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Colombia y Venezuela: Unidos por La Paz

 

José Luis Ramírez León y Rafael Camargo*

La masiva concurrencia a las urnas por parte del electorado en Colombia, durante los pasados comicios del 26 de octubre, para elegir autoridades regionales, así como la participación de la sociedad civil en Colombia y en el exterior en un imaginativo plebiscito a favor de la paz, se convierte no sólo en un claro ejemplo de confianza y apoyo a los procesos democráticos, sino, en especial, en un claro rechazo a todas las formas de violencia.

Un país, cansado de ver como la intolerancia de unos pocos pretende imponer sus condiciones a través de actos repudiables y demenciales de fuerza, logro demostrar a la comunidad internacional que existe una gran voluntad de rechazo a todos aquellos que quieren retrotraer la historia a periodos afortunadamente ya superados de estériles confrontaciones ideológicas por la vía de las armas. Más de 10 millones de votos a favor de la paz, y un número cercano de electores para los cargos regionales, cifra que supera por amplio margen los niveles de votación en Colombia, demuestran hasta dónde la gran mayoría de los colombianos nos sentimos comprometidos con la construcción de un país con infinitas potencialidades y expectativas.

Los colombianos no nos hemos resignado a vivir en medio del conflicto armado que hace imposible el progreso nacional y el bienestar colectivo. Existe una clara conciencia nacional de que tenemos el derecho a vivir en paz y lo estamos reclamando frente a todos los protagonistas de la violencia. El juego democrático permite que el disenso y la critica constructiva tengan canales de expresión a través de una instancias en aos cuales la oposición exprese sus programas alternativos de gobierno y se constituya así en opción válida de poder. La intimidación hecha por cualquier medio, y en especial el de las armas, para que los candidatos a corporaciones públicas o lo jurados electorales no puedan cumplir sus papeles en el juego democrático, no hace sino demostrar que los paradigmas ideológicos de los actores armados han perdido toda su validez, dejando tan sólo espacio a la insensatez y a la "razón de la fuerza".

UNA ACCION NOVEDOSA EN FAVOR DE LA PAZ

Tal y como se mencionó, el hecho más significativo fue el llamado de la sociedad civil, a través de organizaciones como la Fundación País Libre, REDEPAZ, y con el apoyo de la UNICEF y la UNESCO, para que los colombianos se pudieran expresar en un voto por la paz, que terminara por convertirse en un verdadero MANDATO CIUDADANO POR LA PAZ, LA VIDA Y LA LIBERTAD. Dado el interés que tuvo la propuesta, se consideró que valía la pena que los colombianos que nos encontrábamos en el exterior también pudiéramos vincularnos a tan novedosa iniciativa. El Gobierno decidió de inmediato impartir instrucciones a todas las embajadas y consulados para que participáramos de manera activa en la propuesta.

De nuevo, y tras una consideración del esfuerzo que se llevaría a cabo, los organizadores del evento consideraron que la expresión de esta voluntad de paz se debería extender a todos aquellos que sin ser colombianos, desearan expresar su solidaridad con este gran movimiento de opinión dirigido a reclamar el elemental derecho a vivir y a progresar en paz.

Venezuela es, por muchas razones, la nación más ligada a nuestro futuro y más próxima a nuestra angustia y está interesada, lo sabemos con certeza, en que el conflicto interno que estamos viviendo sea finalmente superado. Por este motivo fue que decidimos, acudir a la solidaridad activa de Venezuela, logrando que la voz de su iglesia, sus partidos, sus dirigentes, sus fuerzas vivas, sus medios de comunicación, sus ciudadanos todos, se pudieran unir a este clamor por la paz que se constituyó un rechazo gigantesco a todas las formas de violencia.

VENEZUELA APOYA LA PAZ DE COLOMBIA

Bajo la coordinación directa de la Embajada de Colombia, y con el apoyo de nuestros quince Consulados, dimos inicio, en tan sólo veinte días, a una activa campaña de información a todos nuestros connacionales, así como a los ciudadanos venezolanos, de la importancia de colaborar en este importante esfuerzo que iniciaba la sociedad civil en Colombia. Empresarios colombianos y venezolanos, las organizaciones de ciudadanos colombianos residentes en Venezuela, estudiantes, importantes académicos, representantes del sector político y, en general, un heterogéneo grupo humano que tenía como denominador común colaborar con la paz en Colombia, lograron motivar a un buen número de personas que espontáneamente se comprometieron a ser constructores de paz y justicia social, a través del rechazo a los violentos.

Al depositar el voto, cada persona pidió lo siguiente:

  1. Basta de guerras y de actos atroces.
  2. Que cesen los enfrentamientos armados y se construya de inmediato un acuerdo que conduzca a una paz duradera, que comprometa a todos.
  3. Que no se vincule a menores de 18 años a la guerra.
  4. Que no se secuestren más personas.
  5. Que no se desaparezcan personas.
  6. Que no se ataque a la población civil ni se le desplace por la fuerza. Es el rechazo a la agresión de que es objeto la sociedad civil, obligada a desplazarse de su lugar de vivienda para protegerse de acciones violentas, realizadas por diferentes actores del conflicto armado interno.
  7. Que no se vincule a civiles en la guerra.
  8. Es el reclamo de respeto a la vida, el rechazo de asesinatos y masacres y la exigencia de cumplimiento de las normas del Derecho Internacional Humanitario.

 

LAS ACCIONES POSTERIORES AL MANDATO

La respuesta que dio la sociedad civil el pasado domingo 26 por el MANDATO CIUDADANO, se ha convertido en un hecho de la mayor importancia para la democracia colombiana. Es por esto que las acciones posteriores al Mandato son tan relevantes como el propio Mandato. De aquí en adelante se espera que la sociedad civil llegue a organizar las más diversas formas de participación, de exigencia y de control del cumplimiento del Mandato. Ajeno a cuáles sean los caminos que los organizadores del Voto por la Paz logren encontrar para canalizar este importante esfuerzo, es el hecho cierto de que se ha dado un paso definitivo en aras de fortalecer la convivencia, la tolerancia por el otro y de consolidar una cultura de paz para todos los colombianos.

Queda pues, una vez más en manos de la sociedad civil, la responsabilidad de hacer cumplir el Mandato Ciudadano y de hacer conocer a la Comunidad Internacional los deseos de paz y convivencia refrendados por la inmensa mayoría de los colombianos. El momento es ahora, y la responsabilidad es de todos aquellos que queremos participar en la construcción de un país que se pueda jugar a fondo para lograr la reconciliación nacional.

(*) Los autores son Ministro Plenipotenciario, y Primer Secretario de la Embajada de Colombia en Venezuela, respectivamente. Las ideas expresadas en el presente artículo son de estricta responsabilidad de los autores y no representan, necesariamente, ni comprometen, al Gobierno de Colombia.

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