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Las Tareas del Próximo Gobierno

Antonio Paiva Reinoso

Economista

El próximo gobierno de Venezuela deberá afrontar tareas esenciales para superar la crisis del país, cuyas manifestaciones expresan síntomas de disolución muy preocupantes. Estos logros a conquistar son necesarios e imprescindibles para lograr que los venezolanos recuperen su confianza en el sistema democrático, que todos podamos alcanzar niveles aceptables de prosperidad y confort, que el país incremente su competitividad y pueda entrar nuevo milenio con capacidad de generar riqueza y optimismo.

En primer lugar, se trata de resolver definitivamente o, al menos, de manera permanente el problema de la inflación que, de forma implacable, acaba con el poder adquisitivo del salario de los venezolanos, vuelve sal y agua las ganancias de los empresarios, incapacita al gobierno para cumplir con sus funciones esenciales, estimula la fuga de divisas y reduce la confianza, tanto de los venezolanos como de los extranjeros, para invertir en la producción de los bienes y servicios que los consumidores demandan.

Para abatir la inflación la experiencia nos indica que es necesario reducir el gasto público, mantener un anclaje racional del tipo de cambio, estimular políticas de oferta y minimizar el crecimiento del consumo. Será necesario desarrollar una política monetaria restrictiva, coordinarla con las políticas fiscal y cambiaria, establecer criterios uniformes de política económica a ser aplicados de manera estricta y sin excepciones de ninguna especie. Estas medidas implican otro ajuste en la economía, no menos doloroso que los anteriores, pero con la expectativa real de resolver este problema de manera definitiva.

En segundo lugar, se impone la necesidad de cambiar los paradigmas de participación en la distribución del ingreso y la captación de rentas. Esto significa que a los venezolanos les debe quedar muy claro que quien no trabaja no come, que cada cual debe procurar resolver sus propios problemas con esfuerzo, preparación y disciplina, reivindicar el ahorro y la capacidad emprendedora para invertir. Esto quiere decir que es necesaria una revisión profunda de los mecanismos de subsidios, transferencias y ayudas que, desde hace mucho tiempo, benefician precisamente a quienes menos lo requieren y envilecen la vida de quienes deben recibir la protección de la sociedad, pero en función de su incorporación a la actividad productiva. No puede haber caridad sin una contrapartida de preparación para el trabajo y la mejoría educativa de la población objetivo.

En tercer lugar, numerativo pero de igual prioridad que las anteriores, se requiere resolver el problema de la igualdad ante la Ley, de la crisis de la administración de justicia, de la inequidad que hoy existe en nuestra sociedad, de los diferentes grados de perversión del sistema de premios y castigos que tiene el país. Este tema no es mi fuerte y no puedo, por honestidad intelectual, recomendar o sugerir lo que deben hacer los especialistas de la materia. Pero si debo advertir que esta gangrena ha afectado el desenvolvimiento de la economía y Venezuela debe garantizar la necesaria seguridad que requiere un trabajador, un empresario, una corporación y, sobre todo los consumidores. Seguridad para que el salario no sea atracado en una buseta, las empresas no sean extorsionadas, las marcas y productos no resulten pirateados y que cuando compremos un bien, este responda a lo que se nos ofrece, a un precio competitivo.

La cuarta acción del próximo gobierno debe ser la de aplicar todos sus esfuerzos en profundizar la democracia. Consultar a la gente, negociar, lograr consensos, definir metas y objetivos en función de las opiniones y expectativas de los ciudadanos, agotar los mecanismos para lograr la equidad y, una vez definida una acción, tener la responsabilidad de aplicarla y llevarla a cabo sin excepciones. Es necesario erradicar el actual espectáculo de las exenciones y exoneraciones impositivas, en un país donde todos debemos pagar impuestos, a tasas más bajas pero sin odiosos privilegios que favorecen a unos pocos a costa del resto de los venezolanos.

En este mismo objetivo es necesario ampliar y ahondar la descentralización. Que sean las comunidades las que resuelvan sus propios problemas y puedan reclamar, elegir y revocar los mandatos a sus alcaldes y gobernadores. Es importante transferir las funciones y recursos a los entes locales, pero debe fijárseles un tope a los gastos burocráticos y al clientelismo. Hay que invertir en la gente, en servicios y obras de infraestructura, no en más puestos para los compañeritos y es imperativo demostrar ante el elector local que no tiene sentido pedir más presupuesto en una Alcaldía o Gobernación que sólo expande la burocracia.

En quinto lugar es impostergable rescatar la capacidad de gobernar, de manera eficiente, honesta y transparente. No deben repetirse los tristes ciclos de un inicio de denuncias sobre el gobierno anterior, para terminar repitiendo y ampliando los vicios anteriores. Ningún ministro puede discrepar públicamente del Presidente sin renunciar, los gabinetes sectoriales tienen que ser coherentes, el plan de gobierno debe ser uno sólo y compartido por sus principales gerentes. No es posible solicitar sacrificios a la gente cuando los privilegios se enseñorean desde los despachos ejecutivos.

La honestidad debe ser, más que una norma, una cultura. Sólo con el ejemplo se pueden erradicar los vicios de la administración pública. Una buena ayuda a este objetivo es el desmantelamiento de la burocracia y del gigantismo del aparato gubernamental. Al estado hay que fortalecerlo para que cumpla sus específicas funciones, deslastrarlo de hipódromos, loterías y empresas, fundaciones y organismos inútiles, que no ayudan a la gente a vivir mejor y que gastan el dinero del presupuesto sin ninguna necesidad.

El próximo período tendrá una característica inusual, tendremos una economía creciendo, con tendencia a la estabilización y una alta inflación inicial que, a mi juicio, debe ser resuelta en los primeros dos años. Por ello se van a requerir los mejores talentos, los funcionarios más eficientes y probos, la mayor tolerancia benévola de los ciudadanos hacia un duro ajuste que, sin ninguna duda será combatido por los demagogos y populistas. Se trata de ser un gobierno confiable, cuya misión sea la razón humana, que sea la principal fuerza motora para transformar a Venezuela en un país donde valga la pena vivir. Requerimos un estado eficiente, cuya consideración principal en la toma de decisiones sea la equidad y la prosperidad colectiva. El país necesita un sector público, honesto y rendidor de cuentas, que permita inducir la productividad y la competencia, orientarse hacia las exportaciones, reinstalar la seguridad jurídica y crear riqueza.

Necesitamos cancelar la deuda, externa e interna, para liberar recursos que permitan atender la salud, educación, seguridad, infraestructura y poder retomar el sendero del crecimiento. Creo que es necesario insistir hasta el infinito en nuestra condición de país petrolero, con una visión de apoyarnos en esa ventaja comparativa, para impulsar el progreso, la creación de riquezas y la prosperidad de la población.

Los próximos meses serán muy interesantes, cuando los candidatos tengan que pronunciarse sobre las perspectivas del país, cuando deban concretar su oferta electoral y tratar de ganarse la confianza del pueblo.

KYSFM

Happykids

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