención en los asuntos internos
de un Estado, el sólo éxito militar de un ejército
rebelde no debería permitir el reconocimiento de beligerancia si
ese ejercito es incapaz de mantener la ley y el orden en el territorio bajo
su control o si no esta dispuesto a observar las ordinarias leyes de guerra.
Para Van Wynen y Thomas uno de los requisitos para el reconocimiento de
beligerancia es que sus relaciones con el Estado que se encuentra en guerra
civil estén seriamente interrumpidas o perturbadas de manera definitiva.(3)
Para otros expertos en Derecho Internacional, un Estado puede reconocer
un estado de beligerancia, distinto al de insurgencia, como prevaleciente
en otro cuando la lucha civil perturba en medida considerable las relaciones
del Estado extranjero con el Estado perturbado por las hostilidades internas
y cuando las hostilidades crecen en proporción tal para convertirse
en una guerra pública desde el punto de vista legal.
Asimismo, Van Wynen y Thomas sostienen que el no reconocimiento de beligerancia
una vez que se han cumplido los requisitos "
es una interferencia
con los derechos de auto-determinación política del pueblo
del Estado y por lo tanto constituye una intervención ilegal.".
En cuanto a los efectos del reconocimiento de beligerancia, Brierly expresa
que, para el Estado que la otorga, implica que éste demande y acepte
para si mismo todas las consecuencias que resulten de la existencia de una
guerra regular; puede reclamar los derechos de neutralidad y acuerde los
derechos de beligerante a las partes en conflicto. Para el Estado en contra
del cual se realiza la rebelión el acto puede resultar ventajoso
por cuanto lo exime de las responsabilidades de los actos de sus propios
rebeldes contra otros Estados. Por otra parte, los efectos del reconocimiento
de beligerante son provisionales: pone a ambas partes beligerantes en una
posición de Estados pero sólo para los propósitos y
por la duración de la guerra. De cualquier forma, el otorgar el reconocimiento
de beligerante a rebeldes es un acto que normalmente resiente el Estado
al cual pertenecen. Por último, señala que el reconocimiento
se justifica cuando se está librando una guerra de verdad y cuando
el Estado que lo realiza se ve forzado por encontrarse en una posición
donde no puede evadir tomar una posición, bien sea de reconocimiento
o de rechazo, en relación a la guerra."
Mediación:
La mediación es una extensión del proceso de negociación
que conlleva la intervención de una tercera parte aceptable por las
personas o grupos en conflicto, la cual tiene un poder de decisión
escaso o limitado. Esta persona o grupo de personas (actuando por cuenta
propia o en representación de terceros, de organizaciones o de Estados)
asisten a las partes en el logro de soluciones voluntarias y mutuamente
aceptables, dejando este poder en manos de los actores del conflicto. Entonces,
la mediación es un proceso voluntario en el que los participantes
deben tener la disposición de aceptar la asistencia o intervención
del mediador en la búsqueda de una solución como resultado
de la percepción de las partes de que ellos no pueden manejar el
conflicto por sí solos.
Un mediador debería por consiguiente ser llamado a intervenir
en un proceso de negociación cuando:
- Las emociones de las partes son intensas e impiden una solución.
- La comunicación entre las partes es pobre en calidad o cantidad
y el diálogo no puede ser mejorado por las partes sin intervención
externa.
- Las percepciones falsas o los estereotipos impiden intercambios productivos.
- Se repiten comportamientos negativos que colocan barreras al diálogo.
- Existen aspectos múltiples en la controversia y las partes están
en desacuerdo sobre la forma y la combinación en que deberían
ser revisados.
- Existe percepción de intereses y valores conflictivos que las
partes tienen dificultades en reconciliar.
- Las partes no tienen un procedimiento de negociación, están
utilizando uno errado o no están utilizando los procedimientos con
el mejor tino.
- No existe una estructura apropiada para las negociaciones.
Podríamos afirmar que la categorización anterior presenta
factores que se pueden identificar en la relación existente entre
el gobierno colombiano y las guerrillas y por ende existe en principio espacio
para la mediación.
Entre los elementos fundamentales de la mediación se encuentra
el importante aspecto de que el mediador sea una tercera parte que no tenga
una participación directa en la controversia. Otro aspecto muy importante
para la mediación es la aceptación de las partes del papel
del mediador en las labores de búsqueda de una solución. El
papel de generador de confianza y mantenedor de credibilidad como aspectos
centrales que sustenten el diálogo sobre bases de equidad y justicia
son dos elementos igualmente importantes.
Otras acciones consisten en la creación de canales de comunicación
directos y estables que faciliten el diálogo, explorar el problema
con el objeto de ayudar a las partes a lograr soluciones satisfactorias,
ampliar las posibles soluciones para facilitar la solución del conflicto,
educar a los negociadores para que cuenten con mano elementos de análisis
que le ayuden a evaluar mejor la situación, expandir los recursos
disponibles brindando asistencia o conocimiento que permitan entender mejor
la situación, el papel de agente de realismo en la generación
de soluciones posibles, etc..
Por otra parte, los mediadores deben tener la capacidad de generar acciones
efectivas para reactivar las conversaciones, bien sea a través del
liderazgo o mediante la recomendación de procedimientos, realismo
de los mediadores sobre el estado del procedimiento y el contar con objetivos
de contingencia y acciones alternativas que permitan mantener en perspectiva
los riesgos que se corren.
Algunos antecedentes recientes de beligerancia: La revolución
sandinista.
Los más recientes casos que se podrían asemejar a la lucha
de la guerrilla colombiana son los acaecidos en Centro América en
la década de los 70 y 80. Haremos referencia quizás al más
relevante de ellos, el de Nicaragua, que generó acciones que le otorgaron
status de fuerza beligerante a los insurgentes que luchaban contra Somoza,
en especial al Frente Sandista de Liberación Nacional (FSLN).
Sin entrar en el detalle de hechos de conocimiento general, la revolución
sandinista logró combinar una creciente presión militar al
Gobierno de Somoza con una percepción internacional de la justicia
de su causa, en momentos en que los derechos humanos en el Hemisferio hacen
su aparición estelar como bandera del Presidente Carter. Esta presión
del gobierno norteamericano, sustentada por testimonios de grupos religiosos
sobre la desaparición de campesinos, generó una campaña
de opinión favorable a las fuerzas insurrectas en Nicaragua y fue
acompañado de acciones de coordinación guerrillera a través
de la creación de diferentes iniciativas de coordinación política
como el Grupo de los 12 y el Frente Patriótico Nacional.
Este panorama fue complementado por las acciones de la OEA a través
de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que constató
la situación política y la violación flagrante de los
derechos humanos por parte del régimen somocista. Otro elemento de
importancia fue la actividad insurgente de las guerrillas nicaragüenses
basadas en Costa Rica, que provocaron acciones militares de Nicaragua contra
ese país y que en la práctica fue el detonante de la intervención
de la OEA.
Una de las resoluciones adoptadas por la Reunión de Consulta de
Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA convocada por los incidentes
entre Costa Rica y Nicaragua utiliza un leguaje de condena indiscutible
del régimen de Somoza, al cual acusa de mantener una "conducta
inhumana" que es la causa fundamental de la dramática situación
del pueblo nicaraguense, reconoce el Estado de "grave convulsión
política, social y económica" y declara que la solución
del problema le corresponde al pueblo nicaraguense y que ésta debería
inspirarse en el "reemplazo inmediato y definitivo del régimen
somocista,
, la instalación en el territorio de Nicaragua
de un gobierno democrático cuya composición incluya los
principales grupos representativos opositores al régimen de Somoza
y que refleje la libre voluntad del pueblo de Nicaragua,
, la realización
de libres elecciones a la brevedad posible
". Esta resolución
es considerada por algunos autores como extraordinaria "
al reconocer
los insurgentes en contra del gobierno de un país miembro de la OEA
".
Como podemos observar, las situación nicaraguense tenía
las siguientes características generales:
- Existencia de un régimen dictatorial, acusado y comprobado de
la violación flagrante de los derechos humanos.
- Existencia de un estado de convulsión civil generalizado, en
el cual la lucha de las guerrillas se veía complementado con acciones
de la sociedad civil, como invasiones de haciendas, huelgas generales y
apoyo generalizado a la guerrilla. Esta situación desencadenó
una represión sin límites del régimen somocista que
hacia más crítica la situación.
- Existencia de control general de la guerrilla sobre partes del territorio.
Uso de territorios extranjeros (Costa Rica) para atacar a las fuerzas militares
nicaraguenses y que significaron ataques de ese país a Costa Rica.
- Reconocimiento internacional y bilateral de la situación. Intervención
de países como Estados Unidos, Venezuela, México, Panamá,
entre otros, en la crisis. Reconocimiento tácito de las fuerzas
rebeldes por parte de la OEA, solicitando la salida de Somoza y el establecimiento
de un gobierno democrático en "territorio nicaraguense",
representativo de todas las fuerzas, previo a la realización de
elecciones.
- Organización de las fuerzas insurgentes en coordinaciones políticas
y creación de un gobierno de transición antes del triunfo
revolucionario.
Reflexiones sobre el reconocimiento de beligerancia y la mediación:
Con el objeto de poder evaluar la situación de Colombia, se debería
tratar de responder al menos dos interrogantes:
- ¿Qué condiciones reúnen las guerrillas de ese
país para pretender el reconocimiento de beligerantes?.
- ¿Cuáles serían las bases para una acción
mediadora de Venezuela en el conflicto y que riesgos se corren en caso
de que se produzca esta acción?
- Reconocimiento de beligerancia:
En el caso del reconocimiento de beligerancia, es importante entender
cuál es la percepción que existe sobre la realidad política
colombiana. A continuación algunas informaciones sobre el acontecer
de este país en relación al tema de la insurgencia:
- Percepción internacional. La imagen de Colombia es indudablemente
negativa. Según el Washington Post, Colombia es "un estado
deteriorado donde líderes asesinos, con la tácita cooperación
militar y del narcotráfico, han llevado al país a una partición
de hecho". "A medida que su guerra civil se intensifica, Colombia
surge como la Bosnia de Suramérica. Como en la limpieza étnica
de Bosnia, los civiles son el blanco principal en esta lucha, con los paramilitares
que causan un 60 por ciento de las muertes... Se estima que en 1996 ocurrieron
3000 asesinatos políticos y se espera que esta cifra aumente este
año". "Todo ello ha llevado a un desplazamiento de la
población sin precedentes históricos en la región
al sur del Canal de Panamá". "UNICEF informó a
principios de este año que un millón de colombianos -uno
de cada 40 ciudadanos aproximadamente- se ha visto forzado a abandonar
su hogar". "E.U. debe enfrentar una dura realidad: Las catástrofes
gemelas de Colombia - el narcotráfico y la crisis en derechos humanos
- están intercontectadas. Ambas son promovidas por la dinámica
anarquista de la guerra 'sucia' interna... y la ausencia de políticas
democráticas".
- Percepción de las guerrillas. Las acciones de las guerrillas
han sido crecientes y exitosas por lo que han generado la percepción
de que se encuentran en control de una buena parte del territorio y de
que están ejerciendo acciones que las podrían calificar como
fuerzas beligerantes. A continuación algunos ejemplos:
- Han logrado acuerdos con el gobierno constitucional colombiano
para establecer una zona de despeje que permitió la devolución
de los soldados apresados, casi un año después, dentro de
lo que se asemeja al respeto de los prisioneros consagrado en el derecho
de guerra. Según informaciones de prensa, el presidente Ernesto
Samper recibió una carta de monseñor Luis Augusto Castro,
en la que le explicaba los 9 puntos del acuerdo al que había llegado
con los jefes guerrilleros para la liberación de los soldados. Una
de las primeras condiciones que pusieron los subversivos fue que se realizara
una reunión preliminar con el delegado del gobierno y a la cual
"ellos solicitan que asistan además el delegado de la Cruz
Roja Internacional
".
- Búsqueda de apoyo y reconocimiento internacional. Uno
de los puntos en los que fueron más reiterativas las FARC fue precisamente
en el de la asistencia de los delegados internacionales, entre ellos los
embajadores de Noruega y Suecia, dos de los países que más
han cuestionado la violación de los derechos humanos en el país.
Con ello obtiene la atención de la comunidad internacional y se
acerca a lo que podría ser un futuro reconocimiento de fuerza beligerante.
- Dominio de una zona y respeto a los acuerdos. El caso de Colombia
presenta un cuadro significativamente complejo. Informaciones de prensa
establecen que casi un 40% del territorio se encuentra fuera del control
permanente del Gobierno colombiano. En el caso del despeje, el Presidente
Samper estableció un plazo de 20 días, dejando abierta la
posibilidad de nuevos despejes en declaraciones posteriores, dando así
vía libre a la reiterada petición de las FARC de desmilitarizar
áreas de territorio con el fin de explorar salidas negociadas al
conflicto armado. (Este fue el segundo despeje realizado por este gobierno,
el primero ocurrió en diciembre de 1996). Con estas acciones se
cumpliría el requisito de tener capacidad para concluir acuerdos
y respetar su aplicación, tal como lo haría un gobierno constituido.
- Otras formas de dominio territorial: obstaculización
de las elecciones: Varios candidatos a las alcaldías y consejos
municipales de la región del Magdalena medio, especialmente los
del sur de Bolívar, hicieron un llamado a la subversión para
que replantearan su posición de impedir u obstaculizar las próximas
elecciones. En el comunicado los candidatos expresaron su intención
de "
reunirse con los diferentes grupos alzados en armas, concertar
un diálogo pacífico en donde participara la comunidad para
que les dé la posibilidad a todos los dirigentes de conocer las
inquietudes generales al respecto.". Agregaron que de proseguir la
guerrilla con este 'plan de emergencia democrática', como ellos
lo llaman, se estarían creando las condiciones para que algunos
municipios sean administrados durante los próximos tres años
por alcaldes militares, como lo expresó el presidente Samper. Con
ello demuestran la capacidad de manejar el destino de los territorios bajo
control y llevan a las fuerzas civiles a entablar un diálogo con
ellos.
En un excelente artículo escrito en la revista Semana, Roberto
Pombo expresa que "El proceso que terminó el domingo pasado
con la entrega de los soldados que estaban en poder de las FARC cierra un
ciclo en la vida de ese grupo guerrillero y abre uno nuevo más promisorio
para ellos
". "Este es el momento más delicado de
cuantos le ha tocado vivir a mi generación en lo que tiene que ver
con la guerrilla. No porque el episodio violento de Las Delicias o el secuestro
de los soldados tenga una importancia extraordinaria desde el punto de vista
militar sino porque las FARC se acaban de plantar ante el resto del país
y ante el mundo en una actitud nueva y amenazante, que contiene cambios
en la forma de su reto y transformaciones substanciales en la concepción
tradicional que esa guerrilla ha tenido sobre su lucha en toda la historia.".
"No cabe duda de que las FARC buscaron con este movimiento político
militar avanzar en el logro del reconocimiento internacional como fuerza
beligerante. Es decir, la legitimación de un conflicto de dos bandos
homologados por el derecho internacional.":
"Para esto se buscó la confluencia de varios factores. Por
un lado la del control territorial de una zona inmensa, hasta hace muy poco
tiempo en disputa por medio de las armas; por el otro el intento de aparecer
como un ejército regular que toma un gran número de prisioneros,
les respeta la vida y los entrega al enemigo, y por último la presencia
de organismos y personalidades del mundo para homologar todo lo anterior
en un acto con un despliegue propagandístico descomunal."
Pombo también considera que el efecto de los hechos en un posible
reconocimiento de beligerancia, "
las FARC tuvieron en efecto
el control sobre un área importante, pero fue el resultado de un
pacto de circunstancias para facilitar la liberación de los soldados.".
"Sin embargo nunca antes la guerrilla había doblegado al Estado
de semejante manera. Antes habíamos vivido momentos parecidos en
desarrollo de diálogos de paz que nunca funcionaron, pero jamás
como resultado de una operación de guerra. Este es un antecedente
que implica una circunstancia nueva, que no se puede ocultar en aras de
no darle una importancia excesiva a la guerrilla.".
¿Reúnen entonces las guerrillas colombianas los requisitos
necesarios para obtener el reconocimiento de fuerza beligerante?.
Los movimientos guerrilleros colombianos no cuentan con las condiciones
necesarias para que se les otorgue la condición de beligerantes ya
que aunque cumplen con algunas de las condiciones identificadas en el Derecho
Internacional, carecen de otras fundamentales. Una cosa es tener control
del territorio por ausencia física del gobierno colombiano, resultado
de la falta de capacidad militar o financiera para hacerlo y otra es controlar
ese territorio como resultado de la superioridad militar y de la connivencia
de la población. En el caso de Colombia, el control territorial no
es requisito suficiente. Por otra parte, es ahora que las FARC parecen haber
iniciado un plan político que les permita obtener ganancias reales.
La percepción generalizada tanto de las FARC como del ELN es que
son fuerzas bandoleras, relacionadas con el narcotráfico y dedicadas
al secuestro y a la extorsión.
Por otra parte, la situación de Colombia no tiene los visos dramáticos
de guerra y conmoción civil que presentaron otros países,
a pesar de la imagen negativa que a nivel internacional tiene como producto
del narcotráfico, de la violación de los derechos humanos
y de la existencia de los movimientos de guerrilla y de fuerzas paramilitares.
Es indudable que cuando se considera el reconocimiento de fuerzas beligerantes,
se espera que éste venga normalmente de terceros países, los
cuales sufren los inconvenientes de la situación de insurgencia.
En este caso, es común argumentar que podría venir de Venezuela
este reconocimiento, bien sea de manera tácita o expresa. Por otra
parte, se ha mencionado que al entablar un diálogo con la guerrilla
colombiana a fin de subsanar la situación de agresión cotidiana
que vivimos en nuestro territorio, le daríamos el reconocimiento
de beligerante.
Esta materia delicada y compleja debe ser analizada desde diferentes
perspectivas. El hecho cierto es que las fuerzas guerrilleras colombianas
existen y causan zozobra y daños en amplias áreas territoriales
venezolanas. La respuesta militar, por muy contundente que sea, no es normalmente
suficiente. La acción diplomática debe acompañar, como
lo ha hecho, a la militar. La reflexión debe centrarse en lo que
significaría el entablar un diálogo con una guerrilla histórica
que actúa fuera de su frontera no como forma de lucha contra las
autoridades constitucionales colombianas, sino como parte de un modus vivendi
que le permite financiar sus operaciones y generar espacios de prensa que
le otorgan actualidad. En este caso la doctrina es bastante clara, la simple
existencia de una rebelión con éxitos militares no es suficiente
para garantizar el status de beligerancia. Tampoco el causar daños
y vulnerar los derechos de otros Estados califica a los insurgentes. Desde
este punto de vista, las acciones que buscan titulares no son más
que puntos de una supuesta lista de requisitos que carecen del contenido
político necesario y del apoyo generalizado de la población
donde se generan. Tal vez, si las FARC realmente buscaran obtener un reconocimiento
internacional al supuesto estado, deberían tratar de cumplir con
los requisitos de mantener la ley y el orden en el territorio bajo su control,
observando las leyes de guerra y comportándose como sujeto de derecho
internacional, esto es, respetando las normas del derecho internacional
y exhibiendo un nivel adecuado de civilización.
Afortunadamente la prudencia parece ser la regla que gobierna con fuerza
este privilegio. De hecho, en ocasiones recientes, países que se
han precipitado a reconocer status de beligerancia, han debido rectificar
sus posiciones. En 1981, México y Francia dieron este reconocimiento
a las fuerzas insurgentes de El Salvador, lo que provocó posiciones
contrapuestas de otros países, en este caso Brasil y Venezuela, quienes
consideraron que no existían las condiciones necesarias, y provocaron
un discreto silencio por parte de los primeros.
2. Posible Mediación de Venezuela:
Otro elemento que se ha venido comentando en los últimos tiempos
es el relativo a la posible acción mediadora de Venezuela en el conflicto
entre la guerrilla y el gobierno colombiano, posibilidad esta asomada por
la guerrilla colombiana y tratada de manera general en el último
encuentro binacional de presidentes.
Esta no es la primera ocasión en la que se plantea la posibilidad
de que las partes en conflicto en Colombia se reúnan contando con
Venezuela como mediador o garante. De hecho, el diálogo de paz realizado
entre la Guerrilla (FARC) y el Gobierno colombiano en 1991 en Venezuela,
bajos los auspicios del Presidente Carlos Andrés Pérez, son
un antecedente, fallido, de este tipo de iniciativa.
El punto sería que posibilidades existe de que nuestro país
pueda ejercer estas funciones de mediación manteniendo en perspectiva
el interés nacional en la relación y desarrollando un proceso
que a la par de exitoso permita manejar una madeja de variables que alimentan
la compleja situación colombiana. De acuerdo con lo establecido por
los conocedores del tema y tal como lo expresé en párrafos
anteriores, en este caso existen las condiciones para la mediación.
En relación a una posible actuación de Venezuela como mediador,
considero que ello sería inconveniente por cuanto uno de los requisitos
fundamentales del mediador es su neutralidad y falta de participación
o interés directo en el problema, y en este caso, Venezuela es parte
interesada en el conflicto por derivación, en la medida en que la
situación colombiana, y las conductas de cada una de las partes,
afectan negativamente a nuestro país.
En caso de participar como mediadores tendríamos a nuestro país
en una situación en la que debe actuar para generar el clima necesario
para el diálogo, establecer las salvaguardas para una acción
equilibrada y justa, generar confianza y mantener un equilibrio en las conversaciones,
colaborar en la generación de soluciones, etc.. Esta acción
sería realmente compleja en la medida en que las decisiones que tomen
las partes tengan una incidencia negativa en Venezuela o que nuestro país
considere que se están menospreciando o ignorando hechos que menoscaban
nuestros intereses.
Si Venezuela es llamada a jugar un papel en la solución de este
conflicto debería ser únicamente como garante u observador
del proceso, posición esta que simplemente tiene que ver con el equilibrio
de las conversaciones y que permitiría tener una posición
de observación privilegiada que nos ayudaría a evaluar los
posibles efectos de los acuerdos sobre la preocupante situación de
la frontera y sobre las relaciones bilaterales.
Por último, sobre el tácito reconocimiento de condición
de beligerante que se otorgaría a las guerrillas colombianas de aceptar
Venezuela un papel de mediador o garante, argumentado por algunos, difícilmente
este simple hecho sería suficiente. Tal como ya fue referido, este
mecanismo requiere la voluntad de las partes en conflicto para su utilización.
En consecuencia, sea requerida la participación de Venezuela bien
por la guerrilla o por el gobierno colombiano, siempre contaría con
la aquiescencia de este último. En consecuencia, no generaría
ningún derecho de reconocimiento por cuanto el gobierno colombiano
estaría haciendo uso de las prerrogativas con las que cuenta todo
gobierno legítimo para solucionar problemas internos.
11
Burks, David. Insurgency in Latin America, Survey of the Alliance for Progress,
January 1968, Washington, DC. El autor define el inicio de la insurgencia
en Colombia en 1946-47, aún cuando comenzó a actuar de manera
regular en 1950. La violencia que desató, en parte debido a la pérdida
de principios ideológicos, se acercó más al bandolerismo,
causando de 1946 a 1957 unos 200.000 muertos. Las FARC, de afiliación
inicial comunista-soviética y el ELN, apoyado inicialmente por Cuba.
2 1Brownlie, Ian. Principles of International
Law, Clarendon Press, Oxford, 3rd Ed., 1984
1 Brierly, J.L.. The Law of Nations,
Clarendon Press, Oxford, 6th Ed., 1963.
1 Beale, "The recognition of the
Cuban Belligerency," 9 Harvard Law Review, 1896.
1 Van Wynen, Ibidem.
1 Van Wynen Thomas, Ann y Thomas, A.J..
The Organization of American States, Southern Methodist University Press,
Dallas, 1963.
1 Van Wynen, Op.Cit.
1 Brierly, Ibidem
1 More, Christopher. The Mediation
Process, Jossey Bass, San Francisco, 1996. Texto en cursivas añadido
por el autor.
1 Organización de Estados Americanos, XVII Reunión de Consulta
de Ministros de Relaciones Exteriores, 21-9-78, Washington, DC. OEA/Ser.F/II.17.
Doc.40/79 rev.2. Subrayado del autor.
1 Moore, John Norton. The Secret War
in Central America: Sandinista Assault on World Order, University Publications
of America, Maryland, 1987.
1 Ana Carrigan y Robert Weiner, Washington
Post, Lunes 18 de agosto de 1997, 'Colombia, la Bosnia de Sur América'.
1 Semana, Samper aceptó la propuesta
de movilizar a la Comisión en un helicóptero
1 privado. Junio 16 -23 de 1997, Edición
789,
1 El Tiempo, Candidatos cuestionan
a la guerrilla, Sábado 23 de agosto de 1997.
1 Semana - Roberto Pombo - Las FARC
acaban de cerrar un ciclo victorioso, de la misma manera que un equipo deportivo
gana un partido y pasa a la siguiente ronda, Junio 16 -23 de 1997, Edición
789
1 Pombo, Ibidem |