PRIMER CONGRESO INTERNACIONAL
INTEGRACIÓN Y GLOBALIZACIÓN HACIA EL SIGLO XXI: DESAFÍOS
EN LAS CIENCIAS JURÍDICAS Y SOCIALES
Universidad Nacional de La Plata-Facultad de
Ciencias Jurídicas y Políticas
IV Foro Universitario sobre MERCOSUR
"Renacer
de la Integración Económica en América Latina: el caso
del comercio exterior agroalimentario entre Venezuela y Colombia"
Alejandro Gutiérrez
S.(*)
I.- Introducción
América Latina ha presenciado en el pasado reciente un avance,
para muchos inesperado, de la integración económica. Los flujos
de comercio e inversiones intraregionales han crecido de manera importante,
impulsados por las reformas económicas introducidas en la década
de los ochenta y por factores de orden político y estratégico
que obligan a una mayor inserción en el comercio mundial. Esta nueva
ola de regionalismo tiene características diferentes a aquella que
se inició en la década de los sesenta con la constitución
de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (1960), el Mercado
Común Centroamericano (1960) y el Pacto Andino (1969). El nuevo regionalismo
se ha dado en el marco de profundas reformas que estimulan la liberación
del comercio internacional, el fortalecimiento de los procesos democráticos
en la región y cambios en el ambiente mundial, consecuencia del avance
de los procesos de globalización económica, la revolución
tecnológica y el fin de la guerra fría.
Es en ese contexto que se ha producido un renacer de la integración,
y un incremento sin precedentes de los flujos de comercio intraregional
entre los países socios del Grupo Andino (ahora llamada Comunidad
Andina) considerado una de las experiencias más antiguas, en cuanto
a integración económica en América Latina se refiere.
Este renacer de la integración andina se ha manifestado en un aumento
de los flujos de comercio intraregional, los cuales aumentaron desde apenas
US$ 1.312 millones en 1990 a US$ 4.700 millones en 1995. Este resultado
se ha reflejado en un incremento de la importancia relativa de las exportaciones
intraregionales al pasar de apenas el 4,2% en 1990 al 12,3% en 1995.
En ese auge del comercio intraregional andino, Colombia y Venezuela han
sido líderes, no sólo por el crecimiento y la magnitud de
su intercambio comercial bilateral, sino porque han estado a la vanguardia
de las reformas económicas y continúan dando muestras reiteradas
de poseer la voluntad política necesaria para acelerar el avance
de la integración tanto en el área del Pacto Andino como con
otros países (México, Chile, etc.) y bloques (CARICOM, Mercado
Común Centroamericano, inicio de conversaciones con MERCOSUR) . El
resultado obtenido en los últimos años evidencia un aumento
sin precedentes de los flujos de comercio, de inversiones y de alianzas
estratégicas entre los sectores productivos de Colombia y Venezuela.
Y a diferencia del pasado, en esta oportunidad la liberación del
comercio intraregional ha incluido también a la agricultura y a la
industria de alimentos, generándose un crecimiento, también
sin precedentes, en el comercio bilateral de bienes agroalimentarios.
En esta ponencia, se analizarán las tendencias, características
e impactos más relevantes del proceso de integración entre
Venezuela y Colombia sobre el comercio bilateral agroalimentario. El esfuerzo
integracionista entre ambos países, obstaculizado en el pasado por
los problemas limítrofes, la violencia en la frontera y las políticas
proteccionistas se fortaleció a partir de 1992, cuando entró
en vigencia un acuerdo de libre comercio entre ambos países, estimulado
por las profundas reformas económicas y de la política comercial
que instrumentaron Venezuela (a partir de 1989) Y Colombia (a partir de
1990). El Acuerdo y las reformas adelantadas permitió avanzar rápidamente
hacia la conformación en la práctica de una unión aduanera,
que finalmente obligó a Ecuador y a Bolivia a unirse en la creación
de una imperfecta unión aduanera a partir de febrero de 1995, dando
origen a la hoy denominada Comunidad Andina (Grupo Andino-GRAN), del cual
continúa excluido perú, país miembro del acuerdo de
integración desde su creación en 1969 hasta su retiro temporal
en 1990. Concretamente, en la ponencia se presentan resultados relacionados
con :
- a) Las tendencias del comercio total y agroalimentario entre Venezuela
y Colombia, antes y después del acuerdo de libre comercio.
- b) Análisis de ventajas comparativas reveladas.
- c) Evidencias de comercio intraindustrial.
- d) Evaluación del crecimiento del comercio intraregional agroalimentario
a través de la estimación de indicadores de creación
y desviación de comercio.
Finalmente, se presentarán sugerencias y una discusión
sobre las políticas más convenientes a seguir con la finalidad
de promover entre ambos países, la consolidación de una unión
aduanera creadora de comercio y coherente con los principios básicos
del denominado "regionalismo abierto" .
II.- Conclusiones generales
y aspectos más importantes de la ponencia
1.- El auge de la integración económica entre Venezuela
y Colombia, se enmarca en el proceso de reestructuración y cambio
en el modelo de desarrollo que se dio en la mayoría de los países
de América Latina desde finales de la década de los ochenta
y comienzos de los noventa. La introducción de reformas económicas
con orientación de mercado, y el abandono del modelo de industrialización
sustitutiva de importaciones (desarrollo hacia adentro), constituyó
la plataforma sobre la cual se instrumentaron cambios radicales en la política
comercial, tanto de Venezuela (1989) como de Colombia (1990). A diferencia
de lo sucedido con anteriores intentos de liberación comercial, en
esta oportunidad la reforma también incluyó al sector agroalimentario.
En términos generales, se dio una reducción de los niveles
de protección al disminuir los aranceles y al desmantelar las restricciones
cuantitativas, así como las demás trabas tanto a las importaciones
como a las exportaciones.
En Venezuela, el cambio de orientación en su modelo de desarrollo
se dio forzado por un agravamiento de los desequilibrios macroeconómicos.
Esto obligó al país a negociar un programa de ajustes de orientación
ortodoxa con el FMI y el Banco Mundial a comienzos de 1989. En el caso de
Colombia, el cambio de modelo de desarrollo no estuvo forzado por la crisis,
pues a diferencia de la mayoría de los países de América
Latina y el Caribe, Colombia mostró un crecimiento económico
razonable y sostenido en la década de los ochenta. Para Colombia
se trataba de introducir reformas económicas que le permitieran insertarse
en el mercado internacional y ampliar las pocas posibilidades que brindaba
el mercado interno.
2.- Las reformas de las políticas comerciales de Venezuela y Colombia,
junto con la de Bolivia (iniciada a mediados de los ochenta) sirvió
para revivir al Pacto Andino y para impulsar la liberación del comercio
intraregional en el seno del acuerdo. Venezuela y Colombia han sido los
líderes del aumento del comercio intraregional en el GRAN y han forzado
con sus iniciativas a que los demás países, con la excepción
de Perú, conformen una unión aduanera, aún imperfecta.
El comercio bilateral entre ambos países, que era muy poco en 1988
(US$ 387 millones) alcanzó a US$ 2.137 millones en 1995. Colombia
se ha convertido para Venezuela en el primer mercado de destino para sus
exportaciones no tradicionales. Es importante destacar que paralelamente
al incremento de los flujos de comercio, también se han dado aumentos
importantes en las inversiones y en la constitución de alianzas estratégicas
entre empresas de ambos países.
No existen evidencias de que este auge del comercio intraregional en
el área de la Comunidad Andina haya generado desviación de
comercio. Por el contrario, el análisis realizado demostró
que en los casos de Bolivia, Colombia y Venezuela existían claras
evidencias de creación bruta y creación neta de comercio,
con sus consecuentes efectos positivos para el bienestar económico
de estos países. Igualmente, ha habido en el seno del GRAN un aumento
absoluto y en términos relativos del comercio intraregional agroalimentario.
Este resultado, de manera similar al del comercio total intraregional, ha
estado liderizado por Venezuela y Colombia. De acuerdo con la información
de Naciones Unidas, las exportaciones intraregionales agroalimentarias aumentaron
su participación en las exportaciones totales del GRAN desde el 2,5%
en 1988 al 8,1% en 1994. El mismo indicador, pero para el caso de las importaciones
intraregionales agroalimentarias en relación al total, se incremento
desde el 4,9% en 1989 hasta el 18,5% en 1994. Tampoco se encontraron evidencias
claras de desviación de comercio para el intercambio agroalimentario
en los casos de Perú, Bolivia y Ecuador (desviación probable),
mientras que los resultados tanto para Colombia como para Venezuela revelaron
una situación de creación bruta y creación neta de
comercio. Estos dos países, al igual que en el caso del comercio
total intraregional, también se han convertido en los líderes
del comercio intraregional agroalimentario.
Debe destacarse que todos los logros en materia de comercio entre Venezuela
y Colombia se han dado a pesar de la persistencia de la violencia en Colombia,
el tráfico de drogas, la incursión de la guerrilla en las
zonas fronterizas, y los ya tradicionales problemas limítrofes. Algunos
de estos problemas no sólo persisten, sino que en muchos casos se
han agudizado. No escapa de este análisis la inestabilidad política
que tuvo Venezuela (entre 1992 y 1993), así como la profunda crisis
económica de este país, agravada desde 1994. Así mismo,
Colombia también ha tenido problemas de gobernabilidad, derivados
de las acusaciones de que ha sido objeto el Presidente Ernesto Samper. A
pesar de todos estos factores negativos, ha habido un auge del comercio
colombo-venezolano en el pasado reciente. A las reformas de las políticas
comerciales de ambos países le siguió la puesta en marcha
de una imperfecta unión aduanera entre ambos países desde
comienzos de 1992. Como resultado del cambio de políticas, y a pesar
de las dificultades de diferente naturaleza que se han presentado, el comercio
bilateral se ha incrementado hasta alcanzar niveles sin precedentes, evidenciando
que la potencialidad para intercambiar de Colombia y Venezuela, debido a
su condición de "socios naturales", es superior a los factores
negativos que siguen estando presentes.
3.- El auge del intercambio intraregional también ha afectado
positivamente al comercio agroalimentario. Éste ha aumentado sustancialmente
entre los países miembros del GRAN, y muy especialmente en el caso
de Venezuela y Colombia. Para 1995, el comercio bilateral agroalimentario
representó más del 21% del comercio bilateral global, con
un valor de US$ 452 millones. Esta cifra adquiere importancia al compararla
con la de 1988, cuando apenas alcanzaba a los US$ 5 millones y menos del
2% del comercio total entre los dos países. Más sorprendente
aún, para el caso de Venezuela, es el hecho de que a nivel general,
y también a un nivel más desagregado, 12 capítulos
de la estructura arancelaria NANDINA mostraron índices de ventajas
comparativas reveladas mayores a la unidad al calcularse su promedio para
el periodo 1992-1995. Ello significa que su desempeño ha sido superior
al presentado por el total de las exportaciones no tradicionales hacia Colombia.
La investigación también detectó que, de igual manera
a lo sucedido para el comercio bilateral total, ha habido una clara tendencia
a diversificar el intercambio bilateral de mercancías agroalimentarias.
Paralelamente a este crecimiento del comercio agroalimentario, se han estimulado
alianzas estratégicas entre empresas de Colombia y de Venezuela.
En los últimos tres años analizados (1993-1995) la balanza
comercial agroalimentaria ha sido favorable para Venezuela.
Fuentes : Oficina Central
de Estadística e Informática-Venezuela.
.- Instituto de Comercio Exterior (ICE, 1995, 1996)
.- Banco Interamericano de Desarrollo (Base de datos en Internet).
Nota : El PIB esta calculado en millones de US$ a precios de 1990.
4.- Tanto para el caso del comercio global, así como en el del
comercio agroalimentario, se determinó, utilizando modelos econométricos,
que el desempeño económico de cada país (medido a través
del PIB), la relación entre los tipos de cambio reales de Venezuela
y Colombia y la liberación del comercio entre Venezuela y Colombia
a partir de 1992 (variable "dummy"), fueron los factores
determinantes del comportamiento tanto de las exportaciones como de las
importaciones. Debe enfatizarse que la variable "dummy" que pretendía
captar el efecto positivo de la liberación del comercio entre ambos
países desde 1992, sobre importaciones y exportaciones agroalimentarias,
resultó ser estadísticamente significativa y presentar el
signo correcto en los modelos analizados. Ello da pie para afirmar que la
constitución de la zona de libre comercio cumplió con el objetivo
de incrementar el flujo comercial, y de esta manera estimular un intercambio
que se había mantenido represado por las políticas proteccionistas
de la década de los ochenta, así como por el énfasis
puesto en los problemas limítrofes entre ambos países, subestimando
el potencial para comerciar que existía.
Además, los resultados obtenidos sugieren que la estabilidad de
la economía y el logro de un crecimiento económico sostenido
en el tiempo constituyen un objetivo de política relevante para afianzar
el intercambio comercial. Por supuesto que ambos países continúan
con el reto de distribuir mejor las ganancias del crecimiento económico,
garantizar mayor acceso social y disminuir sustancialmente la pobreza, para
poder avanzar hacia una integración más acorde con los postulados
del regionalismo abierto a la vez que se legitima política y socialmente.
Igualmente, se detectó que la evolución relativa de los
tipos de cambio reales se convierte en un factor que tiende a incidir en
el monto importado o exportado por cada país. Aunque debe señalarse
que en algunos de los modelos analizados, la significación estadística
encontrada no da bases firmes para concluir de manera determinante sobre
su papel como variable explicativa. Sin embargo, siempre se encontró
el signo correcto de la relación entre las variables dependientes
y la RTCR. Para el caso de Venezuela, un aumento del PIB de Colombia (PIBCOL)
y una depreciación de su tipo de cambio real en relación al
de Colombia estimularán positivamente las exportaciones agroalimentarias
hacia Colombia. De la misma manera, las importaciones que Venezuela hace
desde Colombia están influenciadas positivamente por la evolución
del PIB venezolano (PIBVEN), mientras que presenta una relación positiva
con la apreciación relativa del tipo de cambio real de Venezuela
frente al de Colombia. Dichos resultados son consistentes con lo planteado
por la teoría económica y las hipótesis que se manejaron.
En este trabajo se han validado empíricamente.
Los resultados anteriores también sugieren la necesidad de lograr
una mejor coordinación de la política macroeconómica
que evite violentas fluctuaciones de los tipos de cambio. Esto contribuiría
a que el comercio bilateral se realice sin los sobresaltos que producen
las crisis económicas originadas por desequilibrios en los balances
básicos.
La conclusión relevante de los resultados obtenidos, es que resulta
del mayor interés para el avance de la integración colombo-venezolana
darle prioridad a la estabilización de las economías de ambos
países, así como mantener un crecimiento económico
sostenido para aumentar el comercio bilateral global en general y agroalimentario
en particular. La política cambiaría deberá evitar
en lo posible apreciaciones o depreciaciones exageradas del tipo de cambio
real, que luego se conviertan en excusas para aplicar medidas "proteccionistas"
permitidas por las normativa de la JUNAC (cláusulas de salvaguarda,
medidas fitosanitarias, trabas administrativas en las aduanas, etc.). La
crisis de Venezuela en 1994 tuvo efectos negativos sobre las importaciones
desde Colombia. Además, los productores colombianos tuvieron que
enfrentar la competencia de mercancías provenientes de Venezuela,
"abaratadas" por la importante depreciación de su tipo
de cambio real. Más recientemente, la crisis económica por
la que atraviesa Colombia, sin duda alguna repercutirán negativamente
en las exportaciones de Venezuela hacia ese país. Estas situaciones,
son apenas una evidencia de lo negativo que resulta la inestabilidad económica
para el fortalecimiento de la integración. La inestabilidad promueve
prácticas proteccionistas para evitar efectos negativos sobre los
aparatos productivos nacionales, ya deprimidos por los efectos de la recesión
y/o sobrevaluación del tipo de cambio. Esto hace que se produzcan
retrocesos en los procesos de integración y en la consecución
de mayor bienestar económico neto.
Mas allá del cuidado que se debe tener con el mantenimiento de
los equilibrios macroeconómicos básicos y de no apreciar exageradamente
los tipos de cambio real, luce apropiado el diseño de intervenciones
públicas que permitan fortalecer la competitividad de las cadenas
agroalimentarias exportadoras o con potencial para hacerlo. Existe un vasto
campo de acción para que algunas de estas intervenciones se hagan
en el marco de la cooperación entre Venezuela y Colombia, en las
áreas de infraestructura, comunicaciones, transferencia de tecnologías,
capacitación de recursos humanos, información de mercados,
mejoramiento de los sistemas de aduanas, mejoramiento de infraestructura,
y servicios en las áreas fronterizas, eliminación de trabas
administrativas y del proteccionismo encubierto. La eliminación de
trabas administrativas al comercio y las mejoras en los sistemas de comunicación,
como se evidenció en el capítulo II, pueden producir ganancias
de eficiencia económica que promuevan un proceso de integración
creador neto de comercio.
5.- Al margen de los problemas específicos que enfrenta el comercio
bilateral agroalimentario en el caso de algunos productos (azúcar,
arroz, papas, café), de esta investigación se desprende que
ambos países deben haber acumulado ganancias económicas netas
de bienestar por concepto de la liberación del comercio agroalimentario.
Los análisis realizados mostraron, para el caso especifico de Venezuela,
que la creación de la unión aduanera entre Venezuela y Colombia
desde 1992 ha producido creación de comercio. Este resultado, repercute
positivamente sobre el bienestar económico neto del país.
Las ganancias netas se derivan de una mejor asignación de recursos,
aumentos en la eficiencia productiva y mejores precios para los consumidores.
Dichos factores sumados superarían las pérdidas que el país
hubiera tenido por concepto de disminución de excedente del productor
(en los casos en que se ha desplazado a producción nacional), y de
los impuestos a la importación que ya no recibe debido a liberación
del comercio bilateral.
5.- Otro elemento digno de señalar es que la investigación
detectó que desde 1992 ha aumentado el intercambio de carácter
intraindustrial en el comercio agroalimentario, hasta llegar a significar
el 44,6% del comercio bilateral en 1995. Para 1991 dicha cifra apenas fue
del 12%. Ello significa que los capítulos o sectores involucrados
en este tipo de comercio deberían haberse adaptado sin traumas a
la liberación comercial entre ambos países, incurriendo en
menores costos de reestructuración y de liberación de recursos
(menor o poca disminución del excedente del productor), estarían
obteniendo economías de escala debido a la mayor especialización;
y simultáneamente, los consumidores de ambos países se estarían
beneficiando de una mayor variedad de productos. Estos deberían haberse
ofrecido a menores precios de los que hubieran prevalecido en condiciones
de restricciones al intercambio, conduciendo a aumentos en el excedente
del consumidor.
6.- Al margen de los problemas específicos que enfrenta el comercio
bilateral agroalimentario en el caso de algunos productos (azúcar,
arroz, papas, café), de esta investigación se desprende que
ambos países deben haber acumulado ganancias económicas netas
de bienestar por concepto de la liberación del comercio agroalimentario.
Los análisis realizados mostraron, para el caso especifico de Venezuela,
que la formación de la unión aduanera entre Venezuela y Colombia
desde 1992 ha producido creación de comercio. Este resultado repercute
positivamente sobre el bienestar económico neto del país.
Las ganancias netas se derivan de una mejor asignación de recursos,
aumentos en la eficiencia productiva y mejores precios para los consumidores.
Dichos factores sumados superarían las pérdidas que el país
hubiera tenido por concepto de disminución de excedente del productor
(en los casos en que se ha desplazado a producción nacional), y de
los impuestos a la importación que ya no recibe debido a liberación
del comercio bilateral.
7.- La unión aduanera entre Venezuela y Colombia necesita ser
perfeccionada, pues todavía persisten problemas para alcanzar el
libre comercio en algunos bienes agroalimentarios (azúcar, arroz,
papas, café). Ambos países han incurrido en violaciones reiteradas
del marco legal, en lo que tiene que ver con los productos antes mencionados,
amparados en supuestas interpretaciones de la normativa del Acuerdo de Cartagena
por la cual se rige el comercio bilateral. Esta situación irregular
obliga a un diálogo más franco y sincero que el que se ha
tenido hasta ahora. El objetivo debe ser el de llegar a acuerdos y a soluciones
realistas, que permitan avanzar en la integración sin perder de vista
el objetivo de la liberación total del comercio intraregional. No
obstante, deben ser tenidas en cuenta las dificultades que tienen algunos
sectores para adaptarse al cambio en el corto plazo. Es necesario reconocer,
que sobre todo en el caso de Venezuela, el soporte gubernamental para apoyar
el proceso de reconversión, derivado de la reforma de la política
comercial y la disminución de subsidios, no ha estado a la altura
de las exigencias. Sin embargo, ambos países deberán tomar
conciencia que el proceso de liberación del comercio bilateral no
está exento de costos; y que por mucho que se proteja temporalmente
a algunos sectores, si éstos no son eficientes en el mediano o largo
plazo deberán salir de la producción. Está bajo la
responsabilidad de quienes diseñan y ejecutan políticas agroalimentarias,
la obligación de concertar con los sectores afectados las acciones
que permitan minimizar los costos de la reestructuración y facilitar
el cambio.
De todos modos, mirando el camino recorrido y los niveles de comercio
que se han alcanzado, de truncarse el camino de la integración comercial
ambos países perderían mucho más de lo que ganarían.
Los avances obtenidos obligan a pensar que un escenario basado en la vuelta
al proteccionismo y las restricciones al comercio bilateral luce muy improbable.
La actitud y firmeza que asuma la JUNAC para hacer cumplir sus decisiones
sobre los litigios entre los países miembros del GRAN, debido a las
prácticas restrictivas del libre comercio será un factor clave
en el avance de la integración subregional.
8.- El Grupo Andino realiza en la actualidad conversaciones con MERCOSUR,
con la finalidad de avanzar hacia la firma de un acuerdo de libre comercio
entre ambos bloques antes de finalizar 1997. Dichas discusiones abordarán
la liberación de todos los sectores sin excepción, con algunas
concesiones en cuanto al lapso y a la gradualidad requerida para la liberación
total de algunas partidas arancelarias. El sector agroalimentario no estará
excluido del acuerdo al que finalmente se llegue. Ello significará
que las agriculturas de los países miembros de la imperfecta unión
aduanera que es el GRAN, especialmente Colombia y Venezuela, deberán
someter sus sectores agrícola y agroindustriales a una mayor competencia
con sus nuevos socios del MERCOSUR, bien sea en el corto, mediano o largo
plazo. Todo dependerá del acuerdo al que finalmente se llegue en
materia de liberación del comercio agroalimentario.
Sin embargo, es previsible que las agriculturas de los países
de la Comunidad Andina, y específicamente las de Venezuela y Colombia,
tendrán que enfrentar en cualquier momento la competencia en rubros
que tradicionalmente han protegido, aún después de las reformas
de sus políticas comerciales, a través de su sistema de banda
de precios (entre ellos: maíz, soya, materias primas oleaginosas,
leche y derivados). Surge entonces como prioridad para enfrentar este desafío,
el desarrollo y puesta en ejecución de una estrategia que permita
aumentar la competitividad de las cadenas agroalimentarias de ambos países.
Esto constituye un requisito para aprovechar las ventajas de acceder a un
mercado más grande (MERCOSUR) y minimizar los costos de la liberación
comercial con ese bloque. En este sentido, las políticas destinadas
a mejorar la infraestructura de riego, de comunicaciones y de los puertos;
el saneamiento de tierras; el mejoramiento de los sistemas de sanidad vegetal
y animal; el impulso a la investigación, a la capacitación
de recursos humanos, a la asistencia técnica y a la transferencia
de tecnología; la información de mercados y la promoción
de exportaciones; los programas focalizados para el fortalecimiento de cadenas
agroalimentarias y del desempeño de pequeños productores agrícolas
y agroindustriales; el mejoramiento de los sistemas de financiamiento a
las exportaciones, así como la eliminación de trabas y rigideces
administrativas en las aduanas, constituyen elementos centrales de esta
estrategia para fortalecer la competitividad. Se trata de crear externalidades
positivas que permitan aumentar la productividad y la eficiencia. Será
necesario utilizar un enfoque de cadenas agroalimentarias, ya que son éstas
en definitiva las que definen la competitividad de los productos, y no un
componente o agente de la cadena en particular.
Dado el nuevo marco para el diseño de políticas que crea
la Organización Mundial de Comercio, la Política Agropecuaria
Común Andina y los acuerdos de libre comercio suscritos, en los próximos
años será muy dificil mantener posiciones en los mercados
respaldadas por políticas de excesivo proteccionismo en la frontera
y de subsidios indiscriminados. Ello no significa que no haya espacio para
la intervención del sector público. Por el contrario, su campo
de acción está claramente definido y legitimado, aún
en el marco de la globalización y de la liberación comercial,
pues la reconversión exitosa de los aparatos productivos es imposible
sin la participación y el apoyo del sector público. Sin embargo,
para una acción eficiente y efectiva del Estado, éste necesitará
también de crear y profundizar la reforma de sus instituciones.
III.- Bibliografía
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