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PRIMER CONGRESO INTERNACIONAL INTEGRACIÓN Y GLOBALIZACIÓN HACIA EL SIGLO XXI: DESAFÍOS EN LAS CIENCIAS JURÍDICAS Y SOCIALES

Universidad Nacional de La Plata-Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas

IV Foro Universitario sobre MERCOSUR

"Renacer de la Integración Económica en América Latina: el caso del comercio exterior agroalimentario entre Venezuela y Colombia"

(Resumen)

Alejandro Gutiérrez S.(*)

I.- Introducción

América Latina ha presenciado en el pasado reciente un avance, para muchos inesperado, de la integración económica. Los flujos de comercio e inversiones intraregionales han crecido de manera importante, impulsados por las reformas económicas introducidas en la década de los ochenta y por factores de orden político y estratégico que obligan a una mayor inserción en el comercio mundial. Esta nueva ola de regionalismo tiene características diferentes a aquella que se inició en la década de los sesenta con la constitución de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (1960), el Mercado Común Centroamericano (1960) y el Pacto Andino (1969). El nuevo regionalismo se ha dado en el marco de profundas reformas que estimulan la liberación del comercio internacional, el fortalecimiento de los procesos democráticos en la región y cambios en el ambiente mundial, consecuencia del avance de los procesos de globalización económica, la revolución tecnológica y el fin de la guerra fría.

Es en ese contexto que se ha producido un renacer de la integración, y un incremento sin precedentes de los flujos de comercio intraregional entre los países socios del Grupo Andino (ahora llamada Comunidad Andina) considerado una de las experiencias más antiguas, en cuanto a integración económica en América Latina se refiere. Este renacer de la integración andina se ha manifestado en un aumento de los flujos de comercio intraregional, los cuales aumentaron desde apenas US$ 1.312 millones en 1990 a US$ 4.700 millones en 1995. Este resultado se ha reflejado en un incremento de la importancia relativa de las exportaciones intraregionales al pasar de apenas el 4,2% en 1990 al 12,3% en 1995.

En ese auge del comercio intraregional andino, Colombia y Venezuela han sido líderes, no sólo por el crecimiento y la magnitud de su intercambio comercial bilateral, sino porque han estado a la vanguardia de las reformas económicas y continúan dando muestras reiteradas de poseer la voluntad política necesaria para acelerar el avance de la integración tanto en el área del Pacto Andino como con otros países (México, Chile, etc.) y bloques (CARICOM, Mercado Común Centroamericano, inicio de conversaciones con MERCOSUR) . El resultado obtenido en los últimos años evidencia un aumento sin precedentes de los flujos de comercio, de inversiones y de alianzas estratégicas entre los sectores productivos de Colombia y Venezuela. Y a diferencia del pasado, en esta oportunidad la liberación del comercio intraregional ha incluido también a la agricultura y a la industria de alimentos, generándose un crecimiento, también sin precedentes, en el comercio bilateral de bienes agroalimentarios.

En esta ponencia, se analizarán las tendencias, características e impactos más relevantes del proceso de integración entre Venezuela y Colombia sobre el comercio bilateral agroalimentario. El esfuerzo integracionista entre ambos países, obstaculizado en el pasado por los problemas limítrofes, la violencia en la frontera y las políticas proteccionistas se fortaleció a partir de 1992, cuando entró en vigencia un acuerdo de libre comercio entre ambos países, estimulado por las profundas reformas económicas y de la política comercial que instrumentaron Venezuela (a partir de 1989) Y Colombia (a partir de 1990). El Acuerdo y las reformas adelantadas permitió avanzar rápidamente hacia la conformación en la práctica de una unión aduanera, que finalmente obligó a Ecuador y a Bolivia a unirse en la creación de una imperfecta unión aduanera a partir de febrero de 1995, dando origen a la hoy denominada Comunidad Andina (Grupo Andino-GRAN), del cual continúa excluido perú, país miembro del acuerdo de integración desde su creación en 1969 hasta su retiro temporal en 1990. Concretamente, en la ponencia se presentan resultados relacionados con :

  • a) Las tendencias del comercio total y agroalimentario entre Venezuela y Colombia, antes y después del acuerdo de libre comercio.
  • b) Análisis de ventajas comparativas reveladas.
  • c) Evidencias de comercio intraindustrial.
  • d) Evaluación del crecimiento del comercio intraregional agroalimentario a través de la estimación de indicadores de creación y desviación de comercio.

Finalmente, se presentarán sugerencias y una discusión sobre las políticas más convenientes a seguir con la finalidad de promover entre ambos países, la consolidación de una unión aduanera creadora de comercio y coherente con los principios básicos del denominado "regionalismo abierto" .

II.- Conclusiones generales y aspectos más importantes de la ponencia

1.- El auge de la integración económica entre Venezuela y Colombia, se enmarca en el proceso de reestructuración y cambio en el modelo de desarrollo que se dio en la mayoría de los países de América Latina desde finales de la década de los ochenta y comienzos de los noventa. La introducción de reformas económicas con orientación de mercado, y el abandono del modelo de industrialización sustitutiva de importaciones (desarrollo hacia adentro), constituyó la plataforma sobre la cual se instrumentaron cambios radicales en la política comercial, tanto de Venezuela (1989) como de Colombia (1990). A diferencia de lo sucedido con anteriores intentos de liberación comercial, en esta oportunidad la reforma también incluyó al sector agroalimentario. En términos generales, se dio una reducción de los niveles de protección al disminuir los aranceles y al desmantelar las restricciones cuantitativas, así como las demás trabas tanto a las importaciones como a las exportaciones.

En Venezuela, el cambio de orientación en su modelo de desarrollo se dio forzado por un agravamiento de los desequilibrios macroeconómicos. Esto obligó al país a negociar un programa de ajustes de orientación ortodoxa con el FMI y el Banco Mundial a comienzos de 1989. En el caso de Colombia, el cambio de modelo de desarrollo no estuvo forzado por la crisis, pues a diferencia de la mayoría de los países de América Latina y el Caribe, Colombia mostró un crecimiento económico razonable y sostenido en la década de los ochenta. Para Colombia se trataba de introducir reformas económicas que le permitieran insertarse en el mercado internacional y ampliar las pocas posibilidades que brindaba el mercado interno.

2.- Las reformas de las políticas comerciales de Venezuela y Colombia, junto con la de Bolivia (iniciada a mediados de los ochenta) sirvió para revivir al Pacto Andino y para impulsar la liberación del comercio intraregional en el seno del acuerdo. Venezuela y Colombia han sido los líderes del aumento del comercio intraregional en el GRAN y han forzado con sus iniciativas a que los demás países, con la excepción de Perú, conformen una unión aduanera, aún imperfecta. El comercio bilateral entre ambos países, que era muy poco en 1988 (US$ 387 millones) alcanzó a US$ 2.137 millones en 1995. Colombia se ha convertido para Venezuela en el primer mercado de destino para sus exportaciones no tradicionales. Es importante destacar que paralelamente al incremento de los flujos de comercio, también se han dado aumentos importantes en las inversiones y en la constitución de alianzas estratégicas entre empresas de ambos países.

No existen evidencias de que este auge del comercio intraregional en el área de la Comunidad Andina haya generado desviación de comercio. Por el contrario, el análisis realizado demostró que en los casos de Bolivia, Colombia y Venezuela existían claras evidencias de creación bruta y creación neta de comercio, con sus consecuentes efectos positivos para el bienestar económico de estos países. Igualmente, ha habido en el seno del GRAN un aumento absoluto y en términos relativos del comercio intraregional agroalimentario. Este resultado, de manera similar al del comercio total intraregional, ha estado liderizado por Venezuela y Colombia. De acuerdo con la información de Naciones Unidas, las exportaciones intraregionales agroalimentarias aumentaron su participación en las exportaciones totales del GRAN desde el 2,5% en 1988 al 8,1% en 1994. El mismo indicador, pero para el caso de las importaciones intraregionales agroalimentarias en relación al total, se incremento desde el 4,9% en 1989 hasta el 18,5% en 1994. Tampoco se encontraron evidencias claras de desviación de comercio para el intercambio agroalimentario en los casos de Perú, Bolivia y Ecuador (desviación probable), mientras que los resultados tanto para Colombia como para Venezuela revelaron una situación de creación bruta y creación neta de comercio. Estos dos países, al igual que en el caso del comercio total intraregional, también se han convertido en los líderes del comercio intraregional agroalimentario.

Debe destacarse que todos los logros en materia de comercio entre Venezuela y Colombia se han dado a pesar de la persistencia de la violencia en Colombia, el tráfico de drogas, la incursión de la guerrilla en las zonas fronterizas, y los ya tradicionales problemas limítrofes. Algunos de estos problemas no sólo persisten, sino que en muchos casos se han agudizado. No escapa de este análisis la inestabilidad política que tuvo Venezuela (entre 1992 y 1993), así como la profunda crisis económica de este país, agravada desde 1994. Así mismo, Colombia también ha tenido problemas de gobernabilidad, derivados de las acusaciones de que ha sido objeto el Presidente Ernesto Samper. A pesar de todos estos factores negativos, ha habido un auge del comercio colombo-venezolano en el pasado reciente. A las reformas de las políticas comerciales de ambos países le siguió la puesta en marcha de una imperfecta unión aduanera entre ambos países desde comienzos de 1992. Como resultado del cambio de políticas, y a pesar de las dificultades de diferente naturaleza que se han presentado, el comercio bilateral se ha incrementado hasta alcanzar niveles sin precedentes, evidenciando que la potencialidad para intercambiar de Colombia y Venezuela, debido a su condición de "socios naturales", es superior a los factores negativos que siguen estando presentes.

3.- El auge del intercambio intraregional también ha afectado positivamente al comercio agroalimentario. Éste ha aumentado sustancialmente entre los países miembros del GRAN, y muy especialmente en el caso de Venezuela y Colombia. Para 1995, el comercio bilateral agroalimentario representó más del 21% del comercio bilateral global, con un valor de US$ 452 millones. Esta cifra adquiere importancia al compararla con la de 1988, cuando apenas alcanzaba a los US$ 5 millones y menos del 2% del comercio total entre los dos países. Más sorprendente aún, para el caso de Venezuela, es el hecho de que a nivel general, y también a un nivel más desagregado, 12 capítulos de la estructura arancelaria NANDINA mostraron índices de ventajas comparativas reveladas mayores a la unidad al calcularse su promedio para el periodo 1992-1995. Ello significa que su desempeño ha sido superior al presentado por el total de las exportaciones no tradicionales hacia Colombia.

La investigación también detectó que, de igual manera a lo sucedido para el comercio bilateral total, ha habido una clara tendencia a diversificar el intercambio bilateral de mercancías agroalimentarias. Paralelamente a este crecimiento del comercio agroalimentario, se han estimulado alianzas estratégicas entre empresas de Colombia y de Venezuela. En los últimos tres años analizados (1993-1995) la balanza comercial agroalimentaria ha sido favorable para Venezuela.

 Fuentes : Oficina Central de Estadística e Informática-Venezuela.

.- Instituto de Comercio Exterior (ICE, 1995, 1996)

.- Banco Interamericano de Desarrollo (Base de datos en Internet).

Nota : El PIB esta calculado en millones de US$ a precios de 1990.

4.- Tanto para el caso del comercio global, así como en el del comercio agroalimentario, se determinó, utilizando modelos econométricos, que el desempeño económico de cada país (medido a través del PIB), la relación entre los tipos de cambio reales de Venezuela y Colombia y la liberación del comercio entre Venezuela y Colombia a partir de 1992 (variable "dummy"), fueron los factores determinantes del comportamiento tanto de las exportaciones como de las importaciones. Debe enfatizarse que la variable "dummy" que pretendía captar el efecto positivo de la liberación del comercio entre ambos países desde 1992, sobre importaciones y exportaciones agroalimentarias, resultó ser estadísticamente significativa y presentar el signo correcto en los modelos analizados. Ello da pie para afirmar que la constitución de la zona de libre comercio cumplió con el objetivo de incrementar el flujo comercial, y de esta manera estimular un intercambio que se había mantenido represado por las políticas proteccionistas de la década de los ochenta, así como por el énfasis puesto en los problemas limítrofes entre ambos países, subestimando el potencial para comerciar que existía.

Además, los resultados obtenidos sugieren que la estabilidad de la economía y el logro de un crecimiento económico sostenido en el tiempo constituyen un objetivo de política relevante para afianzar el intercambio comercial. Por supuesto que ambos países continúan con el reto de distribuir mejor las ganancias del crecimiento económico, garantizar mayor acceso social y disminuir sustancialmente la pobreza, para poder avanzar hacia una integración más acorde con los postulados del regionalismo abierto a la vez que se legitima política y socialmente.

Igualmente, se detectó que la evolución relativa de los tipos de cambio reales se convierte en un factor que tiende a incidir en el monto importado o exportado por cada país. Aunque debe señalarse que en algunos de los modelos analizados, la significación estadística encontrada no da bases firmes para concluir de manera determinante sobre su papel como variable explicativa. Sin embargo, siempre se encontró el signo correcto de la relación entre las variables dependientes y la RTCR. Para el caso de Venezuela, un aumento del PIB de Colombia (PIBCOL) y una depreciación de su tipo de cambio real en relación al de Colombia estimularán positivamente las exportaciones agroalimentarias hacia Colombia. De la misma manera, las importaciones que Venezuela hace desde Colombia están influenciadas positivamente por la evolución del PIB venezolano (PIBVEN), mientras que presenta una relación positiva con la apreciación relativa del tipo de cambio real de Venezuela frente al de Colombia. Dichos resultados son consistentes con lo planteado por la teoría económica y las hipótesis que se manejaron. En este trabajo se han validado empíricamente.

Los resultados anteriores también sugieren la necesidad de lograr una mejor coordinación de la política macroeconómica que evite violentas fluctuaciones de los tipos de cambio. Esto contribuiría a que el comercio bilateral se realice sin los sobresaltos que producen las crisis económicas originadas por desequilibrios en los balances básicos.

La conclusión relevante de los resultados obtenidos, es que resulta del mayor interés para el avance de la integración colombo-venezolana darle prioridad a la estabilización de las economías de ambos países, así como mantener un crecimiento económico sostenido para aumentar el comercio bilateral global en general y agroalimentario en particular. La política cambiaría deberá evitar en lo posible apreciaciones o depreciaciones exageradas del tipo de cambio real, que luego se conviertan en excusas para aplicar medidas "proteccionistas" permitidas por las normativa de la JUNAC (cláusulas de salvaguarda, medidas fitosanitarias, trabas administrativas en las aduanas, etc.). La crisis de Venezuela en 1994 tuvo efectos negativos sobre las importaciones desde Colombia. Además, los productores colombianos tuvieron que enfrentar la competencia de mercancías provenientes de Venezuela, "abaratadas" por la importante depreciación de su tipo de cambio real. Más recientemente, la crisis económica por la que atraviesa Colombia, sin duda alguna repercutirán negativamente en las exportaciones de Venezuela hacia ese país. Estas situaciones, son apenas una evidencia de lo negativo que resulta la inestabilidad económica para el fortalecimiento de la integración. La inestabilidad promueve prácticas proteccionistas para evitar efectos negativos sobre los aparatos productivos nacionales, ya deprimidos por los efectos de la recesión y/o sobrevaluación del tipo de cambio. Esto hace que se produzcan retrocesos en los procesos de integración y en la consecución de mayor bienestar económico neto.

Mas allá del cuidado que se debe tener con el mantenimiento de los equilibrios macroeconómicos básicos y de no apreciar exageradamente los tipos de cambio real, luce apropiado el diseño de intervenciones públicas que permitan fortalecer la competitividad de las cadenas agroalimentarias exportadoras o con potencial para hacerlo. Existe un vasto campo de acción para que algunas de estas intervenciones se hagan en el marco de la cooperación entre Venezuela y Colombia, en las áreas de infraestructura, comunicaciones, transferencia de tecnologías, capacitación de recursos humanos, información de mercados, mejoramiento de los sistemas de aduanas, mejoramiento de infraestructura, y servicios en las áreas fronterizas, eliminación de trabas administrativas y del proteccionismo encubierto. La eliminación de trabas administrativas al comercio y las mejoras en los sistemas de comunicación, como se evidenció en el capítulo II, pueden producir ganancias de eficiencia económica que promuevan un proceso de integración creador neto de comercio.

5.- Al margen de los problemas específicos que enfrenta el comercio bilateral agroalimentario en el caso de algunos productos (azúcar, arroz, papas, café), de esta investigación se desprende que ambos países deben haber acumulado ganancias económicas netas de bienestar por concepto de la liberación del comercio agroalimentario. Los análisis realizados mostraron, para el caso especifico de Venezuela, que la creación de la unión aduanera entre Venezuela y Colombia desde 1992 ha producido creación de comercio. Este resultado, repercute positivamente sobre el bienestar económico neto del país. Las ganancias netas se derivan de una mejor asignación de recursos, aumentos en la eficiencia productiva y mejores precios para los consumidores. Dichos factores sumados superarían las pérdidas que el país hubiera tenido por concepto de disminución de excedente del productor (en los casos en que se ha desplazado a producción nacional), y de los impuestos a la importación que ya no recibe debido a liberación del comercio bilateral.

5.- Otro elemento digno de señalar es que la investigación detectó que desde 1992 ha aumentado el intercambio de carácter intraindustrial en el comercio agroalimentario, hasta llegar a significar el 44,6% del comercio bilateral en 1995. Para 1991 dicha cifra apenas fue del 12%. Ello significa que los capítulos o sectores involucrados en este tipo de comercio deberían haberse adaptado sin traumas a la liberación comercial entre ambos países, incurriendo en menores costos de reestructuración y de liberación de recursos (menor o poca disminución del excedente del productor), estarían obteniendo economías de escala debido a la mayor especialización; y simultáneamente, los consumidores de ambos países se estarían beneficiando de una mayor variedad de productos. Estos deberían haberse ofrecido a menores precios de los que hubieran prevalecido en condiciones de restricciones al intercambio, conduciendo a aumentos en el excedente del consumidor.

6.- Al margen de los problemas específicos que enfrenta el comercio bilateral agroalimentario en el caso de algunos productos (azúcar, arroz, papas, café), de esta investigación se desprende que ambos países deben haber acumulado ganancias económicas netas de bienestar por concepto de la liberación del comercio agroalimentario. Los análisis realizados mostraron, para el caso especifico de Venezuela, que la formación de la unión aduanera entre Venezuela y Colombia desde 1992 ha producido creación de comercio. Este resultado repercute positivamente sobre el bienestar económico neto del país. Las ganancias netas se derivan de una mejor asignación de recursos, aumentos en la eficiencia productiva y mejores precios para los consumidores. Dichos factores sumados superarían las pérdidas que el país hubiera tenido por concepto de disminución de excedente del productor (en los casos en que se ha desplazado a producción nacional), y de los impuestos a la importación que ya no recibe debido a liberación del comercio bilateral.

7.- La unión aduanera entre Venezuela y Colombia necesita ser perfeccionada, pues todavía persisten problemas para alcanzar el libre comercio en algunos bienes agroalimentarios (azúcar, arroz, papas, café). Ambos países han incurrido en violaciones reiteradas del marco legal, en lo que tiene que ver con los productos antes mencionados, amparados en supuestas interpretaciones de la normativa del Acuerdo de Cartagena por la cual se rige el comercio bilateral. Esta situación irregular obliga a un diálogo más franco y sincero que el que se ha tenido hasta ahora. El objetivo debe ser el de llegar a acuerdos y a soluciones realistas, que permitan avanzar en la integración sin perder de vista el objetivo de la liberación total del comercio intraregional. No obstante, deben ser tenidas en cuenta las dificultades que tienen algunos sectores para adaptarse al cambio en el corto plazo. Es necesario reconocer, que sobre todo en el caso de Venezuela, el soporte gubernamental para apoyar el proceso de reconversión, derivado de la reforma de la política comercial y la disminución de subsidios, no ha estado a la altura de las exigencias. Sin embargo, ambos países deberán tomar conciencia que el proceso de liberación del comercio bilateral no está exento de costos; y que por mucho que se proteja temporalmente a algunos sectores, si éstos no son eficientes en el mediano o largo plazo deberán salir de la producción. Está bajo la responsabilidad de quienes diseñan y ejecutan políticas agroalimentarias, la obligación de concertar con los sectores afectados las acciones que permitan minimizar los costos de la reestructuración y facilitar el cambio.

De todos modos, mirando el camino recorrido y los niveles de comercio que se han alcanzado, de truncarse el camino de la integración comercial ambos países perderían mucho más de lo que ganarían. Los avances obtenidos obligan a pensar que un escenario basado en la vuelta al proteccionismo y las restricciones al comercio bilateral luce muy improbable. La actitud y firmeza que asuma la JUNAC para hacer cumplir sus decisiones sobre los litigios entre los países miembros del GRAN, debido a las prácticas restrictivas del libre comercio será un factor clave en el avance de la integración subregional.

8.- El Grupo Andino realiza en la actualidad conversaciones con MERCOSUR, con la finalidad de avanzar hacia la firma de un acuerdo de libre comercio entre ambos bloques antes de finalizar 1997. Dichas discusiones abordarán la liberación de todos los sectores sin excepción, con algunas concesiones en cuanto al lapso y a la gradualidad requerida para la liberación total de algunas partidas arancelarias. El sector agroalimentario no estará excluido del acuerdo al que finalmente se llegue. Ello significará que las agriculturas de los países miembros de la imperfecta unión aduanera que es el GRAN, especialmente Colombia y Venezuela, deberán someter sus sectores agrícola y agroindustriales a una mayor competencia con sus nuevos socios del MERCOSUR, bien sea en el corto, mediano o largo plazo. Todo dependerá del acuerdo al que finalmente se llegue en materia de liberación del comercio agroalimentario.

Sin embargo, es previsible que las agriculturas de los países de la Comunidad Andina, y específicamente las de Venezuela y Colombia, tendrán que enfrentar en cualquier momento la competencia en rubros que tradicionalmente han protegido, aún después de las reformas de sus políticas comerciales, a través de su sistema de banda de precios (entre ellos: maíz, soya, materias primas oleaginosas, leche y derivados). Surge entonces como prioridad para enfrentar este desafío, el desarrollo y puesta en ejecución de una estrategia que permita aumentar la competitividad de las cadenas agroalimentarias de ambos países. Esto constituye un requisito para aprovechar las ventajas de acceder a un mercado más grande (MERCOSUR) y minimizar los costos de la liberación comercial con ese bloque. En este sentido, las políticas destinadas a mejorar la infraestructura de riego, de comunicaciones y de los puertos; el saneamiento de tierras; el mejoramiento de los sistemas de sanidad vegetal y animal; el impulso a la investigación, a la capacitación de recursos humanos, a la asistencia técnica y a la transferencia de tecnología; la información de mercados y la promoción de exportaciones; los programas focalizados para el fortalecimiento de cadenas agroalimentarias y del desempeño de pequeños productores agrícolas y agroindustriales; el mejoramiento de los sistemas de financiamiento a las exportaciones, así como la eliminación de trabas y rigideces administrativas en las aduanas, constituyen elementos centrales de esta estrategia para fortalecer la competitividad. Se trata de crear externalidades positivas que permitan aumentar la productividad y la eficiencia. Será necesario utilizar un enfoque de cadenas agroalimentarias, ya que son éstas en definitiva las que definen la competitividad de los productos, y no un componente o agente de la cadena en particular.

Dado el nuevo marco para el diseño de políticas que crea la Organización Mundial de Comercio, la Política Agropecuaria Común Andina y los acuerdos de libre comercio suscritos, en los próximos años será muy dificil mantener posiciones en los mercados respaldadas por políticas de excesivo proteccionismo en la frontera y de subsidios indiscriminados. Ello no significa que no haya espacio para la intervención del sector público. Por el contrario, su campo de acción está claramente definido y legitimado, aún en el marco de la globalización y de la liberación comercial, pues la reconversión exitosa de los aparatos productivos es imposible sin la participación y el apoyo del sector público. Sin embargo, para una acción eficiente y efectiva del Estado, éste necesitará también de crear y profundizar la reforma de sus instituciones.

III.- Bibliografía utilizada para elaborar el documento ampliado de la ponencia

 

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