Las Tareas del Próximo Gobierno
El próximo gobierno de Venezuela deberá afrontar tareas
esenciales para superar la crisis del país, cuyas manifestaciones
expresan síntomas de disolución muy preocupantes. Estos logros
a conquistar son necesarios e imprescindibles para lograr que los venezolanos
recuperen su confianza en el sistema democrático, que todos podamos
alcanzar niveles aceptables de prosperidad y confort, que el país
incremente su competitividad y pueda entrar nuevo milenio con capacidad
de generar riqueza y optimismo.
En primer lugar, se trata de resolver definitivamente o, al menos, de
manera permanente el problema de la inflación que, de forma implacable,
acaba con el poder adquisitivo del salario de los venezolanos, vuelve sal
y agua las ganancias de los empresarios, incapacita al gobierno para cumplir
con sus funciones esenciales, estimula la fuga de divisas y reduce la confianza,
tanto de los venezolanos como de los extranjeros, para invertir en la producción
de los bienes y servicios que los consumidores demandan.
Para abatir la inflación la experiencia nos indica que es necesario
reducir el gasto público, mantener un anclaje racional del tipo de
cambio, estimular políticas de oferta y minimizar el crecimiento
del consumo. Será necesario desarrollar una política monetaria
restrictiva, coordinarla con las políticas fiscal y cambiaria, establecer
criterios uniformes de política económica a ser aplicados
de manera estricta y sin excepciones de ninguna especie. Estas medidas implican
otro ajuste en la economía, no menos doloroso que los anteriores,
pero con la expectativa real de resolver este problema de manera definitiva.
En segundo lugar, se impone la necesidad de cambiar los paradigmas de
participación en la distribución del ingreso y la captación
de rentas. Esto significa que a los venezolanos les debe quedar muy claro
que quien no trabaja no come, que cada cual debe procurar resolver sus propios
problemas con esfuerzo, preparación y disciplina, reivindicar el
ahorro y la capacidad emprendedora para invertir. Esto quiere decir que
es necesaria una revisión profunda de los mecanismos de subsidios,
transferencias y ayudas que, desde hace mucho tiempo, benefician precisamente
a quienes menos lo requieren y envilecen la vida de quienes deben recibir
la protección de la sociedad, pero en función de su incorporación
a la actividad productiva. No puede haber caridad sin una contrapartida
de preparación para el trabajo y la mejoría educativa de la
población objetivo.
En tercer lugar, numerativo pero de igual prioridad que las anteriores,
se requiere resolver el problema de la igualdad ante la Ley, de la crisis
de la administración de justicia, de la inequidad que hoy existe
en nuestra sociedad, de los diferentes grados de perversión del sistema
de premios y castigos que tiene el país. Este tema no es mi fuerte
y no puedo, por honestidad intelectual, recomendar o sugerir lo que deben
hacer los especialistas de la materia. Pero si debo advertir que esta gangrena
ha afectado el desenvolvimiento de la economía y Venezuela debe garantizar
la necesaria seguridad que requiere un trabajador, un empresario, una corporación
y, sobre todo los consumidores. Seguridad para que el salario no sea atracado
en una buseta, las empresas no sean extorsionadas, las marcas y productos
no resulten pirateados y que cuando compremos un bien, este responda a lo
que se nos ofrece, a un precio competitivo.
La cuarta acción del próximo gobierno debe ser la de aplicar
todos sus esfuerzos en profundizar la democracia. Consultar a la gente,
negociar, lograr consensos, definir metas y objetivos en función
de las opiniones y expectativas de los ciudadanos, agotar los mecanismos
para lograr la equidad y, una vez definida una acción, tener la responsabilidad
de aplicarla y llevarla a cabo sin excepciones. Es necesario erradicar el
actual espectáculo de las exenciones y exoneraciones impositivas,
en un país donde todos debemos pagar impuestos, a tasas más
bajas pero sin odiosos privilegios que favorecen a unos pocos a costa del
resto de los venezolanos.
En este mismo objetivo es necesario ampliar y ahondar la descentralización.
Que sean las comunidades las que resuelvan sus propios problemas y puedan
reclamar, elegir y revocar los mandatos a sus alcaldes y gobernadores. Es
importante transferir las funciones y recursos a los entes locales, pero
debe fijárseles un tope a los gastos burocráticos y al clientelismo.
Hay que invertir en la gente, en servicios y obras de infraestructura, no
en más puestos para los compañeritos y es imperativo demostrar
ante el elector local que no tiene sentido pedir más presupuesto
en una Alcaldía o Gobernación que sólo expande la burocracia.
En quinto lugar es impostergable rescatar la capacidad de gobernar, de
manera eficiente, honesta y transparente. No deben repetirse los tristes
ciclos de un inicio de denuncias sobre el gobierno anterior, para terminar
repitiendo y ampliando los vicios anteriores. Ningún ministro puede
discrepar públicamente del Presidente sin renunciar, los gabinetes
sectoriales tienen que ser coherentes, el plan de gobierno debe ser uno
sólo y compartido por sus principales gerentes. No es posible solicitar
sacrificios a la gente cuando los privilegios se enseñorean desde
los despachos ejecutivos.
La honestidad debe ser, más que una norma, una cultura. Sólo
con el ejemplo se pueden erradicar los vicios de la administración
pública. Una buena ayuda a este objetivo es el desmantelamiento de
la burocracia y del gigantismo del aparato gubernamental. Al estado hay
que fortalecerlo para que cumpla sus específicas funciones, deslastrarlo
de hipódromos, loterías y empresas, fundaciones y organismos
inútiles, que no ayudan a la gente a vivir mejor y que gastan el
dinero del presupuesto sin ninguna necesidad.
El próximo período tendrá una característica
inusual, tendremos una economía creciendo, con tendencia a la estabilización
y una alta inflación inicial que, a mi juicio, debe ser resuelta
en los primeros dos años. Por ello se van a requerir los mejores
talentos, los funcionarios más eficientes y probos, la mayor tolerancia
benévola de los ciudadanos hacia un duro ajuste que, sin ninguna
duda será combatido por los demagogos y populistas. Se trata de ser
un gobierno confiable, cuya misión sea la razón humana, que
sea la principal fuerza motora para transformar a Venezuela en un país
donde valga la pena vivir. Requerimos un estado eficiente, cuya consideración
principal en la toma de decisiones sea la equidad y la prosperidad colectiva.
El país necesita un sector público, honesto y rendidor de
cuentas, que permita inducir la productividad y la competencia, orientarse
hacia las exportaciones, reinstalar la seguridad jurídica y crear
riqueza.
Necesitamos cancelar la deuda, externa e interna, para liberar recursos
que permitan atender la salud, educación, seguridad, infraestructura
y poder retomar el sendero del crecimiento. Creo que es necesario insistir
hasta el infinito en nuestra condición de país petrolero,
con una visión de apoyarnos en esa ventaja comparativa, para impulsar
el progreso, la creación de riquezas y la prosperidad de la población.
Los próximos meses serán muy interesantes, cuando los candidatos
tengan que pronunciarse sobre las perspectivas del país, cuando deban
concretar su oferta electoral y tratar de ganarse la confianza del pueblo. |