Con el pretexto de Claudio
Alfredo Coronill Hartmann
Venezuela, entre otras muchas cosas, es un país de legistas,
filósofos y ahora ¡Dios nos salve el lugar! Politólogos,
no obstante ello no se ha manifestado en un caudal denso y profundo
de sesudos análisis doctrinales, ni en prospecciones intelectuales
estimulantes, mas allá de pocas, muy pocas egregias excepciones que
han intentado serios diagnósticos de nuestra realidad social, histórica
y política, yo me atrevería a afirmar que somos el país
del "pret-a-porter" y que los analistas que "pululan"
en los medios de comunicación social toman un patrón "x"
que vagamente les suena familiar a un hecho relativamente reciente y pretenden
adaptarlo a "revienta cincha" a un caso -o llamémoslo modelo-
cuyas medidas históricas, antropológicas, sociales, ideológicas
son incompatible con el "corte" original. Así ha ocurrido
con la reciente cuasi renuncia del sociólogo Claudio Fermín
a su condición de "ungido" (léase miembro
vitalicio o "nato") del Comité Ejecutivo Nacional de Acción
Democrática, lo de cuasi es porque pretendía mantener
una sui generis e imposible categoría militante (conservaba
el carnet y simultáneamente incitaba a las bases partidistas a la
desobediencia de sus autoridades establecidas). Pero más que el hecho
ya conocido y consumado, además de previsto hasta por el despistadísimo
"mister Magoo", y sin asumir el papel arriesgadísimo de
los adivinadores en la hipotética estimación del quantum
electoral que pudiera costarle "el negro fugitivo"
como le habría gustado decir a alguna empingorotada matrona caraqueña
del siglo XIX, al partido hoy mayoritario en todas las encuestas que manejamos
o al menos ojeamos, quisiéramos hacer, sin pretensiones académicas,
algunas consideraciones sobre la realidad fáctica del momento político
venezolano y observar como el fenómeno específico antes aludido
y muchos otros no son mas que elementos del mismo proceso.
Este artículo no es, ni pretende ser un ensayo histórico,
por ello muy someramente haremos en un párrafo la historia de las
ideas políticas en Venezuela en el siglo XX como prolegómeno
indispensable para entender las desandanzas de hoy. El siglo XIX que dramática
y sangrientamente dividió al país en godos-colorados
y liberales-amarillos, quizá correspondió alguna vez,
muy vagamente, a alguna nebulosa y olvidada categoría "ideológica"
la realidad escueta es que fue una lucha de grupos de intereses por el poder,
único posible igualador social y económico. Así
como muchos héroes de la independencia o mejor dicho toda la plana
mayor de ella - se entiende los que no eran previamente de alta clase social-
pasaron a integrar y a liderizar la nueva oligarquía bienvenidos
y ennoblecidos por matrimonio o asociación comercial -que
solía ser lo mismo- algunos rechazados o resentidos por diversos
motivos de dedicaron a fomentar y capitalizar el descontento social, este
fenómeno histórico del aristócrata con ínfulas
revolucionarias es de un reiterativo secular, nuestro Lucio Sergio Catilina,
patricio romano líder de la plebe quizá haya sido Felipe Larrazabal
(quien como el primero no tenía motivos propios para desear un cambio),
aunque el gran líder y resentido típico fuese Antonio Leocadio
Guzmán, orador prodigioso, de muy escasos escrúpulos personales,
a quien los "godos" no permitían olvidar que era
hijo de un soldado español y de una tropera -posiblemente heroica-
llamada despectivamente "la tiñosa", lo cierto es (secuestro
según los godos, matrimonio según los Guzmán) que el
vituperano personaje se casó nada mas y nada menos que con un prima
de El Libertador, lo que dio pábulo a una serie de leyendas populares
dignas del realismo mágico, entre ellas que el "perverso"
Guzmán le introducía su negra y abundante cabellera en un
armario que luego cerraba con doble llave antes de salir. Esa lucha que
no terminaría formalmente sino con el Tratado de Coche firmado por
un envejecido y venerable general en jefe José Antonio Páez
y el hijo de aquel controvertido matrimonio, el notable hombre de Estado
general y abogado Antonio Guzmán Blanco, si bien definió el
curso inevitable de una guerra en la cual un pequeño y valiente ejército
profesional se enfrentó literalmente a un pueblo en armas y logró
retrasar por un lustro la caída de nuestros respetables pero miopes
"oligarcas conservadores". Tan miopes eran que durante
mi infancia y adolescencia (y nací en 1943) jamás oí
mencionar en mi casa, la Guerra Federal sin anteponerle alguna expresión
peyorativa o por lo menos "la nunca justificada" como el más
benévolo prefijo.
La verdadera desaparición de los "partidos históricos"
mas que en la absurda y anárquica batalla de La Victoria, fue sancionada
por un personaje -el Dr. Ezequiel Vivas- al acuñar la frase que durante
45 años (en forma expresa o tácita) plasmó la nueva
realidad venezolana: ¡Gómez Unico! Ni el sarao castrista, ni
los años del general López Contreras, ni el quinquenio liberal
y benevolente de Isaías Medina, lograron borrar, quizá maquillar
apenas la fuerte personalidad de uno de los más importantes venezolanos
del siglo XX.
Así que hablar de "partidos políticos" en un
sentido ideológico en Venezuela, no podría hacerse sino a
partir de la "fundación" del Partido Comunista, calco exacto
y fiel del modelo diseñado por la III Internacional. Si tomamos en
cuenta este carácter de holograma del original soviético,
podríamos llegar a situar como el más viejo proyecto político
a la línea de pensamiento que terminó siendo Acción
Democrática. Proyecto que se fue plasmado desde el primer exilio
a raíz de los sucesos de 1928 y que tomo forma en ese extraordinario
documento político conocido como "El Plan de Barranquilla",
sorprende cada día más la profundidad y claridad de objetivos
de sus autores, cuyo principal inspirador y líder tenía escasos
veinte años cumplidos. Las distintas agrupaciones que antecedieron
a AD, no tuvieron, no es ocioso señalarlo, homogeneidad doctrinal
o ideológica, así en ORVE Organización Venezolana
y creo que también en ARDI y desde luego en la más
importante de todas el Partido Democrático Nacional PDN- que
escribiera tan gloriosas páginas de lucha clandestina y en donde
se echaron definitivamente las bases organizativas de un movimiento "nacional
revolucionario", no marxista y hondamente imbricado en la realidad
social venezolana, fue al comienzo integrado por comunistas, liberales y
adecos, y tuvo como primer secretario general a Jóvito Villalba
y como primer secretario de organización a Rómulo Betancourt,
eran los tiempos en que el Kuomintang del Dr. Sun Yat Sen establecía
la democracia en China y los "frentes populares" europeos y latinoamericanos
triunfaban en Francia, España y Chile. Sin embargo, el deslinde fue
rápido y podríamos decir que por muchísimo tiempo,
la esencia pura del pensamiento adeco fue deneísta. Esto explica
porqué para lograr la legalización durante la democracia
de Medina Angarita las tesis y los programas del PDN tuvieron que sufrir
una poda profunda, muchísimo mas que los populares "peeling"
a los que ahora se someten varios papábiles., además de cambiar
su nombre que evocaba posiciones radicales, por el de Acción Democrática.
Es así que AD nació con programas y textos que hubieran aprobado
las hermanas francesas del San José de Tarbes.
En el viejo partido imperó al parecer un tanto espartanamente-
un altísimo nivel de exigencia moral y ética, llevado en algunos
casos a extremos hoy inconcebibles, parece que hasta las infidelidades conyugales
o de pareja eran mal vistas. Conozco el caso de un importantísimo
dirigente sindical (llegaría a se secretario sindical nacional y
no estoy seguro si presidente de la CTV), quien era hijo de un pariente
de mi madre, el general Francisco Tosta García, uno de los hombre
más ricos de Venezuela, quien le dejó a su muerte la entonces
apabullante cifra de medio millón de bolívares, pues bien,
el partido debatió si éste podía recibir la herencia
sin perder su jerarquía de líder sindical. Viendo la
realidad de hoy, tal cuento parecería una fábula delirante.
No aspiro, hay que tener los pies en la tierra aunque manteniéndolos
lo más limpios posibles a que impusiéramos a los dirigentes
de hoy un ascetismo de faquires, pero creo que no es posible echar por la
borda un perfil ético y moral y simultáneamente ignorar las
ideas, la filosofía, la historia de un movimiento político
y pretender que este perviva.
En el específico caso adeco hay que reconocer que no en balde
pasaron los diez años de la dictadura, no sólo porque en ellos
se perdió la crema y nata del relevo natural del liderazgo, muy particular
y dramáticamente el Sr. Alberto Carnevali (el mas lujosamente dotado
para suceder a Betancourt), sino porque durante dos lustros fue imposible
adoctrinar y preparar figuras de relevo. Así , llegada la caída
de la dictadura "la vieja guardia" se vió forzada a prorrogar
su hegemonía al mismo timepo dejar el aparato en manos del denominado
grupo ARS, núcleo de dirigentes algunos valiosísimos
pero sin propuestas ideológicas renovadoras ni inquietudes
que fueran más allá de la burocracia partidista. Con Betancourt
y Leoni luchando por establecer el sistema, con una juventud crecida pero
no formada durante los diez años del despotismo y muy permeable por
ello a las ideas marxistas potencializadas por el castrismo cubano, el grupo
ARS consolidó el control del partido y colocó en franca minoría
a la vieja guardia. Este largo rosario de luchas y desgracias intestinas
trajo tres divisiones cuyo principal protagonista, casi siempre entre bastidores
, fue el secretario general Jesús Angel Paz Galarraga, maestro del
"rosqueo" y de la intriga, miembro conspicuo del grupo ARS, primero
sacó a la " competencia" , es decir, a los muchachos que
formaron el MIR, luego a sus propios compañeros de grupo muchos
aspirantes y por último, logró manipular de manera
dolorosa al principal y más querido líder de AD, al verdadero
confundador junto con Betancourt al Dr. Luis Beltran Prieto Figueroa, catedral
de honestidad personal y de pureza humana, esa división casi le cuesta
la vida a Acción Democrática.
Pues bien con ese monstruo sagrado para todo adeco, con ese "San
Francisco de Asis Laico", con ese Everest, han pretendido comparar
nuestros "analistas" al amigo Claudio Fermín que, con todo
afecto, no pasa del cerro de Niquitao.
Se preguntará el lector, con toda razón, porqué
un análisis que ha debido abarcar un espectro muy amplio pareciera
perderse en la petit o no tan petit histoire de Acción
Democrática, y objetivamente tendrían razón. Lo que
ocurre es que el "éxito" (1974-92) de este partido caído
en personalismos impensables en un pasado no tan lejano, de relajamiento
vergonzante en la moral de muchos de sus dirigentes, ha actuado como un
imán negativo no por sus virtudes reales y numerosas sino por sus
perversiones y que suprema ironía, sus adversarios no le atribuyen
sus importantes logros al formidable movimiento que fue y que está
dispuesto a volver a ser sino a lo que fue en sus momentos de mayor decadencia
moral y ética. Lo q ue han tratado de copiar Copei, el MAS y las
demás siglas, no es el partido de Gallegos, Andrés Eloy, Rómulo,
Valmore, Carnevali, Ruiz Pineda, Marcos Castillo o Vicente Emilio Sojo o
Antonio Lauro o Vicente Gerbasi, NO, la suicida fascinación la ejercen:
CAP, los 12 apóstoles, las cuentas mancomunadas, el desprecio a las
ideologías, los expresidiarios,el chinito de Recadi, los negociados
de armas, los entornos y la rebatiña.
AD está seriamente resuelta a volver por sus fueros, quienes no
soporten el sacrificio de hacer política honesta pueden "aperturarse"
todo lo que quieran, o amarrarse a la barca patética de una candidatura
de celofán y afeites, o legitimar el golpismo, o hacer filas en las
caballerías de Salas Römer quien es una alternativa -,
o esperar por Eduardo Fernández el estadista auténtico. AD
deslastrada de ripio, magalomanías y voracidades espera. |