Ya basta de pesimismo
Recientemente me ha tocado visitar dos veces Madrid, y en ambas ocasiones
he insistido mucho en la necesidad de presentar a Venezuela como el país
con el mayor potencial económico y social de América Latina,
cara al siglo XXI. Y esto lo digo no sólo porque estoy convencido
de que es verdad, sino porque los venezolanos necesitamos erradicar definitivamente
el pesimismo de nuestro territorio y comenzar a pensar en positivo: Venezuela
si puede entrar exitosamente al mundo de la modernización.
El primero de esos viajes tuvo el objetivo de instalar el seminario sobre
"Descentralización, Autonomías Locales y Vertebración
del Estado", organizado por el Ifedec, la Agencia de Cooperación
Española, la Universidad Carlos III de España y la Organización
Iberoamericana de Cooperación Intermunicipal (OICI). Este seminario,
el cual tuvo su segunda parte en Caracas, es el fruto de una investigación
que nació en nuestro Centro Internacional de Formación Arístides
Calvani.
El segundo de esos viajes fue para participar en un foro realizado por
la Fundación Popular Iberoamericana -organización que presido-,
que contó con la presencia del Presidente José María
Aznar. Allí presenté una ponencia sobre el tema "Educación
y Empleo: Pilares de la Cohesión Social", tema sobre el cual
he escrito mucho y que fue uno de los tópicos más importantes
de una conversación privada, muy cordial e interesante, con el Presidente
español.
En todos esos contextos, como dije al principio, insistí en nuestra
condición de país con el mayor potencial de América
Latina. Tenemos petróleo, tenemos hierro, tenemos tierras muy ricas,
y lo más importante, los venezolanos tenemos el propósito
de sacar el país adelante. Es verdad que hemos estado atravesando
una crisis muy profunda y muy prolongada, pero todos los sectores de la
población, los trabajadores, los empresarios, el gobierno y la sociedad
civil, todos tenemos el propósito de trabajar muy duro para salir
de los problemas y entrar así en la era de la modernización
y de la justicia social.
Soy un promotor de mi país, no un sembrador de pesimismo. No podemos
seguir sembrando el pesimismo ni en Venezuela, ni en el mundo. Al acercarse
el siglo XXI, y frente a graves problemas sociales, económicos, políticos,
ambientales y culturales, estamos en el deber de rectificar los errores
y encontrar caminos para el logro del bien común.
John Naisbith dijo que la vía más confiable para entender
el futuro es comprendiendo el presente. Yo no voy a decir que todo ha marchado
perfectamente en Venezuela, porque estaría mintiendo. Casi cuatro
décadas de democracia han sido positivas en muchas áreas.
No obstante, las estrategias equivocadas de desarrollo de corte estatista
y populista que seguimos desde los años 60, se convirtieron en un
proceso extremadamente ineficiente en lo económico, en lo político
y en lo social.
Los resultados obtenidos en nuestro país no se compadecen con
las enormes cantidades de recursos que se han gastado; los datos sido evidentes:
inflación, caída en el salario, desempleo, deuda externa e
interna, la caída del bolívar y, lo que es peor, la falta
de confianza en nosotros mismos.
Hay una crisis, pero no queremos pesimismo. Ya el cambio comenzó
y se han dado los primeros pasos para corregir el rumbo. No todos los que
yo quisiera, pero se están dando.
Lo que hasta ahora ha faltado es voluntad política para desterrar
de una vez y por todas los esquemas populistas pasados de moda. Los venezolanos
nos hemos dado cuenta de este problema y somos nosotros mismos, con nuestro
trabajo, con nuestra responsabilidad, cada uno desde su posición,
los que debemos impulsar la transformación.
912 mil kilómetros cuadrados, con un clima casi perfecto, una
ubicación envidiable al norte de Sur América, una población
de poco más de 20 millones , y recursos naturales que suman 40 mil
kilómetros de tierra arable, 1960 toneladas métricas de hierro,
100 mil millones de dólares de reservas en oro, reservas accesibles
de carbón, bauxita, fosfato, zinc, cobre y diamantes, 3.600 metros
cúbicos de reservas probadas de gas natural; la sexta reserva de
crudo liviano más grande del mundo y, finalmente, las reservas de
crudo pesado más grandes del mundo, nos dan el derecho a decir que
somos es país con más grande potencial de América Latina.
Y esos datos nos dan el derecho también a ser optimistas y a tener
esperanza.
Hay que hacer reformas estructurales, mejorar los programas sociales,
que son insuficientes, aprovechar las oportunidades del país, en
el inicio de la construcción de un nuevo papel del Estado. Pero todavía
sólo hemos dado pasos tímidos. A mi modo de ver, el paso más
importante es la apertura petrolera, que está impulsando rápidamente
la inversión de grandes compañías en nuestro país,
promoviendo trabajo y desarrollo. Debido a la apertura, el oriente del país
está pujante, preñado de un futuro lleno de posibilidades
para su población y para el país entero.
Estas medidas tenemos que profundizarlas en el próximo gobierno
y siento que en el país hay un gran consenso para hacerlo. Y si además
se combinan con políticas audaces dirigidas a fomentar aún
más las inversiones, y a transformar la educación, estoy seguro
que vamos a ser en poco tiempo el país más moderno y mejor
capacitado de América Latina.
Como dije en Madrid, nuestra entrada en el siglo XXI pasa por ganar la
batalla de la educación. Tener cada día mejores ciudadanos,
mejor formados, mejor capacitados para el trabajo, mejor educados para participar
en la vida cívica de nuestra República.. Ese es nuestro reto
y esa es la visión de país que le ofrezco a los venezolanos. |